“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

viernes, 23 de octubre de 2009

DOSSIER

MI VIDA ES MÍA: LA IDEOLOGÍA AUTOSUFICIENTE
DE CLINT EASTWOOD



“Realmente, para nosotros sería mejor no se metieran con la Iglesia, la cual no entienden. Pero se regodean metiéndose, sobre todo si creen que ella anda mal. En fin, no se puede evitar, es el periodismo actual.”

R. P. Leonardo Castellani, Jauja nº 29, Mayo 1969.


“¡Tristísima señal cuando la infección (del liberalismo) está de tal suerte en la atmósfera, que por la costumbre no la perciben ya la mayor parte de los que la respiran!”

R. P. Félix Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado.


“Eastwood se toma con mucho humor el asunto religioso, al asegurar que cree "en algo superior", pero que no reza a Dios. "Seguro que tiene cosas mejores que hacer que escucharme a mí", señala.
(Entrevista en relación al film “Gran Torino”.Fuente: EFE 27 Febrero, 2009)


“Gran Torino”, la última película de Clint Eastwood, ha provocado como pocas la confusión y el equívoco respecto de lo que propone este director, un destacado propagandista de las peores causas (adulterio, eutanasia, venganza, revanchismo, feminismo, derrotismo, libertad sexual, cremación) y por eso mismo apoyado y premiado por el establishment hollywoodense, hoy muy progresista y políticamente correcto. Basta ver las películas que son premiadas con los mediáticos “Oscars” para entender lo que se promueve, todo aquello a lo que la doctrina católica se opone. ¿A qué entonces el apoyo entusiasta de muchos católicos entre nosotros? La desprevención, la falta de discernimiento, la desatención por los detalles significativos, en algunos (no en todos, damos fe) un catolicismo chirle y teñido de liberalismo, catolicismo que no sabe que aún existe la Tradición católica, la Misa tradicional y los verdaderos sacerdotes con sotana y todo, estos factores y otros más han permitido tal despliegue de opiniones favorables a tal film.

“Sentir con la Iglesia”, enseña San Ignacio en los “Ejercicios Espirituales”. Eastwood involucra a la Iglesia no como “Madre y Maestra”, “fuera de la cual no hay salvación”, ni tampoco critica desde adentro su lamentable estado actual. Como dice Gómez Dávila: “Lo que se piensa contra la Iglesia, si no se piensa desde la Iglesia, carece de interés” y, también, de derecho. Porque en realidad lo que el escritor colombiano parece querer decir es que lo que se critica de la Iglesia, tal es siempre a favor de la Iglesia, cuando es fundado y lícito, y los de afuera nada tienen que opinar. Eastwood no es católico. Muchos católicos entre nosotros, tampoco sienten con la Iglesia, por eso no les resulta escandaloso que ésta sea vapuleada en la pantalla, o que sus sacerdotes aparezcan sin el hábito como la cosa más normal del mundo. “Acostúmbrate al mal y éste se hará cotidiano” (Sade). Eastwood filma animado por un espíritu naturalista, liberal, lo cual llega a entenderse mejor en el final de sus films, y en el planteo de ciertos temas fundamentales, como el dolor.

La inclusión de lo católico en sus films –algo notorio últimamente- es absolutamente negativo:


»“Río místico”: Hay una escena de una primera comunión, muy inocua, mostrada en montaje paralelo –ahora muy de moda- con el hallazgo macabro del cuerpo de una chica asesinada. El mal es mayor y más poderoso que el bien. Los padres de la chica que recibe la comunión en la mano como una galletita son perversos y el padre un asesino. La película tiene un final oscuro y nihilista. Triunfa la mentira. El protagonista despide agriamente a un personaje (su suegro) llamado “Theo” (Dios), que le recuerda en un mal momento sus “responsabilidades domésticas”.

»“El sustituto”: El héroe de la película, hombre intachable si los hay, es un pastor luterano. Un sacerdote aparece en una cárcel acompañando a un asesino de niños que va a ser ejecutado. La escena es lamentable, el cura inoperante.

De los otros dos casos, “Million Dollar Baby” y “Gran Torino”, hablamos más detalladamente debajo.

Pero importa entender que, como escribió un crítico, “nuestra comprensión y valoración de un film dependerá en gran medida del esfuerzo por comprender la naturaleza de las relaciones creadas y evaluar su calidad”, y no sólo ello, sino relacionar estas cosas con cuestiones que enlazan con lo que el film propone en cuanto a la moral y a su relación con el bien y la verdad. Pero, para comprender esto último se debe saber evaluar lo primero. En el cómo está también el qué.

El esquema propuesto a continuación muestra a las claras la forma que tiene este director de construir dos films muy similares en su concepción y resolución, aunque no lo sean en la superficie. Se busca de esta parte que el espectador preste atención, en primer lugar, a lo que ve y a cómo le es mostrado eso que ve, más allá de si se identifica sentimentalmente con el personaje, con sus peripecias o lo que éste piensa o padece. Como escribió Chesterton: “Mi insistencia está en que la gente debe empezar por las cosas que ve. Podemos tardar veinte años en averiguar si un hombre es honesto; pero no tardaremos ni dos segundos en descubrir que está flaco”.






Adiciono la crítica del film que ya ha sido dada a conocer en diversos blogs, mas los extractos fundamentales de una polémica que se armó entre los defensores de esta película y su consecuente detractor que escribe estas líneas, y se agrega a continuación unas apreciaciones complementarias, a fin de ser lo más exhaustivos y ecuánimes posibles. Una vez más: no con intención de ganar o perder una disputa, ni de perder estérilmente el tiempo en discusiones bizantinas, sino con el único propósito de aprender a estar atentos ante el enemigo que es muy inteligente y busca a quien embaucar.



CLINT EASTWOOD: ESA VIEJA VIBORA

Gran Torino, 2008: Director: Clint Eastwood. Guión: Nick Schenk, Dave Johannson. Intérpretes: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her.


A primera vista, esta es una excelente película.
A segunda vista, es una película muy anticatólica.
“La primera impresión es la que cuenta”, decía una vieja publicidad de algo. Es una falacia. Y esta película, si nos enseña algo –y eso lo destacamos- es que hay que hurgar un poco más a fondo para conocer algunas cosas, aunque, tratándose de cine, todo está a la vista. Se trata, entonces, de prestar un poco de atención.
La película está muy bien escrita, pero eso no debe sorprendernos, los norteamericanos tienen una larga escuela y aun los desconocidos o debutantes saben lo que deben hacer, eso está en los manuales. Están las simetrías que pautan el relato, la perfecta exposición, el clímax cuando debe estar, la perfecta progresión dramática, la buena inclusión de los personajes secundarios, los momentos de humor en su debido lugar, cada cosa en su sitio. Eastwood, en tanto director, sabe bien dónde poner la cámara, cuándo hacer el corte, cuándo hacer mover a los actores y cómo deben actuar. Eso tampoco es novedad. Se le llama oficio y buen ojo. El problema es muy otro. Se llama “filosofía de vida” o cómo vivir según una moral de repuesto, para cumplir la cual es innecesaria la Iglesia católica. Más aún: la salvación no puede darla la Iglesia Católica, nos dice Eastwood. Y lo dice de una manera tan inteligente cuanto engañosa. Pero quienes seguimos desde hace tiempo los derroteros de su carrera hemos comprendido hace mucho tiempo que se trata de alguien políticamente muy correcto.

La película abre con una escena atrapante, en especial para nosotros los católicos. Un viejo señor norteamericano de origen polaco, Walt Kowalski, de pie en una iglesia católica, junto al ataúd donde yace su difunta esposa. Una ceremonia religiosa a la que asisten los deudos, la mayoría de los cuales, entre ellos los dos hijos de Kowalski, nueras y nietos, en actitud irrespetuosa y provocadora, con ropas indecentes para una ocasión semejante y en especial dentro de una iglesia. Esto provoca la ira despreciativa del viejo Walt. El sacerdote, jovencísimo, da un sermón oportuno para la ocasión, aunque no elige las mejores palabras, por cierto. Sus palabras son cortadas enseguida porque, al parecer, para el tema de la película no interesan demasiado.

Esta primera escena, entonces, nos presenta a un personaje aparentemente “conservador” o “tradicional”. La segunda escena, la recepción en la casa tras el entierro –que no se muestra- el personaje de Kowalski se nos manifiesta aun más “simpático” en su soledad, incomprendido por sus hijos, nietos, etc., para quienes sería un “ultraconservador”, “rígido”, “anticuado”, “viejo vinagre”, etc. La cosa se empieza a complicar cuando aparece el cura (un curita joven inexperto y sin carisma). Ahí ya Kowalski declara con acritud, diríase odio –acentuado seguramente por la situación que le toca atravesar- que no cree en la Iglesia ni en los curas ni en confesiones, pues para eso lo va a ver el cura, porque la difunta esposa le hizo prometer que lo haría confesarse. Afirma además que sólo iba a la iglesia por la esposa. De allí en más, entonces, no volverá.

Pero atención: no criticamos al personaje ni a la película por esta escena, sino por cómo Eastwood plantea aquí un problema que finalmente no resuelve, antes bien, simula cerrarlo cuando en realidad su personaje no se reconcilia con la Iglesia Católica. Sí encontramos un notable ejemplo en la esposa fallecida, ejemplo ante el que Kowalski no reflexiona ni toma por guía de su vida.

Pero tratemos de definir mejor lo que es Kowalski, de acuerdo a como Eastwood nos lo presenta.
-Kowalski puede ser tildado de “conservador”, en tanto deplora los cambios que para peor se han producido en su barrio, y por ende en su país. Prefiere los viejos autos “americanos” a los nuevos vehículos japoneses, y el hecho de haber trabajado durante muchos años en Ford, haber combatido en Corea, y tener una inmaculada bandera de los Estados Unidos en el porche de su casa, no hacen más que reafirmar este carácter de alguien que vive según ciertas pautas culturales que se niegan a morir. En ese sentido Kowalski vive según una tradición, pero una tradición cultural osificada y limitada a valores que no pueden ser transmisibles sin perder algo a cambio, sin tener que ponerse al día.
-Pero la tradición de Kowalski, con ser algo conforme a unas reglas morales claras, es una tradición más muerta que viva. Lo que no se dice es porqué está más muerta que viva, como el barrio venido a menos o como las relaciones entre los vecinos, o como la misma iglesia. Es una tradición que se muere porque no está revitalizada por la Religión. Al decaer la moral decaen las costumbres, la convivencia y todo lo demás. Pero para ello antes debió decaer la Religión Católica.
-Kowalski, como un norteamericano típico, es afecto a la cerveza, el béisbol y los autos. Con sus amigos sólo pueden decirse chistes o hablar chabacanamente, (caso peluquero, caso constructor). Siendo así, se comprende cómo le han salido los hijos. Diríase que Kowalski no es capaz de entender qué hizo mal para que sus hijos se hayan convertido en “Los Simpson’s”. La primera respuesta que se nos ocurre es la religiosa, después vienen todas las demás.
-Pero además, la vida de Walt se ha vuelto amarga porque no deja de mirar al pasado y todo lo que perdió. No tiene una mirada hacia el futuro ni, mucho menos, sobrenatural. Kowalski extraña a su vecino también polaco (en esa casa de al lado viven ahora los “chinos”); extraña a su viejo médico el Dr. Feldman (ahora lo atiende una doctora “china” llamada “Chu”). Pero no extraña a su viejo sacerdote, porque nunca –a pesar de ser católico- ha practicado la religión. Kowalski es más americano que católico.
-Kowalski tiene ojo para ver cada signo o detalle de irrespetuosidad o irreverencia : la nieta mostrando el obligo con un aro; el persignarse en broma del nieto; el cigarrillo tirado en su garaje; el auto japonés del hijo, etc. Sin embargo, no le llama la atención, no le molesta y no le protesta al sacerdote porque éste se presente en su casa y vaya a todos lados sin su clergyman (creemos que lo hace así porque la primera vez que se encontró con Kowalski, mostrándose con su clergyman, aquel lo echó), sino vestido como cualquiera. No se fija en ello porque no le molesta. No le molesta porque, como ya lo dijo, sólo iba a la iglesia por su esposa. No es un católico “practicante”, por eso mismo, tampoco un católico “pensante”. Le da lo mismo cómo vista el cura. Si Kowalski lo maltrata es porque se trata de un cura, no porque no lleve la debida indumentaria. Kowalski no le da a entender que “con el Padre Sánchez Abelenda estábamos mejor” (pongo un ejemplo), sino que da a entender que “puedo pasarme sin los curas, así que déjenme en paz”.
-El curita –que, repetimos, aparece siempre vestido “de civil”- aparece dos o tres veces en su casa y una vez hasta en un bar, para intentar convencerlo de que se confiese, porque “se lo prometí a su esposa”. Pero Walt siempre lo echa, tratándolo de forma irreverente y despreciativa. De golpe, el cura desaparece de la trama, ocurriendo entonces lo más jugoso del film, el nacimiento, desarrollo y consolidación de la relación de Walt con sus vecinos orientales “hmong”. Estupendo segmento del film donde se muestran las diferencias culturales –que son posibles de vencer-, la decadencia del vecindario, las distintas pandillas que lo asolan y el enclaustramiento de Kowalski en lo que parece ser un mundo perimido. La persistencia y terquedad de Walt están simbolizados en su lujoso y bien cuidado auto, el Gran Torino 1972. Pero eso lo veremos más adelante.
-El cura desaparece de la película y vuelve a aparecer cerca del final, después de que han ametrallado la casa de los vecinos de Walt. La única finalidad de esa escena entre el sacerdote y Kowalski es mostrar que el cura está desorientado y no tiene ninguna respuesta, sólo atina a decir desconsolado –y con una lata de cerveza en la mano, detalle importante, ya asimilado al mundo de Kowalski, que se la pasa toda la película con lata de cerveza en la mano, cual Homero Simpson y, al parecer la mayoría de los (norte)americanos- sólo puede decir el cura ante lo que ha pasado que “no es justo”. Téngase en cuenta, además, que en el segundo o tercer encuentro con Kowalski el cura le dijo que él “trabajaba” con estas pandillas, supuestamente para “contenerlas” o “incluirlas” (palabra de moda, “inclusión social”), difícilmente para convertirlos, ¿a qué, si él no se anima a ser la imagen de la Iglesia Católica?
-Tenemos que Walt Kowalski es un viejo gruñón y conservador, en el fondo de buen corazón, excepto cuando se trata de tener relación con la iglesia (bueno, tampoco se lleva bien con los negros, a los cuales, en la única escena en que éstos aparecen, los llama gorilas). Esto se debe a que guarda una culpa secreta y no vive en paz. El cura le habla en un momento –sin mucha convicción- de la confesión y de alcanzar por su medio la paz del corazón, pero no resulta convincente para Kowalski –ni para el espectador.
-Cuando el cura, tras una pelea en la que intervino Kowalski, le pregunta por qué no llamó a la policía, Kowalski le responde sarcásticamente: “Recé porque aparecieran, pero nadie apareció”. Desde luego que Kowalski no cree en los rezos ni, digámoslo, se comporta nunca como si creyera en Dios.
-El tema de la confesión es un gancho que hace avanzar la historia generando interés, porque desde el momento en que tres veces se insiste con el tema, sabemos que cerca del final Kowalski habrá de confesarse. Pero...
-Walt no niega la Ley Moral, al contrario. Una escena excelente muestra cómo unos jóvenes orientales se burlan de una vecina, y cómo luego su joven vecino Thao se comporta de manera opuesta. Pero, en el caso de Kowalski, una violación voluntaria de su parte (en la guerra de Corea) le ha quitado la paz, lo perturba interiormente y lo vuelve malhumorado y agresivo con todo el mundo. Tiene una culpabilidad reprimida que le será revelada por un “shaman” hmong en la primera vez que lo vea. Ahí Kowalski se da cuenta que ese oriental lo conoce mejor que su propia familia.
-Se entiende entonces que una gran motivo para esa forma de ser de Kowalski es ese pecado inconfesado que debe expiar. Y esto nos lleva a la escena más importante de la película, que es además la peor de todas, la escena de su confesión.
-Kowalski no se va a confesar porque esté arrepentido de haber ofendido a Dios, ni porque crea que allí puede alcanzar la paz. No cree en la eficacia de los Sacramentos. Lo va a hacer antes de la escena final donde sabe cómo va a terminar, y lo hace además porque eso era lo que quería su esposa. La escena es tremendamente fea por varias razones. Primero, la actitud del cura, que tras haberle insistido varias veces para que lo haga, ahora pareciera no querer recibirlo. Toma la confesión como un simple trámite, falto de comprensión, tacto y afecto para con el confesor. Kowalski, por su parte, no habiéndose confesado “desde hace siglos”, como le contesta ante la usual pregunta, tampoco sabe cómo confesarse, pero el que lleva el peso de la mala escena es el cura (de hecho, la cámara se queda siempre de su lado). Finalmente, tal vez porque el cura (que no cura nada) no lo ha sabido llevar, Kowalski deja un pecado mortal sin confesar. Cuando sale intercambia unas palabras con el cura, a quien le dice, entre la provocación y la ironía –sabiendo además que lo anima un deseo secreto- que ha encontrado la paz. Sabemos que no es así. Kowalski, tras ese “trámite”, se siente tranquilo más que nada porque ha cumplido lo que su esposa quería. Pero, de las ofensas contra Dios-que de eso se trata el pecado- nada. El pecado se toma como ofensa ante el hombre, no ante Dios.
-La siguiente escena completa el asunto “confesión”. Nótese bien que Kowalski confiesa ese su pecado, haber matado a un soldado coreano que quería rendirse, a su vecino Thao. Y lo hace en escena simétrica con la del confesionario: Kowalski de un lado, Thao encerrado en el sótano, y en el medio una rejilla, como la del confesionario que separaba a Kowalski del cura. La cámara esta vez del lado de Kowalski, que domina la escena. Tras esa “confesión”, debe ahora pagar por sus pecados, “inmolándose” en la siguiente escena.
-Lo que hace Kowalski en el final NO ES un martirio, desde ya. Kowalski incita, provoca, convida a los pandilleros a que lo maten, simulando sacar una pistola. Los engaña, como engaña a los espectadores que, teniendo en cuenta que anteriormente (en la escena con los negros) hizo el mismo gesto, ahora habrá de repetirlo. En definitiva, es una incitación al pecado de los otros, para obtener así un bien mayor. Una vez más, “el fin justifica los medios”. De paso, Kowalski, que tiene una enfermedad terminal y sabe le queda poco tiempo de vida, se ahorra sufrimientos y soledad. Así mata dos pájaros de un tiro (o, si se quiere, sin tirar un solo tiro).
-Una vez más constatamos los argumentos retorcidos con que el cine norteamericano viene a usurpar la sencillez evangélica, los caminos de la redención y la expiación. Luego de muerto se nos muestra a Kowalski tirado en el piso con los brazos en cruz, pero cabeza para abajo, en una cruz invertida. ¿Por qué se hace esto, acaso para imitar a San Pedro? ¡Vamos! ¿Quién le ha soplado esa ubicación de la cámara a Eastwood? Y que no se nos diga que antes de sacar su encendedor del bolsillo, Kowalski empieza a recitar un Avemaría, porque eso se usa precisamente para justificar ese “sacrificio” salvador del personaje. Insistimos: ¿Por qué se muestra al personaje formando una cruz invertida?
-La película no está “contra los luteranos”, como escribió alguien, sino al contrario. Cuando la chica dice que por culpa de los luteranos fueron a parar allí, está diciendo que gracias a ellos pudieron escapar de los comunistas vietnamitas. Cuando Eastwood le responde “la culpa de todo la tienen los luteranos”, lo hace en broma. Como católico ya vemos que no le interesa ningún aspecto de la religión. Pero, personalmente, Eastwood siempre se manifestó cercano a los luteranos. Por ejemplo, en su film “Poder absoluto” (1997), el personaje que interpreta se llama Luther, y se deja bien en claro que está a favor del “ojo por ojo, diente por diente” veterotestamentaria. Acá intenta esa solución amenazando a uno de los pandilleros, pero se da cuenta de que ya no puede hacer las cosas de esa manera, por lo que opta por (siendo el personaje un polaco y, por lo tanto, “católico”), una especie de sacrificio que lo arregle todo. Ya vimos que si es noble el deseo de sacrificarse por los demás, no lo es la metodología usada. Se pone en el lugar de Dios para provocar él mismo la escena de su martirio, montando hasta los últimos detalles: corte de pelo, ropa nueva, el encendedor de Corea en la mano.
-Hay también una autoreferencia de Eastwood a su personaje de Harry Callahan, quien solía hacerles un truquito (o una pregunta) a los criminales antes de matarlos. Con este final desmonta ese acto, demostrando que ya está viejo para jugar a ser esa clase de héroe. Creo que se acordó un poco tarde, diría que unos treinta años tarde.
-Aclaración necesaria: no es que descreamos que el mundo católico que muestra Eastwood no sea así, ¡al contrario! Lo he padecido personalmente, antes de mi descubrimiento de la Tradición católica, y puedo decir lo que se sufre confesarse ante semejantes sacerdotes hueros de sapiencia o caridad (tanto jóvenes como viejos, lo mismo da, aunque, aparentemente, a los viejos les molesta confesarse con curas muy jóvenes y, a los jóvenes, con curas muy viejos). El estado calamitoso en que se encuentra la Iglesia da como resultado que curas como el de la película –bienintencionados pero torpes e ineficaces- sean legión. Pero Eastwood no critica esto desde el lugar del católico que quiere recuperar la verdadera religión. Su mirada no es católica. Eastwood no le muestra al espectador de cine la Iglesia modernista o “conciliar”, sino que le muestra lo que para él es la Iglesia Católica sin más, a secas, sin otra alternativa. Por eso el personaje Kowalski no le dice en ningún momento al cura que extraña la Iglesia de antes, la misa en latín, etc. Kowalski no extraña nada, Eastwood desacredita la eficacia santificadora del Sacramento de la Confesión, y dice que las soluciones pueden venir de unos vecinos paganos que portan otra tradición más eficaz. No hay para Eastwood –nunca la hubo en su cine- una mirada trascendente. Los personajes actúan por las suyas, sin la gracia de Dios, sin recurrir a la oración, obsesionados por la idea de hacer justicia (tal vez por eso pone en boca del cura esa línea de diálogo que antes cité). Y al final de sus films la justicia siempre vence sobre la tierra, con moño y todo, por la sola voluntad humana.
-El auto de lujo es una imagen del mismo Kowalski, de cómo hubiera querido que todo permaneciese. Pero a uno le da que pensar que si ha pasado tanto tiempo dedicándose a pulir, arreglar y contemplar su brilloso auto esto nunca le dejó tiempo para educar como debía a sus hijos (es cierto, esto lo dice en su confesión, aunque no mete al auto de por medio). El auto es una especie de fetiche, aunque comprende hacia el final que debe pasarle la posta a su protegido Thao. Al prestarle el auto le estaría suministrando su universo con su forma de ver las cosas, a la vez que una personalidad.
-Pero el auto pudo haber tenido un significado mejor, si Kowalski hubiera comprendido que era sólo una “cosa”, a la cual era posible sacrificarla. Por ejemplo: entregarlo a los pandilleros a cambio de la libertad de Thao, lo cual posiblemente debió ocurrírsele después del castigo que aquellos le infligieron al adolescente. En vez, la primera reacción de Kowalski es la paliza a un pandillero y la amenaza, lo cual traerá una serie de consecuencias peores, como el mismo Kowalski comprenderá.
-Finalmente, el auto viene a ser una continuación de la vida del propio Kowalski en su heredero, para el cual, esa posesión será, además de un “tener”, un “ser”. Es una manera inteligente de utilizar un símbolo en un film inteligente y muy entretenido, pero, por lo que se ve, que vuela muy bajito, por entre las cosas de este mundo que resuelve de manera caprichosa para que el fácil esquema cierre perfectamente. Esto no es nuevo en los films de Eastwood, cuyo simple esquematismo encaja de tal manera que nunca deja ningún resquicio para el misterio.

Lo que sí parece ser nuevo es el apoyo que este film ha obtenido de quienes creen ver un catolicismo en ciernes en quien ha demostrado palmariamente ser un director –como lo dije al principio- política y cinematográficamente correcto. Ahí están desde “Cazador blanco, corazón negro” y su héroe vividor para quien el único demonio es Hitler; su “Un mundo perfecto” y la reivindicación del anarquismo; su “Los puentes de Madison” y su melosa apología del adulterio mas la “romántica” cremación de los cadáveres; su “Medianoche en el jardín del bien y del mal” y su encantamiento con el travestismo; su “Poder absoluto” y su visión simplista de la política; su “Deuda de sangre” y su vanidoso autoexhibicionismo; su “Jinetes en el espacio” y su humor chabacano y obsceno (como en esta película de ahora); su “La bandera de nuestros padres” y su negación del arquetipo del Héroe; su “Million Dollar Baby” y su fervor por el boxeo femenino y la eutanasia. En fin, films todos donde su mirada constante sobre el poder está enunciada desde el voluntarismo individualista rejuntado con el hedonismo de un actor que nunca ha dejado de lado esa cosa tan vergonzosa de tener que ser una y otra vez un “héroe”, pero donde se es tal porque se es un “rebelde”, eso sí, oscarizado.



Objeciones y Respuestas (las primeras van en negrita):


Se dice que “el cura jamás pierde su aplomo ni es timorato”

»¿Por qué entonces teme vestir con el clergyman (ni siquiera hablemos de una sotana) cuando anda por la calle?
Cuando va a hablar con Kowalski “de la vida y de la muerte”, éste le dice que le pesa algo que no le obligaron a hacer. Ahí el cura, que supuestamente había ido “con todas las armas”, se queda sin respuesta y no le contesta, cuando más que nunca tendría que darle a entender que la confesión podría acabar con ese remordimiento de Kowalski. La película no lo muestra, ni sugiere que lo haga.


Se dice: (¿Por qué entonces teme vestir con el clergyman (ni siquiera hablemos de una sotana) cuando anda por la calle?) Porque es un curita del s. xxi, un tullido al que al menos le queda algo del sacramento de la confesión. (Podría haberle recomendado un psicólogo a Kowalski, pero no lo hizo).

»La respuesta implica que todos los curas del siglo XXI son así; que no hay sacerdotes con sotana y latín y la Tradición a cuestas. Implica conformismo con estos tiempos. Si el curita no viste como corresponde es porque no tiene el verdadero sentido de lo que es ser un sacerdote de la Iglesia Católica. Pero el film, al no presentar su contrapartida, lo expone como el único sacerdote posible en el siglo XXI. Lo cual es falso.

Se dice: (Cuando va a hablar con Kowalski “de la vida y de la muerte”, éste le dice que le pesa algo que no le obligaron a hacer. Ahí el cura, que supuestamente había ido “con todas las armas”, se queda sin respuesta y no le contesta, cuando más que nunca tendría que darle a entender que la confesión puede acabar con ese remordimiento de Kowalski. La película no lo muestra, ni sugiere que lo haga) .Pasa que si el Curita le decía eso, además de comerse una mano del viejo renegado, lo “espantaba” y cerraba toda posibilidad de que el tipo se confesase. Así que se quedó en el molde, no para que no le peguen, sino para no frustrar su objetivo.

»¿Cómo sabemos eso, ya que ninguna imagen o palabra del sacerdote nos lo sugiere o da a entender? Si el cura fue a hablarle, y con mayor convicción que antes (por eso Kowalski le dice que fue “con todas las armas”) ¿por qué se detiene de pronto? ¿No está delatando más bien un temor desde el momento en que teme contrariarlo por el hecho de llevar el clergyman?

Se dice que “Clint Eastwood no tenía ninguna necesidad de poner a un cura católico ni a la Iglesia, y sin embargo lo hace, sin saña contra la misma, lo cual ya de por sí es destacable”.

»Si vamos a ese punto podríamos decir “C. E. no tenía ninguna necesidad de poner un cura modernista y sin embargo lo hace”, porque evidentemente le sirve para su historia. No es ya de por sí un mérito incluir en una película un cura y una iglesia, sino incluirlos sabiendo lo que éstos son y representan. El personaje de Eastwood no parece saberlo, porque en ningún momento le reprocha –como ya lo dije- al cura no llevar su atuendo (y este es un detalle muy grave). De hecho, el cura no sólo es inoperante, sino que, al final, intenta detener torpemente el baño de sangre, con lo que hubiese impedido lo que muchos llaman “inmolación” de Kowalski. Pero además, ¿por qué no apareció solo el cura, si Kowalski le dio a entender antes la ineficacia de la policía? Lo suyo es un fracaso total.


Se dice: No, No, NO. CE pone un cura modernoso porque no conoce ninguno que lleve sotana!! CE no conoce un ápice de la tradición católica.

»Correcto. Si Eastwood no conoce un cura verdadero ni tiene noción de la Tradición católica, ¿para qué se mete entonces con la Iglesia Católica? ¿No es meterse a hablar de lo que no sabe? ¿No debió haber investigado un poco antes de hacer la película?

Se dice que “es rescatable que el protagonista se confiese y luego se inmole, etc”

»Parece que no se entendió que Kowalski se va a confesar sólo para cumplir con su esposa (ya que algunos hablan de comparar con otras películas, compárese la escena de esta confesión con la confesión de Corleone en “El Padrino III” y verán grandes diferencias). ¿De dónde se puede deducir esto? Del hecho mismo de que incluya en la trama el pedido último de la mujer, lo que torna perentorio este suceso. Si Eastwood hubiese querido podría haber quitado ese motivo del argumento y hacerlo confesarse por las suyas. Ahora bien, ¿podrían darse las dos cosas, que Kowalski se confiese para cumplir el pedido de su esposa y que también lo haga porque necesita hacerlo? Sí. Pero en ningún momento se plantea (se ve) en el film, previamente a ese momento, una introspección del personaje, un espacio de soledad donde el remordimiento parezca perturbarlo, en relación al hecho de no haberse confesado. Pequeños detalles habrían bastado para significárnoslo. Pero además, parece que no se entiende esta escena clave de la película, porque para Eastwood la verdadera y liberadora confesión se da ante el hombre y no ante Dios. Por eso filma de manera similar las dos escenas, una detrás de otra. Minimiza la eficacia del Sacramento cuando podría haber significado una verdadera escena de re-conversión de Kowalski. Un momento posiblemente sublime se lo vuelve fofo e intrascendente. Lo de la “inmolación” lo trato más abajo.

Se dice: Esto me parece que se lo está inventando Ud., la conciencia le pesaba a Kowalski y el hecho que vemos es que se confiesa. Que no haya habido atrición… se lo puedo aceptar, pero contrición pudo haber habido perfectamente.

»Sí, pudo haber ocurrido, pero desde el momento en que nos queda la duda y estamos discutiendo acerca de ello esto quiere decir que el director no lo mostró claramente o no quiso aclararlo, y me parece un punto muy importante acerca del personaje. Repito: compárese esta confesión-trámite con aquella significativa confesión de Corleone en “El Padrino III”, y se verá la diferencia ente un director católico(con sus pros y sus contras, pero católico al fin) y uno que no lo es.

Se dice que “Sería del todo ingenuo pretender que fuera una película evangelizadora, de la más pura línea doctrinaria católica”.

»¿De dónde se desprende en mi escrito que yo pretendía eso, dónde lo digo o lo dejo entrever?

Se dice que “El cura es tesonero y humilde” .

»Al contrario, es soberbio porque no viste como la Iglesia manda, sino que hace “la suya”. Es desobediente (aunque no lo parezca). No se muestra humilde ni comprensivo durante la confesión. Más bien es “buenudo”, que es otra cosa distinta.

Se dice que “Se lo muestra virtuoso (al cura)”

»¿Cómo, se puede saber?

Se dice que el cura es “Un cazador de almas”

»En la escena de la confesión fracasa rotundamente, hasta se muestra reacio en principio cuando Kowalski aparece para confesarse.

Se dice que “La realidad es más confusa y cambiante (que la crítica)”

»Desde luego que la realidad es cambiante y confusa, pero una película no debe ser confusa, y el rebuscamiento de los medios por los cuales se solucionan los conflictos en la película no obedecen a ese sentido “evangélico” que algunos le adosan. La realidad es confusa porque los hombres la hacemos así, pero el camino hacia Dios es sencillo, por eso “quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Mc. X, 15). Si un film muestra –y pienso que debe hacerlo- la realidad que es cambiante y confusa, debe a la vez descubrirnos un orden por sobre esta confusión, porque si no, lo único que se hace –y es lo que veo que está pasando- se confunde todavía más a quienes están confundidos. Si se le puede pedir esto a un film es porque al incluir un sacerdote y una iglesia incluye aquello que vive de un orden sobrenatural, orden que ha de incidir sobre el orden natural. El film, me parece claro, no se involucra en esto, por eso no puede decirse que sea un fracaso, sino directamente un error.

Se dice que “La tradición está muy viva y muy sana en él (Kowalski), que la ha internalizado...”

»No sé a qué tradición se está refiriendo, pero, en todo caso, lo primero que muestra el film es al personaje en un ámbito religioso, y esa tradición, luego, no se muestra. Si la tuviera “internalizada” también tendría que “externalizarla”, porque vivimos en sociedad. En el film se muestra esa ausencia absoluta de tradición (en el sentido religioso), ni siquiera vemos en su casa, la casa de un católico “polaco”, un rosario o una imagen religiosa, ni una imagen de la Virgen. ¿Qué clase de católico es el que no tiene en su casa un crucifijo o una imagen de la Virgen a la vista?

Se dice que Kowalski hace que el joven ingrese al mundo cotidiano del trabajo, etc, para no caer en las manos de los pandilleros y sus vicios.

»Esto es correcto y está bien, es muy meritorio, pero no es el tema principal del film. No podemos quedarnos con eso sin ver lo otro. Esto no significa que Kowalski no se haya salvado a pesar de todo, claro está, porque el problema en sí no es tanto de él cuanto la forma en que Eastwood se mete con el tema religioso desde afuera y quedándose afuera.

Se dice “Viene a cuento la parábola de las bodas”.

»Precisamente lo que hay es una parodia involuntaria de esta parábola. El film es políticamente correcto porque pone casi en pie de igualdad y de respeto hacia otras “religiones” a la Religión Católica. Por eso los hmong entran al final a la iglesia, pero con sus trajes típicos, con lo cual se nos da a entender que permanecen firmes a sus tradiciones y a su “religión”. No se han convertido, están muy bien vestidos, pero de acuerdo a un culto pagano. Esto no invalida que también puedan salvarse, pero no a raíz de profesar ese culto sino a pesar de él.

Se dice “No podemos estar viendo brujas por todas partes”.

»Ese es un comentario vago e inespecífico. Si tiene algo puntual que discutir, ¿por qué no lo hace? Me he limitado a describir y relacionar lo visto. Yo no invento nada, ahí está para el que quiera ver. “Pensar –decía Chesterton- significa relacionar las cosas, y detenerse cuando éstas ya no pueden ser relacionadas”. A eso me atuve.

Se dice “La muerte del protagonista no es un suicidio. El se expone por salvar al muchacho chino ante su deseo de venganza”.

»Me pregunto si Kowalski no tuviera una enfermedad terminal, ¿habría llegado a ese final? Porque, Eastwood no tenía necesidad de incluir esa enfermedad en la trama, pero lo hace, y algún sentido debe tener, ¿o no? Si la incluye es en función de la decisión final que él toma. Por lo tanto, lo de Kowalski no es tan altruista. “Ya que estoy por morir…” De otro modo la escena en que comprueba que está enfermo no tendría ningún sentido, y, créame, estos tipos no ponen las cosas porque sí.

Se dice “Un problema que tienen los grupos tradicionalistas es que todo lo ven negativo”.

»Esto no forma parte de la película, pero, como lo escribió un sacerdote, me voy a detener en ello. Con todo respeto, Padre, Usted dice “grupos tradicionalistas” y quien firma la crítica no es “grupos tradicionalistas”, por lo tanto, se la tendría que haber agarrado conmigo. Pero, me permito recomendarle, para despejar su errónea apreciación, que lea algunas de las varias críticas de films de quien escribe que hay en internet, por ejemplo, la de la reciente “Bella”, para juzgar si mi visión es “negativa” o ecuánime y dentro de lo posible, justa, película que nadie (salvo unos pocos amigos) defendió tanto y a la que los católicos, afectos a un cine espúreo y fácil, le dieron la espalda.

Se dice “El personaje (...) es mucho más real que si fuera un monaguillo jubilado como pretende el crítico”.

»¿En qué se basa para afirmar que “el crítico prefería un monaguillo jubilado”, siendo que conozco la filmografía entera de Clint Eastwood? ¿Conoce acaso mis secretas intenciones?

»Una observación más sobre el uso de la sotana por los sacerdotes, algo que muchos (por lo que he visto en los comentarios) toman a la ligera:
“Leía no hace mucho en un diario de París las declaraciones que sobre este punto hizo un sacerdote de vanguardia: “Eso es puro folklore...En Francia, el uso de una vestimenta reconocible no tiene sentido porque no hay ninguna necesidad de reconocer a un sacerdote en la calle. En cambio, la sotana o el traje del pastor protestante provocan aislamientos...El sacerdote es un hombre como los demás. Verdad es que preside la Eucaristía”.
Ese “presidente” expresaba aquí ideas contrarias al Evangelio y a realidades sociales bien confirmadas. En todas las religiones, los jefes religiosos llevan signos distintivos. La antropología, de la que tanto caso se hace, está allí para atestiguarlo.
La sotana garantiza el carácter especial del clérigo, del religioso o de la religiosa, así como el uniforme garantiza la condición del militar o del agente del orden, pero con una diferencia, estos últimos, al usar las ropas civiles, tornan a ser ciudadanos como los demás, en tanto que el sacerdote debe conservar su hábito distintivo en todas las circunstancias de la vida social. En efecto, el carácter sagrado que adquirió en la ordenación debe hacerlo vivir en el mundo, sin ser del mundo. Así lo leemos en san Juan: “Vosotros no sois del mundo...mi elección os ha sacado del mundo” (XV, 19). El hábito del sacerdote debe ser distintivo y al mismo tiempo elegido con un espíritu de modestia, de discreción y de pobreza.
Una segunda razón es el deber que tiene el sacerdote de dar testimonio de Nuestro Señor: “Vosotros seréis mis testigos”, “No se pone la lámpara bajo el celemín”.
(...) La separación de la Iglesia y del Estado, aceptada y considerada a veces como la mejor solución, ha hecho penetrar poco a poco el ateísmo en todos los dominios de la actividad y debemos admitir que buen número de católicos y hasta de sacerdotes ya no tienen una idea exacta del lugar que ocupa la religión católica en la sociedad civil. El laicismo lo invadió todo.
(...) Agreguemos que la sotana protege al sacerdote del mal, le impone una actitud, le recuerda en todo momento su misión en la tierra, lo guarda de las tentaciones. Un sacerdote vestido con su sotana no experimenta ninguna crisis de identidad. En cuanto a los fieles, saben con quién están tratando; la sotana es una garantía de autenticidad del sacerdocio.” (Mons. Lefebvre, “Carta abierta a los católicos perplejos”).


Se dice:“¿A nadie se le ocurrió pensar que la confesión verdadera sea la que Kowalski realiza en la Iglesia y que al chico Hmong le mienta, le diga que hizo algo que no hizo, para por un lado asustarlo”, etc.

»Esto no es así, porque Kowalski insinúa ese grave asunto de la guerra cuando se lo dice al cura en su casa, “algo que no le obligaron a hacer”, en la escena cuando este último va “con todas las armas”. Luego, el shaman Hmong advierte que Kowalski no tiene paz porque hay algo en su pasado que le remuerde la conciencia. Por lo tanto, no le miente al chico Hmong.


Se dice:“Habría que pensar en el tipo de 'iniciación' laboral a la que fue sometido el chico Hmong. En primer lugar allí el mismo Kowalski mejora (o re-significa o, mejor, re-signa) su pedagogía respecto de la evidente y desastrosa educación que dio a sus hijos”, etc.

»Pero también hay que pensar en la iniciación a la “hombría” del chico, por ej. en la patética escena de la peluquería, cuando Kowalski –a la manera de Boggie el aceitoso- le enseña a hablar como “macho”, con rudeza y “desprecio” al peluquero. Luego en la obra en construcción vemos que Kowalski le habla igual al otro amigo. Recuérdese cuando estando en el jardín, al incitar al joven Hmong a invitar a salir a la chica, le dice que le servirá para “vaciar el carburador” o algo parecido. Va de suyo que Kowalski no vería mal, antes al contrario, que además de la salida el joven Hmong tenga relaciones sexuales con la chica. ¿Creen todavía los católicos en el sexto mandamiento?
Pero además, y por todo esto, Kowalski no es un maestro zen ni nada que se le parezca, le da la indicación de contar los pájaros porque es lo primero que se le ocurre (y es otro chiste más en la película), luego lo hace realizar trabajos útiles. Kowalski le enseña más bien que nadie es un “Hombre” si no tiene trabajo, un auto y una chica (y una lata de cerveza a mano).

Se dice: El remordimiento de conciencia que descubre el chaman puede ser que su finada mujer ('la mejor mujer del mundo', dixit) le mandó a confesarse y el no lo está haciendo. Aparte de lo que confiesa realmente.

»Más bien no parece eso, porque, de acuerdo a la primera escena, se muestra que Kowalski ya es así agrio e insociable desde hace mucho tiempo –la actitud de los otros peonajes hacia él así lo da a entender. Y la mujer acaba de fallecer. Además, si el director quería darnos a entender lo que se sugiere, debería mostrarlo de alguna forma, porque no leemos la mente de los otros. Y no lo hace.

Se dice: Respecto del curita, leo este foro porque no conozco uno que no sea muy parecido al que usted ve en el film, pero tal vez sin las virtudes que los demás vemos en él.

»Hay sacerdotes de veras católicos, que no se parecen en nada al que muestra el film (el que, por cierto, podría llegar a serlo si lo quisiese, no damos a nadie por perdido ni condenado). Lamento que no los conozca. Si se acerca a algún lugar donde se dé la Misa tradicional, y los Sacramentos idem, empezará a entenderlo –y le dará gracias a Dios.


Se dice: Lo del sentido literal es exactamente como Ud. dice. Y lo del simbólico también. La pregunta que le hago es: el sentido religioso ¿puede estar en un film con el nivel de absoluto que Ud. exige.?

»No se trata de exigirle a un film –mucho menos de un director que no tiene un sentido religioso de la vida- ese nivel de absoluto que usted dice. Pero ese sentido religioso absoluto –que no quiere decir fanatismo- debe estar en nosotros siempre. Y al mirar un film se trata de comprender que manteniendo ese sentido será más difícil que nos puedan engañar. Porque, debería estar muy claro, detrás de todo film hay una visión del mundo, una ideología, una verdad, un error, una afirmación moral, una herejía. En definitiva, una toma de posición frente a Dios. Con más razón debemos examinar cuidadosamente si quien realiza el film lo hace desde estos esquemas argumentales religiosos o incluye el factor religioso y de qué manera. Lo cual no significa que uno no reconozca otros valores, sino que debe saber ubicarlos dentro de una escala jerárquica.

Se dice: (Pienso en "The Bells of St. Mary", de Leo Mc Carey. Por muchas de sus actitudes -especialmente respecto de la enseñanza- hoy se podría acusar al personaje que interpreta Crosby de cura 'progre'. Sin embargo, en la trama, hace un equilibrio perfecto con la monja/Bergman (Ingrid, por Dios). No creo que sea reprochable ese tipo de tensiones en una trama, ni en un film como ese. Y tampoco lleva sotana. Y encima usa un sombrerito de zapateo americano.)

»A esto ya he respondido más extenso en la crítica sobre “Going my way” de este blog. Pero el comentario muestra a las claras que aun no se ve bien la lacra del Liberalismo. El mencionado es el mejor ejemplo de sutileza y falsificación del catolicismo de que se tenga memoria. Lamentablemente muchos lo han comprado. Espero que por ello no se nos acuse de “retrógrados” o cosas similares, pero siempre cabe esa posibilidad. (Bueno, en realidad eso no tiene importancia, sí el no convertirse de a poco en progresista y liberal a través de estas “simpáticas” películas).


Se dice: Respecto de la iniciación de 'machos', con el peluquero, quedó claro que sirvió para que el chinito consiguiera trabajo. Y era algo que necesitaba ('ganarás el pan'). Así como la mujer ('no es bueno que el hombre esté solo'). Respecto del auto, es una contingencia que le da nombre al film, pero simbólicamente es la diferencia entre la iniciación en el robo y la iniciación en el trabajo honesto (la conversación con la que consigue el trabajo, es acerca de un auto que no tiene. Espero que con eso no me venga con que KW le enseña a mentir).

»De acuerdo a este comentario, “el fin justifica los medios”. De todas formas, el punto principal de la discusión no es éste, sino la forma en que Eastwood aborda lo religioso, que en definitiva es lo más importante de todo. Allí no es nada inocente ni católico, a pesar de que aparenta serlo.
Lo de la conversación con la que consigue el trabajo no hace más que mostrar la importancia extraordinaria que le dan los norteamericanos en su cultura al hecho de tener auto, y que aquel que no lo tiene aparece como un disminuido. Por eso allí el hmong miente. El americano típico debe tener un auto. Debe mentir para incorporarse a la cultura americana, y deberá tener un auto para ser aceptado. Cito este pasaje de un muy buen libro de Fernando Díaz-Plaja titulado “Los siete pecados capitales en Estados Unidos”:
“Si me quitan el coche es como si me cortaran las piernas”, decía el protagonista de “Sunset Boulevard”, y esa identificación del hombre con el vehículo, unido a la dificultad cada vez mayor de encontrar dónde dejarlo, provocó la asombrosa revolución que llevó el espectáculo a los lugares de estacionamiento. Los “Drive-In”, o cines para automóviles, los establecimientos de comida y bebida servidos a la portezuela, fueron seguidos por buzones al alcance de la ventanilla y por bancos a los que se puede ir a pagar y cobrar sin apearse y, finalmente, en Los Angeles, California, al servicio religioso, en el que el pastor pronuncia su homilía frente a quinientos motores, mientras la familia, cómodamente instalada en el interior, escucha a través de los altavoces.
Cuando he preguntado al nacido en U.S.A. por qué no podía llegar a pie hasta la tienda situada a cien metros, han buscado en su imaginación una respuesta lógica. La única que se les ocurre es que :”¿Y si después quiero ir a otro sitio?”. (...) La sensación de seguridad que el caballo daba ha pasado al automóvil. Cada tres personas tienen un coche en los Estados Unidos; dicho de otra manera, la entera población de este país podría abandonarle en un momento determinado, y los doscientos millones de habitantes lo harían sin necesidad de ocupar el asiento posterior.
El temor ancestral al espacio ilimitado es la única explicación que se me ocurre ante la reluctancia de los americanos a usar de sus extremidades inferiores para desplazarse. Y la edad no tiene ninguna importancia para esa antipatía. Los niños están en el automóvil antes de ver el suelo, cuando empiecen a ir al colegio, un autobús escolar los transportará, aunque vivan en las cercanías, y a los dieciséis años consiguen el permiso de conducir en la mayoría de los estados de la Unión.
Hoy (1967) la calle americana está pensada para los automovilistas, y los nombres de ellas, en lugar de estar en la fachada de las casas para los peatones, como en Europa, están en la esquina de las aceras, para que los vea mejor el hombre al volante”.
Dice San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales Nº 16: “Si el alma siente afecto por un objeto de modo desordenado...debe aficionarse por lo contrario, pidiéndolo a Dios Nuestro Señor”. Los Ejercicios vienen a combatir la concepción humanista de la vida que desliga al hombre de la concepción católica. Ese amor desordenado de Kowalski por su auto –que es allí donde empieza todo el conflicto- se lo traspasa luego al hmong. Lo contrario de esto puede verse en “Tucker” de Cóppola, donde al inventor de los autos su suerte no lo obsesiona porque hay cosas más importantes que ello.


»Otras aclaraciones vertidas en conversaciones con un amigo, amplían -y reiteran a veces de mi parte, pido perdón por ello- la interpretación sobre esta película:

Ahora bien, cabe de todas formas reforzar un concepto clave para entender el cine, que no se nos debe escapar, y es éste: para entender el qué debo entender el cómo. Hay mil maneras de verlo. De acuerdo a la forma de filmar, tal será el punto de vista del director. Por ejemplo, la razón de ser del estilo de Hitchcock es profundamente católica. Está incorporado al estilo. En “Gran Torino” yo destaqué dos momentos fundamentales –aunque hay más-que definen al director (pues tenemos que comprender lo que el director quiere decirnos, a veces a favor o en contra de los personajes, pero el autor de la obra es el director).

Cuando digo que hay dos confesiones, digo que hay una confesión sacramental y una confesión laica. Y ambas están interrelacionadas. Es evidente por cómo están filmadas. Veamos la confesión en la Iglesia: el director puede filmarla de 100 maneras diferentes, puede mostrar a los dos protagonistas en el mismo cuadro, puede mostrar sólo al cura o solo al pecador, puede hacer hincapié en uno o en el otro, puede filmarlos plano y contraplano, puede hacer un plano detalle de los ojos o de la boca, etc. Pero el director elige sólo una manera. Bien, esta manera elegida es simétrica a la manera en que elige filmar la “confesión” ante el chico, poniendo ahora a Kowalski de este lado de la rejilla, como si se tratara del contraplano que en la primer escena no puso. Además, cuando hay dos personajes hay una relación de fuerza entre ambos, un dominador y un dominado o una igualdad de condiciones, que el director diestro nos lo muestra a través de la puesta en escena: uno más arriba y el otro más abajo, uno sentado y otro parado, uno quieto y otro moviéndose, etc. En la iglesia el cura está más arriba en el cuadro que Kowalski; en la segunda escena es Kowalski quien está más arriba en el cuadro que el chico. Allí Kowalski “confiesa” aquello que, varias escenas antes, le había sugerido al cura que lo atormentaba: el asunto de la guerra. Se siente “liberado” –y así lo vemos, sin la rejilla cubriéndolo- para decirlo. No lo dijo antes, lo dice ahí. La lógica consecuencia que trae esta asociación de imágenes y escenas queridas por el director es que la confesión “fuera de la Iglesia ” es la que le sirve y libera del todo al protagonista, y que, de no haber mediado el pedido de la esposa (esto lo supongo no descabelladamente yo), Kowalski no habría ido a confesarse. Porque, de no haber querido las cosas así, Eastwood habría filmado de manera diferente la “confesión” con el chico, ya que su similitud con la otra es evidente. Si la primera confesión hubiese resultado no habría sido necesaria la segunda. La segunda la filma de manera parecida para recordar la primera, y hacer notar esa gran diferencia. (desde luego, puede haber habido contrición en Kowalski por esos pecados que confiesa, cómo no; pero ¿porqué no llega hasta el fondo y confiesa que mató a un tipo desarmado, si antes insinuó que eso lo martirizaba? Si creyera en el sacramento, ¿no lo habría hecho?). Si entendemos que la segunda escena está en función de la primera (y viendo además que en “Million Dollar Baby” Eastwood hace algo parecido, podemos pensar que sí), entonces lo que se desprende de ello es que Eastwood no cree en los Sacramentos, ya que no se ha animado a confesar todo lo que quería, y sí se siente liberado para hacerlo ante un laico (repito: esto mismo de manera parecida hace en “Million Dollar Baby”, por lo tanto no es traído de los pelos pensar así). Esto me da en pensar en que Eastwood nos sugiere que aun siendo católico uno puede fuera de la Iglesia alcanzar la paz y redimirse de sus pecados (otro director, Scorsese, había dicho explícitamente esto en una de sus primeras películas. Terminó haciendo la blasfema “La última tentación de Cristo”).

El otro punto, tal vez más polémico, es el de la simulación del personaje antes de su muerte. ¿Está bien o está mal simular, fingir? ¿Está bien que el tipo termine su vida simulando (literalmente eso es lo que hace)? Para algunos puede estar bien, para mi está mal. Es una forma de engaño, inclusive para con el espectador, que piensa –con razón- que va a sacar un arma en serio. Y es también una incitación a que lo maten. Ojo: puede fingirse que se tiene un arma encima, como hace Al Pacino en “El Padrino”, pero para defenderse y evitar que lo maten a él y a su padre. En ese caso se lo hace para evitar un gran mal. Es legítima defensa. En el caso de “Gran Torino” lo hace no para que no lo maten, sino para que lo maten. Se busca alcanzar un bien a través de un mal, el asesinato, provocando además ese mal, incitándolo. Y sólo Dios puede provocar un mal para obtener un bien.

Ahora que lo pienso, este es otro punto en común con “Million Dollar Baby”:él decide exactamente cuándo morir y la forma exacta de morir –como con la eutanasia. Como si fuera Dios. En una película él comete un asesinato (eutanasia) para con una persona enferma terminal. En otra, él provoca un asesinato (el suyo), teniendo además una enfermedad terminal. Cuando vi la película suya sobre Iwo-Jima, escribí en mis apuntes que Eastwood no sabe qué hacer con el sufrimiento, cómo afrontarlo. Ahora me encuentro con lo mismo, y lo que en definitiva hace –según creo- es esquivarle el bulto con una muerte rápida e indolora. Más o menos “honorable”, pero provocada por él mismo, al fin. Apura el final y lo provoca como sólo Dios tiene derecho a hacer.

He escuchado decir muchas veces esta frase: “Es lo que hay”. Es cierto, pero yo pregunto, ¿y por eso debemos conformarnos y dejar de criticar? ¿No será que eso “es lo que hay” porque hemos bajado nuestras exigencias y nuestro nivel a la medida que el mundo quiere? ¿No será por eso que aceptamos la nueva liturgia y a los curitas más-o-menos sin sotana y sin letras? ¿Por qué acostumbrarnos a lo más bajo, pudiendo aspirar a lo alto? Cuando hablé de “Bella” –que no es una gran película- tuve en consideración la buena voluntad y las importantes aspiraciones de sus realizadores. Acá tomo en cuenta la torcida voluntad de Eastwood-director anticatólico y progre incluyendo ésta- para escribir sobre ella.

Uno de los elementos fundamentales del cine –cuando es cine- son las simetrías, esto es, situaciones que se repiten pero de manera diferente en la segunda vez. Esa segunda situación similar corrige o completa el sentido de la primera. Es parte del cine clásico. Recuerdo ahora, p. ej., dos películas donde se repite una confesión: una española del año 1947 (“La Fe”), y otra de Hitchcock del año 1952 (“I confess”). En ambas una misma persona se confiesa dos veces con el mismo cura; en la primera no funciona –o porque la confesión es falsa o no hay arrepentimiento. En la segunda confesión, finalmente, el penitente arrepentido es perdonado y encuentra la paz de Dios (y también, en ambos films, la muerte).
En “Gran Torino” hay dos confesiones, la primera ante un cura y la segunda ante un laico. La segunda se produce porque la primera no funciona.
La simetría entre ambas escenas es evidente.

Eastwood cree que se puede alcanzar así la paz del corazón, pero eso es un error. Sé por experiencia, pues al comienzo de mi vida de católico me confesé con curas mucho peores que no me dieron ninguna paz, que confesarse con un amigo no trae la paz al corazón, un pecado es un pecado, y se confiesa ante Dios, el único que cura el alma. Pero además, y por si esto fuera poco, este procedimiento de Eastwood es el mismo que utiliza en “Million Dollar Baby” de la siguiente manera: va a consultar al cura porque quiere aplicarle la eutanasia a su amiga. El cura lo trata mal, le dice que se desentienda de eso, etc. Después de eso le pide consejo a su amigo negro, el cual con muchas razones le aconseja que lo haga. Y el tipo va y lo hace. Es decir, para Eastwood los curas son inútiles, recurrir a ellos no aprovecha, y eso se puede corregir no con otros curas mejores, sino con otras personas. Hay que actuar por afuera de la Iglesia , aunque se simule que se está adentro. Porque está claro que Eastwood podría haber hecho que Kowalski se confesara completamente y saliera en paz del confesionario, sin recurrir a lo otro.

Ya que algunos han querido ver en este “sacrificio” el “dar la vida por los amigos” evangélico, veámoslo más en detalle:
Kowalski llega a ese recurso porque el recurso de la venganza le falló, no porque no creyera en él. Porque primero va y le da una paliza a uno de los pandilleros. Eso provoca que les ametrallen la casa a sus vecinos, o sea, que él es el culpable de haber provocado eso. No es un mártir al que van a buscar por sus creencias, es un tipo que va a hacer que lo maten porque se mandó una gran macana. Ahora bien, todo esto podría haberse evitado: cuando llega la chica que fue violada, ¿porqué no fue a la policía a denunciarlos, si ella sabía quiénes eran sus violadores? Seguramente además, haciendo el peritaje de las armas descubrirían que serían los mismos que los ametrallaron. ¿No era suficiente para que los metan presos? ¿A qué ese rebusque final de Kowalski? Desde luego, se me dirá, eso habría ocasionado una escena aburrida y sin interés. Pero no se pretende esa escena, sino que sea posible descartar esta situación de sentido común: si hay a mano una solución posible, ¿por qué buscar una solución rebuscada y difícil? Por otro lado, los mártires no simulaban meter la mano y sacar una espada que no tenían de la vaina, para que los matasen. Afrontaban con verdad y sencillez a sus enemigos, no con estratagemas o truquitos o simulaciones. Por otro lado, los que se sacrificaban rezaban mucho antes de su sacrificio, y no sólo por sí sino por sus enemigos. ¿Dónde está eso acá? Para Eastwood estos tipos son irredimibles, no pueden cambiar. ¿Otra cosa que enturbia todo esto? La enfermedad terminal que Eastwood le adosa al personaje. Podría no haber estado, pero si está en la película se supone que incidió en la decisión del protagonista (antes que afrontar él un largo dolor, mejor una muerte rápida; “Million Dollar Baby” nos autoriza a pensar así sin equivocarnos). También le es conveniente porque de ese modo cierra su pasado en la guerra –de allí el encendedor-. Todo gracias a los muchachos que “compraron” el simulacro. ¿Inmolación antes que venganza, o inmolación como venganza? ¿Qué sentimientos tiene Kowalski para con los delincuentes? ¿Puede morir en paz si tiene odio? Hay muchas cosas más. Este detalle, por ejemplo, no menor: la toma en que se lo muestra muerto en el piso con los brazos formando una cruz, pero cabeza abajo. ¿Usted cree que esas cosas son casuales, que estos tipos no piensan, que llegan al set y se ponen a ver dónde ponen la cámara? No, esto está muy bien pensado y estudiado. A mí por lo menos me hace ruido. Nada en esto es limpio, sino más bien enrevesado y nebuloso. Yo no sé las intenciones de Eastwood respecto del prójimo, pero entiendo perfectamente cuáles son sus intenciones con respecto a la Iglesia –a la que en la ficción simula pertenecer.
Téngase en cuenta, además, que Kowalski hace que le hagan a él lo mismo que él hizo en la guerra. Les transfiere a los pandilleros su culpa: matar a un desarmado. Él muere como el coreano al que mató, pero el coreano no lo provocó –se supone- para que lo mate.

La idea de sacrificio en Eastwood está viciada. Porque Eastwood toma un atajo para evitar una cruz mayor para él, animado por un espíritu no de reconciliación ni de justicia ni de mortificación ni de perdón, sino de venganza. “La Redención, que es la obra de apostolado por excelencia, está basada sobre la cruz”. Eastwood quiere quitarse la cruz (enfermedad-soledad) de encima cuando él quiera,. Él, no Dios, decide cuándo dar su vida.
En las dos películas reseñadas se muestra a un católico liberal que hace las cosas a su manera, por afuera de la Iglesia y lo que ésta manda. “Dar la vida por los amigos”, sí, pero no buscando la condenación eterna de los enemigos, sino a pesar de estos. No estimulándolos a pecar.

En definitiva, si tomamos en cuenta la entera filmografía como director de Clint Eastwood, no nos cabe duda de que se trata de un “lobo disfrazado de cordero”, que nos hace recordar aquel escolio de Gómez Dávila: “Muchos aman al hombre para olvidar a Dios con la conciencia tranquila”. El peligro reside en que alguien ignaro de su trayectoria tropiece con un film como “Gran Torino” y entonces, no entrenada la mirada en ciertos aspectos del lenguaje cinematográfico ni con la debida prevención ante un relativista moral, se deje llevar, entre notas positivas y escenas muy entretenidas y logradas, por un mensaje final negativo, muy bien embrollado por el astuto director.

Para Eastwood el mal es el sufrimiento, del cual no puede sacar ningún sentido ni enseñanza. Cuando éste aprieta mucho, es lícito acabar con la propia vida. Por eso podría decir que“yo soy dueño de mi vida y la doy y la quito cuando quiero y como quiero, aunque sea “sacrificándola”. Al “moriré cuando muera” (si no me equivoco) de Aquiles le opone el “moriré cuando quiera”, como se puede ver claramente en los dos ejemplos señalados en el esquema anterior.
Debe quedar claro que nunca es lícito hacer un mal para alcanzar un bien, cosa que el cine liberal nos viene traficando cada vez con más frecuencia. Como le dice el Cristo a don Camilo:

“-El razonamiento es vicioso, don Camilo. Tú no debes inducir en tentación al prójimo, no debes incitarlo al pecado, no debes provocarlo”.
(Don Camilo. Un mundo pequeño, Giovanni Guareschi)

¿Cuál es el peligro que se corre, al no reconocer estas cosas?
La de pensar que somos nosotros los dueños de nuestras vidas; la de equivocar los medios de salvación y santificación; la de creer que podemos obtener el bien mediante el mal; la de olvidar el sentido redentor del dolor y la necesidad de llevar la cruz.