“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

lunes, 1 de agosto de 2011

CRITICA LITERARIA - CASTELLANI

CASTELLANI:
SOBRE ESCRITORES


HONORÉ DE BALZAC


“Balzac, gran doctor en ciencias sociales, estudió los efectos dañinos de la continencia obligatoria en el carácter, cuando ella no llega a convertirse en virtud verdadera y perfecta. Quitándole a sus conclusiones el alcance general y absoluto, la tesis de “Le Curé de Tours” es verdadera. Sólo la paternidad saca al hombre de sí mismo y lo hace grande, social y abnegado. El solterón es antisocial, egoísta y sórdido, habitualmente. Por lo menos no sirve para Apóstol.
De ahí que ignorando Balzac o no pudiendo observar en su dentorno la paternidad espiritual, la creyó enteramente desaparecida de la Iglesia a raíz de la pérdida de su poder político, y describió (injustamente) a todo el clero católico en los dos tipos viciosos del cura regaloncillo, comodón, aniñado y apocado en el “Abbé Chapeloud”, y la terrible figura del ambicioso sin escrúpulos, duro, insensible, el Vicario Troubert”.
(Cristo y los Fariseos)




CHARLES BAUDELAIRE


“Las grandes obras de arte nos dan el llamado deleite estético que puede llegar a una especie de éxtasis; entonces nos da un atisbo o una nostalgia de la otra vida, nos dice Baudelaire, el más grande poeta francés. Pero poco deso hay aquí, porque la educación pública que nos dan no cría en nosotros la facultad de percibir la belleza artística, al contrario más bien, la destruye; y por eso somos el país del tango.”
(“Domingueras prédicas”)




GEORGE BERNANOS


“En Francia se han anotado como  semimaniqueos tres novelistas católicos; Bernanós, Mauriac y Julien Green. Bernanós es sumamente pesimista en una obra maravillosa que se llama “Bajo el sol de Satanás”. Pero después, en el curso de la vida, se fue moderando en sus ideas pesimistas. Su última obra “Diario de un cura de campaña” es equilibrada o por lo menos no es pesimista exagerada. Cuando empezó a novelar tenía una idea tétrica de la Creación”.
(“Catecismo para adultos”)



ADOLFO BIOY CASARES



“Que en el fondo de todas las cosas o escondida por allí existe en verdad una realidad maléfica desconocida e implacable es la idea aparentemente profunda pero pueril en el fondo que está en el fondo de dos o tres novelas de Bioy Casares. Idea teológica tomada de la literatura inglesa actual, quizá de Henry James”.
(“San Agustín y Nosotros”)



 

JORGE LUIS BORGES


“El fracaso mío para N.N. es que, a Borges, por ejemplo, lo llaman el mejor escritor del mundo, le dan premios y honores, le dan casa y un gran sueldo por dirigir una cosa que no puede dirigir, traducen sus libros a seis lenguas, y los venden por millares; “y a mí nada”, como dicen los chicos. Bien ¿y a mí qué me importa? ¿Envidiaré yo todo eso? Al contrario, si me lo dieran, ese triunfo de Borges, me sentiría en peligro y lo lanzaría de mí. No hay peligro que me lo ofrezcan, por lo demás.”
(Domingueras prédicas)


“”Pero en la Argentina no hay heresiarcas: Borges es un blasfemo, Mallea es un infeliz, Murena es un perturbado...” Martínez Zuviría decía en la Argentina no había herejías porque no había tampoco fe. Hay que modificar esa proposición diciendo que en la Argentina no hay herejías como las antiguas, el Pelagianismo o el Luteranismo, pero está la herejía moderna, que es oculta, resume a todas las otras, y es más peligrosa que todas: ella es el modernismo, el naturalismo religioso, el progresismo, o como quieran llamarla”.
(Domingueras prédicas)


“¿Por qué está mal la Argentina? ¿Cómo prueba Ud. que anda mal? Yo no lo puedo probar; tengo una especie de pálpito, o mejor dicho el costillar lleno de mataduras y cicatrices. Puedo poner un ejemplo, del dominio donde yo sé algo, la cultura: está falsificada, falsificada a fondo. La falsificación empezó hace mucho, cuando proclamaron y pregonaron y definieron que Mitre era un gran prosista, Echeverría y Mármol dos grandes poetas y Cambaceres un gran novelista; y la falsificación ha seguido hasta llegar a la apoteosis de Borges-y del tango.”
(Domingueras prédicas)


“No hacen honor al Rey Cristo los cristianos que tienen una especie de complejo de inferioridad de ser cristianos. ¿Qué cristiano será un católico Ministro de Educación que entrega la Universidad Argentina a los comunistas, por ejemplo? ¿O dos gobernantes católicos que van a buscar justamente a un escritor ateo y blasfemo, enemigo de Cristo, para ponerlo de Director de la Biblioteca Nacional, y así mostrarse magnánimos? Si ese escritor anticristiano fuese el más competente, más apto que cualquier católico, podría quizás justificarse la cosa diciendo: “No hay que mirar la religión, hay que mirar la competencia” Pero de hecho se dio el caso que el elegido era incompetente, poco competente, menos competente que muchos otros; la única ventaja que le sacaba a los otros era el ser impío”.
(Domingueras prédicas)


"Borges es un buen escritor. NO es un gran escritor. Con esto ya está todo, pero...
Ha habido y hay una propaganda desaforada de Borges como "gran escritor". "Poeta universal y cantor de la Argentina", dice Cócaro Cúcaro. Esa propaganda nos deja a todos los argentinos como mascapamemas, y puede que lo seamos, pero tanto no. Es hora pues de ponerle coto.
La fuente de esa propaganda es incógnita. Dejando las hipótesis abracadabrantes de "los francmasones y los judíos", me gusta la de un amigo, buenísimo escritor él: "Borges representa la mentalidad común del argentino; le tenemos admiración y horror a la vez porque se parece a la mayoría de nosotros"; y después de una pausa añadió: "Es decir, de ellos". "Cantor de la Argentina", dice Cúcaro.
Más explicación no le pude sacar.
Voy a ensayar pues lo que llamaban nuestros abuelos españoles un vejamen. El que quiera abundar en la parte buena de Borges -"buen escritor"- puede hacerlo, aunque ya está hecho y rehecho hasta el exceso.
Voy a terminar pues las Discusiones con Borges del finado Ramón Doll en su libro POLICIA INTELECTUAL, del año 1934, donde a vuelta de un estudio sobre el lenguaje de Borges, deja cincelado un juicio de toda su estética; juicio válido hata hoy día. Doll mismo adivinó que Borges no cambiará.
Escrito antes de 1933 a propósito del libro DISCUSION, anticipa Doll con lucidez adivinatoria todo el Borges posterior, y lo deja definido como "escritor noargentino", con alguna exageración. Los versos no habían entrado al juego todavía; pero son inferiores a la prosa y, a veces, no llegan a ser versos.
Lo más interesante es que Doll dio en el clavo de lo más central de Borges, la sorpresa al lector como recurso literario permanente. (...)
EL INFORME DE BRODIE:
Borges es un buen escritor. NO es un gran escritor.
De lo formal de lo narrativo es dueño; es decir, de la técnica. También hay que reconocer es ingenioso, distinguido y capaz en literatura; principalmente en parodia, ironía y sarcasmo.
El contenido de estos -y todos- sus cuentos es torcido y atroz. En éstos dice se propone imitar a Kipling joven PLAIN TALES FROM THE HILLS y a Kipling no le llega a los talones; el cual tiene más talento y sobre todo es REAL; mientras en Borges todo es artificioso, calculado y literario. Hay sin embargo una nota en que coinciden: la des-huma-niza-ción. -No confundir con la insti-tucio-nali-zación-.
Aquí la mayoría son cuentos de malevos o cuchilleros que matan y se hacen matar a cuchilladas; eso sí siempre con la "sorpresa al lector" al final. Borges pone en boca de un personaje: "¿Y qué sabés de malevos?" Es exacto.
En uno dellos falla grande: hace una etopeya enteramente sosa y chata de dos mujeres artistas; y ni siquiera sale inteligible. Tonta.
El cuento El Evangelio de San Marco, que él declara el mejor del tomo, es un plagio de uno inglés de Harrison, An alien agony, publicado por Nova Publication, y recogido en la antología MORE PENGUIN SCIENCE FICTION, Penguin Books. Puede que no sea plagio, sino simplemente una adaptación o trasposición. No tengo a mano ahora el original inglés para cotejar.
El último cuento El informe de Brodie toca el máximo de la herejía borgiana, elaborada con finura. Un misionero en un informe al rey de Inglaterra presenta una tribu de salvajes tan bruta, torpe, repugnante y absurda, que pasa todo lo verosímil. Aquí vertió Borges todo lo negro y sucio de su mente, más que en otros trabajos, que también tienen lo suyo.
Algunos eructos anticatólicos o antirreligiosos no faltan, como es de rigor.
EL ORO DE LOS TIGRES:
Este es el último libro de Borges que no tiene ni oro ni tigres, anoser el título de un poema (?) en verso (?) libre, que es más prosaico que barrer la cocina. Hay en él una referencia bastante absurda a una mitología desconocida -"Véase el cap. 49 de la EDAD MAYOR", dice- y aparece el último truco sorpresivo del "poeta" tres o cuatro veces, que es fingirse enamoradísimo de una mujer tan desconocida o más que las diversas mitologías exóticas ("sacadas del Espasa Calpe" dice Doll con error pues, ahora almenos, es la ENCICLOPEDIA BRITANNICA), mitologías sorpresivas que exornan sus poemas y para nosotros son "el mentir de las estrellas". No es el único "poema" lamentablemente prosaico de los 20 o 30 que trae este libro.
Borges no tiene ni tuvo el sentimiento del amor en ninguna de sus formas -"se congeló a designio para ser original", dice Doll- ni a la mujer, ni a la madre, ni a la patria, ni a la religión -siquiera mosaica- ni a la humanidad ni a la filosofía; hablando de la obra, por supuesto. Esto es grave, pues significaría que ella no tiene contenido anoser se lo den el orgullo, el odio y el desprecio, que ésos sí abundan.
Borges es original en los esfuerzos que hace por parecer original y a lo mejor lo es genuino -o "auténtico", como dicen ahora mal- pero a causa del conato no lo vemos. No lo es ni puede serlo. Ahora si Macedonio Fernández fue un "metafísico", como él dice, entonces Borges puede ser todo. Nos recuerda a esa solterona especializada en "Yoga" -como el P. Quiles- que habla por Radio Municipalmente.
Las 30 composiciones o calculaciones poéticas de este libro son en su mayoría prosaicas, algunas contienen dislates, y ninguna me gusta del todo, pues los pulidos y brillantes cuartetos de El Gaucho, a mi juicio la mejor, me dan en rostro, porque es mentira y obedece a la constante inclinación de Borges a denigrar todo lo argentino; así como tiene la contraria de extasiarse ante lo extranjero, sobre todo cuando lejanísimo - en el tiempo o la geografía- y raro.
Cuanto a los fragmentitos de prosa que son unos diez, referidos a los más heterogéneos temas, son ocurrencias vagabundas, que todas encierran el resortecito de la sorpresa; el cual llega a la aberración en el fragmento East Lansing, dedicado a Michigan, Indiana, Wisconsin, Iowa, Texas, California, Arizona..."Ya intentaré cantarlos", dice. No le alcanzará la vida para hacerlo: es una promesa afectada.
Con sus últimos dos libros, Borges se mató; porque exhiben impudorosamente todos los defectos del escritor sin arrepiso ni mejora alguna, y hacen ver que no progresó un ápice en 40 años. Doll lo calificó "un argentino que hablara como un español del siglo SXVII y tratara de imitar a un compadrón porteño de 1900".
En la prosa anhelosa -o verso libre si quieren- Borges nos descubre que un conquistador feroz de Inglaterra, Hengist -en Hengist quiere hombres-, se vino a remo, sin brújula ni mástil desde no sé dónde, el año 449; con el único fin de que aparecieran 11 siglos o 16 siglos después Shakespeare y Walt Whitman; y después para que él mismo, Borges, escribiera ahora esas líneas desmayadas. Lo cual sí es creer en la Divina Providencia.
CONCLUSIÓN
No hay que querer mal a Borges; al contrario, si se puede. No tenemos tantos buenos escritores en la Argentina para despreciar a ninguno. Hay que olvidar sus blasfemias, que al fin son pocas y disimuladas; y abstraer todo lo malo de él, quedándonos con lo bueno, con su ingenio, su altivez y distinción, su conocimiento de la literatura, su uso del español, casto aunque afectado...Yo por profesión he leído sus libros cada vez que me los prestaron; es decir, casi todos. Y a lo mejor pasa conmigo lo que él nos descubre y pasó con él y el nórdico Hengist, a saber que Dios creó a Borges para que yo escribiera estas líneas; lo cual explicaría por qué no le tengo miedo a Cócaro Cúcaro ni compinches".
(VERBO, Buenos Aires, Nº 124, septiembre de 1972. En: Nueva crítica literaria)


“Las desaforadas alabanzas y honores actuales a Borges tienen un motivo bastardo: no lo encomian y fetichizan por su ingenio, su buen gusto y versación en la literatura precisamente; sino principalmente por ser el blasfemo oficial de la República. Son el izquierdismo y el esnobismo quienes le bailan el agua delante; y hacen daño con eso, incluso quizás al mismo Borges, al cual empujan suavemente a la perdición.”
(“Lugones”, en “Biblioteca del Pensamiento nacionalista argentino tomo VIII, Ediciones Dictio, 1976)




JULIO CAMBA


“Camba fue el primer ensayista del mundo, porque logró juntar la suprema brevedad con la suprema eficacia. La “guasa” española es incolora e inodora y es, sin embargo, el peor corrosivo que existe. La República Española que mató tanta gente se descuidó fatalmente en no matar a Camba; y Camba la mató a ella.(…)
Este gallego Camba almacenó todo el sentido común español, y lo alquitaró hasta reducirlo a su quinta esencia; y después anduvo paseando por el mundo para ver cosas y piedratocarlas con ese ácido. (…)
Ortega y Gasset, con quien paseaba él por Madrid (su único deporte) decía que cuando andaba con Camba, creía en Dios; y Camba no estaba muy seguro de creer en Dios, a lo mejor porque lo veía; y el que ve no cree sino que ve. En su gira por Estados Unidos (costeada, junto con periodistas de todo el mundo, por la fundación Carnegie) descubrió que era católico (en el artículo Los Angeles y San Francisco de LA CIUDAD AUTOMATICA); y cuando vino la República Española, descubrió que era hasta clerical; aunque eso lo había sospechado almorzando con los curas de aldea gallegos, que según él son los mejores cocineros del mundo. Un editor, sabiendo su afición a la buena mesa, le propuso escribiese un libro de cocina; y escribió uno graciosísimo, LA CASA DE LUCULO, gracioso en la forma, pero con una muy sólida información y…experiencia. Nunca se casó (aunque cubrió de flores en sus libros al bello sexo) supongo que por pobre, con su punta de comodón. Aprendió a fondo el francés, el inglés y el italiano; y un poco el alemán, el griego y el turco; estuvo 8 años seguidos sin ver a España; y en esos años se hizo de gallego, español: los años de AVENTURAS DE UNA PESETA y LA RANA VIAJERA. (…)
La comparación con Chesterton se impone. Yo me formé en la literatura de los humoristas ingleses, conocí a Chesterton a los 22 años, pero al topar con Camba, ellos me parecieron niños. Estos dos fueron semejantemente periodistas, viajeros, alegres, humoristas, polemistas; y aunque tuvieron que manejar el bisturí, no se hicieron un solo enemigo; no digo de los enfermos, como es natural, pero ni de los tumores extirpados, que simplemente no podían odiarlos. Pero la diferencia es mayor que la semejanza.  Es la diferencia que hay entre la cerveza y el jerez. Puestos frente a frente, Camba parece demasiado sencillo pero Chesterton parece demasiado discípulo. Chesterton es un “Pieto” de la tribu de donde vinieron los ingleses, que se pintaban el cuerpo de colores; más pictórico, es decir pinturero; y Camba es un celta, nación melancólica y profunda. Más artista es Chesterton, Camba más filósofo; aunque el inglés sabe su filosofía y el gallego es un soberano artista de arte recatado y oculto. Chesterton toca todos los géneros y escribe libros: y Camba no hace más que diminutas notas al aguafuerte.
Chesterton recuerda demasiado los libros que ha leído, que son muchos. Camba los ha leído y los ha olvidado, después de destilarlos y convertirlos en buen sentido español concentrado y cristalino. Léase su ensayito sobre Rusia, de 75 renglones, titulado “Lo popular y lo plebeyo” (HACIENDO DE REPÚBLICA), Espasa Calpe, 1934, pág. 156. Ahí está todo, la historia, la filosofía, la sociología, pero no se ve. Habla con tanta autoridad como un Papa definiendo; y con muchísima más sencillez. Chesterton sabe muchas cosas y Camba sabe mucho.”
(Tribuna, San Juan, Nº 9370, 20 de agosto de 1962).


ARTURO CAPDEVILA


“El Domingo pasado por ejemplo leí en “La Prensa” una poesía sobre el Padre Nuestro, que el poeta Capdevila sin duda cree es muy cristiana, y los de “La Prensa” creen es muy moderna –y es modernista: el poeta Capdevila niega la justicia de Dios y pondera su amabilidad; niega que éste es un valle de lágrimas; dice que Dios quiere que la Humanidad triunfe; y el pan nuestro sobresustancial de cada día es para él el pan con manteca y los bifes de chorizo –y el tabaco”.
(Domingueras prédicas)



GILBERT K. CHESTERTON


“¿Cómo se llama esto, uno que escribe sobre todo? ¿Periodista? Por su actualidad, su flexibilidad, su vivo interés, su constante renovación, Chesterton es un periodista, el modelo del periodista; pero esta palabra puede tener un sentido peyorativo sobre la calidad, aunque se le añada de talento. ¿Ensayista? Define mejor al gran humorista pero deja fuera el teatro, la poesía, la novela, la polémica. ¿El hombre que pone su nombre a todas las cosas y juega con ellas, no se llama poeta?

-Descubrí que Chesterton es un poeta.
-Yo creía que era un pensador.
Es un pensador! ¿Se puede ser poeta sin ser pensador? Piensa, puesto que es el rey del sentido común. Y es el rey del sentido común porque es el hombre que ha puesto el sentido común británico no en verso, pero sí en poesía. Es el sentido común mismo, que al fuego de una imaginación juguetona se ha puesto a hervir y juega, vuela, canta, danza.
Los razonamientos de Chesterton sobre la cosa más seria del mundo, la Ortodoxia –es decir, la fe católica-, son verdaderas razones y no juegos de palabras pero son razones bailadas; es decir, juegos de ideas.
Porque jugar no es necesariamente engañar. El hombre cuando juega finge, pero el niño al jugar hace una cosa importante y seria. Chesterton es un niño terrible. Se puede jugar con fantasmas y jugar con cosas. Dios jugó con cosas cuando hizo el mundo y juega todos los días haciéndolas, “ludens in orbe terrarum”. Y al hombre le es dado jugar con las ideas, fantasmas de las cosas, el cual juego es llamado vulgarmente poesía, de una palabra griega que significa crear (1924, después de leer ORTHODOXY).”
(Gilberto K. Chesterton, en Crítica literaria)


“Para poder reenseñar el catecismo a los ingleses había que entrar en un pub, sentarse ante un vaso de gin, saber de todo, amar a Londres, ser un poco raro, siempre buen humor, un vozarrón tronituante y un modo excéntrico a la vez modesto y triunfal. Había que tener una alegría de niño, una salud de toro, una fe de irlandés, un buen sentido de cockney, una imaginación shekspiriana, un corazón de Dickens, y las ganas de disputar más formidables que se han visto desde que el mundo es mundo.(…)
Fue todo un hombre, tuvo por junto todo lo que es del hombre: la sabiduría del anciano, la cordura del varón, la combativa del joven, la petulancia del muchacho, la risa y la juguetonía del niño, y encima, como dije antes, la mirada asombrada y seria, definiendo todas las cosas, del bebé. La mirada ontológica del recién nacido, de quien dice Santo Tomás que lo primero que intelectualmente ve es el SER”.
(Ibidem)


ARTHUR C. CLARKE

“Tomo al azar uno cualquiera destos libros de mi biblioteca de libros baratos de 2ª mano: CHILDHOOD’S END (“Fin de la puericia”) de Arthur Clarke, que es justamente uno de los más juiciosos e instruidos; y transcribo la nota que le puse cuando lo leí (22-VIII-59) supuesto que la novela ya no la recuerdo; se olvidan tan rápido como se leen. Dice así:
“Son habilidosísimos para escribir. Saben mucho de memoria (“cultura” que le llaman) y LO IGNORAN TODO de la realidad del hombre y de Dios; vaciada de la revelación su (a veces intensa) religiosidad; vacío que tratan de rellenar con “aniles fábulae”, que dijo San Pedro: imaginaciones inanes, más vanas que “cuentos de viejas” – y que sueños de febriscientes…
“Inventa un monstruoso (y bobo) Juicio Final y una anakefaleosis heterodoxa de la humanidad, porque no quiere creer en el sencillo y humano Juicio revelado por Dios; prefiere al Nuevo Testamento el espiritismo, y el antañón disparate del averroísmo. Mas a pesar de todo, curiosamente, la idea de la Gracia Elevante y la deificación del Hombre trabaja en él. No de balde 15 siglos de teología cristiana se cierran sobre la vieja Inglaterra… (…)
Advirtamos entre paréntesis para equilibrar esta crítica que hay novelas fantaciencias menos objetables: del mismo Clarke por ejemplo “Earthlight” (Luz terrestre) y “Sands of Mars” (Arenas de Marte), que es una obra de arte llena de fe en la Humanidad (y en la Técnica) con un drama humano simpático. Pero todas ellas son “naturalistas”: el héroe dellas no es Dios, ni el hombre con Dios, sino el hombre sin Dios. En Earthlight Clarke formula una declaración de ateísmo; en otras parece panteísta y ¡espiritista!
Está claro que no condeno el “género” en sí. Este género literario es lícito (quedó dicho que hay en él algunas pocas obras maestras católicas). Es la mala mentalidad religiosa y moral de los autores quien lo hace “hic et nunc” pernicioso”.
(El Apokalypsis, Editorial Jus, 1967)




MANUEL GÁLVEZ


“La falsificación de la cultura tiene tres grados: uno, es hacer della un lujo o una diversión, como el Festival de Folklore de Cosquín, siendo una necesidad; otro, es hacer della un comercio, un sacadineros o una estafa al contribuyente, como los premios literarios; y tercero y más grave, hacer della una corrupción, propagar por medio della errores, torpezas o herejías. Vean lo que pasó con esa “Nacha Regules” que nombré antes: en esa su segunda novela Gálvez aparecía como anticlerical y socialista; no lo era probablemente, pero aparecía; tuvo un éxito repentino y resonante: 150.000 ejemplares, traducidos a 11 idiomas, vertida a la radio y al cine, dos premios oficiales. Ahora bien, la novela es mala, quiero decir floja, falluta como obra de arte; pinta dos cosas que no existen ni pueden existir, la prostituta buena y el socialista santo de los románticos franceses; y sin embargo, tuvo el éxito ya dicho. En la novela siguiente, Gálvez aparece como católico; y cayó en el vacío. La mejor novela de Gálvez, “Hombres en soledad”, que es mucho mejor obra de arte que “Nacha Regules”, y netamente católica y patriota, 7.000 ejemplares. ¿Qué quiere decir esto? Es muy sencillo; que somos una nación católica donde todos los resortes del éxito literario están en manos de anticatólicos. ¿Y por qué? Quizás de tan católicos que somos. Existe una verdadera maquinaria de falsificar cultura, de fabricar valores que no son valores y tapar valores que sí son valores; que es lo que Cristo dijo a sus paisanos: “persiguen a los profetas y halagan a los pseudo-profetas”. Cuando creyeron que Gálvez era anticatólico, le fabricaron un triunfo; cuando vieron que era católico, lo persiguieron toda la vida. Gálvez fue un gran hombre (en sus últimos 30 años) pero nunca fue un gran novelista”.
(Domingueras prédicas)




JULIEN GREEN

“Julien Green es un pesimista al máximo. Yanqui o irlandés, educado en Francia, su especialidad son los problemas teológicos en ambientes sombríos. En su novela “Moira” (esta es la mejor de sus novelas, según dicen) el tema está dado en una frase de Green: “la religión en estado salvaje”. El protagonista de la novela tiene la religión en ese estado. El héroe es un estudiante yanqui, que no tiene una religiosidad primitiva sino una religiosidad alocada y destornillada. En la novela da el retrato de una universidad yanqui de provincia; esquemático, pero verdadero. Dibuja con precisión sus tres o cuatro caracteres y da el clima; da también la sensación de “lo maligno impalpable”. Escribió un panfleto en contra de los católicos de Francia”.
(“Catecismo para adultos”)



FRANK GRUBER


“Un primoroso cuento, primoroso sobre todo por el carácter del nuevo Quijote y Sancho en New York. Estos cuentos de Gruber y estos dos caracteres vienen derechos de O. Henry. Esto es NOVELAR. Faulkner es SOFISTICAR”
(Comentario manuscrito a la novela “The limping goose”, de Frank Gruber)


 

JOSÉ HERNÁNDEZ

 

“En un artículo anterior, hablé del grito unitario contra Hernández federal y Martín Fierro criollo y cristiano. Este grito culmina en un grueso libro del poeta Martínez Estrada Ezequiel, un librito de Borges y una plaqueta de Héctor Sáenz y Quesada.

La definición del poema de Hernández podía ser esta: es un panfleto político sublimado a gran poema épico autobiográfico y caracteriológico.
Lugones dijo era “una epopeya” y Borges que era “una novela” (?). Son dos errores y el de Borges es un disparate.
Manuel Gálvez en su discreto librito JOSE HERNANDEZ dijo era poesía épica, un “poema épico menor”. A pesar de eso, es el poema épico mejor que hay en nuestra lengua castellana. Don Santiago Lugones, hermano mayor de Leopoldo y autor del mejor vocabulario que hay del poema, lo demostraba así: el CANTAR DEL MYO CID aun teniendo un contenido más noble, se viene abajo por su forma demasiado tosca y rudimentaria. Los otros poemas épicos posrenacentistas, que culminan en LA ARAUCANA, son imitaciones de la ENEIDA de Virgilio, productos literarios y artificiales, no del sentir de un pueblo, sino de la habilidad de un retórico. El Romancero es demasiado fragmentario y heterogéneo para poder constituir, aun amontonado, un poema épico.
“El MARTIN FIERRO contiene gran copia de elementos líricos…”. Era el uso de aquel tiempo, introducido por el Romanticismo, como puede verse en Espronceda, el Duque de Rivas, Zorrilla y eminentemente en el TABARE y LA CAUTIVA, para no ir a traer a Byron, Hugo y Lamartine. Un género nuevo, un híbrido, había nacido y perdura hasta nuestros días. Véase DON JUAN NADIE de Miguel D. Etchebarne.
Hoy la gran mayoría de la crítica se ha plegado a la unanimidad de la crítica laudatoria desencadenada en 1894 por Unamuno y Menéndez y Pelayo, respecto a la excelencia poética del poema; pero el vituperio al “gaucho cornudo y mamao” continúa aunque muy retaceada y vergonzante.
Hace muchos años –creo que 20- tuvimos una pequeña amistosa polémica con don Héctor Sáenz y Quesada en la revista PRESENCIA. Los dos firmábamos con pseudónimo. Sáenz (Héctor de Herce y Suárez Sanabria) inició el encuentro con un artículo Los otros Gauchos y sostenía – en éste y en dos posteriores- que: 1. El tipo de Martín Fierro era inventado arbitrariamente; 2. Que el gaucho verdadero era el dicho por Sarmiento, un vago, haragán, pendenciero, irreligioso y, para acabar, asesino; 3. Que los verdaderos gauchos eran los inmigrantes italianos y españoles, a los cuales creo perteneció su padre como el padre de Martínez Estrada, que habían edificado la Argentina; y que Hernández al fin y al cabo fue un “oligarca”, que al morir dejó a sus hijos –que eran seis- dos estancias. Y no obstante ser oligarca fue el padre del peronismo. Y finalmente que el poema no valía nada por ser la apología de un criminal.
Sin negar los méritos de los inmigrantes, sus hijos y sus nietos –yo mismo lo soy-, yo contesté que el tema del poema era uno de los temas inmortales de la literatura: un criminal que se regenera, como se ve en el VIAJE DEL PEREGRINO, de Bunyan, LOS MISERABLES, de Hugo y CRIMEN Y CASTIGO, de Dostoiewsky, para no remontarnos al EDIPO, de Sófocles y a la misma BIBLIA; que yo había visto pocos gauchos, y más que aquí en el norte de Santa Fe, y me habían impresionado más parecidos al retrato de Hernández, generosos, sentimentales y nobles –cualidades del argentino según Gálvez- que no al retrato sórdido trazado por Martínez Estrada, y que, en fin, el ya refutado poema nacional era el mejor poema épico de la lengua española. Y ahí terminamos sin dar ninguno su brazo a torcer, ni vencedores ni vencidos.
No hay que fanatizarse empero con él, como mi finado amigo, el bravo capitán Farrell, quien lo ponía  a la par de la BIBLIA, si no más alto; hay que saber sus límites y defectos así como los de su autor. Los defectos no son solamente los que observa Gálvez, a saber: mala sintaxis y caprichosa puntuación –que a veces son adrede, como escribió Hernández a Zoilo Miguens y corrigió Leumann en su eximia edición crítica – ni el uso de términos que no están en el diccionario – españolísima lengua dice Unamuno- sino más bien que hay sextinas que no dicen nada, y hay epítetos y metáforas infelices, traídos por la fuerza del consonante. Que algunas cosas sean inverosímiles, como la payada final con el negro Chico, ellas pertenecen a la convención del poema y tiran a mostrar la sabiduría natural del hombre de campo…criollo.
Un análisis completo de nuestro singular personaje queda para otra ocasión, ya desbrozado el terreno”.
(Nueva crítica literaria)


“El MARTÍN FIERRO es un poema cristiano, como demostró pacientemente el finado canónigo cordobés Compañy en un notable libro LA FE DE MARTIN FIERRO. Es una religión un poco vaga, no instruida, no muy practicante, por la falta de clero de campaña y la dejadez del clero de Buenos Aires; pero es genuina y muy honda. Dudo mucho que Sarmiento haya tenido más religión que Martín el Converso y Hernández el Poeta; al cual Sarmiento intentó dar muerte, y del cual Borges dice que “era espiritista”; y no se sabe de dónde lo saca. Pero la ética y la cosmovisión –que dicen ahora- son las católicas”.
(Ib.)


“¡Qué irritante es la única obra maestra de valor trascendente de la poesía argentina! ¡Qué mal compuesta está! ¡Qué pobre en caracteres y en adornos, qué elemental y rudimentaria! ¡Qué mal versificada, qué descuidadamente estructurada, qué poco pensada! Pero esa epopeya informe y diminuta, ese poema épico color tierra, esa gesta sin clarines ni oriflamas, ese panfleto políticobiográfico con facha de quirquincho, esa poesía sin águilas ni cisnes, es sumamente sudamericana y española, y aunque su cuerpo es feo tiene un alma. Lo que tiene alma, vive; lo que vive, dura. Si Martín Fierro no fuese tosco, elemental y rudo no reflejaría tan bien un momento crucial de la sociología argentina y caería al nivel literario del FAUSTO.
Pero si la literatura del epos argentino es irritante, el protagonista lo es más. Las contradicciones que anota el crítico son exactas. ¡Mire Vd. Que querer hacer un moralista de un asesino: pendenciero, bebedor y fanfarrón! ¡Un hombre que se pone a predicar prudencia, justicia, fortaleza y templanza después mismo que no se achura con un moreno porque lo desapartan! ¡Un fuera de la ley que se mete a dar leyes y aun a querer reformar las leyes! ¡Esto ya es demasiado fuerte…! Justamente. La fuerza es la suprema cualidad en poesía. Don Quijote es inmortal sólo porque es la más alta cordura encarnada en un loco; la cordura vuelta loca, algo como aquello que en un plano superior llamó San Pablo la locura de la Cruz. No hay que olvidar que nuestra civilización europea veneró la Vida en un crucificado. Pero un crucificado que resucita.
La clave del Martín Fierro está en la VUELTA: no en el matón sino en el pecador regenerado por el sufrimiento y el heroísmo”
(Ib.)




RUDYARD KIPLING


“Nuestro deber de estado resume en concreto todos nuestros deberes y es la base sobre la que se asienta la moral sobrenatural. Un gran cuentista inglés, Rudyard Kipling, hizo un fino retrato de San Pablo en un cuento “histórico” llamado “The Manner of Men” –La Condición Humana, porque San Pablo dice a los Corintios: “Si en mi condición humana he luchado contra las fieras” (I Cor. 15,32, traducción inglesa; las versiones castellanas traducen: “Si por solos motivos humanos luché contra las fieras”)...Kipling estudió los viajes de San Pablo, sobre todo el cuarto viaje, su viaje a Italia. El capitán de la nave es un joven español (es decir, un romano nacido en la provincia Bética) y se refiere al Apóstol diciendo: “Es un filósofo hebreo”. La tripulación está admirada de las prácticas y palabras religiosas de Pablo. El ambiente es el de la flota imperial inglesa en 1898, incluso la jerga marinera que Kipling había absorbido perfectamente, como absorbía cualquier ambiente donde estuviera un tiempo; y lo proyectaba después con gran fidelidad”.
(Domingueras prédicas)




LEOPOLDO LUGONES

“Lugones es una gran cabeza argentina. Como gran cabeza, curioso insaciable y lector y trabajador infatigable. Como argentino, improvisador e improvisado. Autodidacta. Gran poeta, o por lo menos, inmenso artista, sus versos me convencen más que sus ensayos; por lo menos aquella parte de sus versos (ROMANCERO, ODAS SECULARES, ROMANCES DEL RIO SECO, POEMAS SOLARIEGOS) que no son justamente tributo a esa fatalidad argentina de improvisar. Pero aun sus ensayos me interesan enormemente.
Hay en ellos de todo. Desde crasas “perlas” de información, como confundir el dogma de la Inmaculada Concepción de María con el de la Concepción Virginal del Verbo –que me recuerda una malaventurada excursión de Lugones por la exégesis en una “filosofícula”: Las Cuatro Marías- y desde expediciones temerarias por –metafísica o matemáticas- cotos ajenos en que se le nota claro el temblor y la astucia suspicaz del braconnier, hasta intuiciones notabilísimas que, juntas con la siempre regia expresión, pagan de sobra el leerle, aun a gente como yo que no está para muchas literaturas”
(“Lugones”, en “Biblioteca del Pensamiento nacionalista argentino tomo VIII, Ediciones Dictio, 1976)


“Para hablar dignamente de Leopoldo Lugones habría que tener la pluma de Menéndez y Pelayo –o del mismo Lugones. Como es menester recordar a Lugones, me he resignado a escribir cuatro lucubraciones sencillas y honradas; es decir, leyendo cuidadosamente los libros del poeta y no diciendo nada que no tenga yo por cierto. Para el trasfondo destas lecciones me remito a la profunda disertación de Carlos Disandro: LUGONES Y LAS LETRAS ARGENTINAS, que anda impresa. (…)
Es menester acordarse de Lugones. No rendir homenajes, sino acordarse. Acordarse viene de la palabra COR –corazón- lo mismo que cordura y coraje. Lugones fue un momento el corazón del país, un representante desta nación tanto en su grandeza como en sus miserias –en su vida fuerte y en su muerte desdichada- tan representativo o más que los dos que nombré arriba (Sarmiento, Urquiza) y otros parecidos.
Lugones es una gran estampa, trágica y temerosa. Por eso muchos la querrían olvidar y otros han intentado desvirtuarla o tergiversarla. Pera olvidar es mejor, olvidar, olvidar; el muerto al hoyo y el vivo al bollo, vivir en el presente, vivir de impresiones como los monos. Radio, cine y tele; tango, jazz y ruido; arte arte arte; música música… ¡maestro!

¡Qué Argentina al Sur
ni Argentina al Norte.
A mí lo que me agrada
bailar con corte!

Si es cierto que Lugones es la representación más genuina de la Argentina y como un símbolo viviente della, entonces la Argentina es un enigma.
Lugones es una mescolanza de las cosas más buenas y las cosas más siniestras; tanto que en él se yuxtaponen el suicidio con la conversión al catolicismo. Por ejemplo, pongamos ese libro de cuentos LAS FUERZAS EXTRAÑAS, ¿es un puro disparate o es un libro escrito con talento? Es un libro escrito con talento y es puro disparate, créase o no, así Dios me salve. En Lugones coexisten, pues, el botaratismo y la nobleza –no en el mismo momento, por supuesto, sino en la misma naturaleza personal-; coexisten el buen sentido y el disparate; la sinceridad, y esa su facultad de mistificar, que es lo más desagradable que en él hubo; el genio y el macaneo; las virtudes morales con imaginaciones perversas o crueles; la integridad de la vida con los peores errores; la modestia y el orgullo, la amabilidad y la tolerancia con un gran despliegue de odio –y así sucesivamente. Esto no es, claro está, una cosa buena; pero no es mala tampoco –diríamos- porque los elementos buenos están allí, y son los que predominan: su poesía rescata a su prosa; los artículos católicos de sus últimos cuatro años cubren y compensan los errores de sus otros cuarenta años. Lo único que no se compensa y permanece irreductible y enigmático es el suicidio.(…)

Lo que voy a enunciar en estos capítulos es sencillo; a saber:

Lugones fue un genio; es decir, un dotado de talento extraordinario para la poesía.
Este genio se malogró en parte; pero aun lo que quedó, es decir, lo que fue logrado, es mucho e importante.
La causa del malogro de Lugones fue en gran parte la educación argentina; es decir, la falla de la educación en la Argentina.
En Lugones están ausentes los tres temas capitales de la gran poesía: la Religión, la Política y el Amor. ¿El Amor también? Afirmación chocante. Trataremos de justificarla.”
(Ibidem)


“Si se hablara hoy de Lugones como de Borges, nosotros lo criticaríamos, para desinflar el perro; pero como por el contrario se habla mal o se lo relega, hemos de enaltecerlo para restablecer el equilibrio o, mejor dicho, en honor a la verdad.”
(Ib.)


“Lugones fue el segundo poeta argentino: en la Argentina no ha habido más que dos poetas y medio: los dos poetas, Hernández y Lugones; el medio, todos los otros. Puede que al decir esto sea injusto yo con alguno de los actuales; pero a éstos los conozco poco y su valoración definitiva está todavía sub júdice, es decir, en litigio. Ciertamente Leopoldo Marechal, Martínez Estrada y fray Antonio Vallejo son excelentes poetas”.
(Ib.)


“Lugones nació con el don del genio poético. Lo que caracteriza al genio es la invención: el genio encuentra venas nuevas, nuevos veneros o vertientes; que después el talento se ocupa de extender o canalizar mientras el genio ya anda buscando por otras partes:

que en la invención a todos aventaja”

dijo Cervantes con razón de sí mismo”.
(Ib.)


“Estudió toda su vida, ciertamente; pero aunque hubiese vivido veinte años más –como debería haber vivido- era lo mismo, porque no tenía fundamento. “Gli autodidatti pérdono almeno il tempo”, dijo un gran maestro italiano; y Lugones que fue condenado por el país a ser un autodidacto, perdió más que el tiempo. (…)
El malogro de Lugones se debe en parte –la otra parte sería su propia vanidad o soberbia- a la educación argentina. Lugones era perfectamente consciente desto, y no cesó de repetirlo durante toda su vida. (…)
El malogro parcial de Lugones consiste en que se pasó casi toda la vida tanteando, antes de hallar su nota, su tema y su camino propio: su tardía “madurez. Esto es común en toda Hispanoamérica, salvo contadas excepciones, como Ricardo Palma en el Perú”.
(Ib.)


“Contesto ahora a la objeción o reparo de Vintila Horia, a saber: “La poesía de Lugones no nos sirve a nosotros porque no trae mensaje. Sirve para las aulas, para hacerla analizar a los colegiales que aprendan allí la lengua, la métrica y el arte poético. No sirve para adultos del siglo XX”.
Vintila Horia no tuvo la experiencia que tuve yo desde mi juventud. La poesía de Lugones trae el mensaje de la Patria: explícitamente en sus tres últimas obras, implícita o tácitamente en todas.
Trae el modo de hablar y de sentir del argentino, el paisaje argentino, las gentes de tierra adentro, las reacciones sentimentales argentinas, las bases subconscientes de nuestro pensar, las voces de la tradición histórica, los ecos de nuestra leyenda; y al final, la afirmación de nuestro cristianismo católico, apagado y bastardeado si se quiere; e incluso de aquella devoción a María Santísima que es timbre del cristianismo hispánico. Todo esto incompleto y cuarteado; como un gran monumento poético que tiene granito y mármol en la cúspide mas en el pedestal y en el pie tiene ladrillo bayo policromado con los más preciosos esmaltes; pero deleznable y blando a la piqueta.(…)
La Patria en su aspecto formal y espiritual, Lugones no podía sentirla si no es convirtiéndose al cristianismo. Se convirtió o empezó a convertirse; y cayó”.
(Ib.)




ALEJANDRO MANZONI

“Alejandro Manzoni  contó en su novela “I promessi Sposi” (Los Prometidos), que es la mejor novela que hay en italiano, o digamos la única, la miserable historia de la Madre Gertrudis a la cual obligaron sus padres a hacerse monja, y después de monja hizo un gran desaguisado, un crimen-o más de uno. No hay mucho peligro deso ahora”.
(Domingueras prédicas)




ENRIQUE MENDEZ CALZADA

“Sea lo que quiera, Méndez Calzada merece que se reediten sus obras –incluso sus comedias inéditas, que deben ser buenas- o, mejor dicho, lo merece la decencia nacional. Y que todos aprendamos de su gran amargura. En este país es un soberano peligro tener talento y honradez a la vez. Con talento sólo y sin escrúpulos, se puede marchar, aunque no sé si muy lejos. Con honradez y bobería se vive tranquilo. Pero excelencia intelectual con gran sentido moral mezclados con los buenos aires de esta tierra, se vuelven como el carbono, hidrógeno y nitrógeno juntos, que son buenos cada uno de por sí y pegados hacen una combinación venenosa: ácido cianhídrico, si no miente el bachillerato.

Lo que tomó en una sórdida posada del sur de Francia el amargo poeta que echaba de menos a Jesús en Buenos Aires”.
(Nueva crítica literaria)




CHARLES PEGUY


“La causa de que muchos más de los que niegan el cielo sean los que dicen “eso del Infierno yo no lo trago”, es el sentimentalismo. Algo típico es el caso del poeta Charles Peguy que no quería confesar ni comulgar porque decía no creer en el infierno (esto después de convertirse, porque antes había sido socialista) porque eso no se compadecía con la bondad de Dios, aunque la Iglesia enseña que eso se compadece con la Justicia, la Bondad y la Santidad de Dios. Esto no lo creyó, hasta que la Gran Guerra del 14 lo persuadió que si existía ese infierno terrestre que eran los “boches”, es decir los alemanes, bien pudiera ser que hubiese un infierno, pero ultraterrestre. Apenas se hubo hecho bautizar y dar la Comunión, cayó muerto de un balazo en la cabeza en la batalla de Villeroy, la primera de la Gran Guerra, y sus últimas palabras fueron: “¡Tiren, caracho!” (“Tirez, nom de Dieu”). Había sido ya católico de deseo muchos años. Había escrito la poesía religiosa más grande de Francia, a saber, la cadena de sonetos de Nuestra Señora de Chartres, las “Tapicerías” de Sta. Juana de Arco, de los Santos Inocentes y de Sta. Eva. Creía los dogmas de la Fe con toda el alma, pero el sentimiento le hacía no creer en el infierno, o creer que no creía”
(Catecismo para adultos)

 

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO


“Sarmiento no es un gran escritor. El concienzudo Carlos Pereyra notó –y probó- que como escritor es inferior a Alberdi; y Alberdi no puede llamarse un gran escritor.
Si Sarmiento fuera un gran escritor que a mí no me gusta, como Víctor Hugo, yo diría que es un gran escritor y que a mí no me gusta y diría el por qué. Pero digo que es un mal escritor que a mí, parcialmente, me gusta.
Sin duda no es un gran escritor. Sin duda es un buen periodista. Si es o no un buen escritor, es discutible, y la sentencia depende de los criterios. (…)
Las veintidós primeras páginas del famigerado FACUNDO (o sea su Prólogo) no pasarían en Europa un examen de Bachillerato: el llamado examen de madurez en Italia, Francia y Germania. Sería reprobado con cero –esto usando la edición Estrada “para las escuelas”, anotada por las dos doñas arriba citadas. Pobres escuelas-.
Había quizás en Sarmiento material potencial de un gran escritor, pero no cuajó. La tilinguería argentina se ha esforzado en hacer pasar por real lo que pudiera haber sido. (…)

“Sarmiento escribe como quien desangra”…dijo Güiraldes; pero a veces escribe como quien vomita. (…)

El FACUNDO y los RECUERDOS DE PROVINCIA tienen valor para nosotros argentinos por tres cosas: una, como documentos de la historia nacional –aunque estén mechados de mentiras históricas pueden servir al menos como documentos para la historia de la mentira nacional-; segundo, por contener algunas páginas felices, que no hay inconveniente vayan a las antologías de la escuela primaria, aunque insuficientes para dar educación literaria completa, ni siquiera con la añadidura de Lugones y Hernández, si no se zambullen en la gran literatura española; y tercero, como muestra sin valor de nuestra -pobre- cultura intelectual. Pero por esto, su autor no se convierte en un gran escritor. No hay gran escritor sin una filosofía”.

(Nueva crítica literaria)


 

BERNARD SHAW


“Estos días he leído (o releído) una comedia de Bernard Shaw, “La Profesión de la Señora Warren”, acerca de la prostitución, que es una disculpa de la prostitución (o por lo menos, de las prostitutas) echándole la culpa a la sociedad, o sea, al sistema capitalista; y Bernard Shaw exige que se reforme la sociedad conforme al sistema socialista, y entonces la prostitución desaparecerá sola. Pero siempre en el mundo ha habido prostitución, con todos los sistemas políticos que se han probado y reprobado: y posiblemente con el sistema socialista habría más o habría otra cosa peor. La prostitución, como todos los desórdenes morales, depende de la Personalidad humana ante todo y antes que de los sistemas políticos; no digo que el Capitalismo explotador no tenga su parte de culpa.
Pero son los hombres viciosos los que prostituyen a las mujeres y las mujeres viciosas las que se dejan prostituir en todos los regímenes el mundo. ¡Que Dios tenga piedad de las que ceden a causa de una presión excesiva: que no son todas ni mucho menos! Yo también deseo una sociedad más sana que ésta, y lo deseo más que Bernard Shaw; pero sé que para conseguirla hay que combatir todos los desórdenes y principalmente el desorden mayor que hay, que es el odio a la Religión; desorden que Bernard Shaw cultivó y con lo cual ganó muchísimo dinero; del cual estoy casi seguro no dio jamás un solo centavo para ayudar a alguna pobre muchacha explotada por el Capitalismo...¡Nones! El predicaba con su gran ingenio, que es innegable, que hay que reformar la sociedad; y predicando eso ganaba dinero; y predicando eso y ganando dinero volvía peor a la sociedad, probablemente. El cristiano procede de contrario modo”.
(Domingueras prédicas)

 

GEORGES SIMENON


  "Es mejor novelista y escritor que Zola, digan lo que digan. Es cínico seco, y no retrocede ante ninguna indecencia sexual. "Poeta de lo sórdido", lo llaman, pero en realidad poeta no es sino cronista. Conoce cómo se hace una búsqueda policial ordinaria, y las describe sin el sentimentalismo de Ben Benson, que también las conoce, a osadas. Es naturalista no sólo literariamente. Un humor enjuto, que se desprende de los hechos, y no del carácter y palabras de un personaje, como del "Watson" de Rex Stout. Con gran razón dice Mortimer que lo admira por sus potencialidades más que por sus realizaciones. Para realizar 156 novelas se ha visto obligado a hacerse una fórmula y rellenarla una y otra vez, eso sí con material nuevo. Sabe mucho -o mejor dicho ha visto (y escuchado) mucho. Tiene el genio detallista y realista de los pintores flamencos; y su desnuda objetividad."
(Comentario manuscrito a la novela “Maigret en Montmartre” de Simenon,                                                                                                          8 XII 61).

 

MARK TWAIN


“Mark Twain hace una sátira bastante estúpida de la Resurrección, diciendo que no cabrán todos los resucitados en esta tierra. Pero quién le dice a él que vamos a estar todos en esta tierra. Podremos estar en todas partes, donde queramos. Este escritor, con ese cuento que se llama “La Visión del Capitán Ringless” o algo así, cree postrar a la Iglesia diciendo estupideces. Lo cierto es que en la Nueva Jerusalén del Apokaleta, simplemente no cabe ni la millonésima parte de los resucitados, dicho con todo respeto. La Resurrección es más verdadera que el triste hecho que todos habemos de morir. De modo que podemos morir tranquilos”.
(“Catecismo para adultos”)



HUGO WAST

“Hugo Wast es novelista, sabe novelar. Este saber no todos lo tienen (tenemos). Quien no lo tenga, si se obstina en hacer novelas se equivoca, aunque tenga muchas otras habilidades o saberes por otra parte. En la revista de alta cultura y reciente creación LOGOS, en medio de artículos sumamente apreciables, tropezamos con una nota un poco sonreíble acerca de: Mallea y su novela en contrapunto.  El autor llama a Mallea Argos y Cíclope (que mitológica y ópticamente son contradictorios) a causa de la “primera novela en contrapunto” a lo Aldous Huxley que aparece en Sud América, llamada FIESTA EN NOVIEMBRE. El crítico en cuestión afirma que “en contrapunto” se llama la novela que tiene “dos relatos que no rompen la unidad de la novela”; lo cual es imposible, porque la unidad de una novela consiste en que ella sea un solo relato. El conocido Point-counter-point de Huxley no tiene dos relatos: no son varios trenzados que formaran un solo lazo, lo cual es absurdo, sino un solo trenzado con varios tientos, que por ser más numerosos y divergentes de lo ordinario y mantenerse más separados por alarde de artífice, sorprende más; pero no debe engañar a nadie: aquello es una novela, y FIESTA EN NOVIEMBRE no es una novela sino dos relatos indefinidos y paralelos que en la intención del autor formarán quizá un todo mental, pero no en la obra lograda ni menos en la mente del lector común. Es algo que no tiene principio, medio y fin, como pide Aristóteles y como tienen decentemente las cosas que son unas; es decir, las cosas que simplemente son. (…)
Pero usted toma 666, y aunque maldiga (es un suponer) el estilo del autor, por no gustarle a usted las frases cortas sino las largas; o aunque disienta de todas las ideas políticas, filosóficas y religiosas de Hugo Wast; o aunque le cause tirria su fe desnuda, su ingenuidad patriótica, su pachorra provinciana y hasta su modo de andar…; el caso es que de leer el primer capítulo, se ve arrastrado al segundo, y leído el segundo devora usted el libro a corto plazo, aunque le quede luego la opción de arrepentirse. En cambio, todo el ritmo visceral, el lenguaje grumoso, el estilo soberbio, pujante y embridado, las escenas-aerolitos, el claustro conceptual profundo, la virtud plástica, el placer muscular de sentirse arrebujado por una cosmivisión compacta y redonda (puesto caso que si la cosmivisión fuese cuadrada, el placer arrebujado y embridado no podría ser muscular sino solamente adiposo) y todo lo demás del otro libro no producen el mismo afecto, antes al contrario, como lo atestigua la experiencia.
Todos estos son truquitos decadentes, filigranas supererogativas que pueden acompañar o no el don de “fabulación”, esencial del novelista; y que cuando resuenan demasiado es señal infalible de que están puestos sobre hueco. En un tiempo hubo en el país una bulliciosa campaña contra la literatura de Hugo Wast. Una cantidad de literatos puros o aspirantes a literatos estériles abominaban ruidosamente del arte del literato fecundo y los epítetos más feroces del castellano eran insuficientes para expresar el desprecio que les inspiraba el que vendía 100.000 ejemplares de FLOR DE DURAZNO. Pues bien, ni aquellos matamoros y tragamundos, cuyos nombres en gran parte han dejado el mapa, se atrevieron jamás a negar que Hugo Wast, detestable artista y execrable pensador, fuese un buen narrador. Por ahí debían haber empezado ellos, y entonces la profundidad vertiginosa de su pensamiento y la milimétrica finura de su buen gusto hubieran dado al país obras duraderas. Martínez Zuviría siguió tranquilamente dándonos obras por de pronto honestas, obras de buen obrero.
Esta última no desdice de las anteriores. No queremos por ahora resumirla, ni analizarla, ni siquiera criticarla en lo que pueda tener de limitación o malogro. Nos basta hoy presentarla en su contexto intelectual, es decir, definirla. Es un gran espécimen de arte sacro, una gran fábula simbólica para uso del pueblo fiel, y del pueblo en general, ingenuo y catequizable. Es un trabajo ortodoxo de ilustración de la Biblia, no una obra de teología o de meta-psicología o de orfebrería para uso de ociosos o refinados. Es un trabajo cuidadoso, honesto y vocacional, que entra en aquel magno programa propuesto en el comienzo de este siglo mistificado a Jacques Rivière por el gran artista sacro que es Claudel:

Su puesto de usted está marcado (con Patmore, con Péguy, con Chesterton, y me atrevo a decir, conmigo) entre los escritores cuya misión es rehacer una imaginación y una sensibilidad católicas, marchitadas hace tres siglos gracias al triunfo de la literatura y el arte profanos, cuya suprema corrupción, el arte laico, estamos viendo en estos días…Toda la representación del mundo (ciencias, arte, política, filosofía) que nos hacemos hace cuatro siglos es perfectamente pagana. Dios de un lado, el mundo de otro: ningún lazo entre los dos. ¿Quién sospechará leyendo a Rabelais, Montaigne, Racine, Molière, Hugo, que un Dios ha muerto en una cruz? Esto es lo que decididamente debe acabar…”
(666, Buenos Aires, 1941, en “Crítica literaria”).