“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

sábado, 25 de septiembre de 2010

AVATAR


Avatar: La suma anticristiana de James Cameron”
versión corregida y aumentada
Acceso en el enlace margen derecho del blog


“La Edad Media conocía solamente los llamados “Misterios”, donde actuaban Dios, la Virgen y los santos; después viene el teatro clásico que exalta los personajes históricos, y con el siglo XX el personaje histórico no será más que una ocasión para poner de relieve a los actores y las estrellas, cuyo éxito depende principalmente de la técnica cinematográfica, la cual no conserva del hombre más que una imagen animada artificialmente. (...) La historia, como el teatro, como las artes, después de haber suprimido a Dios para exaltar al hombre, acabó por eliminar al hombre mismo. Así llegamos a la conclusión de que, sin Dios, el hombre tiende a desaparecer, y que sin la teología, la historia se asemeja a una nave sin brújula”.

Guillermo Gueydan de Roussel – Dios, rector de la historia, “Verdad y Mitos”, Ediciones Gladius, 1987.


CONTENIDO:
INTRODUCCION
ARGUMENTO DE “AVATAR”
SÍMBOLOS GNOSTICOS
EL GNOSTICISMO DE LA CABALA JUDIA
PANTEÍSMO SUTIL
NEW AGE
ERA DE ACUARIO
FEMINISMO
CARISMATISMO
ECOLOGISMO PAGANO / INDIGENISMO
REENCARNACIÓN
LA NATURALEZA VENCE A LA GRACIA
LOS DOS ÁRBOLES (O LO CONTRARIO DE APOCALYPTO)
MESIANISMO CARNAL
LOS DERECHOS DEL RITUAL
OTROS DETALLES
LAS CRITICAS
SALIDA
NOTAS


Como “Avatar” no resultó ser el éxito que sus productores esperaban –es en realidad tan mala que el público ha ido a verla a fuerza de propaganda y falta de alternativas, pues la gran mayoría de las salas sólo exhibían este film- ahora se produce su re-estreno con “escenas nunca vistas” (entre ellas una de sexo, muy políticamente acorde con estos tiempos). Como se hacía antes con los films en DVD, ahora debe anticiparse esta entrega, para levantar un poco la audiencia.

Coincidentemente, pues tal novedad nos resultaba ajena, entregamos nuevamente nuestro trabajo crítico, con algunas correcciones y agregados, para aquellos que sinceramente quieran entender de qué se trata esta película, que no por ser un bodrio (cosa que han visto hasta los más obtusos críticos), no deja por eso de ser además de interesante, significativa.

Invitamos al lector a saber por qué los medios del sistema han hecho lo posible por elogiar esta película o -ante la evidencia de que es tan mala- evitar que sus lectores puedan pensar que no deberían ir a verla. De allí que las calificaciones estén entre lo aceptable y lo muy bueno.

También porqué los críticos políticamente correctos de tan diversas tendencias se adhieren a este film, algunos fanáticamente –en especial los que abrazan una visión del mundo “esotérica” o de secta- hasta el punto de tornarse agresivos e insolentes con quienes no concuerdan con sus ideas y opiniones y las ponen en entredicho no mediante vituperios sino mediante razones y evidencias.

El mundo está enfermo de sentimentalismo, de subjetivismo, y cuando los críticos no sienten nada ante el film se muestran –esto está muy claro- incapaces de pensar. Curioso: su profesión es la de saber mirar para poder ver, pero allí se quedan, en el umbral del “me parece” o el “yo decido”. En algunos dogmáticos parece que “la afirmación reemplaza la demostración”, como decía Salleron acerca de Teilhard de Chardin. Se olvida muy fácilmente que sólo “la fe libra y defiende de errores a la razón” (Misal de Azcárate).

“Avatar” es la culminación de la herejía gnóstica que por fin ha logrado pasar debido a la confusión e ignorancia general en materia religiosa. El “carácter universal del lenguaje del cine era el terreno propicio para volver al uso del lenguaje simbólico y retornar a la consideración de lo misterioso. El cine podía oponerse a la “desmitificación” secularista liberal recuperando para la esfera imaginativa los mitos, o una mentalidad que se servía de los relatos para transmitir un saber tradicional. El asunto era poder conciliar esto con la racionalidad –no el racionalismo- en una armonía que durante la Cristiandad se había logrado sintetizar en la unidad entre la fe cristiana y la cultura antigua. Sólo bajo una estricta ortodoxia esta unidad pudo darse. El cine hereda la tradición de Occidente derivada de la Cristiandad medieval pero partida en infinitos fragmentos, en un proceso de secularización que a la vez era acechado por fuerzas imaginativas mitificadoras no “clarificadas racionalmente” (en palabras de Rafael Gambra) por la labor de la Iglesia, dejadas a su suerte en un primitivismo pagano que las fuerzas gnósticas iban a saber re-utilizar” (de nuestro libro “El mirar del cine”).

Hoy la confusión reina y cualquier cosa con atisbos de lo religioso o tradicional es tomada por buena o asimilada sin la clarificación necesaria. Para aquellos que adhieren apasionadamente a esta película, ya no es el Cristianismo la alternativa válida contra el materialismo ateo de la modernidad. Para ellos la salvación no se encuentra en Jesucristo, nuestro Salvador, y sólo en Él. Hay otros nombres que pueden salvarnos, otras deidades, otras religiones. Dios (a quien Jesús llamó Padre y no “Madre”) puede ser una diosa madre, ¿qué problema hay? Total: se está hablando simbólicamente –argumentarán- no explícitamente, ya que en este mundo de hoy no puede hablarse de Jesucristo. ¡Fenómeno! Hagamos un sincretismo agradable al mundo (Mundo que es enemigo de Cristo y los cristianos, recuérdese) para que cinco personas crean entender allí que se debe vivir según la “tradición primordial”, ya que no queda otra forma de oponerse al materialismo moderno. Imagine el lector a los primeros cristianos, perseguidos por el paganismo, haciendo tal razonamiento, y hoy no existirían cristianos. “¿Quién es mentiroso sino aquel que niega que Jesús es el Cristo? Este tal es un anticristo, que niega al Padre, y al Hijo. Cualquiera que niega al Hijo, no tiene al Padre; quien confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (I Jn. 2, 22). Cameron niega al Hijo, por eso en vez de al Padre tiene una “Madre”, bastante fea por cierto.

¿Qué dijeron los críticos y periodistas que apoyan esta película?:


“Gloriosa (...) Creada para conquistar los corazones, mentes, libros de historia y marcas taquilleras, la película –la más cara de la historia- es gloriosa, simple y felizmente alocada (...) (Cameron) no ha cambiado el cine, pero con gente azul y flora rosa ha confirmado que es maravilloso”
(Manohla Dargis – THE NEW YORK TIMES)


“(…) los años venideros definirán qué películas pueden lograrlo (la perfección técnico-visual de Avatar) (...) Destinada a divertir, lo hará”.
(Richard Corliss – TIME)


“Avatar de James Cameron, es la película más hermosa que he visto en años”
(David Denby – THE NEW YORKER)


“Avatar no es solo un entretenimiento sensacional sino una revelación técnica. Está predestinada a ser una película de culto”.
(Roger Ebert – CHICAGO SUN TIMES)


“Extiende las posibilidades de lo que puede hacer una película. El talento de Cameron es tan grande como sus sueños”.
(Peter Travers – Revista ROLLING STONE)


“Avatar es, indudablemente, una experiencia que te transporta, un viaje que toda persona a la que le interesen las películas debería hacer”.
(Rene Rodríguez – MIAMI HERALD)


“James Cameron ha probado su argumento: él es el rey del mundo”.
(Revista THE HOLLYWOOD REPORTER)

“Experiencia extremadamente gratificante”.
(Revista EMPIRE)


“Cameron está de vuelta. Y su regreso es más que bienvenido. Muy buena”.
(Diego Lerer – CLARÍN)


“James Cameron, director de Avatar, tomó el camino difícil al hacer coincidir la maravilla y la extrañeza con lo bueno”.
(Pablo de Santis – Revista Ñ CLARÍN)


“...seguiremos apostando a que la flama de lo humano maravilloso, por tenue que parezca, perviva en el envase que sea: se trate de un humanoide azul de tres metros de alto, de algo que se parece a una cucaracha gigantesca o de un robot que compacta chatarra”.
(Marcelo Figueras – Revista Ñ CLARÍN)


“Avatar es muchas cosas, muchas buenas y hasta muy buenas también, pero ciertamente no revolucionará el cine. (...) Avatar es, de todos modos, un espectáculo cinematográfico alucinante, un viaje a un mundo que al final de las entretenidas más de dos horas y media de metraje al espectador le costará dejar atrás. Nuestra opinión: Muy buena”.
(Natalia Trzenko – LA NACIÓN)


“En lo ideológico, no se puede sino adherir, por supuesto, al “mensaje” ecologista y antibélico que anida en el centro de la película”.
(Luciano Monteagudo – PAGINA/12)


“¿De qué se ocupa? Quizá de lo mucho que nos hemos equivocado hasta ahora los humanos, y de la necesidad de barajar y dar de nuevo. Visualmente asombroso”.
(Jorge Carnevale – Revista NOTICIAS)


“Inolvidable para los fanáticos del género e imperdible para cualquier tipo de espectador, Avatar propone una experiencia que no sólo hay que visualizar, sino vivenciar. 5 (cinco) zapatos”.
(Amadeo Lukas - Revista VEINTITRÉS)


“La película merece otras miradas y lecturas. Y allí es donde aparecen los méritos, que no sólo tienen que ver con sus proezas formales. 7 puntos”.
(Diego Batlle – OTROS CINES)


“Avatar es la octava maravilla del mundo del cine"
(Revista EL AMANTE)


“Satisfacción garantizada, y en tres dimensiones”.
(Pablo Strozza – Revista ROLLING STONE)


“Fíjense que tanto el pequeño catoliquito correcto e ignorantón, como el vetusto comunista mutado ahora en progresista parecen estar de acuerdo y formar una alianza contra este film, tal como viene sucediendo desde la autoconciencia. ¿No les parece significativo, queridos amigos?”
(Ángel Faretta - angelfaretta.com.ar)


“La última vez que salí del cine con esta sensación fue con “La guerra de las galaxias”. Es la película de ciencia ficción más evocadora y maravillosa desde aquella”.
(Steven Spielberg, director de cine)


“Desde el comienzo, se me puso la piel de gallina. Es inspiradora”.
(Bryan Singer, director de cine)


“Una profunda muestra de la resistencia frente al capitalismo y la lucha por la defensa de la naturaleza”, “batalla contra el sistema que quiere acabar con la Madre Tierra”.
(Evo Morales, presidente de Bolivia)


jueves, 23 de septiembre de 2010

LA VERDAD



EL VALOR DE LA VERDAD Y LA TOLERANCIA


Por P. Jorge Loring, S.I.
Del sitio Religión en libertad

Estamos acostumbrados a la utilidad. Ante cualquier cosa salta la pregunta: ¿esto, para qué sirve?
Si no sirve para nada, no interesa.
Pues los valores no sirven para otra cosa: valen por sí mismos.
No se subordinan a nada. Esto pasa con LA VERDAD.
LA VERDAD es un valor que no se subordina a nada, sino que todo debe subordinarse a ella.
Lo que no sea verdad, no interesa.
Lo falso se rechaza. Por eso la tolerancia no es compatible con el error. El error no tiene derechos.
Al error hay que combatirlo.
El respeto a la persona equivocada no supone aceptar su error. Si un profesor de matemáticas enseña que 2x2=8, se le avisa de su error; y si no quiere corregirse, se le expulsa del colegio.
El que es tolerante con todo es que no tiene valores.
Todo le da igual porque no cree en nada: es indiferente a todo.
La verdad es intransigente con el error.
La verdad es una: el error es múltiple.
2x2=4 es la verdad; pero el error es múltiple: 2x2=3, 2x2=5, 2x2=6, 2x2=7, etc.
Tenemos que preocuparnos de estar en LA VERDAD.
Si no, estamos equivocados.
JORGE LORING, S.I.
www.arconet.es/loringTel.: (34) 956 87 46 47

HABLAN LOS MAESTROS


“La ausencia de Dios no le abre paso a lo trágico sino a lo sórdido”.

Nicolás Gómez Dávila


“Para poder ver hay que quitarse de los ojos la arena que el presente nos está echando sin cesar”.

Hugo von Hoffmannsthal



“Mientras conserve la razón, no encontraré nada comparable a un buen amigo”.

Horacio



“El Sistema de Partidos no consiste, como creen algunos, en que haya dos partidos, sino uno solo. Si hubiera dos partidos reales, el sistema no funcionaría”.

G. K. Chesterton



“El fin de la educación obligatoria es privar a la gente común de su sentido común”.

G. K. Chesterton



“A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales”.

G. K. Chesterton

viernes, 17 de septiembre de 2010

DESPUES DEL NAUFRAGIO



DESPUÉS DEL NAUFRAGIO

EDITORIAL DEL NÚMERO 129

Revista IESUS CHRISTUS

(Tomado del sitio de la F.S.S.P.X.)


EL veredicto tuvo lugar el 15 de julio pasado a las cuatro de la mañana: Argentina se ha convertido así en el primer país en América del Sur en aprobar el “matrimonio gay” y a conferir a los homosexuales todos los derechos civiles posibles, incluso el de adoptar niños.

En las semanas previas a la votación, sin embargo, todo indicaba que la mayoría de los senadores se opondría a la aprobación de este inicuo proyecto de ley. Las cosas sucedieron de otra manera, a pesar de las manifestaciones y de la desaprobación de la población en su conjunto. Ahora se trata de analizar las razones de esta derrota, a fin de evitar otras en el futuro próximo.

Ciertos adversarios de la Iglesia la acusaron de mezclar cuestiones de tipo religioso en un debate que debía entablarse solamente en el terreno político. Los pocos obispos que tuvieron el coraje de condenar el proyecto de ley en nombre del catolicismo fueron agriamente criticados, y tanto la prensa como algunas personalidades políticas manifestaron que las reacciones fuera de lugar y exageradas de estos obispos determinaron a ciertos senadores indecisos a votar a favor del proyecto.

Lo más sorprendente es que esta tesis ha sido retomada por el portavoz de la Conferencia Episcopal Argentina, el Padre Jorge Oesterheld. El 19 de agosto pasado, a propósito de la polémica provocada por algunos obispos que habían calificado al “matrimonio gay” como una patraña satánica, el Padre Oesterheld declaró que “estas declaraciones contribuyeron a la reacción de buena parte de la población. La actitud asumida por la Iglesia ha provocado un malentendido en el seno de la población y condujo a las autoridades políticas a decidirse a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo”.
(1)


No se ve, absolutamente, cuál es la relación causa-efecto que existe entre la valiente actitud de los obispos y la supuesta reacción de la población y de los senadores que cambiaron de opinión.

Al contrario, habría que haber visto la decepción y la humillación en los rostros de los católicos que participaron de la manifestación realizada en Buenos Aires el 13 de julio contra el proyecto, después de haber oído el mensaje que el Cardenal Jorge Bergoglio envió para que se leyese en ella. Ni siquiera se mencionó el nombre de Dios. No fueron más que palabras tibias, insípidas y vergonzosas. Situado en un plano puramente natural para evitar ofender a los no católicos, no se hizo ni mención ni defensa de los derechos de Dios en la sociedad. ¿Acaso no es más bien esta actitud tímida de los obispos lo que decidió a unos cuantos senadores a votar a favor de la ley? Creo que después de oídas sus palabras, los partidarios del proyecto comprendieron, con alivio, que la Iglesia no estaba dispuesta a confrontar y a oponerse. Podían tranquilamente esperar la victoria…

Junto a estas declaraciones del 19 de agosto hechas por el Padre Oesterheld, los obispos invitaron además a la moderación y al “diálogo con la sociedad del país”. A propósito del diálogo, es interesante recordar lo que consigna un documento emitido poco después del Concilio por el Secretariado para el Diálogo Interreligioso: “El diálogo no implica la refutación del error ni la conversión del interlocutor”,
(2) tema sobre el cual “L’Osservatore Romano” ya había apuntado que “quien renuncia al diálogo es un fanático, un intolerante, que siempre termina por ser infiel a sí mismo y luego a la sociedad de la que forma parte. El que dialoga, en cambio, renuncia a estar aislado y a ser condenado”.(3)

¡Qué victoria para los enemigos de la Iglesia! Los defensores de estos proyectos criminales ahora pueden frotarse las manos: tienen la seguridad de que la Iglesia no respaldará a los obispos que tienen un discurso demasiado neto en los futuros debates. ¡No quedan dudas de lo que resultará de tales debates!

De hecho, en su oposición al proyecto de ley a favor de los homosexuales, los obispos y el clero argentino han reaccionado demasiado tarde y de modo demasiado natural. Que yo sepa, ningún obispo puso en marcha una cruzada de rosarios, o de Misas, ni llamó a los fieles a la penitencia y al sacrificio.

¿Por qué no emplearon un lenguaje claramente católico para defender los derechos de Dios, Supremo Legislador de la sociedad? ¿Por qué permitieron —como circularon comentarios— que en muchas parroquias, unos días antes de la votación, algunos sacerdotes predicaran diciendo que el hombre auxiliado por el Samaritano, del que hablan los Evangelios, podía ser el homosexual discriminado por la sociedad, cuya rehabilitación buscaba este proyecto de ley? Salvando raras excepciones, los obispos faltaron gravemente a su deber y tendrán que rendir cuentas a Dios de ello.

Me parece importante recordar que un obispo católico no es un padre de familia, un pastor o un asistente social. El sentido de su nombre ya lo indica: episcopus significa que es principalmente un “superintendente”. Desde el puesto de observación en el que se encuentra, debe observar, juzgar, y en caso de necesidad, dar la voz de alerta. Centinela de la verdad, defensor de los derechos de Dios, guardián de las almas, eso es lo que es, y esos títulos sagrados entrañan obligaciones inflexibles y responsabilidades indeclinables.

Consciente de ello, San Gregorio de Nacianzo escribía a propósito de los obispos: “A pesar de ser conocidos por su mansedumbre y amenidad en el trato, no soportan mantenerse moderados y flexibles cuando, por su silencio o falta de reacción, traicionarían la causa de Dios. Ahí se tornan ardientes en la lucha, impetuosos en el combate, y lo sacrificarían todo para no omitir nada de su deber”.
(4)

Con todo, ¡nuestros obispos han tenido miedo de ofender! Abandonaron sus puestos de “supervisores” y se convirtieron en lo que Isaías describió como “perros mudos”,
(5) sin voz y sin eco en la sociedad. Prefirieron el consenso a la verdad, la paz a luchar por la restauración de la realeza de Cristo en la sociedad.

Para no contristar a César, o más bien a “Agripina”…, han evitado toda declaración de condenación del texto aprobado y renunciado a toda ceremonia de reparación de este escándalo legalizado. ¿Es realmente necesario recordarlo? Este combate es el de las dos banderas: la de Satanás contra la de Cristo. El primero ve acercarse el fin del mundo y acortarse el tiempo para causar el mal; entonces se desata por medio de éstos, sus servidores, que quieren erradicar todo rastro de cristianismo en la sociedad. Para hacerlos fracasar era necesario recurrir a los medios maravillosamente eficaces que la Iglesia pone a nuestra disposición, y que son la Misa y los sacramentos que edificaron la civilización cristiana que está desapareciendo. Es deber de los obispos defenderla y salvarla.

Ahora bien, para ser realmente eficaces, Señores Obispos, tendrán que abandonar la misa y los sacramentos reformados por el Concilio, impregnados como están de un protestantismo que destruye su efectividad, y volver al uso irrestricto de los ritos tradicionales católicos, que tan bien han demostrado su eficacia y a los que algunos de Ustedes tanto se oponen.

Es igualmente imperioso volver a una predicación clara y segura, francamente católica, que ilumine la mente y fortalezca la voluntad. Viendo el estado actual de la sociedad, ¿cómo no vamos a lamentarnos con el profeta Isaías?: “Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen el curso de tus caminos”,
(6) y un poco más adelante añade: “¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! (…) porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel”.(7)


Duras batallas se anuncian desde el horizonte; y se perderán, por cierto, si los obispos persisten en la actitud del pasado. Ya comenzaron a agitarse las aguas para plantear la legalización del aborto, a despecho del pensamiento ampliamente hostil de la población. La lucha será muy dura. ¿Qué pasará? Veremos… Lo que es seguro, es que las grandes victorias de la Iglesia se deben a la acción de papas y obispos que no dudaron en movilizar a los cristianos con medios proporcionados a la gravedad de la situación: cruzadas de rosarios, celebración de Misas, adoración eucarística, oración y penitencia. Estos medios, insignificantes para nuestros adversarios, son tan eficaces como una vez lo fue el canto rodado que David incrustó en la frente de Goliat.

Satanás lo sabe, y por eso lucha para que sean olvidados y reemplazados por artificios puramente humanos y políticos. El tiempo es corto y el rebaño de los católicos se debilita y dispersa día a día.

En estos momentos trágicos debemos recordar las palabras que ese gran visionario que fue García Moreno (1821-1875), Presidente de Ecuador asesinado por la fe, dirigió al Parlamento de Ecuador: “La civilización, fruto del catolicismo, se degrada y corrompe a medida que se aleja de los principios católicos: de allí la debilitación progresiva y general de los caracteres, la verdadera enfermedad endémica de nuestro siglo (…) Hay que levantar un muro de defensa entre el pueblo prosternado al pie de los altares del verdadero Dios y los enemigos de nuestra santa religión”.

¡Son los obispos quienes tienen que construir este muro de defensa! Para lograrlo, tienen que renunciar al pacifismo mortal que buscan imponer desde hace décadas en la Iglesia, persuadidos de que ella y el mundo pueden reconciliarse. Ese era el objetivo del Concilio Vaticano II… Esto ha llevado a la Iglesia al naufragio que vemos. Durante cuarenta años la Iglesia ha perdido todas las batallas contra sus opositores y asistido impasible a la pérdida de toda influencia en la sociedad.

Ya para terminar, les presento estas palabras del Papa Pío XII: “Cuando temerariamente se niega a Dios, todo principio de moralidad queda vacilando (…) El fundamento de toda la moralidad comenzó a ser rechazado en Europa, porque muchos hombres se separaron de la doctrina de Cristo, de la que es depositaria y maestra la Cátedra de San Pedro. Esta doctrina dio durante siglos tal cohesión y tal formación cristiana a los pueblos de Europa, que éstos, educados, ennoblecidos y civilizados por la cruz, llegaron a tal grado de progreso político y civil, que fueron para los restantes pueblos y continentes maestros de todas las disciplinas. Pero desde que muchos hermanos, separados ya de Nos, abandonaron el magisterio infalible de la Iglesia, llegaron, por desgracia, hasta a negar la misma divinidad del Salvador, dogma capital y centro del cristianismo, acelerando así el proceso de disolución religiosa”.
(8)

¡Cuánto nos gustaría encontrar estas palabras en nuestros obispos! He allí la condición para la Iglesia encuentre de nuevo el camino hacia la victoria sobre sus enemigos. El 10 de octubre vamos a peregrinar hacia la Basílica de Nuestra Señora de Luján para suplicarle que salve las familias de los peligros que la amenazan. Nadie puede permanecer indiferente ante estos peligros. Nos concierne a todos. Tengo cifradas esperanzas en una concurrencia numerosa para ese fin. ¡Lo que está en juego no es sólo el futuro de un país, sino el de todo un continente! ¡Que Dios los bendiga!


Padre Christian Bouchacourt
Superior de Distrito América del Sur


Notas:
1.
Buenos Aires, 22 de agosto de 2010, declaraciones recogidas por agencia informativa Apic al término de una reunión de la CEA.
2. Secretariado para el Diálogo Interreligioso, “Instrucción para el diálogo”, 28 de junio de 1968.
3. “L’Osservatore Romano”, 15 y 16 de diciembre de 1965.
4. San Gregorio de Nacianzo, orat XXI. De S. Alfan, nº 25.
5. Isaías, 56, 10.
6. Isaías, 3, 12.
7. Isaías, 5, 20-24.
8. Pío XII, encíclica “Summi Pontificatus”, 20 de octubre de 1939.


NOTA - ¿POR QUE DISNEY ODIA A LOS PADRES?


¿POR QUÉ DISNEY ODIA A LOS PADRES?
Tomado del blog Familias por la Familia
(Fuente: The Vigilant Citizen)

Toy Story 3: En la película, Andy, es criado por una madre soltera

¿HAN ADVERTIDO QUE EN TODAS SUS PRODUCCIONES MATAN A PAPÁ Y A MAMÁ?

La semana pasada, con la lluvia azotando afuera, mi hija y yo nos preparamos para una tarde de nostalgia en la familia. La clase de situaciones que le dio éxito a las películas de Walt Disney.

El estilo que ha dado a Disney una posición especial en nuestra casa. Para nosotros, ese nombre sugiere un mundo de valores familiares y tradiciones pasadas. Un lugar donde, sin importar las adversidades que se enfrentan, el bien triunfará sobre el mal.

Las películas de Disney hablan a nuestro corazón y labran las vidas de nuestros niños con una sensación de seguridad, en un mundo incierto.
Y así fue; en ese día pasado por agua, transitamos, riendo y llorando, nuestro camino a través de una tripleta de los favoritos de Disney: el hermoso Bambi que desgarra el corazón, el gloriosamente regio Rey León y el eternamente encantador Buscando a Nemo.

Pero más tarde, me di cuenta de algo más que es común a las películas de Disney, además del buen encanto nostálgico por aquellos años infantiles: La ausencia de los padres.

Bambi, abandonado por su padre antes de nacer; la experiencia de la cacería y el subsecuente disparo a su madre. Una tragedia que aún me provoca sollozos incontrolables, cuatro décadas después de que la vi por primera vez con mi propia madre.

Eso no es todo. En el Rey León, Simba está implicado en la muerte de su padre y huye en un vano intento de escapar de su miseria.

Por su parte Nemo —el pez rebelde— es el único sobreviviente del ataque violento de una barracuda a su madre y a sus hermanos, transcurre gran parte de la historia distanciado de su padre.


Huérfano: Mowgli al cuidado de Baloo en la película de Disney El libro de la selva 2

El hecho de que estas tres películas giraban sobre la falta de los padres, me hizo dudar. ¿Es sólo una coincidencia?

Aparentemente no. Para Disney, la organización más afín a lo infantil, parece haber algún problema con los padres.

Desde su formación en los años veinte, la producción de Disney ha ofrecido un suministro constante de familias desquiciadas y destrozadas.

Huérfano: Mowgli al cuidado de Baloo en la película de Disney El libro de la selva 2

Dumbo, como Bambi, todavía devasta al público como el elefante bebé, huérfano de padre, que es separado de su madre después de que ella es presa de una aparente psicosis.

Los mininos en Los Aristogatos —la favorita de mi infancia— carecen también de padre. Ni Ariel (La Sirenita) ni Bella (La Bella y la Bestia) tienen madre.
Incluso más recientemente, los aficionados de todo el mundo se han deleitado en el tramo final de Toy Story, cuando Andy —el personaje principal de la película—es criado por una madre soltera.

No hay que preocuparse, sin embargo, por la ausencia total de su padre; la influencia masculina clave para Andy, es un vaquero de madera.
Y no sólo la producción de dibujos animados de Disney que están sujetos a esta peculiaridad con respecto a los padres; lo mismo ocurre con sus programas de televisión en vivo y sus películas.

En el canal Disney TV, la popular Hannah Montana —interpretada por la precoz Miley Cyrus— aprende de su padre las reglas adolescentes porque su madre está ausente sin aviso.

En la pantalla grande, Entrenando a Papá, es la crónica de una niña de diez años de edad, que busca a su padre perdido después de la prematura —aunque no del todo imprevisible— desaparición de su madre.

Y la nominada al Grammy Encantada muestra a Giselle, una princesa Disney arquetípica, adaptándose a las condiciones severas de Nueva York como una niña sin madre.

En este punto de mi investigación, yo estaba cada vez más preocupada por la ausencia de modelos de conducta de los padres en el mundo de Walt Disney. Y había más.

Algunos personajes de Disney, ni siquiera tienen la suerte de tener padres, y quedan huérfanos antes de completarse los créditos iniciales de la película.

Tarzán es un bebé abandonado en la selva tras el ataque despiadado de un leopardo a sus padres. Y ahí están (El zorro y el sabueso) y Arthur en La espada en la piedra, librados a su suerte sin padres.

Me pregunto, ¿es claro que la falta de los cuidados paternos en las producciones de Disney se utilizó como efecto dramático?

¿Esto fue así para darles a los protagonistas la oportunidad de enfrentarse a sus problemas personales sin la guía de un padre… o hay algo más que esto?

¿Podría la muerte de la madre de Walt Disney —y la culpa que le quedó a su hijo de por vida— ser el catalizador de la muerte de los padres en Disney?

En 1938, en la cúspide del éxito con el producto de su primera película de pantalla grande La Bella Durmiente, Walt compró a su madre, Flora, y a su padre, Elías, una casa de Los Ángeles como regalo por sus bodas de oro.
Pocos días después de mudarse, Flora se quejó de las temperaturas sofocantes procedente de la caldera de calefacción central, y su cariñoso hijo dispuso una rápida sustitución de la misma.

Días más tarde, Flora murió de asfixia como consecuencia de la mala instalación de la nueva caldera.

La desubicada culpa de Walt Disney sobre la muerte de su madre, ¿puede haberlo llevado a borrar a los padres —madres en particular— de sus obras?
Y esa motivación, después de su muerte en 1966, ¿se puede haber convertido en un sello particular de Disney?

Ciertamente, esto explicaría la clase de cuentos populares y de hadas que Disney ha seleccionado para su adaptación, habiendo otros numerosos cuentos tradicionales donde aparecen padre y madre.

Para ejemplo de esa selección, consideremos los dibujos animados Cenicienta (sin madre), Blancanieves (sin padre ni madre, sino con una madrastra malvada) y El libro de la selva (con el huérfano Mowgli, criado por un oso y un tigre).

Pero quizás lo más audaz en este sentido fue la adquisición de la épica Peter Pan de J. M. Barrie, en la que no sólo ese muchacho era responsable de una isla de huérfanos (Los Niños Perdidos), sino que la vida social de los padres de Wendy constantemente dejaba a sus hijos al cuidado del perro de la familia.

Hay una tercera forma de explicar el descuido aparente de Disney por los padres.

¿Podría la empresa —y sus producciones— ser un fiel reflejo de nuestra disparatada sociedad y de la desintegración evidente del núcleo familiar tradicional?

¿O será al revés? ¿Podría Disney haber jugado su papel en la desaparición de los valores familiares, ya que nosotros —y nuestros niños— hemos caído en este sano entretenimiento durante décadas?

¿Hemos asimilado inconscientemente esta desaparición de las figuras paternas de sus películas?

Sólo por eso, Disney debe ser acusado de no honrar el más sagrado de los vínculos: el de la madre y el padre con sus hijos.

Ahora, eso difícilmente sea entretenimiento familiar, ¿verdad?

martes, 14 de septiembre de 2010

INVITACION

“LA BIBLIA ¿UN LIBRO HUMANO O DIVINO?”

R.P. José María Mestre Roc



Viernes 17 de Septiembre, 20 hs.
Priorato: Venezuela 1318-20, (1095)
Capilla “Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias”,
Montserrat, Buenos Aires, Capital.

DIALOGO

“Ni es necesaria la dualidad de voces, si atendemos bien a la esencia de la cuestión, para que el diálogo se produzca. Diálogo hay cuando, de cualquier manera, un autor toma en cuenta el pensamiento ajeno y lo incorpora al propio, o bien establece entre ellos un modo, sea como sea, de oposición o contraste. Diálogo hay en la referencia, en la alusión, en la cita, en la historia del tema, en la relación de texto, en la discusión, en la refutación. Diálogo hay cuando, en un libro, por ejemplo, aquel que establece una tesis y la sustenta, prevé las objeciones posibles y anticipadamente mide su alcance, quita su fuerza, extirpa su malicia, destruye o reduce su eficacia.(...) Y, si el verdadero pensamiento necesita del diálogo, podemos añadir, que la cultura es, en sustancia, el mismo diálogo”.

Eugenio d’Ors – Una primera lección de filosofía. La Lectura, Madrid, 1926.