“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

lunes, 20 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD

VIDEOTECA REDUCO

LES DESEA A SUS LECTORES, SEGUIDORES, AMIGOS Y BENEFACTORES

UNA SANTA Y FELIZ
NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



Gloria in excelsis Deo,
et in terra pax hominibus bonae voluntatis.
Laudamus te,
Benedicimus te,
Adoramus te,
Glorificamus te,
Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam,
Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens.
Domine fili unigenite, Jesu Christe,
Domine Deus, Agnus Dei, Filius patris,
Qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram.
Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis.
Quoniam tu solus sanctus,
Tu solus Dominus,
Tu solus Altissimus, Jesu Christe,
Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris. Amen.
Gloria a Dios en el cielo
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey Celestial,Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre.
Tu que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tu que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas.
Tu que estás sentado a la derecha del Padre,ten piedad de nosotros.
Porque sólo tú eres Santo,
sólo tu Señor,
Sólo tú Altísimo Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén

¿DE QUE TENEMOS QUE ALEGRARNOS EN NAVIDAD?

¿De qué tenemos que alegrarnos en Navidad?

Por PABLO MARINI

Tomado del blog de Stat Veritas

Muchos cristianos ya no tienen ni idea de lo que en realidad festejan el 24 de diciembre a la noche. El Acontecimiento más extraordinario de la Historia ha sido frecuentemente reducido a una excusa para la reunión familiar, comunicarse buenos deseos o hacerse mutuos regalos. Eso sin hablar del “merchandising” y el insufrible “cocacolero” Papá Noel.

Pensar que muchos católicos aún beben esta bebida, todo un símbolo del "espíritu navideño"

desacralizante del mundo.

Hace ya unos años se estrenó una “remake” de una película famosa de la década de los años ’40 que se llamaba “Milagro en la calle 34”. Tanto la primera como la versión más moderna de 1994 tuvieron mucho éxito. Además, sin demasiados ribetes cursis, apelaban a legítimos recursos sentimentales y alguna que otra lágrima se nos pudo haber escapado al verlas. Sin embargo… lo que a uno le llama la atención es la falsificación del espíritu navideño que uno puede comprobar en muchas de estas comedias familiares. ¿Cuál debería ser ese espíritu? Si hablamos del espíritu de algo, casi siempre nos queremos referir a lo esencial, al nudo de algo, lo más profundo. Algunos transforman esta fiesta en una especie de “jornada solidaria” por los que menos tienen. Y esto no estaría mal siempre y cuando tengamos claro el sentido profundo y último de esta fiesta cristiana.

¿Qué significa “Navidad”?

Uno de los signos más patentes de la deformación que está sufriendo la Navidad en nuestras sociedades secularizadas son las tarjetas que uno recibe. ¡Estoy harto de recibir palomitas de Picasso o las tarjetitas de UNICEF que, con sus dibujos estilo “naíf”, muestran niñitos jugando en un parque! De Cristo y el cristianismo…nada. Por su parte, con Papá Noel (cuya versión actual es un invento de la Coca-Cola en 1931) no nos va mucho mejor: “Santa Claus permite participar del ‘espíritu de la Navidad’ sin ponernos ante disyuntivas ético–religiosas ni, menos aún, hacernos entrar en contradicción con lo que somos o hacemos durante el resto del año.” (Rodríguez, 1997:118).

Y encima parece que en Navidad tenemos que estar alegres. ¿Alegres por qué, de qué? Y las respuestas podrían ser varias, pero ¿cuál tendría que ser el motivo real? ¿Porque se termina el año?, ¿porque es la hora del balance?, ¿porque nos vemos las caras con toda la familia, incluso después de haber cumplido con alguna ceremonia religiosa?, ¿por los regalos?, ¿por qué nos suscitamos mutuamente buenos sentimientos? Sabemos que el espíritu navideño no puede consistir ni en los regalos, ni en los adornos, ni en el árbol, ni siquiera en armar un pesebre. También sostenemos que la mayoría de la gente sabe que esos no deben ser los motivos de nuestra alegría, pero sabemos que la mayoría no sabe cuál es el motivo real. Alguien más avispado podrá llegar a decir: “Festejamos el nacimiento del Niño Dios y la llegada de la salvación al mundo”. El problema es que tengo toda la sensación de que muy pocos saben de qué nos viene a salvar. De hecho en la Universidad del Salvador hay alumnos que me preguntan: “¿Salvador de qué?”. En realidad muchos ni siquiera saben bien qué significa la palabra “Navidad”. Muy pocos sabrían contestar que “Navidad” significa en español “nacimiento de la vida” y que su declinación latina “nativitate” podría traducirse como “nacimiento de la vida para ti”. ¿De qué vida se habla aquí? De una nueva vida, de una promesa de salvación eterna, porque nuestra vida ahora sí, con Cristo, puede radicarse en el bien. Porque Jesús (que significa precisamente “Dios salva”) viene a salvarnos de una terrible situación de pecado, fruto de una misteriosa falta en el origen de los tiempos. Se trata de liberarnos de lo que los pensadores más lúcidos han caracterizado como la “condición humana”: una naturaleza herida y dañada en sus estructuras más íntimas, debilitada en su resistencia al mal. Es una impotencia objetiva, una incapacidad estructural, una esclavitud de la que el hombre no puede librarse por sí mismo, y, en consecuencia, no puede por sí mismo mantenerse en el bien sin caer tarde o temprano. A menos, claro, que… Dios venga a salvarnos. A menos que Dios nos capacite para el bien. Es lo que los teólogos han llamado con el nombre de gracia. Una fuerza sobrenatural que no es de este mundo y que nos capacita para el bien y para permanecer en él.

La verdadera alegría.

Así que éste es el verdadero motivo de nuestra alegría. Porque aquellos que nacimos enemigos de Dios, podemos volver a la amistad con él, porque los que estamos enfermos, podemos ser sanados, porque los que nacimos esclavos podemos ser liberados, porque los sometidos a la muerte, podemos resucitar con él. Por esto tenemos que estar alegres en Navidad. Porque Dios no nos ha abandonado a la muerte y a nuestras miserias. Porque Dios se ha metido en la historia humana de la manera más inaudita. Porque no es un cínico y frío observador. No somos parte de un experimento cósmico, pequeñas hormiguitas controladas por una prescindente e inhumana divinidad. Al contrario, el cristianismo es la más brutal confirmación del amor de Dios por su creatura humana. Esto debe ser el motivo de nuestra alegría más auténtica y profunda.

Cómo Hollywood falsifica las cosas.

¿Y la nueva versión de “Milagro en la calle 34” qué tiene que ver con todo esto? Todo y nada. Todo porque pretende hablar del “espíritu navideño” y nada porque no tiene nada que ver con lo que acabamos de reflexionar. Empezando por la absoluta falta de mención a Cristo y lo cristiano (solo unas vagas y confusas referencias a “la Iglesia”) y terminando con el diálogo más importante entre Papá Noel y uno de los protagonistas principales, la señora Walker, que culmina en esta frase totalmente contraria al verdadero espíritu navideño. Hablando de sí mismo “Santa Claus” le dice: “Soy un símbolo de la capacidad humana para suprimir el egoísmo y las tendencias hostiles que controlan la mayor parte de nuestras vidas”. Nada más equivocado. No hay tal capacidad humana. No hay tal capacidad para salvarnos de nosotros mismos. Si el Evangelio quiere decir “Buena Noticia”, “Buena Nueva”, es porque previamente hay una Mala Noticia. Y esta es la de que el hombre no puede salvarse de su condición humana y de su miseria por sí mismo. Todos los totalitarismos y naturalismos lo han intentado y han fracasado miserablemente. La reacción del hombre autosuficiente de hoy frente al auténtico espíritu cristiano de la Navidad se parece a la de un joven atlético de 20 años al que se le dijera: “¡Te regalamos un transplante de corazón! Pero tenés que hacértelo ahora”. Su mirada, mezcla de asombro y terror, nos hablaría de su total rechazo. El hombre moderno se cree capaz de sanarse o sencillamente se considera sano. “Ningún Niño Dios tiene que venir a curarme de nada. En todo caso para eso tengo al psicoanálisis o a la new age”. Por eso, quizás, por haber olvidado o ignorado el verdadero sentido de esta fiesta, muchos se sorprenden a sí mismos hallándose tristes en Navidad. Y no entienden lo que les pasa.

Pablo Marini, revista “Tigris”, Diciembre de 2005.

MICROCRITICAS

MICROCRÍTICAS


ARMA MORTAL (Richard Donner, 1987)

Es una película de acción simpática, muy entretenida, hecha de fórmulas que tan buen resultado le han dado al cine yanqui: la pareja de policías conformada por dos protagonistas antagónicos y carismáticos, generalmente un negro y un blanco (Mel Gibson y Danny Glover); bastante humor; algo de drama; villanos impiadosos y más poderosos que los héroes; una familia; alguna mujer bonita; peleas a lo “Rambo”, “Rocky” y “Duro de matar”; tiroteos y explosiones. Todo con su correspondiente final feliz.
La película transcurre durante el tiempo de Navidad, aunque nadie se acuerde de Dios, excepto para decir que está todo mal con Él. La resolución final positiva (el personaje de Mel Gibson, con ánimos suicidas durante toda la película, decide al final que es mejor vivir) está muy bien, pero en el marco de una Navidad laica. Al fin y al cabo, los dos protagonistas han llegado sanos y salvos al final merced a la fuerza de sus puños y sus armas. La pelea final entre Riggs (Gibson) y el archimalvado, al estilo “Duro de matar” (bueno, el primer elegido para protagonizar este film era Bruce Willis), pelea ya innecesaria, viene a demostrar cómo los yanquis creen ciegamente que todo debe arreglarse a puño y patada limpia, por las propias fuerzas (increíbles fuerzas, ya que Riggs acababa de ser torturado salvajemente).
Según el cine yanqui, el bien siempre le da una paliza al mal. El bien –sin recurrir a Dios- siempre triunfa en este mundo. Ah, la soberbia gringa...
Afortunadamente, Mel Gibson descubriría años más tarde que sin Dios nada es posible. Lamentablemente, ahora parece habérsele olvidado un poco.

PAJARITO GÓMEZ (Rodolfo Kuhn, 1965)

Hace muchos años atrás, nos habían hecho creer que la película “La bomba del rock’n’roll” (The Girl Can’t Help It, Frank Tashlin, 1956) era una gran película irónica que desnudaba la forma en que se gestaba la creación y por lo tanto el gran negocio de una estrella de rock. En realidad lo que la película desnudaba era a Jayne Mansfield y sus generosas carnes, publicitando indirecta y simpáticamente la música de rock’n’roll. El viejo truco yanqui de, a través de eficacísimas comedias, vendernos lo que simulan criticar.
Pero no debíamos buscar afuera, lo que teníamos acá. Como esta “Pajarito Gómez”, talentosa descripción de cómo con un perejil cualquiera hábiles empresarios, ejecutivos de ventas, publicistas, managers, periodistas, etc., logran crear un idiotizante fenómeno de masas, una rebeldía controlada por el mercado.
El director se vale de recursos semidocumentales y de escenas perfectamente concebidas para darnos a conocer, a través de una feroz y seria ironía, lo que al final deja conocerse como una historia de horror.
Se plantea bien, además, el hecho de que se desplaza artificialmente la música popular (aunque alguno niegue esta categoría, la música lo es cuando surge desde el arraigo tradicional, como las coplas que se han ido transmitiendo desde antiguo, ya perdidas), decimos un desplazamiento por una cultura de masas que sólo sirve para desarraigar al pueblo de su tierra y volverlo un ser anómalo, falso, robotizado.
Realizada en el auge de la “nueva ola”, del “twist” y otras barbaries, podemos comprender –sin todas las implicancias anexas- el por qué del fenómeno masivo del rock que se da hoy. Un fenómeno que se ve reflejado en esta crónica del diario de la fecha: “A diferencia de cualquier show que uno puede ver en su ciudad, a pocos minutos de su hogar, éste de La Renga en Rosario empezó en el instante que cada “creyente” tomó la decisión de viajar. La aparición de los elegidos en escena fue sólo una parte más de ese ritual pagano que se empecina en seguir sumando capítulos. Como dicen ellos, tal vez vivir cueste pecado. Y vale la pena vivir antes que morirse por dentro” (La Nación, 20-12-2010).
La película podría haberse titulado “El show debe continuar”. Pero algún día, Dios mediante, terminará. Y para siempre.

DESDE MI CIELO (Peter Jackson, 2009)

Es una pavada sentimental dirigida por alguien muy amigo de los efectos especiales y nada amigo de la inteligencia. Ya lo dijimos en otra crítica: hoy se pone el foco en la “imaginación” pero en desmedro de la “inteligencia”. Todo puede ser mostrado como “verdad”, a través de los efectos especiales, pero no todo es “verdad”. Jackson (el de la perversa “King Kong” y la muy fácil, pero agradable espectáculo “El Señor de los Anillos”), pone a una chica de 14 años asesinada, en un lugar que no es el Cielo todavía, pero tampoco el Purgatorio. Es un lugar bello y “mágico” que inventa Jackson, donde no está Dios Creador de todas las cosas, Jesucristo, la Virgen María, los Santos ni los Ángeles. Recurre a hermosas imágenes, a juntar pobres chicas víctimas de un asesino serial, en un lugar que vendría a ser un cielo sin Dios. Es el cielo de los ateos. Jackson ha asimilado a Tolkien (de quien hace una breve referencia en la película) pero sin su cristianismo. Es decir, que toma la cáscara y deja el germen.
Muy bien filmada –nos referimos sobre todo a las escenas de suspenso-, con la excelente interpretación de Stanley Tucci como el asesino, y con la insufrible (como siempre) Susan Sarandon, protagonista de una especie de videoclip intolerable. Está producida por Steven Spielberg.

LA TEMPESTAD (Sam Taylor, 1928)

Intensísimo drama, muy bien escrito y dirigido, acerca del difícil romance entre un oficial del ejército del Zar (la historia transcurre en Rusia entre 1914 y 1917) y la princesa hija de éste. Diferencias entre este oficial anómalo, surgido de la clase campesina, y la sociedad aristocrática que no lo acepta –especialmente la bella princesa, que en secreto lo ama.
La película no es maniquea, y hace lo que puede para mostrar el terror de los revolucionarios. No sabemos si la historia de amor tan bien lograda es una excusa para hablar de la revolución comunista, o si la revolución es una excusa para que un contexto hostil dificulte la historia de amor. Lo cierto es que no se llega al fondo del asunto, pero hasta donde llega está bien.
Se destaca John Barrymore, gran actor. El sentido del “espectáculo”, sin embargo, típico del cine hecho con “estrellas” sin un director de genio detrás, resiente por momentos la autenticidad del film.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

LISTADOS:100 PELICULAS REDUCO

100 PELÍCULAS REDUCO







No es el que sigue un listado de las “Cien películas que usted debería ver antes de morir”, como incitantemente se usa ahora en la venta de más que dudosos y onerosos libros para lucir en la mesita del living-room o armar ciclos de reciclaje por parte de bien auspiciados pseudo-críticos; ni se trata tampoco de las “Cien mejores películas de la historia del cine”, cuyo título de juicio final, como diría Borges, podría deberse a “la empresa que lo obligó a juntar esas dos palabras que no se juntan, cien y mejores” (comentando una selección de poesías castellanas de Menéndez y Pelayo).

Pero dados a una selección recomendable, debe hacerse un conclusivo número redondo, dentro de una posible Arca donde salvaguardar aquellas películas que subjetivamente –pero sustentando críticamente nuestra elección- podríamos ser dados a preferir. Ha sido difícil llegar a las 100 películas debido al desencanto que se produce cuando uno, al adentrarse cada vez más en la Fe católica, comprende de qué manera el cine ha sido y es en general un medio contrario a la verdad que Cristo depositó en la Iglesia y su doctrina de salvación.

No ha de estar mal un número cerrado para quien, interesado en aprovechar el tiempo que le es dado, no desea perderse en los meandros de interminables visiones de novedades que siempre buscar recrear sus ojos en infinidad de nuevas trampas; aunque si quiere estipularse exagerada la cuenta, no pondríamos objeción, ya que hemos dejado muy atrás esa cosa ingobernable llamada “cinefilia”.

El cine que en verdad vale es un cine para ser re-visto y re-visitado; aquel que a través de sus excelencias formales nos invita a pensar y a exigirnos a nosotros mismos más como espectadores y, en caso de su comprensión, trascender ese estado pasajero. “No se conocen más que las cosas que uno mismo domestica. Los hombres no tienen tiempo de conocer nada”, decía el Zorro en “El Principito”. Por eso antes que dedicarse a ver incontables películas que surgen de continuo, vale mejor dedicarse a unas pocas bien conocidas y de provecho.

La Cultura auténtica es diálogo; ese es el modo del saber y del conocimiento que debe exigírsele al cine, cuando nuestro afán de conocimiento subsiste por encima del natural afán de descanso o pasatiempo. Si hemos de buscar el conocer (y, lo que es obvio, conocer la verdad) debemos saber quiénes, cómo y de qué manera nos lo otorgan, quiénes son aquellos que consideramos autorizados, debido a su conocimiento, para cumplir tal función. De allí nuestra preparación y nuestra cautela, para que haya un verdadero diálogo, y no un monólogo que se nos suministre para nuestra ensoñación o engaño.

La mayor desdicha que puede acontecer al estilo –escribió Hello-, es hacerse admirar independientemente de la idea que expresa” (ya que hablábamos de Borges...). Por lo tanto, es importante discernir estilo e idea, en la medida en que se alimentan mutuamente o en que la admiración de una forma no nos permita ver detrás la idea o filosofía que la sustenta. Contrariamente a estos casos, están quienes fincan su principal interés en una película debido a su argumento, al tema de que trata, a lo que se dice en palabras antes que en imágenes, sin darse cuenta de que el director puede plantear un tema noble y negarlo rotundamente con la forma adoptada para el film. Incluso el tema puede estar incluido implícitamente en la puesta en escena, dejando que la fábula sea una historia mínima y nada atractiva. De todas maneras, y de corriente, un gran tema requiere una gran maestría en su resolución formal (y por lo tanto en su concepción filosófica), por lo que difícilmente haya cien ejemplos de este tipo. Muchos otros films ofrecen aspectos destacados respecto de problemas bien resueltos, o incluso testimonios necesarios de conocer. Pero, en todos los casos, hemos tenido en cuenta que se trate de obras nada complacientes con lo que el mundo espera de facilidad o cómoda aquiescencia en una forma de ver y juzgar precisamente al mundo. Hemos elegido films personales que no ofenden la moral ni atacan los valores que creemos esenciales, unos valores que la civilización cristiana nos legó y que, desperdigadamente, recayeron en una tradición formal que ya se ha perdido casi del todo en Occidente. Hemos dejado afuera films que, a pesar de valores relativos y cierta belleza formal, por uno u otro motivo pierden la coherencia y el equilibrio en finales insatisfactorios o en escenas de dudosa moral o confusa resolución.

Puesto que no se trata de una selección en orden al mérito, el listado es cronológico, y dado que puede surgir aún algún film de méritos, o sernos dado a conocer uno que ignorábamos debido a su difícil acceso, el listado no tiene por qué ser definitivo ni canónico, pero sí orientador. Podrá observarse de qué manera el cine clásico ocupa preferencial lugar (incluyendo al cine argentino), y de qué modo fueron los años ’50 los de mayor despliegue creativo, en una madurez de autores que confluyó con el cambio operado en estos hombres tras la desgraciada y desencantada experiencia de la Segunda Guerra, y antes del deterioro absoluto llegado con los años ‘60, hasta encontrarnos con una selección minorísima de los últimos años, con gemas sin embargo que nos permitieron dar gracias porque el cine al fin, luego de cien años de su invención, pudiera justificar del todo su existencia, con aquella “La Pasión de Cristo” que, bueno es aclararlo, surgió por fuera del sistema de producción establecido.

Sabemos que el cine ha sido y es como tantas otras un arma de masificación del hombre, un medio de embrutecerlo y desarraigarlo. “El hombre de masa –dice el Padre Alfredo Sáenz- no tiene vida interior, aborrece el recogimiento, huye del silencio; necesita el estrépito ensordecedor, la calle, la televisión. A veces deja encendida todo el día una radio que no escucha, acostumbrado a vivir con un fondo de ruido. Vacío de sí, se sumerge en la masa, busca la muchedumbre, su calor, sus desplazamientos”. Es más, “Satanás es el “padre de la mentira” (Juan 8,44) y nunca presenta el pecado en su odiosa fealdad sino lleno de atractivos” (Mons. Straubinger, Comentario a Sab. 5, 3).

Sin embargo, el buen cine ha persistido, ha surgido a pesar de tantos condicionamientos económicos y políticos, y aún hoy puede ser una herramienta no diremos de evangelización, sino de esclarecimiento, y de comprensión del hombre y del mundo en que vivimos, por lo menos de forma indirecta. Pero, por su misma naturaleza absorbente, el cine invita a sustraer al hombre demasiado tiempo de la realidad, pues al encontrar desarmado al espectador, que no ha recibido la debida preparación respecto del lenguaje formal del mismo, puede caer fácilmente en la idolatría, la ilusión o la respuesta sentimental y en el fondo abstracta que no será capaz de llevar a cabo en la vida real. Hoy el mundo sufre la ausencia de reflexión, de sana y bien fundada reflexión (“El mundo está desolado, porque no hay nadie que reflexione en su corazón”, Jeremías, III. 12). El buen cine puede ser un auxiliar, si estamos preparados a ello, para la comprensión de determinadas ideas, temas, emociones o conflictos que se suceden en este mundo caótico en que vivimos. Pero, de todas formas y a pesar de este listado, recomendamos siempre no aficionarse demasiado al cine, por lo peligros que ello conlleva. Lo dicho: como en la literatura, debemos volver a los clásicos, allí donde el cine deja de ser sólo una evasión para tornarse en alimento intelectual que nos ayude a comprender lo que somos y a vivir este tiempo presente. De todos modos, no nos hacemos ilusiones; sabemos que el hombre de hoy (y eso incluye al que se llama católico), acostumbrado a manejarse en todo por sí mismo, de forma desarticulada, anárquica o improvisada y sentimentalmente, no suele escuchar consejos ni sugerencias, sino que se deja llevar por los impulsos del momento. La educación no le ha dado los marcos de referencia adecuados por donde saber encontrar determinados valores que ni siquiera se ha detenido a considerar.

En fin, nos resignamos a realizar lo que consideramos es nuestro deber, y dejamos el resto en manos de Dios. Solamente diremos que “el Liberalismo es pecado”, y por lo tanto el católico debe abstenerse de apoyar o ver las películas de aquellos directores que son liberales (y, cuando deba tolerarse una excepción, hacerse las aclaraciones del caso para que no haya confusión). Es grave a esta altura desinteresarse por tal información, de la que debería agenciarse antes de acometer la visión de una película. Si a alguno esto puede parecerle integrista o demasiado “ultra”, solamente queremos advertirle lo siguiente: el liberal (o su hijo el marxista) es enemigo de Dios, y por lo tanto, es nuestro enemigo, si en verdad amamos a Dios. No encontramos otra forma más sencilla de decirlo.

Por todo lo dicho, y debido a que la vida del hombre en este mundo es un combate, incluimos en otro apartado, como complemento de valor, una selección de “50 PELÍCULAS CATÓLICAS (o de inspiración cristiana)”, que más allá de su irregular nivel artístico, será material útil para lo antedicho, incluso tal vez más inspirador en orden a la conducta moral a asumir en la vida. Del mismo modo, dejamos de incluir reconocidos films liberales que suelen aparecer en los listados que se hacen al respecto, y acercamos otros no tan conocidos.

Finalmente, y como corresponde, incluimos nuestro Index no ya de películas prohibidas –sería inabarcable- sino mínimamente de ciertos directores que, aunque alguno de ellos pueda tener una película meritoria, el conjunto de su obra es perjudicial, pérfida o mediocre en extremo, cuando no todo junto, y cuya visión se hace absolutamente innecesaria. Nos referimos, en este caso, a directores difundidos y premiados ampliamente por el mundo, por el periodismo y la crítica, fundamentalmente en función de sus malos valores o sus directos ataques a la fe católica (algunos forman parte de la actual agenda anticristiana que se lleva a cabo desde Hollywood). Se hace necesario tal detalle debido a que hay muchos católicos (o que se llaman católicos) que persisten en acceder a tales obras nocivas o inútiles. “No leas libros malos, ni siquiera inútiles; éstos hacen perder el tiempo, aquellos inspiran impiedad o impureza. Quieres aprender de ellos a hablar bien, y aprendes a vivir mal. Muchos libros hay en los que aprenderás la ciencia y el talento unidos a la virtud. ¿No los lees? Un mal libro es un tentador continuo, un demonio doméstico; échalo de tu casa; de lo contrario él echará de ella la virtud”.(Padre Grosez, S. J., Santoral II, San Beda). Tache el lector “libros” y ponga la palabra “películas”. El resto corre por su cuenta.


INDEX:
Federico Fellini, Ingmar Bergman, Charles Chaplin, Clint Eastwood, Woody Allen, Quentin Tarantino, James Cameron, Steven Spielberg, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, Pedro Almodóvar, Pier Paolo Pasolini, Marco Belocchio, Constantin Costa-Gavras, Alejandro Amenábar, Guillermo del Toro, Ron Howard, Paul Verhoeven, Alfonso Cuarón, TODO el cine argentino desde 1975 hasta la fecha (hasta ahora no hemos encontrado la excepción anhelada).



LISTADO REDUCO




1. El nacimiento de una nación. D. W. Griffith, 1915.

2. Way Down East. D. W. Griffith, 1920.

3. Sally of the Sawdust. D. W. Griffith, 1924.

4. The lodger. Alfred Hitchcock, 1926.

5. The strong man. Frank Capra, 1926.

6. The Ring. Alfred Hitchcock, 1927.

7. You’re darn Tootin’/The Music Box. Laurel y Hardy, 1927/1932.

8. El cameraman. Edward Sedwick, 1928.

9. La Pasión de Juana de Arco. Carl T. Dreyer, 1928.

10. Blackmail. Alfred Hitchcock, 1929.

11. City Girl. F. W. Murnau, 1930.

12. El Ángel Azul. Josef von Sternberg, 1930.

13. El delator. John Ford, 1935.

14. Los 39 escalones. Alfred Hitchcock, 1935.

15. Young and innocent. Alfred Hitchcock, 1937.

16. La diligencia. John Ford, 1939.

17. Young Mr. Lincoln. John Ford, 1939.

18. Sin novedad en el Alcázar. Augusto Genina, 1939.

19. Los Rothschild. Erich Waschneck, 1940.

20. Citizen Kane. Orson Welles, 1941.

21. La Loba. William Wyler, 1941.

22. La canción de Bernadette. Henry King, 1943.

23. La sombra de una duda. Alfred Hitchcock, 1943.

24. The Ox-Bow incident. William Wellman, 1943.

25. La máscara de Demetrio. Jean Negulesco, 1944.

26. Conflicto. Curtis Bernhardt, 1945.

27. La escalera de caracol. Robert Siodmak, 1945.

28. My darling Clementine. John Ford, 1946.

29. Possessed. Curtis Bernhardt, 1947.

30. El gran pecador. Robert Siodmak, 1947.

31. El fugitivo. John Ford, 1947.

32. La soga. Alfred Hitchcock, 1948.

33. Monsieur Vincent. Maurice Cloche, 1948.

34. Tierra del Fuego (Sinfonía bárbara). Mario Soffici, 1948.

35. Cielo amarillo. William Wellman, 1948.

36. Cielo sobre el pantano. Augusto Genina, 1949.

37. Madame Bovary. Vincente Minnelli, 1949.

38. La heredera. William Wyler, 1949.

39. El tercer hombre. Carol Reed, 1949.

40. La balandra Isabel llegó esta tarde. C. H. Christensen, 1949.

41. La Malvada. Joseph L. Mankiewicz, 1950.

42. On Dangerous Ground. Nicholas Ray, 1950.

43. En un lugar solitario. Nicholas Ray, 1950.

44. La Señora de Fátima. Rafael Gil, 1951.

45. Las vacaciones de M. Hulot. Jacques Tati, 1951.

46. Extraños en un tren. Alfred Hitchcock, 1951.

47. Detective Story. William Wyler, 1951.

48. Ace in the hole. Billy Wilder, 1951.

49. El pequeño mundo de don Camilo. Julien Duvivier, 1952.

50. Las aguas bajan turbias. Hugo del Carril, 1952.

51. The Bad and the Beautiful. Vincente Minnelli, 1952.

52. I confess. Alfred Hitchcock, 1952.

53. Otelo. Orson Welles, 1952.

54. La guerra de Dios. Rafael Gil, 1953.

55. La Quintrala. Hugo del Carril, 1953.

56. Tokio Monogatari. Yasujiro Ozu, 1953.

57. Hondo. John Farrow, 1953.

58. Julio César. Joseph L. Mankiewicz, 1953.

59. La ventana indiscreta. Alfred Hitchcock, 1954.

60. Barrio gris. Mario Soffici, 1954.

61. El hombre de Laramie. Anthony Mann, 1955.

62. El hombre que debía una muerte. Mario Soffici, 1955.

63. Sed de vivir. Vincente Minnelli, 1955.

64. Más allá del olvido. Hugo del Carril, 1955.

65. Ordet. Carl T. Dreyer, 1955.

66. La noche del cazador. Charles Laughton, 1955.

67. The Searchers. John Ford, 1956.

68. Ataque!. Robert Aldrich, 1956.

69. El hombre equivocado. Alfred Hitchcock, 1956.

70. El hombre que sabía demasiado. Alfred Hitchcock, 1956.

71. Mi tío Jacinto. Ladislao Vajda, 1956.

72. Embajadores en el infierno. José María Forqué, 1956.

73. El tren de las 3.10 a Yuma. Delmer Daves, 1957.

74. Rosaura a las diez. Mario Soffici, 1957.

75. Mi tío. Jacques Tati, 1957.

76. The tin star. Anthony Mann, 1957.

77. Hombre del Oeste. Anthony Mann, 1958.

78. The Big Country. William Wyler, 1958.

79. Vértigo. Alfred Hitchcock, 1958.

80. El cebo. Ladislao Vajda, 1958.

81. Río Bravo. Howard Hawks, 1959.

82. North by Northwest. Alfred Hitchcock, 1959.

83. Culpable. Hugo del Carril, 1959.

84. Psicosis. Alfred Hitchcock, 1960.

85. El diablo a las 4. Mervyn LeRoy, 1961.

86. Dos cabalgan juntos. John Ford, 1961.

87. El hombre que mató a Liberty Valance. John Ford, 1962.

88. Billy Budd. Peter Ustinov, 1962.

89.Los pájaros. Alfred Hitchcock, 1963.

90. Marnie. Alfred Hitchcock, 1964.

91. El Padrino. Francis Ford Cóppola, 1972.

92. El Exorcista. William Friedkin, 1973.

93. El Padrino II. Francis Ford Cóppola, 1974.

94. Sorcerer. William Friedkin, 1977.

95. Apocalipse Now. Francis Ford Cóppola, 1979.

96. Danton. Andrzej Wajda, 1982.

97. The lightship. Jerzy Skolimowsky, 1985.

98. La Pasión de Cristo. Mel Gibson, 2004.

99. Apocalypto. Mel Gibson, 2006

100. Katyn. Andrzej Wajda, 2007.


OTRAS 25 PELÍCULAS:

 
Frankenstein. James Whale, 1930.

Pampa bárbara. Hugo Fregonese-Lucas Demare, 1944.

El beso de la muerte. Henry Hathaway, 1947.

Cielo amarillo. William Wellman, 1948.

Ruthless. Edgar G. Ulmer, 1948.

Más allá del bosque. King Vidor, 1949.

The Enforcer, Raoul Walsh / Bretaigne Windust, 1951.

Surcos. José Antonio Nieves Conde, 1951.

La roja insignia del valor. John Huston, 1951.

The crimson pirate. Robert Siodmak, 1952.

Way of a gaucho. Jacques Tourneur, 1952.

Pick up in South Street. Samuel Fuller, 1953.

Island in the sky. William Wellman, 1953.

Dial M for murder. Alfred Hitchcock, 1954.

Man from Del Rio. Harry Horner, 1956.

Testigo de cargo. Billy Wilder, 1958.

Terror in a Texas Town. Joseph H. Lewis, 1958.

Never let go. John Guillermin, 1960.

Bajo diez banderas. Duilio Coletti, 1960.

¿Qué pasó con Baby Jane? Robert Aldrich, 1962.

The last man on earth. Ubaldo Ragona, Sidney Salkow, 1964.

Un millón en la basura. José María Forqué. 1967.

Tucker. Francis Ford Cóppola, 1987.

Doce hombres en pugna. William Friedkin, 1997.

El Patriota. Roland Emmerich, 2000.

El Señor de los Anillos. Las dos torres. Peter Jackson, 2002.


11 de septiembre de 1683. Renzo Martinelli, 2012.


Distribución por país de origen del total de las películas:

USA: 87
ARGENTINA: 10
INGLATERRA: 9
ESPAÑA: 7
FRANCIA: 5
ITALIA: 2
ALEMANIA: 3
DINAMARCA: 1
POLONIA: 1
JAPÓN: 1

Por década:

Década 1910: 1
Década 1920: 9
Década 1930: 9
Década 1940: 27
Década 1950: 54
Década 1960: 12
Década 1970: 5
Década 1980: 4
Década 1990: 1
Década 2000: 5
Década 2010: 1