“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

sábado, 26 de diciembre de 2009

ANIVERSARIO - MONSEÑOR STRAUBINGER

MONS. DR. JUAN STRAUBINGER
Jerónimo de toda la América del Sur

26 de diciembre 1883- 23 de marzo 1956





“René Schwob ha dicho que sólo un campo queda, sólo un asunto tiene sentido para ocupar el escritor de hoy: el comentario al Evangelio.
Por lo demás, el Papa Pío XII corrobora el concepto en la Encíclica “Divino Afflante Spíritu”, sobre la Biblia, al decir que, lejos de ser éste un campo ya agotado, está muy al contrario lleno de cosas que quedan por entender y explicar”.

(Comentario a I. Cor. 9,16.)


Amós VIII,11:

“He aquí que vienen días,
dice Yahvé, el Señor,
en que enviaré hambre sobre la tierra;
no hambre de pan, ni sed de agua,
sino de oír las palabras de Dios.
Andarán errantes de mar a mar,
y discurrirán del norte al oriente,
en busca de la palabra de Dios,
mas no la hallarán.
En aquel día desfallecerán de sed
las hermosas doncellas y los jóvenes,
que juran por el pecado de Samaría diciendo:
“¡Por la vida de tu dios, oh Dan!”
y:”¡Por el camino de Bersabee!”.
Caerán y no se levantarán nunca jamás”.

Comentario:
“Profecía gravísima y terrible, que siempre está pendiente como una amenaza sobre nosotros. Si vivimos relegando la palabra de Dios, Él retirará un día esa palabra, como aquel médico que, habiendo preparado con gran trabajo un precioso remedio para los leprosos de su hospital, observó que todos lo elogiaban con grandes expresiones de gratitud...pero luego cada uno se buscaba un remedio propio, despreciando el único eficaz, que con tanto amor les había preparado. El médico, herido en su corazón, retiró entonces aquel bálsamo despreciado. Y los enfermos murieron todos. Tal es la conminación que aquí hace Dios, como en el Salmo 80,13:

“Por eso los entregué
a la dureza de su corazón:
a que anduvieran según sus apetitos”.

En ella vemos el más trágico fin de una cultura que pretende hallar soluciones a los problemas del mundo sin contar con la actividad de Dios, esto es mirándolo como un hombre del mundo y negando a su providencia la intervención activísima y constante que Él se reservó cuando nos dijo, por boca de su Cristo, que ni un pájaro, ni un cabello nuestro cae sin obra Suya (Mat. 10,30; Luc. 12,7), y que no será nuestro brazo, sino Su gratuita liberalidad la que nos dará “por añadidura” (Mat.6,33) también las soluciones de orden temporal si buscamos antes, para nuestra alma y la del prójimo el reino de Dios y la justicia y santidad que de Él viene y que se funda, como dice S. Jerónimo, “en la predicación de las Escrituras que conduce a la vida”. De ahí la necesidad absoluta de la predicación cristiana”.



“He aquí la “experiencia religiosa” que cada uno debe realizar en su propia vida. Investigar “lo que agrada a Dios” es, según los Libros Sapienciales, el sumo objeto de la Sabiduría”.

(Comentario a Ef. 5,10)



“La Biblia está hecha por Dios, como definió el Concilio Tridentino, para que sepamos lo que es El, lo que El ha hecho, lo que El nos dio, lo que El promete, lo que El enseña y lo que a El le agrada. De ahí que en el interesarnos por todo ello está la mejor prueba de nuestra rectitud. La avidez y curiosidad con que lo hagamos será la medida de nuestra fe, y de nuestro amor, y también la garantía de nuestra esperanza”.

(Prólogo a la tercera edición del Nuevo Testamento).


“Lo primero de que se asombra el que llega a recibir alguna luz de sabiduría, dice Garrigou-Lagrange hablando sobre Santo Tomás, es la suma simplicidad a que ella se reduce. Esto nos hace comprender por qué la Sabiduría divina se revela a los niños mientras escapa al esfuerzo especulativo de los sabios. Chesterton cuenta cómo, después de dar la vuelta al mundo para buscar la verdad, la halló en la iglesita que había en la esquina de su casa”.

(Prólogo a la tercera edición del Nuevo Testamento).



“No olvidemos, pues, esta singular característica de Dios, cuyo conocimiento es indispensable en la vida sobrenatural. Si El fuera simplemente un moralista, le bastaría con que los hombres observaran tal o cual conducta. Y sin embargo, en toda la Biblia vemos que El no se indigna tanto con los que violan sus Mandamientos, cuanto con aquellos que pretenden obrar el bien por sí mismos, prescindiendo de El, que es la única fuente de todo posible bien. Eso es lo que mira El como un robo de su gloria (véase Mat. 7,21; 19,16 y notas). Jesús nos dice a este respecto en forma terminante que sin El somos incapaces de dar fruto alguno, como gajos cortados de la vid (Juan 15,5). ¿Hemos de pensar que nos dice esto por dureza, como tildándonos de inútiles? Para entender la indecible suavidad de esta palabra de Jesús, que es fundamental en todo el Evangelio, bastaría imaginarnos a un jefe de taller, sumamente vigoroso, que al tomar a sus obreros, ofreciese a cada uno la fuerza de su brazo diciéndole: “no tienes más que llamarme cada vez que tengas que levantar un fardo pesado. Yo lo alzaré contigo de modo que tú apenas tendrás que esforzarte. De lo contrario, claro está que no podrás”. ¿Qué diríamos del infeliz obrero que en vez de aceptar esto lleno de gratitud, despreciase el admirable ofrecimiento, y aún se incomodara en su amor propio, pretendiendo que no lo necesitaba?”

(Prólogo a la tercera edición del Nuevo Testamento).




“La explicación de por qué Dios revela a los pequeños lo que oculta a los sabios –cosa en verdad decepcionante para todo intelectual que no tenga espíritu sobrenatural- está en que la inteligencia de esos misterios de Dios sólo se adquiere partiendo de la base de la nada del hombre, de su caída original, de su condición actual anormal y miserable. Y esto es inadmisible para esos sabios que precisamente son tenidos por tales a base de sus conceptos y empeños humanistas que tienden a exaltar lo que el mundo llama altos valores humanos. De suyo todo hombre no es sino flaqueza e inclinación al mal, y el que no admite esto como base no puede entender nada del Padre, cuyos misterios son todos de amor y misericordia para con esa humanidad caída. Entonces, quienes nos sentimos así, caídos, reconocemos en Él un Dios como hecho de medida para nosotros. Los demás no se interesan ante este tipo de Dios, pues no tienen conciencia de necesitar la misericordia y encuentran humillante y vergonzoso reconocer la maldad e impotencia de la humanidad”.

(Comentario al Salmo 118, 130).


“¿Qué es la opresión de los hombres sino el respeto humano? La palabra de Dios que nos libra de él, es un verdadero rescate, cumpliéndose entonces literalmente la promesa de Jesús de Juan 8,31-32”.

(Comentario al Salmo 118, 134).




“La bondad consiste en confesarse impotente y buscar a Jesús, para que de Él nos venga la capacidad de cumplir la voluntad del Padre como Él lo hizo”.

(Comentario a Jn. 15, 6).



“¡He aquí algo que puede ser definitivo para curarnos de todo amor efímero! Dios quiere lo que es y no parece: la Eucaristía. El hombre, a la inversa, quiere lo que parece y no es (cfr. Mat. 15,8). Por eso busca tanto las obras exteriores, sin comprender que Dios no las necesita y que ellas valen sólo en proporción del amor que las inspira. Como por desgracia no es normal que tengamos siempre ese amor en nosotros, debemos previamente preparar el espíritu por la meditación y la oración, que aumentan la fe y la caridad. Entonces todo lo que hagamos inspirados por ese amor tendrá la certeza de ser agradable a Dios. De ahí la lección fundamental de los Proverbios (4,23): ”Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón”. Porque del estado de éste depende el valor de todo lo que hagamos”.

(Comentario a II Cor. 4, 18).



“Precisamente por lo mismo que se trata de ediciones para uso de los fieles –cuya ignorancia bíblica suele ser hoy tanta en historia como en doctrina y profecía- es indispensable que el exégeta, cuyo papel en la formación espiritual del cristiano va a ser cada vez mayor según las nuevas orientaciones pontificias, sea como un guía que a cada paso lo lleve de la mano a través de ese mundo maravilloso de la revelación divina, cuyo lenguaje aparece tan desusado para las mentes deformadas por la sabiduría de este mundo, y paganizadas por una “cultura” meramente profana. Tal nos parece ser el verdadero sentido de la prescripción canónica al exigir que lleven notas las ediciones católicas de la Biblia, y aun vemos que las ediciones disidentes las usan cada vez más. Tal es, hoy más que nunca, ante el deseo expresado por el Papa de que las notas contengan “doctrina que sirva para aumento de la fe, y base de predicación”, o en otros términos, que sean ellas mismas predicación y elogio de las cosas reveladas, de modo que la Biblia vuelva a ser para el cristiano lo que debió ser siempre: el libro de espiritualidad por excelencia”.

(“La Nueva Biblia Española de Nácar-Colunga”, en Revista Bíblica Nº 33 y 34, 1945)


Deo Gratias


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