“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

sábado, 26 de diciembre de 2009

CRITICA


PICKPOCKET
Director: Robert Bresson - 1959


¿DÓNDE ESTAS CORAZÓOON? NO OIGO TU PALPITAAARR…
(O de cómo un monigote se hace humano en la cárcel)


Dijeron algunos: “sólida y compacta”. Certísimo, como sólido y compacto puede ser un banco de piedra de la plaza. ¿Que es cine? Sí. Bresson dijo que esta era “una película de manos, objetos y miradas”. Es cierto, no hay personas sino maniquíes de la antigua casa “Modart” que mueven los ojos y caminan. Bresson dice buscar la verdad, la autenticidad que no le dan los actores, a través de los no-actores.. Por miedo a que no le crean, por miedo al artificio, por no usar actores, Bresson cae en lo mecánico, lo rígido, lo antinatural. Lo cual es atractivo –para algunos-, pero, ¿dónde está el corazón de un auto?

El intento de lo espontáneo deviene en artificio, en movimientos calculados y coreografiados por el director sin la intervención personal de los intérpretes. Los personajes dan siempre la sensación de estar escapando de la cámara. La gente es inexpresiva, aunque no paren de moverse, más bien como lo son los pájaros. Es imposible identificarse con el protagonista, imposible quererlo, imposible preocuparse por él, por más voz en off o música culturosa que Bresson le meta a veces.

Memorable, sí, es el final (y no especialmente porque al fin termine, sino porque es bello y al fin se deshiela todo un poco). Pero, antes de eso, hay miradas breves y huidizas, miradas gachas, forzadas a no descubrir nada, movimientos bruscos y robóticos. Falta de caridad o ironía para con los personajes.

Porque los “personajes” casi ni hablan y parecen enigmáticos, los “críticos” hablan de “cine espiritual”, cuando lo que hay es su ausencia. Está lograda, sí, la soledad dovstoievskiana del monigote, pero sin esa carga interior de la conciencia en el ruso; sin el sentido del pecado, del bien y el mal.

En definitiva, se puede estar contra los actores, pero no prescindir de ellos. Porque somos libres, todos somos un poco actores (en el sentido hitchcokiano de la palabra). Bresson quisiera usar las marionetas del “Capitán Escarlata”. No por nada usó un burro, en otra película.