“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

martes, 28 de julio de 2009

EXTRA CINEMATOGRAFICAS



REFLEXIONES MORALES SOBRE EL USO DE INTERNET
Por el R.P. Luigi Moncalero

Artículo reproducido en Revista Iesus Christus Nº 121, Enero/Febrero de 2009, tomado del Courrier de Rome, enero de 2009.


La difusión de Internet ya es un hecho que salta a la vista de todos. Los hogares tradicionales no están exentos, ni aun los prioratos...Estimo que ha llegado el momento de hablar sobre el empleo de Internet.

Dejo expresamente de lado el aspecto ligado a las obscenidades de que este instrumento puede ser medio. Recuerdo solamente a los padres que dejar acceso libre a Internet a sus hijos es una imprudencia colosal: si en casa debe haber una conexión, la computadora tiene que estar en una habitación común, y por tanto, nunca en los dormitorios de los hijos.

En este artículo deseo considerar el empleo de Internet bajo otra perspectiva, moral también, pero de otro género. Me refiero a los distintos foros y otras listas de correo que atosigan nuestros correos electrónicos.

TODOS SOMOS TEOLOGOS
Internet, además de todas las ventajas que todos conocen, ofrece una digna atención. El hecho de encontrarse tas una pantalla, y más aún si uno se escuda tras un seudónimo (o código que oculta la verdadera identidad), hace que uno se convierta inmediatamente en...¡teólogo! Cosa extraordinaria, pero es así.

Hay personas que pasan años estudiando para conseguir un diploma en teología; otros, en cambio, se registran en cualquier foro o en alguna lista de correo, y hélos ahí listos para difundir sus juicios radiantes entre los internautas sedientos de verdad. Se dedican a disertar unos más que otros, apoyándose con citas de ilustres teólogos, ya sea sobre la infalibilidad papal, las canonizaciones, la validez de los sacramentos, la liturgia o sobre el magisterio ordinario universal. Y esto, evidentemente, infligiendo muchos anatemas a aquellos que se atreven a poner en duda sus enseñanzas. ¡Anathema...clic!

Asombra ver cómo se multiplican estos teólogos, que se aventuran hacia regiones donde otros, manifiestamente menos dotados que ellos, jamás se arriesgaron.

Ahora bien, dejando de lado toda ironía, quisiera hacer una reflexión: la teología es algo serio; tan serio, que no puede acometerse detrás de una pantalla. La teología es la cima del saber. Si es cierto que la metafísica es la más alta de las ciencias humanas –es decir, de las ciencias que explican la realidad a la luz de la razón natural-, la teología es más alta aun porque la luz que la ilumina es la luz misma de Dios.

Dios Nuestro Señor puede ser conocido mediante el empleo de las fuerzas naturales de la razón, a través de las criaturas, como autor del orden natural.

Pero existe también una “ciencia de Dios” que no puede adquirirse a través de la simple razón, ya que presupone que Dios mismo se haya dado a conocer a los hombres mediante la revelación. Ésa es la teología en sentido estricto.

Se comprende, pues, que el teólogo debe poseer perfectamente tanto la teología como los datos de la revelación, tal como ambas cosas son propuestas por el magisterio, a fin de realizar esta síntesis –convenientemente alimentada por la oración-, que es lo que distingue la verdadera teología de la discusión de café...

Antes que nada, el teólogo debe ser humilde. Luego, debe ser dócil a las inspiraciones de Dios, ya que lo que estudia es el objeto más elevado y el más sublime. De la unión de la humildad y la docilidad nace el don de sabiduría.

Todo esto está absolutamente ausente de los foros y listas de correo y desafío a cualquiera a que me pruebe lo contrario.

Guiado por el don de sabiduría, una teología del calibre de Santo Tomás de Aquino, teniendo que resolver un problema particularmente difícil, no atinaba a hacer otra cosa que arrodillarse frente al Santísimo Sacramento.

El Santísimo Sacramento...¡y no una pantalla de computadora!

COPIAR Y PEGAR, O COPIAR Y ENSAMBLAR
Otra de las grandes ventajas de Internet respecto a los otros medios de comunicación es el hecho de poder difundir la Buena Nueva con vertiginosa rapidez, sin esfuerzo y gratuitamente.

Sin embargo, con la misma facilidad –y con consecuencias cien mil veces más importantes- también se puede difundir el error, o al menos la imprecisión, la calumnia, el descrédito sobre una persona, la difamación, etc.

Esta simple comprobación tendría que hacer reflexionar al internauta antes de apretar el botón y difundir una noticia, un juicio, etc. Y esto vale tanto más para quien no se realiza ningún planteamiento moral. Pero el internauta católico siempre debe provocar una reflexión moral antes de hacer un “clic”.

Un repaso a simple vuelo de pájaro sobre los foros católicos que se refieren a la Tradición nos lleva a descubrir con horror que estos últimos pululan difundiendo maldades, difamaciones e insinuaciones gratuitas. Uno se pregunta realmente si quienes escriben o difunden cosas piensan seriamente sobre lo que les concierne con respecto al Octavo Mandamiento: “No levantarás falso testimonio”.
JUZGO, LUEGO EXISTO

¿Qué podemos decir ante la proliferación de comentarios? Sonriendo y escribiendo con un teclado, algunos se convierten en columnistas, cronistas y sabios inspirados, que creen que su pensamiento lleva a la pobre humanidad esa luz que hasta entonces le faltaba.

Entonces, incluso sin que uno se los haya pedido, difunden ampliamente por correo electrónico sus opiniones sobre todos los temas: la actualidad, la política, la vida eclesial, etc. No existe cosa ni persona alguna que se escapen a su juicio, incluso si se tratara de un juicio temerario...

Si es verdad que la operación intelectual “juicio” es propia del hombre en cuanto ser racional, no existe obligación de juzgar sobre todo y todos, máxime si tal cosa no ha sido solicitada, y sobre todo si no se conocen los hechos. “No juzguéis y no seréis juzgados(...)porque con la misma medida con que juzgáis, seréis juzgados” (San Lucas, 6, 37).

ORIENTACIONES ÚTILES PARA TODOS
Todos recordarán la especial penitencia que San Felipe Neri puso a una mujer que vino a confesarse de tener la costumbre de hablar mal del prójimo. Para hacerle comprender los terribles efectos de este pecado, el Santo le mandó desplumar un pollo caminando por las calles de Roma, y después regresar a verlo. Así lo hizo la mujer, que vuelta a la presencia del Santo, le preguntó qué más tenía que hacer.
-“Ahora volverá por todas las calles por las cuales caminó y recogerá una a una las plumas del pollo, sin dejar siquiera una”.-“Pero, Padre, ¡Ud. me pide una cosa imposible!”, exclamó desesperada la pobre penitente. “¡Había tanto viento que nunca podré recoger toda las plumas!”
-“Lo sé
–dijo el Santo-, pero con eso quiero hacerle entender que su maledicencia se parece a esas plumas”.Tendría que volver a aparecer otro San Felipe Neri para inventar una penitencia proporcional, destinada a todos cuantos difunden toneladas de maledicencias y de pérfidos juicios...

EFECTO TRANSPARENCIA

En fin, Internet permite compartir con otros los propios conocimientos, experiencias personales, etc. No solamente entre amigos, sino también con desconocidos. Se terminó la época del diario íntimo, lejos de las miradas curiosas. Ahora existe el blog, en el que se difunden por doquier los propios vicios y virtudes...Hay sitios web para todo...Las discusiones de carácter público adquieren dimensiones planetarias: es mucho más sabroso discutir en línea con un panel de participantes conectados. Como esas lindas disputas entre vecinos: dos personas discuten acaloradamente desde un balcón al otro, y la vecindad aprovecha para enterarse de un montón de cosas interesantes sobre los dos protagonistas y sus respectivas madres...

¡Muy bien! La ventaja de Internet es que el vecindario que interviene puede estar constituido por varias decenas de participantes seleccionados como “enviar con copia”, que envían y reenvían correos electrónicos de respuestas en un crescendo wagneriano. ¡Edificante! ¡Muy, muy católico!

EL TIEMPO PASA Y EL HOMBRE NO SE DA CUENTA
(Dante, Divina Comedia, Purg. 4,9)
Para concluir, quisiera ahora subrayar otro aspecto. La computadora nos ha acostumbrado a razonar, actuar, comunicarnos, etc., con una rapidez inimaginable. Todo se mide en nanosegundos, es decir, en apenas millonésimas de segundos. De hecho, pasan algunos miles sin que haya tenido tiempo de terminar de escribir una palabra. El procesador de la computadora, en cambio, emplea bien el tiempo: no pierde ni siquiera un nanosegundo.

¿Cuánto tiempo (pero no en fracciones de segundo sino en horas de sesenta minutos) dedican los hombres a escribir comentarios en foros, o bien para escribir correos interminables? Uno se pregunta de dónde sacan tanto tiempo...¿Repararon, por ejemplo, en la hora del día en que se envían ciertos correos o se registran ciertos comentarios? Medianoche, las dos de la madrugada, las cuatro y media de la mañana...Y al día siguiente, ¿qué hacen en la escuela o en el trabajo?

Esto no me parece que sea una buena manera de “redimir” el tiempo, como dice San Pablo, quien agrega que “los días son malos” (Efesios, 5, 16). Precisamente, porque son malos, deben ser aprovechados para hacer el bien, cumpliendo con diligencia el deber de estado y sin desperdiciar el tiempo inútilmente.

“Serva tempus”, esto es, “Aprovecha el tiempo”, solían escribir los antiguos en los relojes de sol. Un mensaje que habría que volver a escribir también en las pantallas (apagadas) de las computadoras.

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