“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

lunes, 28 de octubre de 2013

Los Rothschild (1940) - con Sub. Castellano película completa




AÑO : 1940
DURACIÓN : 97 min.
PAÍS : Alemania
DIRECTOR : Erich Waschneck
 GUIÓN : Gerhard T. Buchholz, Mirko Jelusich, C.M. Köhn
 MÚSICA : Johannes Müller
FOTOGRAFÍA : Robert Baberske
REPARTO : Carl Kuhlmann, Herbert Hübner, Albert Florath, Hans Stiebner, Walter Franck, Waldemar Leitgeb, Hans Leibelt, Erich Ponto, Bernhard Minetti, Albert Lippert, Herbert Wilk, Hilde Weissner, Ludwig Linkmann, Bruno Hübner, Rudolf Carl, Michael Bohnen, Herbert Gernot, Theo Shall, Ursula Deinert, Hubert von Meyerinck


Impagable.

La película que os ofrezco este fin de semana, más que una obra de ficción es, posiblemente, el mejor documento sobre la historia censurada que hayáis visto jamás.

Y digo el mejor porque, a partir del advenimiento de la Familia Rothschild desde su cuchitril en Francfurt, entenderemos un pedazo de la historia tal como la Batalla de Waterloo y cómo el Banco de Inglaterra (y por ende, el gobierno de ese país) pasó a las manos de los banqueros judíos por antonomasia.

La película (de 1940) está tan repleta de información que bien merecería un cinefórum para degustarla en profundidad (recomiendo parar cada media hora porque es sumamente “densa” en información).

¿Detalles?

Todo. Desde cómo utiliza Meyer Amscheld el dinero que un aristócrata alemán le presta para que lo evada a Inglaterra vía sus compadres hebreos (¿os suena de algo?) para organizar las triquiñuelas tendentes a hacerse con el control de la bolsa de Londres, hasta el recorrido que sigue parte de ese dinero para financiar a los dos bandos en guerra y, cómo no, el mítico asunto de las palomas mensajeras durante la batalla de Waterloo (información privilegiada) con el que hundieron la banca… ¡Antes de comprarla!

Recordad que ese asunto dio origen a la primera agencia internacional de noticias, la Agencia Reuters. Es decir, al periodismo moderno.

En fin, gracias a Koldo la podéis disfrutar (alemana, con subtítulos en castellano).

¡Ah! ¡No os perdáis el minuto final! ¡Tiene una sorpresota!!

PD: Bajáosla porque no durará mucho tiempo…


martes, 22 de octubre de 2013

ENSAYO - EL CINE Y LA MORAL




“El arte tiene como objeto esencial, y como su misma razón de ser,
el de perfeccionar la personalidad moral que es el hombre,
 por lo cual debe ser él mismo moral”

S. S. Pío XI  1


Un tema que no se puede soslayar, pero que da lugar a equívocos, es este de la moral en el cine. En un tiempo donde la desvergüenza o la hipocresía se establecen para sostener la idea de que la moral cristiana es retrógrada u obsoleta y que, como todo cambia y evoluciona, la moral también lo hace, el cine refleja fielmente estos postulados del mundo moderno, muy sutilmente y casi desde sus comienzos (desde luego, con las excepciones del caso, como las que ya dejamos asentadas en nuestros ensayos y críticas de películas).
Si el cine tiene connotaciones peligrosas para nuestro comportamiento moral ello se debe a que la moral ha sido desligada de la Verdad, y nosotros, receptores cuya oscura mirada necesita ser iluminada por la fe, nos dejamos influenciar por aquello que vemos y nos atrae sin el debido discernimiento. Si no amamos lo suficiente la verdad, poco a poco nos dejamos arrastrar por aquello que se le opone. Las mentes han sido hechas para la verdad, la cual y sólo la cual las hará libres. La inteligencia, sin embargo, sin la gracia, camina ciega hacia el error, y el error afecta al penetrar nuestra inteligencia nuestros actos. Se va formando así, poco a poco, una visión del mundo contraria a aquella que creemos sostener o sostenemos de palabra. De allí lo que Kierkegaard no se cansaba de fustigar: un cristianismo sin cristianos.

LA CONVERSIÓN DE JOHN WAYNE EN EL LECHO DE MUERTE



La conversión de John Wayne en el lecho de muerte

El 11 de junio de 1979 (dentro de pocos días será su aniversario) murió el legendario John Wayne, una de las más grandes estrellas de Hollywood. A los pocos días, se supo que había abrazado el catolicismo en su lecho de muerte. Muchos quisieron desautorizar esa noticia, y la duda permaneció durante algunos años. Tiempo después, cuando las aguas volvieron a su cauce, dos personas muy cercanas al actor contaron lo sucedido: Su nieto, el sacerdote Matthew Muñoz, y su hijo, el también actor Patrick Wayne.

En una entrevista concedida a la prensa, Fr. Matthew Muñoz contaba: “Cuando éramos pequeños íbamos a su casa y sencillamente pasábamos el rato con el abuelo, jugábamos y nos divertíamos. Una imagen muy diferente de la que tenía la mayoría de la gente de él”.

El Padre Matthew Muñoz, nieto de John Wayne.

El sacerdote, que vive actualmente en California, recordó que la primera esposa del actor –y su abuela- Josefina Wayne Sáez fue el principal instrumento que Dios utilizó para evangelizar a la estrella del cine. De origen dominicano, Josefina “tuvo una maravillosa influencia sobre la vida de mi abuelo, y lo introdujo en el mundo católico”.

John Wayne se casó con Josefina Sáez en el año 1933. Tuvieron cuatro hijos; el menor de ellos, Melinda, es la madre del Padre Muñoz. John se divorció de Josefina años más tarde. Por su fe católica, la joven decidió no volver a casarse hasta la muerte de su ex marido, por cuya conversión rezó siempre a Dios.

Wayne y su hijo Patrick.

Fr. Matthew Muñoz tenía 14 años cuando su abuelo murió de cáncer. Siempre recuerda que Wayne tuvo un gran aprecio por las enseñanzas cristianas. “Desde temprana edad, mi abuelo tuvo un gran sentido de lo que era moralmente correcto. Se crió en un mundo regido por principios cristianos y una especie de ‘fe bíblica’ que, creo, tuvo un fuerte impacto sobre él”. También recuerda que “pasado el tiempo, mi abuelo fue involucrándose en la recaudación de fondos para los pobres y para las labores sociales de la Iglesia que organizaba siempre mi abuela, y después de un tiempo, notó que la visión caricaturesca que le habían infundido sobre los católicos no se correspondía con la realidad”.

De hecho, sus siete hijos y sus 21 nietos fueron bautizados en la Iglesia católica. Y su amistad con el director católico John Ford, que le lanzó a la fama con la película La diligencia (1939) se notó con el paso del tiempo.

ENSAYO - EL CINE Y EL HAPPY END




Carente de una tradición verdadera que lo fertilizara, Estados Unidos de América, el “paraíso” que ocuparon los puritanos y al cual dieron forma los masones, hubo de inventarse una. ¿Cuál es aquella cultura que acudió en salvaguarda de América como nación? No hay unicidad en sus manifestaciones, pues si bien América dio (y mató) a un Edgar Allan Poe o luego a un Pound, también acunó el famoso “american way of life”, con su rock’n’roll, sus jeans y su Coca-Cola, que muchos alrededor del mundo critican pero disfrutan negándose a saber lo que representan.
¿Cómo entra el cine en esta trascendental cuestión de cuya suerte ha dependido el destino de los EEUU como nación imperial hegemónica? Si el cine se propuso como universal o ecuménico –que no católico-, y si alimentó ese designio mediante la apropiación de cuanto talento anduviera dando vueltas por el mundo, ese afán de lo grande o titánico (piense el lector en los emblemas de las productoras de cine y lo entenderá mejor), debemos decir que la habilidad técnica de sus hacedores se dio de la mano con una característica explotada como nadie. Nos referimos a la exposición de los mitos en el cine.
Sabemos que el hombre es por naturaleza religioso, por ello su sed de lo simbólico que lo conecte con lo sagrado que intuye en lo profundo del ser manifestado a su alrededor. Esta característica que bien ha sabido encauzar la Religión (nos referimos a la única verdadera) y el Arte (que nace siendo religioso), cuando éstos decaen o se oscurecen, no se llevan consigo la apetencia y necesidad que hay en el hombre, pues está arraigada en lo más profundo de éste la capacidad simbólica. Surgen entonces como sucedáneos las pseudo-religiones o las religiones de la ideología política (movimientos de masas gnósticos), la idolatría de las “estrellas” del cine, la política o el deporte, más todas las variantes que puedan ocurrírsele al hombre en su desvarío. La capacidad simbólica del hombre entonces puede ser bien o mal encauzada, y el símbolo volverse hojarasca y devenir en alegoría.
El hombre en su esencia religiosa experimenta algo que puede o no trascender a ese mundo que vive y que ve. Lo sagrado se manifiesta entre otras cosas por medio de los símbolos, de allí que cuando no se manifiesta o exterioriza lo sagrado se “sacraliza” lo profano (véase las experiencias extremas del nazismo, el comunismo y hoy el democratismo liberal).
El cine, específicamente el cine americano, restauró a través de Griffith la alianza con un modo simbólico de ver (y mostrar) las cosas, fundamentalmente a través de la puesta en escena, el fuera de campo y la identificación de los protagonistas del film como paradigmas. Justamente el mito instala un comportamiento paradigmático o ejemplar que nos incita a imitarlo. En referencia a esta relación de identificación-proyección del espectador con los actores, Ángel Faretta decía que el cine no busca actores sino arquetipos. ¿Acaso es difícil encontrar allí el presupuesto religioso que moviliza a América, la encarnación de determinados arquetipos para consumo de todo el mundo? “Al representarnos de inmediato una cualidad física que se convertía en emblema moral, el espectador cree asistir a un universo que deviene perfectamente estructurado de antemano”[i]. Esta “fotogenia” como relación moral que establece el espectador de inmediato con el héroe de la pantalla es uno de los puntos más importantes que han hecho que aquel cine triunfara en el mundo. Si los héroes son, como dijo alguien, símbolos de la potencialidad que hay en el hombre de elevarse a lo sagrado, cabe preguntarnos qué es lo sagrado que el cine nos propone, y no cabe una respuesta unívoca al problema planteado, pero sí en cuanto a la tendencia u orientación que mayoritariamente ha sostenido un cine que no se cansa de agonizar. La clave está en esa “cualidad física” que se nos propone como aduana conducente a la virtud.

THE WRONG MAN - ALFRED HITCHCOCK - MÚSICA DE BERNARD HERRMANN