“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

jueves, 24 de marzo de 2011

LA ANUNCIACION

25 DE MARZO

"Entonces llamó a un arcángel
que san Gabriel se decía,
y enviólo a una doncella

que se llamaba María,
de cuyo consentimiento
el misterio se hacía;
en la cual la Trinidad
de carne al Verbo vestía;

y aunque tres hacen la obra,
en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.
Y el que tenía sólo Padre,

ya también Madre tenía,
aunque no como cualquiera
que de varón concebía,
que de las entrañas de ella
él su carne recibía;

por lo cual Hijo de Dios
y del hombre se decía".

San Juan de la Cruz

ANIVERSARIO - MONS. LEFEBVRE

25 DE MARZO
20 años de la muerte de
MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE
DECLARACIÓN DEL AÑO 1974

LEÍDA POR MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE
EN EL SEMINARIO INTERNACIONAL SAN PÍO X DE ECÔNE,
EL 21 DE NOVIEMBRE DE 1974
Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad. Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.
Todas esas reformas, en efecto, contribuyeron y contribuyen todavía a la demolición de la Iglesia, a la ruina del Sacerdocio, al aniquilamiento del Sacrificio y de los Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a una enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, los seminarios, la catequesis, enseñanza nacida del liberalismo y del protestantismo, condenada repetidas veces por el magisterio solemne de la Iglesia.
Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la Jerarquía, puede constreñirnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos. "Si llegara a suceder, dice San Pablo, que nosotros mismos o un ángel venido del cielo os enseñara otra cosa distinta de lo que yo os he enseñado, que sea anatema” (Gál. 1, 8).
¿No es esto acaso lo que nos repite el Santo Padre hoy? Y si una cierta contradicción se manifestara en sus palabras y en sus actos así como en los actos de los dicasterios, entonces elegimos lo que siempre ha sido enseñado y hacemos oídos sordos a las novedades destructoras de la Iglesia. No es posible modificar profundamente la “lex orandi” sin modificar la “lex credendi”. A la misa nueva corresponde catecismo nuevo, sacerdocio nuevo, seminarios nuevos, universidades nuevas, Iglesia carismática, pentecostal, todas cosas opuestas a la ortodoxia y al magisterio de siempre.
Habiendo esta Reforma nacido del liberalismo, del modernismo, está totalmente envenenada; sale de la herejía y desemboca en la herejía, incluso si todos sus actos no son formalmente heréticos. Es pues imposible a todo católico consciente y fiel adoptar esta Reforma y someterse a ella de cualquier manera que sea. La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico a aceptar la Reforma.
Es por ello que sin ninguna rebelión, ninguna amargura, ningún resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la estrella del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos prestar un servicio más grande a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice y a las generaciones futuras. Es por ello que nos atenemos firmemente a todo lo que ha sido creído y practicado respecto a la fe, las costumbres, el culto, la enseñanza del catecismo, la formación del sacerdote, la institución de la Iglesia, por la Iglesia de siempre y codificado en los libros aparecidos antes de la influencia modernista del Concilio, esperando que la verdadera luz de la Tradición disipe las tinieblas que oscurecen el cielo de la Roma eterna.
Y haciendo esto, con la gracia de Dios, el auxilio de la Virgen María, de San José, de San Pío X, estamos convencidos de mantenernos fieles a la Iglesia Católica y Romana, a todos los sucesores de Pedro, y de ser los “fideles dispensatores mysteriorum Domini Nostri Jesu Christi in Spiritu Sancto”. Amén.
Ecône, 21 de noviembre de 1974.

domingo, 20 de marzo de 2011

¿POR QUÉ SUFRIMIENTO?


¿POR QUÉ SUFRIMIENTO?


COMENTARIOS ELEISON 192 (19-III-2011)


Por Mons. Richard Williamson




El reciente movimiento de las placas tectónicas en la costa este de Japón, el cual causó en tierra el más grande terremoto que Japón ha vivido en años y a lo largo de su costa este un maremoto completamente devastador, debe estar planteando en muchas mentes la clásica pregunta: si Dios existe, si es todopoderoso y bondadoso, ¿cómo puede permitir tanto sufrimiento humano? La respuesta clásica no es muy difícil en teoría, ¡por lo menos cuando uno no lo está sufriendo en carne propia!



Primeramente, el sufrimiento es en general un castigo por el pecado. Dios sí existe, el pecado sí lo ofende. El pecado lleva a las almas al Infierno mientras Dios las creó para el Cielo. Si el sufrimiento en la tierra pone freno al pecado y ayuda a las almas a escoger el Cielo, entonces Dios, que ciertamente tiene control sobre las placas tectónicas puede, no gustosamente, utilizarlas para castigar el pecado. Entonces ¿era la gente de Japón especialmente pecadora? Nuestro Señor nos dice que no debemos hacer esa pregunta, sino pensar en nuestros propios pecados y hacer penitencia, de otra manera "todos pereceréis igualmente" (Lucas XIII, 4). Muy probablemente hay Japoneses que hoy en día se preguntan si el materialismo y el confort al estilo Occidental son realmente de lo que se trata la vida.



En segundo lugar, el sufrimiento humano puede bien ser una advertencia para alejar a los hombres del mal y preservarlos del orgullo. En este momento todo el impío Oeste debería estar cuestionando su propio materialismo y bienestar. A través del cada día creciente porcentaje de terremotos y otros desastres naturales en todo el mundo durante los últimos años, el Señor Dios ciertamente está intentando atraer nuestra atención, tal vez en la esperanza de que no tenga que infligir sobre nosotros la "lluvia de fuego" mundial de la que fuimos prevenidos por su Madre en Akita (Japón) en 1973. Pero en estos momentos, ¿acaso no es muy probable que debido al sufrimiento por el que están pasando, los Japoneses se estén beneficiando más a partir de este desastre que el lejano Oeste? De hecho los países pueden considerarse afortunados de pasar hoy en día por una muestra del Castigo que amenaza con venir.



En tercer lugar, Dios puede utilizar el sufrimiento humano para resaltar la virtud de sus siervos. Ese fue el caso con Job y con los mártires Cristianos de todos los tiempos. Puede ser que pocas personas Japonesas tengan hoy en día fe sobrenatural, pero si ellas se humillan ahora debajo de lo que pueden reconocer como la mano todopoderosa de Dios, ganarán méritos naturales y por lo menos en el plano natural le darán gloria. ¿Acaso no están edificando al mundo entero?



Finalmente, tenemos la respuesta que Dios da a Job, quien hasta el Capítulo 36 de su Libro aún no está satisfecho con ninguna explicación que él ni cualquier miembro de su familia o amigos han podido dar acerca de su sufrimiento. Parafraseo: "¿En dónde estabas, Job, cuando establecí las bases de la tierra? ¿Acaso diseñaste tú las placas tectónicas? ¿Quién crees que mantiene al océano normalmente dentro de sus límites y lo previene de inundar la tierra firme? ¿Realmente piensas que no tenía yo buenas razones para permitirle ahora inundar la costa noreste de Japón?" Ver el Libro de Job, Capítulos 38 y 39. Y Job por fin se rinde. El se encuentra satisfecho con la respuesta y confiesa que estaba equivocado al dudar de la sabiduría y bondad de Dios (Job 42, 1-7).



Hagamos nosotros mismos penitencia, estemos prevenidos por el desastre de Japón, y esperemos dar gloria a Dios en las pruebas por venir, reconociendo ante todo que ¡Dios solo es Dios!



Kyrie eleison

jueves, 17 de marzo de 2011

NOTA - POR EL HONOR DE LA SANGRE

POR EL HONOR DE LA SANGRE

Por Antonio Caponnetto

Sangre de Cristo embriágame

Mientras el mundo gemía el drama de Japón, sucedido en el inicio de la Cuaresma; mientras el luto desplegaba su ropaje austero sobre el corazón de los hombres decentes, nos llegó la noticia, según la cual, un grupúsculo burdelesco de funcionarios oficialistas, encabezados por el actual ministro de Economía, se daba cita en el bar "Perón Perón", ubicado en lo que llaman ahora Palermo Hollywood, y que otrora supo ser, decentemente, “un cielo de relinchos y de crines”, al decir de Jorge Luis Borges.

La banda orgiástica del kirchnerismo tenía su propósito expreso en aquella jornada luctuosa de marzo: presentar un nuevo vino, llamado El Justicialista, que según sus promotores, sumaría aún más alegría a la que ya tiene el pueblo como consecuencia de las bondades múltiples que prodiga este Gobierno. Henchidos de ínfulas electoraleras -que es estar rebosante de chapuzas- los hijos de Cristina libaron y brindaron por lo que juzgan su inmodificable y seguro triunfo político.

Personajes de talante prostibulario se aglutinaron alrededor del neobrebaje, convencidos todos de que se puede imponer la alegría popular por decreto de necesidad y urgencia. Y cada uno de ellos, a su turno y copa en garfio, sintióse autorizado a expresar alguna sonora porquería.

Llegado el momento del palurdo que funge de Secretario de Cultura –y que para abreviar llamaremos Jorge Coscia- dijo, según registro de las crónicas: “El vino es bíblico. El famoso pedo que se agarró Noé aparece en la Biblia, el primer libro." (cfr. La Nación, 12-3-2011,p.18).

“Todos se rieron con ganas”, según apunta a renglón seguido el mismo informante. Es lógico que así fuera. Existe un patólogico reír –propio de los idiotas o de los degenerados- el perfidum ridens, que expresa el gozo que les causa ver la humillación de los demás. En este caso el humillado era nada menos que el Patriarca Noé, cuya embriaguez (Gen. 9,18-29) es figura de esa copa densa de los pecados del mundo, que el mismo Cristo pidió auxilio al Padre para poder beber (Mt.26,42). Así lo vieron exégetas de nota, y el mismo Buonarotti lo plasmó en uno de sus frescos, el último de la serie del Génesis que está en la bóveda de la Sixtina.

Pero para el Secretario de Cultura –paradigma del intelectual K- Noé es apenas un borracho, y el sacrilegio un divertimento de taberna peronista. Es que Coscia, como sus pares de Carta Abierta, merecen ser discípulos de aquella extraña Escuela de Slovenrie, para quienes orinar, peer y vomitar era el modo connatural de expresarse.

Faltaba lo peor, y al final llegó en aquella tenida patibularia. El Ministro de Agricultura, que responde al nombre de Julián Domínguez, alzó una de las botellas de “El Justicialista”, y “se animó, incluso, a comparar el vino con la sangre de Cristo, que ‘dio la vida por la humanidad’, con la sangre de Kirchner, que ‘dio la vida por la política’” (Cfr. La Nación, ibidem).

Hay una sola manera argentina de castigar esta blasfemia, y es horadando la lengua del impío, como enseñaba el Gral. José de San Martín. ¿Quién se atreverá a hacerlo, mientras le explica al reo que el señor Kirchner no derramó ninguna sangre por nada ni nadie, sino que reventó una noche bajo el destino maldito del insensato, al que el Supremo Juez le pregunta: “¿para quién será lo que has amontonado”? (Mt. 12, 16-20). ¿Quién se atreverá al justiciero hierro candente, para que el fuego lave, junto con la injuria, la mitología grotesca que ha transformado en héroe y en santo al más vulgar de los canallas y al más ladrón de los rencorosos?

Y hay una sola manera católica de castigar esta horrible imprecación. La explica San Alfonso María de Ligorio en su Sermón IX –para el domingo XXIV después de Pentecostés- citando a San Juan Crisóstomo: “cuando oigas blasfemar a un hijo vuestro, rómpele la boca, santificando así vuestras manos” (Cfr. Obras Ascéticas, Madrid, BAC, 1954, vol.II, p. 523). ¿Quién osará aplicarle la merecida pena? ¿Acaso alguno de estos obispos felones que cuando sale algún curazo agalludo a contener a los viles, acaba pidiéndoles perdón y acallando al valiente?

No; nadie excepto el Dios de los Ejércitos castigará a estos repugnantes blasfemos. Que no se llaman sólo Boudou, Coscia o Domínguez, porque tienen los mil nombres de los obsecuentes que rodean el trono de la jaca.

Por eso, desoiré en la ocasión a las voces amigas que me piden no trasgredir los límites de la mesura. Pero ¿si no estoy dispuesto a este minimísimo gesto de santa indignación por el honor de la preciosa Sangre de Cristo, por quién lo haré?

Escuchen pues, esbirros y esbirras kirchenristas que han sido o serán capaces de tamaña perfidia; escuchen lo único que merecen escuchar con voz tronitonante: son todos ustedes una manga de hijos de puta.

Sanguis Christi, inebria me.

CONVOCATORIA



Esta es una invitación a todos aquellos que se sientan llamados a la actividad política para defender al país de aquellos que pretenden la matanza de aquellos que no tienen voz, de aquellos niños inocentes.


Los próximos meses se incrementará esta actividad, a la par que la de los enemigos de la cristiandad y de todo vestigio de cristianismo. En breve enviaremos una circular invitando a todos a firmar un proyecto de ley que protege a la vida y a la familia. Su aprobación impedirá –al menos por un tiempo– la instauración del aborto “legal”.


Desde Stat Veritas, creemos que todos tenemos algo por hacer –no solo hablar y debatir– en este primer combate de este año, precursor de combates de años venideros.


Que los enemigos de Cristo Rey no crean que estamos dormimos, que sepan que ya no hay paz, que no estamos dispuestos a dejarlos avanzar.


Y que los amigos sepan que frente a la satanización de la sociedad alzaremos las banderas de la Virgen María, que invocaremos a Nuestra Señora, la llamada a aplastar con su talón la cabeza de la serpiente.


Los católicos tradicionales –llamados tradicionalistas– no resignaremos en esta lucha esa bandera.

Stat Veritas Blog


martes, 15 de marzo de 2011

INVITACION - SANTA MISA


SANTA MISA POR EL R.P.

LEONARDO CASTELLANI



Están todos cordialmente invitados este martes 15 de marzo, a las 19hs. se realizará una Santa Misa por el descanso eterno del R.P. Leonardo Castellani, en conmemoración de su 30º Aniversario de su paso a la eternidad.

Capilla “Nuestra Señora Mediadora de todas las Gracias”,

Venezuela 1318-20 (entre Santiago del Estero y San José), Montserrat

NOTA - ALFRED HITCHCOCK Y LA IRRITACIÓN DE LOS PROGRESISTAS II


HITCHCOCK Y LA IRRITACIÓN DE LOS PROGRESISTAS, parte II


No es nuevo el desprecio con que los progresistas suelen referirse a Alfred Hitchcock. Ya hemos analizado aquí :www.videotecareduco.blogspot.com/2009/09/nota_17.html un aspecto de ese desdén no exento de envidia y, sobre todo, reproche por no mostrarse complaciente con el contenidismo o el “intelectualismo” mensajero que los progres pretenden imponerle al cine. La misma figura de Hitchcock les repele porque ven en él encarnada la idea del orden, la jerarquía, la construcción deliberada y el control imaginativo. Ya cuando en 1957 Rohmer y Chabrol publicaron su libro, fueron vituperados por aquellos que acusaban a Hitchcock de hacer un “cine aburrido” (sic), o pasatista, o de arrastrar a la juventud hacia una “cultura neonazi” (sic). Claro: los críticos franceses que defendían a Hitchcock hablaban de metafísica, culpa, pecado, moral y otras cuestiones nada simpáticas para los progres, que vinculan de inmediato todo ello a “represión medieval”, “jesuitismo”, etcétera. En fin, toda clase de gansadas –muchas veces a favor- se han dicho, pero creemos que ninguna tan torpe e idiota como la que sale a decir ahora la más “prestigiosa” actriz argentina, Norma Aleandro.

La oscarizada y progresista actriz afirma en una entrevista (“La profesión más vieja no es la prostitución...”, Diario Perfil, sábado 12 de marzo de 2011) que “Hitchcock no sabía dirigir a actores”. Y agrega: “Pero en otra época me hubiera gustado ser actriz en Inglaterra”.

No bastaba con tener que aguantar, en este pobre país, las sandeces que lanza enfáticamente al aire Cristina viuda de Kirchner, para ahora tener que soportar tamaña insolencia de esta sinvergüenza (Castellani llamaba a las actrices de peor manera, equiparando a la actuación con la “profesión más vieja del mundo”, con las excepciones del caso, desde luego, aunque es difícil encontrarlas en la Argentina, visto el retrato veraz que hace el último lamentable Cóppola). ¡Y esto dicho por parte de una actriz que en Inglaterra no hubiese actuado ni de mucama, con perdón de las mucamas! Pero ocurre que los actores (de cualquier género que sea) portan en su propia condición un ego gigantesco, al cual nunca Hitchcock se prestó a “masajear” o secundar. En el cine el protagonismo le corresponde al director, autor de la obra con el cual colabora todo el resto, cosa que sólo los actores muy inteligentes son capaces de entender. Por supuesto que por una simple cuestión de cholulismo, los actores argentinos son capaces de hacer el último papel para cuanto director extranjero arribe a estas tierras. Pero, tratándose de un prócer del cine, nada asimilable a las corrientes del adormecedor e “intelectual” cine europeo, cualquier gansada puede expulsarse por la boca.

Preferimos dejar al lector con los testimonios de algunos grandes actores del cine que tuvieron la oportunidad de trabajar con el maestro del cine:


Joan Fontaine (“Rebecca”, “Suspicion”):

“Hitchcock tenía un gran sentido visual, y sabía actuar. Se ha dicho que no era un buen director de actores, aunque yo aprendí mucho de él”.


Laurence Olivier (“Rebecca”):

“Por lo que a Hitchcock se refiere, la experiencia fue muy deleitable. No recuerdo que me diera muchas pautas. Tan solo cosas sencillas, como “no farfulle”. Y no le faltaba razón”.


Ingrid Bergman (“Notorious”, “Spellbound”, “Under Capricorn”):

“Era un director fantástico, tan comprensivo. Había actores que decían que no era un buen director de actores, pero se equivocaban”.


John Gielgud (“El agente secreto”):

“Disfruté mucho trabajando con Hitchcock. Era un tipo muy bromista. Hoy por hoy, adoro la película, y me considero un privilegiado por haber tenido la oportunidad de aparecer en ella”.


Henry Fonda (“El hombre equivocado”).

“Hitchcock tenía un toque sutil. No decía gran cosa, pero yo sentía el papel, y la expresión de sus ojos me indicaba que estaba satisfecho con mi trabajo. Huelga decir que como director sabía perfectamente lo que quería.”


“Alfred Hitchcock siempre se comportaba como un perfecto caballero. Me habría encantado hacer alguna película más con él, haberle conocido mejor, pero nuestros caminos no volvieron a cruzarse”.


Janet Leigh (“Psicosis”):

“Era gratificante y nos entendíamos bien. Sabía que él apreciaba nuestro trabajo y nosotros éramos conscientes de lo que él hacía. Conocíamos las reglas. Nos ateníamos a ellas sin discutirlas, porque tenían sentido”.


Joseph Cotten (“La sobra de una duda”):

“No había ningún otro director con el que fuera tan fácil trabajar".


Teresa Wright (“La sombra de una duda”):

“Veía completamente el film en su mente antes de que empezáramos...era como si tuviera una pequeña sala de proyecciones en su cabeza. Cuando me contó por primera vez la historia fue en su oficina, en junio de 1942, pero hubiéramos podido estar sentados en un cine viendo la película terminada. De modo que durante el rodaje nos hizo sentir a todos muy relajados. Su dirección nunca llegaba a través de instrucciones. Sentíamos que podíamos confiar en él, y él nos guiaba proporcionándonos una sensación de libertad. Estaba muy tranquilo, como si simplemente estuviéramos contribuyendo a algo que el había visto ya completamente terminado. Nadie planea un film tan completamente como él lo hacía, y nadie lo veía tan claramente como él desde un principio. Otros directores normalmente dejan que las cosas vayan desarrollándose a medida que ruedan, pero con él todo podía ser mas sereno, y podíamos disfrutarlo incluso.”

“Utilizaba el sonido como ninguna otra persona a la que haya conocido. Si algún otro director le pedía a un actor que depositara una taza de té, quería decir simplemente eso. Pero con Hitch esto se hacía por una razón muy determinada. Si un actor tamborileaba con sus dedos no se trataba solamente de un tamborileo ocioso, sino que había un ritmo, un esquema musical en ello...era como un estribillo. Ya fuera alguien caminando o estrujando un papel o rasgando un sobre o silbando, ya fuera el canto de unos pájaros o un sonido exterior, era algo cuidadosamente orquestado por él.”




“The Official Story”

Corrección política + cine “comprometido” y publicitario = Oscar de Hollywood.

jueves, 10 de marzo de 2011

LIBROS - ALFRED HITCHCOCK

“Alfred Hitchcock”, por Bill Krohn – Colección Maestros del cine – Cahiers du Cinema – Edición española 2010 – 106 páginas.

El cine de Alfred Hitchcock es uno de los más incómodos de analizar para los críticos de cine descentrados, subjetivistas o afectos a hilvanar impresiones que no se saben enmarcar en una forma coherente de ver el mundo, debido a la complejidad de la mirada hitchcockiana, y por lo tanto, a la dificultad para encontrar evidencias expuestas claramente por Hitchcock para facilitar la dilucidación de lo que viene a ser su visión del mundo.

La complejidad del cine hitchcockiano –no siempre asumiendo hasta las últimas consecuencias, por diferentes motivos, la educación que marcó a fuego su mirada- permite que, sin entender la clave de su posición filosófica, las elucubraciones críticas puedan tornarse hasta opuestas a los postulados esenciales enunciados en sus films.

Entre la fascinación y la atractiva veta comercial, los críticos se lanzan a escribir libros que saben habrán de interesar al cinéfilo, aunque luego no se cumplan las promesas anunciadas en un ejemplar que se propone como una serie de “lecturas exhaustivas pero de fácil comprensión”. No hay en este libro “una clave de lectura para comprender la trayectoria profesional de un cineasta destacado”, como se afirma en la contratapa del mismo, sino más bien un repaso apurado y nada concluyente sobre la filmografía completa de Hitchcock, en una especie de introducción de “trailers” críticos que, unidos todos, no nos dan una idea o noción de la mirada que Hitchcock despliega a través de toda su obra.

Krohn aporta datos interesantes, recuerda a otros críticos y ofrece una cronología y filmografía útil, pero su propia mirada crítica es un esbozo indeciso y contradictorio que oscila entre el lugar común y la provocación que no llega al fondo de lo insinuado. Su gran defecto –nada nuevo a estas alturas- es no comprender la mirada católica de Hitchcock y, más aún, malinterpretarla. Cuando se trata del tema de la culpa y de la llamada “transferencia de la culpabilidad”, Krohn desestima la idea de la “confesión” como apoyo de la imagen del “falso culpable” de una manera confusa, sólo para desechar a la Religión católica como vehículo de solución. La idea de un inocente que paga por un culpable es absolutamente cristiana (la misma se desarrolla, no siempre de forma lograda, en “I confess”, “The wrong man” y “Under Capricorn”). Así y todo, no obstante reconocer la posición católica en las películas más explícitas a este respecto, como “Yo confieso” o “El hombre equivocado”, el autor del libro, tomándose superficialmente de una cita de Harold Bloom, que considera que el gnosticismo es la religión de lo poetas y los artistas, Krohn le concede al crítico Jean Douchet, de manera confusa y sin analizar lo que suscribe, la afirmación de que Hitchcock –a propósito de “La ventana indiscreta”- es un gnóstico, o por lo menos lo es su obra.

“Para los cristianos ortodoxos –dice este crítico- el pecado original nace tras el Génesis, pero el Génesis del cosmos hitchcockiano es contemporáneo al pecado original”. ¿Es entonces en Hitchcock el mundo la creación imperfecta de un demiurgo que es emanación de un Dios supremo? No, la ortodoxia de Hitchcock, en este sentido, es palmaria. Su pesimismo no es de naturaleza maniquea. El cosmos que Hitchcock muestra ya es, ya está hecho, y es el hombre pecador el que lo desordena. Veamos este ejemplo de “La ventana indiscreta”: La aparición de la mujer (Grace Kelly) está mostrada, como bien lo advirtió alguien, como la aparición de Eva del costado de Adán (James Stewart) mientras éste duerme. Pero este “nacimiento” de la mujer tiene en este film una función identificatoria de la misma como Eva, mas no como creación puntual de ese preciso momento. ¿Y esto por qué? Porque allí Adán/Stewart ya ha sufrido la caída (por eso tiene la pierna enyesada), por lo tanto en la obra de Hitchcock no hay simultaneidad entre la Creación y la caída. Muchos de sus films –como ya lo hemos destacado en nuestro libro aún inédito sobre Hitchcock- empiezan con la caída del hombre, o con el hombre que habiendo ya caído, y por lo tanto cargando sobre sí esa marca del pecado original, debe vivir su vida y atravesar las peripecias sobrellevando esa carga. ¿Da Hitchcock demasiado valor al mal en el mundo? Bueno, sus películas terminan bien, aunque en ese bien está siempre acechando el mal, como ocurre en la realidad, pues no hay felicidad absoluta en la tierra. Además, Hitchcock tenía un buen sentido del humor, a veces oscuro, pero nunca tenebroso ni ofensivo, o por lo menos no al punto de burlarse del espectador. Al revés de lo que pasa ahora. Por eso uno puede ver muchas veces sus películas, en cambio hay otro cine que al espectador sano lo perturba, por más “divertido” que sea. Por si no bastara, el mismo Hitchcock afirmó, en un momento de extrema sinceridad, que el suyo era un cine hecho por un católico. Tal vez esto signifique que haya que ser católico para poder comprenderlo –aún en sus significaciones oblicuas y rebuscadas-, y tal vez por eso Rohmer, que estuvo muy cerca en su advertencia de la “metafísica” del cine hitchcockiano, no pudo llegar al fondo del asunto, mucho menos un agnóstico como Chabrol.

Krohn la emprende luego irónicamente contra lo que califica “familia televisiva” que presenta Hitchcock en “El hombre que sabía demasiado” en su segunda versión, y más tarde realiza una comparación forzada entre “Sólo vivimos una vez” de Lang y “El hombre equivocado” de Hitchcock, no advirtiendo las dificultades de esta última historia como tampoco la ventaja de Hitchcock en relación al mundo opresivo de Lang. Precisamente de la supuesta gran influencia de Lang y De Mille sobre el cine de Hitchcock Krohn hace, según nos parece, afirmaciones rebuscadas y nada decisivas para la comprensión del cine hitchcockiano. Y nuevamente viene a fallar al no comprender la mirada católica de Hitchcock. Probablemente también por eso no comprende -ni busca hacerlo- el problema del mal en su cine, cuestión indispensable para entender la filosofía de toda película.

El libro se compone en un 50% de excelentes fotografías a página completa, lo que puede hacerlo muy atractivo para el público al cual está destinado, ya que las mismas fotos están insertas no en función de apoyar un estudio en particular del gran director, sino para ilustrar una mirada general, lejana, acaso como podría serla desde un avión fumigador sobre una ruta desierta. Pero no exageremos, libros como éste hay a montones.

ARTE MODERNO

La “ideología” anticristiana del surrealismo



Tomado de Stat Veritas blog



Para comprender la “ideología”, el “que hay detrás” del movimiento “artístico” llamado “surrealismo”, basta leer la doctrina de sus principales promotores. El hombre sin Dios, el hombre que ha renegado de lo sobrenatural, cae, indefectiblemente en lo contranatural.


El filósofo del arte Hans Sedlmayr, en su obra “La muerte de la luz”, hace una interesante compilación de citas de los principales manifiestos y autores del surrealismo. Colección que nos muestra el espíritu anticristiano que guiaba este movimiento.


Veamos qué dice el autor:



El Surrealismo es mucho más que una simple secta artística que se puede, según el propio punto de vista, definir como “interesante” o “disparatada”. Es tal vez la representación más consecuente de la manera como “piensa”, “actúa”, “produce”, el hombre que ha renegado totalmente de Dios; totalmente, sin re­tener la “dignidad del hombre” o la “dignidad del trabajo”. Y esto nos concierne a todos. Frente al surrealismo es necesario to­mar posición. No puede uno ahorrarse esa toma de posición como aquel sector de la élite de la “inteligencia” europea, que escuchó las siguientes blasfemias sin protesta apreciable:



Tabla de valores surrealista I: Contra.



“No hay Dios, ni Biblia ni Evangelio, no hay palabra que de­tenga al espíritu” (La révolution surréaliste, Nº 3, 1925) [1].


“Hay que acabar con la explotación del hombre por medio del recurso absurdo e insultante a un pretendido Dios”. (André Breton, Prolegoménes à un troisiéme manifeste du surréalisme ou non, 1944).


“Catolicismo, clasicismo greco-romano - os cedemos vuestra infame hipocresía” (Lettre ouverte a M. Paul Claudel, 1925).


“... la gran claridad materialista de las iglesias incendia­das... el infinito gusanerío del cristianismo debe ser aniquilado... barrer a Dios de la faz de la tierra" (Manífest “Au feu”, 1931).


“...a la lucha contra ti, Papa, perro...” (del mismo lugar).


“...propietarios de burdeles de oración...” (Aragón dixit).


“...al diablo con la lógica...” (Tomado de Nadeau).


“La belleza, el valiente arte — última consecuencia de la ló­gica, es necesario destruirlos...” (Tomado de Nadeau).


“El arte es una estupidez” (Jacques Vaché dixit).


“...las buenas madres, las buenas hermanas, las buenas se­ñoras, esta peste, estos parásitos de todo sentimiento y de todo amor” (La révolution surréaliste, Nº 9-10, 1927).


“...es necesario emplear todos los medios para acabar con la idea de familia, patria, religión” (Tomado de Nadeau).


“Nunca trabajaré, mis manos están limpias” (Aragón).


Para los miembros del grupo, prohibición de trabajar” (To­mado de Nadeau).


“Y para empezar destruiremos la civilización que tanto apre­ciáis”. “Somos los derrotistas de Europa” (Aragón, La révolution surréaliste, Nº 4, 1926).


“Nombres de payasos que me gustan... Goethe...” (Ara­gón, 1928).


“¿Ha abofeteado usted ya a un muerto?” (Aragón).


La esperanza es una falsa actitud del espíritu” (Tomado de Nadeau). "No hay salvación alguna".



Tabla de valores surrealista II: Pro.



El surrealismo proclama la omnipotencia de los apetitos” (Tomado de Nadeau).


“Sólo la tentación es divina” (A. Breton, L'amour fou, 1937).


“La insurrección absoluta, la total negación de la sumisión, el sabotaje como norma” (André Breton).


“No existe ningún orden revolucionario, sólo existen el desor­den y la locura” (Eluard, La révolution surréaliste, Nº 4, 1926).


“Repetimos que nosotros creemos en el poder absoluto de la protesta” (A. Artaud).


Ellos [los surrealistas, nota del autor] han reconocido la des­moralización como valor eminente, lo han procurado y cultivado sistemáticamente por sí mismo” (Tomado de Nadeau).


“No he buscado nunca otra cosa que el escándalo y lo he bus­cado como valor en sí” (Aragón, Le libertinage, 1924).


“El exhibicionismo es una de las acciones más puras, más des­interesadas que se puedan realizar” (Salvador Dalí).


“El Marqués de Sade es la principal figura de su [de los su­rrealistas, nota del autor] panteón” (Tomado de Nadeau).


Nuestros héroes son Violette Nozière, los parricidas, el de­lincuente anónimo contra el derecho constituido, el criminal cons­ciente y refinado” (Aragón, Les aventures de Telemaque).


“Abrid las cárceles...” (La révolution surréaliste, Nº 2, 1925).


El acto surrealista más simple consiste en ir por la calle con un revólver en la mano y disparar a ciegas sobre la multitud” (André Breton, Second manifeste du Surréalisme, 1929).


No existe frontera alguna entre el hombre normal y el anor­mal” (Tomado de Nadeau).


El suicidio es un instrumento de selección” (Crevel). "Hay que organizar el pesimismo” (Naville, 1927).


Una cierta desesperación es la suerte de los espíritus serios” (André Breton). "Los surrealistas están saturados de una pro­funda desesperación” (Tomado de Nadeau).




Hans Sedlmayr, “La muerte de la luz. Perspectivas generales sobre el arte moderno”, Monte Ávila Editores C.A., 1969. Págs., 43-45.



[1] Todas las citas están tomadas de M. Nadeau, Histoire du Surréa­lisme (París, 1948)

miércoles, 9 de marzo de 2011

SERMON DEL POLVO

Sermón del polvo




Por R. P. Leonardo Castellani, tomado de su libro "Cristo ¿vuelve o no vuelve?"

Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris” (“Hombre, acuérdate que polvo eres y que al polvo volverás”).
El polvo quita la vista y el polvo devuelve la vista. En las comarcas de Tierra Santa, la tierra salitrosa y arenosa levanta un polvo finísimo y blanco, que por una parte reflejando vivamente la luz ardiente del sol oriental y por otra parte alzándose con el viento en nubes enceguecedoras, produce numerosas oftalmías y en muchísimos casos la ceguera. Cuando leéis los Evangelios, reparáis cuántas veces se nombra en ellos esta temible desgracia; cuántos ciegos no curó el Señor; la señal que dio a San Juan Bautista para indicarle que el Mesías llegó: “Los ciegos ven”; la comparación que usó en la parábola: “Si un ciego guía a otro ciego, los dos se van al hoyo”.
A uno de estos pobres desdichados curó el Señor en las puertas del Templo, según nos cuenta San Juan en el capítulo IX, poniéndole en los ojos un poco de barro; escupió en el polvo, hizo un poco de lodo, se lo echó en los ojos y le dijo: “Anda a lavarte en la piscina de Siloé”.
Señor, ¿qué hacéis? ¿Polvo para curar a un ciego? ¿Saliva para curar la ceguera? La saliva que es cáustica y el polvo que es fricante, más bien volverán ciego a uno que ve, Señor, que no volverán los ojos a uno que no ve.
Dejadme hacer, dejad hacer al que es la Luz del mundo. “Y fue, y se lavó y vio” —dice San Juan— “volvió viendo, volvió sanado”.
Polvo tenemos en los ojos, polvo de la tierra nos tiene ciegos. Polvo son las riquezas, polvo son los honores, polvo son los placeres; polvo enceguecedor que nos impide ver. Mas la Iglesia, Madre nuestra ansiosa por sanarnos, Esposa de Cristo poderosa para sanarnos, nos echa este día un puñado de polvo a la cara, y a imitación de su Divino Maestro dice a los pobres ciegos: “Con lo mismo que te enfermó, yo te sano. Pero no con lo mismo: porque el polvo solo, el polvo de la tierra, no sirve para sanar, sino para enfermar más, si no se le mezcla la saliva de un Dios, es decir, la palabra de Dios”. Y la Iglesia mezcla a este polvo de la tierra una palabra de Dios, una palabra tomada del Libro del Génesis, una palabra sencilla, verdadera y cáustica.
“¡Hombre, acuérdate que polvo eres y que al polvo volverás!” (Libro del Génesis, III, 19).
Si nos pusiese solamente ceniza en la frente para recordarnos la muerte que ha de reducirnos a polvo, no curaría la Iglesia nuestras llagas, sino más bien aumentaría nuestra tristeza; y la tristeza no es el remedio de nuestros males. ¡Bastante tristeza nos da este siglo inquieto! A este asilo de paz, a este puerto de oración en medio del estrépito de la calle abierto, venimos precisamente algunas veces huyendo de la tristeza del mundo. Y bien, señores; no temáis, porque el polvo que allá fuera enferma, aquí dentro sana; el polvo que la Iglesia nos pone en los ojos nos devuelve la vista, aunque sea cáustico en el momento de la operación; y el que ve, señores, no está triste: porque el que ve, sabe adónde va; porque el que ve, camina seguro; el que ve, no tropieza en la piedra ni cae en el hoyo.
Y por eso, Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de este día nos manda el ayuno, pero nos prohíbe la tristeza. “Cuando ayunéis —dice— no os pongáis tristes como los hipócritas”.
Y ¿cómo haremos para no estar tristes teniendo que sufrir el cuerpo? No poniendo nuestro tesoro en el cuerpo, que es polvo, ni en las cosas de la tierra, que son polvo, sino más arriba. “Y vuestro Padre que está en los cielos os lo pagará allá arriba. No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y el gorgojo los deshacen, el ladrón rompe y los roba. Amontonad tesoros en el cielo, donde ni polilla ni gusano deshacen, ni el ladrón rompe y roba”.
La polilla y el gorgojo son las miserias de esta vida; el ladrón es la muerte, y el tesoro es lo que buscamos y deseamos, nuestro ideal y nuestro último fin.
El mundo moderno ha exaltado demasiado al hombre y lo ha deprimido demasiado; lo ha adulado y lo ha calumniado, y alternativamente —contra la Iglesia, que le dice: “Tú eres polvo”—, le dice: “Tú eres un semidiós”, y después le dice: “Tú eres una podredumbre”. El mundo miente, y es condición de mentirosos tener que corregir una mentira con otra mentira más grande. El siglo de la filosofía del superhombre es el siglo de la filosofía del pesimismo; el siglo del confort y de los placeres es el siglo del bolchevismo y del pauperismo; y el siglo de los grandes hallazgos científicos, el siglo de las grandes miserias morales; el siglo pacifista es el siglo de la Gran Guerra; el siglo de las luces es el siglo de la ignorancia religiosa.
Yo hojeo nuestras revistas, nuestros periódicos, oigo nuestros doctores y nuestras universidades… ¿Y qué veo?
“Hombre —exclama el mundo— tú eres libre; no te sujetes. Tú eres rey; no obedezcas. Tú eres hermoso; goza; todo es tuyo. Pueblo soberano, tú no debes ser gobernado por nadie, sino gobernarte a ti mismo. Rey de la creación, la ciencia y el progreso ponen en tus manos la tierra toda. Animal erguido y blanco, tu cuerpo es hermoso, no lo ocultes. Tu cuerpo es la fuente y el vaso de un mundo de placeres: bébelos. El dinero es la llave de este mundo: procúratelo. Los honores, las dignidades, el mando son un manjar de dioses; la fama es el ideal de las almas grandes; la ciencia es la aristocracia del alma. ¡A luchar! ¡A arrebatar tu parte! ¡A triunfar! ¡A echar fuera a los otros! ¡Si eres pobre: asalto a los ricos! ¡Si eres rico: exprime a la plebe!”.
Señores, ¿y el gusano y la polilla? El semidiós, el superhombre se encuentra con el gusano y la polilla. Enfermedades del cuerpo, tiranía del pecado y del instinto, hastío de los placeres, temores en la riqueza, pequeñez del entendimiento, disgustos en el poder, miserias de la conciencia, limitación del alma; contrastes familiares, fracasos sociales, grandes desastres nacionales, polillas del polvo humano, ¡cuántas hay! y ¡cómo las llevamos todos escondidas y cómo han aumentado desde que la fe ha disminuido y el pecado crecido!
Y entonces, cuando comienza a deshacerse el ídolo de polvo en el que se había puesto el tesoro y el corazón, cuando la dura realidad tarde o temprano disipa los castillos basados sobre la mentira, ¡ah! entonces, señores, los maestros de la mentira os cantarán otra canción muy diversa, os consolarán con la canción del odio, el desencanto y la desesperación.
“Hombre: eres un absurdo, un enigma, una miseria. Tu nacimiento es sucio; tu vida, ridícula; tu fin es desconocido. Engañado por los fantasmas de las cosas hermosas que te prometen la felicidad, corres sin saber adónde, dando tumbos por la vida, hasta dar el gran salto del que nadie vuelve, a la noche de lo desconocido. Tu hermano, a tu lado, es un lobo para ti; tu superior, arriba, es un tirano; el apóstol que te predica, te engaña y te explota. No sabes nada de nada, no puedes nada contra tu destino. Tus ideales más grandes, tus ensueños más hermosos: el amor, la religión, el arte, la santidad… ¿quieres saber lo que son en el fondo? Son solamente sublimaciones del instinto del sexo que llevas en la subconsciencia. La vida no vale la pena de ser vivida”.
He aquí las dos grandes mentiras del mundo. Pero no hay ninguna mentira que no tenga algo de verdad —una mentira pura no se podría sostener—. El mundo predica del hombre dos verdades: la grandeza de su alma y la miseria de su cuerpo. Pero ignora del hombre dos verdades: la miseria de su alma, que es el pecado original, y la grandeza de su cuerpo, que es la resurrección final.
“Dios modeló al hombre del limo de la tierra y le sopló en la cara un viento de vida”, dice el Libro del Génesis. Por lo tanto, señores, el hombre está hecho de dos cosas: de cuerpo y de alma; está hecho de un poco de barro y de un soplo de Dios: una cosa inferior tomada de la tierra y una superior bajada del cielo. Que lo superior domine lo inferior, que el alma mande y el cuerpo obedezca: aquí tenéis el orden, la armonía, la felicidad; aquí tenéis el primer plan divino, el estado de inocencia original de Adán y Eva, el primer retrato de semidioses que nos hace el mundo. Pero la fe nos enseña y el mundo ignora que el hombre por el pecado subvirtió este orden, deshizo esta armonía, perdió esta felicidad, y entonces el cuerpo se sublevó contra la inteligencia, la carne se zafó de las manos del espíritu, la materia oprimió al alma. “Y conocieron que estaban desnudos; se avergonzaron, temieron la ira de Dios y se escondieron entre las hojas”. Es decir: el hombre sintió el castigo de su desobediencia, en la desobediencia de los miembros de su cuerpo y de las facultades de su alma, en el terrible desorden, guerra, tristeza que no tenían remedio, sino en la misericordia de Dios, porque el hombre culpable, herido en lo natural y despojado de lo gratuito, no podía redimirse a sí mismo.
Éste se llama el estado de la caída, el segundo que el mundo nos describe, cuando le pedimos un segundo retrato del hombre. El primer retrato es un semidiós, el segundo retrato es un gusano. Y mirad, señores, cómo miente el ciego guía de ciegos. Estos dos estados, estado de semidiós y estado de gusano, estado de justicia original y estado de caída, son dos estados históricos del hombre; porque, efectivamente, hubo un momento en que el primer hombre fue inocente y un momento en que fue irreparablemente culpable, pero dos momentos que no existen más ni volverán a existir, dos estados pasados, ya que el actual estado del hombre implica la caída y la redención, es el estado del hombre lapsus-reparatus, caído en Adán y redimido por Jesucristo Hijo de Dios y Señor nuestro.
Para librarnos de los engaños del mundo, de la seducción, la fascinación, la atracción del polvo de la vida, la Iglesia nos echa a la cara el polvo de la muerte. ¿Cómo haré, dice la Iglesia, para que el hombre no se aprecie demasiado y no se desprecie demasiado, para que no se ensoberbezca y no se desaliente? ¿Cómo haré para que en este tiempo de Cuaresma se abaje y se levante: abaje el cuerpo por el ayuno, levante el alma con la oración; para que desprecie los tesoros de la tierra y ponga su tesoro en el cielo? ¡Es tan irresistible la seducción de lo que se ve, de lo que se toca, de lo que se siente! Pues bien; lo haré ver, tocar, sentir qué cosa es lo que él desordenadamente ama. Llamaré en mi auxilio a la muerte. “Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris”. ¡He aquí lo que os impide amar a Dios, he aquí lo que pone en peligro vuestra eterna felicidad! ¡Polvo!
En un antiguo auto sacramental del teatro español, aparece la Muerte armada de espada y daga para hacer un sermón a los hombres. ¡Qué gran predicador la Muerte! Entra la Hermosura, una gran dama vestida, adornada, engalanada; todo es seda y oro, todo jazmines y rosas; todo es gracia y gentileza; los hombres están locos por ella y ella está loca de sí misma. La Muerte la toca con su espada, y se convierte en un cadáver hinchado y repugnante.
No era necesario el ladrón, bastaba la polilla; no era necesaria la muerte, bastaba el tiempo, el tiempo… tranquilo e implacable marchitador de todas las flores, el tiempo con su calva, sus arrugas, su joroba, sus achaques. Pero como hoy han inventado ciertas pinturas y ciertos postizos para matar la polilla y hacer la guerra al Tiempo, vamos al ladrón, a la Muerte. Levantad la losa y mirad la hermosura tocada por la muerte: es un montón de podredumbre, una cosa que no tiene nombre en ninguna lengua. En esto ha parado todo: era, pues, una cosa caduca, pasajera, accidental. Pasó y se llevó mis tesoros, dirá el libertino; la felicidad de mi alma en la otra vida, la paz de mi alma en esta vida, la salud de mi cuerpo, la firmeza de mi carácter. ¡Oh, muerte, cuán amarga es tu lección para el que pone su fin en los placeres!
Entran las Riquezas, señores, pisando fuerte, mirando alto, vistiendo elegantemente, con gran cortejo de criados, de amigos y de parásitos. La Muerte lo toca, y el Rico se convierte en un esqueleto. Huyen los amigos, desaparecen los aduladores; y los parientes, con un ojo llorando y con el otro repicando, se apresuran a esconder bajo tierra al que se fue tan oportunamente. Se fue solo, con las injusticias que cometió para ganarlas, con las iniquidades que hizo para conservarlas y con los pecados que perpetró para gozarlas. En verdad os digo que los ricos difícilmente se salvan. ¡Oh, muerte, cuán amargo es tu recuerdo para el que pone su fin en las riquezas!
Entra el Poder, señores; entra un Rey con su corte, soldados, sabios, políticos, lanzas, clarines, cien pendones al viento. La Muerte lo toca, y todo se convierte en polvo: el polvo que fue Menfis, el polvo que fue Nínive, el polvo que fue Cartago, el polvo que fue Roma. La Muerte, señores, manda más que los reyes y es más duradera que las naciones. Pero la gloria —me decís—, la gloria queda. Sí, señores, la gloria eterna con que Dios glorificará a los pobres y humildes de corazón, la gloria eterna queda. No —me decís—: la gloria terrena, también la gloria terrena queda. ¡Ah, señores! ¿Qué es la gloria terrena?… Un día visitaba el sepulcro de los Escipiones, en Roma. Es un montón de ladrillos medio sepultado en un campo al lado de una calle polvorosa y solitaria. Un guardia lo acompaña al visitante por unos sótanos oscuros y húmedos y le explica que en la Edad Media los campesinos llevaron los mármoles para hacer casas y en la Edad Moderna unos bodegueros hicieron una bodega para guardar el vino, donde reposaban el poeta Ennio, Escipión Emiliano, el primer Africano y Escipión el Asiático. Este pedazo de hueso, este pedazo de húmero, es probablemente del primer Africano. Esta es la gloria de la tierra, señores. Un nombre en la historia: un pedazo de hueso que se muestra a los turistas.
Contra el Gran Ladrón nocturno ninguno puede. A todos espera, a todos alcanza, a todos vence. Ha vencido la Hermosura, el Poder, las Riquezas, las Naciones y la Fama: vamos a juntar a todo el mundo contra él, a ver si lo vence. Mueren los individuos, pero queda la especie; mueren los hombres, pero permanece el género humano; mueren las naciones, pero queda el Mundo. El Mundo contra la Muerte.
Señores, mirad qué es el Mundo. Nosotros somos hormigas al lado de todo el mundo, de los mares, de las montañas y de las estrellas. Los millones y millones de hombres con sus riquezas y sus posesiones, sus inventos; las maravillas del arte, de las letras, de la ciencia; los monumentos, las vías de comunicación, las máquinas; las grandes organizaciones y las grandes edificaciones eternas; el trabajo de siglos acumulado pacientemente para hacer una torre que llega hasta el cielo.
El Mundo Universo contra la Muerte. La Muerte lo toca, ¿y qué sucede? Sabemos lo que sucederá hasta en sus menores detalles. El sol se oscurece, la luna se pone de color de sangre, las estrellas caen del cielo como higos maduros, el mar se pone a dar bramidos, los hombres todos reunidos para hacer la guerra a Dios y su Cristo huyen despavoridos; y en medio de la tribulación más grande que ha habido desde el principio de los siglos y después de una tremenda aunque breve agonía, este mundo pasó y toda su gloria se convirtió en nada.
Señores, es menester decirlo: en el siglo del progreso indefinido, de la evolución creadora, en que muchos hombres, cansados de esperar la Segunda Venida del Cristo, dijeron: “No viene más” y dormitaron y durmieron.
Lo que la razón sospecha, la fe nos lo asegura: este Mundo, que tuvo principio, tendrá también fin. No sabemos el día ni la hora, pero sabemos que tenemos que vivir vigilantes. No sabemos si falta mucho todavía, pero sabemos que vendrá el Gran Ladrón cuando menos lo esperan.
Os he hecho un gran espectáculo de desolación y de ruinas; he tomado la Muerte y he reducido a polvo la carne del hombre, las obras del hombre y el mundo todo del hombre. Sobre este montón de ruinas, ¿qué queda, sino la tristeza y la desesperación? Así es, señores, si fuésemos filósofos pesimistas; pero somos hijos de la Iglesia; no somos cultores de la muerte, sino hijos de la Vida.
El autor del Libro del Eclesiastés, inspirado por el Espíritu Santo, después de haber mostrado amargamente la vanidad de las cosas terrenas, no concluye, señores, la desesperación, sino que concluye la moderación.
Después de haber recorrido la vanidad de los placeres que dan hastío, la vanidad de la ciencia que aumenta el sufrimiento, la vanidad de las riquezas, del poder, del nombre, de la fama, de la hermosura, el autor sacro irrumpe en conclusiones de sentido común, de moderación y de templanza. “Hay que despreciar todo lo caduco, hay que usar moderadamente de la vida, hay que usar también templadamente de los placeres y alivios que la hacen serena y llevadera, y sobre todo hay que temer a Dios, cumplir sus mandamientos y recordar su juicio”. “Teme a Dios y observa sus mandamientos, porque esto es todo el hombre”.
Es curioso que no dice: “Cumple los mandamientos de Dios, porque eso es el alma del hombre. El cuerpo es polvo; cumple los mandamientos para salvar tu alma”. No, señores: “Cumple los mandamientos, porque eso es todo el hombre, cuerpo y alma”. Señores, el que se salva, salva su cuerpo y su alma: envía su alma al cielo y envía el montón de polvo de su cuerpo a la tierra, como semilla de resurrección.
Hombre verdaderamente sabio, prudente y juicioso, señores, el que se salva. No nos está prohibido desear riquezas, sino desear riquezas mentirosas. ¿Cómo se pueden asegurar las riquezas contra un ladrón? Mandándolas a la caja de seguridad. Ese es el consejo de Cristo: por medio de la limosna, enviad vuestras riquezas donde no hay ladrones, para que allá os esperen.
¿Cómo se puede asegurar el grano de trigo contra el gorgojo? Hay que sembrarlo. Es el consejo de Cristo: “Si el grano se hunde en la tierra y muere, después brota y hace grande fruto”.
Así nuestros cuerpos, hundidos por la humillación, deshechos por la mortificación, pulverizados por la muerte, brotarán un día con nueva vida y florecerán como rosas bajo el sol de la Inmortalidad.

jueves, 3 de marzo de 2011

NOVEDAD EDITORIAL

NUEVO

Cuentos Pequeños, por Flavio Mateos. 160 páginas.

Querenciosas del Castellani de las “Camperas”, pero también del Stevenson fabulista, entre la sencillez de la fábula, la juiciosa ironía, y la intimidad de la conversión religiosa, estos cuentos breves y fantásticos, aunados por una visión católica de la vida, elevan la mirada hacia una Eternidad que nos ilumina a través de las criaturas de la naturaleza que dialogan con nosotros, recordándonos olvidadas verdades trascendentes con la agudeza y el humor de un corazón que, buscando la verdad con sencillez, encuentra el misterio en lo cotidiano.


El libro “Cuentos Pequeños” está en venta (por ahora, luego ampliaremos el listado) en las siguientes librerías:



· Librería Cardenal Mindszenty: Venezuela 1320, Capital Federal, anexo a Capilla Nuestra Señora Mediadora de todas las Gracias. (011) 4383-0873.



· Librería del Seminario: Seminario Internacional Nuestra Señora Corredentora - La Reja, Moreno: (0237) 405-7987 (011) 5290-4614.



· Librería y Editorial Santiago Apóstol: La Plata 1721, Bella Vista, Pcia. de Buenos Aires. (011) 4666-3817. santiagoapostol_libros@yahoo.com.ar



· Librería Acción: Solís 282 – Capital Federal – (011) 4382-2798.


· Librería Leonardo Castellani: Bartolomé Mitre 2162 – Capital Federal. (011) 4136-2555. librería@ucalp.edu.ar


.Librería Quijote: Talcahuano 1010 - Capital Federal.


· Librería y Editorial Dunken: Ayacucho 357 Ciudad de Buenos Aires – (011) 4954-7700. Venta telefónica y por email. Envíos al interior y exterior. info@dunken.com.ar www.dunken.com.ar



· Librería Córdoba: Paraná 1013, Capital Federal. 4115-5888 4813-4124




· Boutique del Libro: Paraná 3754 Local 3169, Martínez, Pcia. de Buenos Aires.