“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

jueves, 23 de julio de 2009

LA IGLESIA Y EL CINE



“Con frecuencia a Dios no se le niega, ni se le injuria ni se le blasfema; sólo que El está ausente. La propaganda de una vida terrestre sin Dios es abierta, continua. Con razón se ha observado que generalmente, aun en los films considerados moralmente irreprensibles, los hombres viven y mueren como si no existiese Dios, ni la Redención, ni la Iglesia. No queremos ponernos a discutir las intenciones, pero no es menos verdadero que las consecuencias de estas representaciones cinematográficas son ya extensas y profundas. Añádese después la nefasta propaganda deliberadamente querida, para la formación de la familia, de la sociedad, del estado sin Dios”.

Pío XII, Discurso a los predicadores de Cuaresma.



“Una película, incluso irreprochable nos da, por su misma naturaleza una visión unilateral y corre el riesgo por consiguiente de tornar superficial el espíritu del joven si éste no se alimenta al mismo tiempo de útiles y sanas lecturas”.

Pío XII, 30 de enero de 1949.


“La radio, el cine, la televisión ponen a los cristianos de hoy en contacto con todas las formas de la vida y de la actividad humana. Atrapados en ese torbellino que no les da oportunidad para la reflexión y el recogimiento, cómo no van a llegar insensiblemente a perder el sentido de las otras realidades, más verdaderas y más altas, pero también más austeras, las de la vida espiritual, de las que conservan, a pesar de todo, como una nostalgia, pero que corren el riesgo de estancarse sin ver ya valor alguno o significación”.

Pío XII, 3 de abril de 1956.



“Incluso películas moralmente irreprochables pueden sin embargo ser espiritualmente nocivas si descubren al espectador un mundo en el que no se hace ninguna alusión a Dios y a los hombres que creen en El y lo veneran, un mundo donde las personas viven y mueren como si Dios no existiese”.

Pío XII, 28 de octubre de 1955.