“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

viernes, 16 de abril de 2010

CRITICA



TAKING CHANCE

Director: Ross Katz – 2009


LA GRAN ESTAFA

“La invasión estadounidense de Iraq no tuvo absolutamente nada que ver con los intereses nacionales de EE.UU. Tuvo que ver con los beneficios de la industria de armamentos y con la eliminación de un obstáculo a la expansión territorial de Israel”. (Paul Craig Roberts)

Uno de los objetivos principales de este telefilm producido por la cadena HBO es evitar que se conozcan verdades como la que menciona el destacado y valiente periodista Roberts. Para ello apunta a “conmover” al público medio norteamericano con la historia real (y en verdad, si se omiten las circunstancias de la guerra, conmovedora) de un Teniente Coronel del cuerpo de marines que decide escoltar hasta su ciudad natal a un joven soldado muerto en Irak. A lo largo del extenso viaje, el militar se encontrará con la adhesión patriótica, la solidaridad, el respeto y el honor que la población estadounidense le rinde a este héroe de guerra.

Decimos que la película apunta a mantener un engaño pues se vale de una situación emotiva para ocultar una serie de verdades que no son accesorias y ajenas al destino final del soldado fallecido ni de la sociedad norteamericana en su conjunto. Alguien podrá decir que no es una película sobre la guerra ni sobre sus causas, sino sobre alguien que muere en ella como un héroe (aunque esto no queda demasiado evidente en el relato del film) y que solamente se trata de honrar a los caídos, cosa que nosotros no hicimos con nuestros héroes de Malvinas. Pero plantear las cosas así sería limitarse a tratar un hecho como la guerra como si fuera una especie de fatalidad, algo así como una enfermedad o epidemia, como si todas las guerras fuesen iguales, ya sea una guerra de defensa y liberación o una guerra de agresión y exterminio (y en general no actúa de la misma manera un soldado que defiende su territorio de un invasor de otro que está en un lugar ajeno sin saber por qué o sólo por dinero; el nivel del terrorismo aplicado por los norteamericanos en Irak es una muestra clara de la clase de guerra que han desatado).

Lo que precisamente trata de hacerse creer al obtuso pueblo norteamericano, es que esos soldados que mueren en Irak van a pelear por la Nación, para defender sus intereses, los intereses del pueblo norteamericano, cuando es exactamente todo lo contrario. El testimonio de quienes se expresan en el material extra del DVD así nos lo confirma:”Va más allá de a favor o en contra de la guerra”, “Fueron a pelear por su patria y murieron por sus amigos”,“Más allá de tu postura política, todos apoyaron a nuestras tropas caídas”. Es algo obvio que se apoye a las tropas caídas, lo que no es tan obvio es preguntarse “¿Caídas para qué?” o “¿Qué están defendiendo los soldados norteamericanos en Irak?” o “¿Están peleando por su patria?”. Y está claro que tratándose de una guerra tan controversial o más que la de Vietnam, la omisión de estas cuestiones –aunque más no sea en algún personaje que muestre sus dudas al respecto- no es casual. Si el espectador recuerda aquella excelente película de Cóppola llamada “Jardines de piedra”, de la que sospechamos ésta ha tomado (mal) algunas cosas, allí, el militar encargado de recibir los cuerpos de los soldados caídos en Vietnam decía: “No estoy en contra de la guerra; estoy en contra de esta guerra”, con lo cual daba la posibilidad al espectador de que, aun sin dejar de honrar a los caídos, pudiera preguntarse: “¿Qué hacemos nosotros allá?”. En “Taking Chance” ninguno de sus personajes se pregunta nada, la película no deja que el espectador se haga ninguna pregunta, no deja que se inquiete nunca, evita provocarle la más mínima incomodidad o situación de suspenso, dejando tan fuera de campo la guerra como una epidemia en un país lejano. Esta obvia intención de la película se manifiesta en su –por llamarlo de alguna forma- estilo, parsimonioso (que no es lo mismo que austero), con leves travellings de acercamiento, música casi constante, acompañando al personaje principal (un ajustado y digno Kevin Bacon) sin sobresaltos, con prolijidad hotelera, sin contrastes entre los personajes ni conflicto alguno, porque allí no hay –literalmente- nadie malo. Apenas se esboza un conflicto en el propio teniente que se culpa por no haber querido ir a pelear a Irak cuando todos los demás lo hicieron, llegando a decir que lo entrenaron para pelear y no lo ha hecho, es decir, que no importa qué clase de guerra se trate, él debe ir a pelear, mostrando de qué manera se transforma un soldado en un autómata, o en realidad de qué manera el confundido pueblo norteamericano va detrás de su banderita, así haya que aplastar países indefensos (ya lo dijo alguna vez Mons. Williamson, el norteamericano tiene buena voluntad pero malos principios –al contrario que nosotros-, tiene buen sentido y virtudes naturales pero principios liberales y es liberal sin quererlo y sin saberlo; el suyo es un patriotismo ciego, donde la emoción reemplaza a la razón, y esto es propio de los protestantes; esa tensión es la que está destruyendo a los EE.UU.).

“Taking Chance” es una película sin historia, uniforme, casi publicitaria, hecha a semejanza del uniforme militar puntillosamente cuidado, planchado y arreglado que lleva encima el soldado caído. Soldado que debe ser ocultado a sus familiares dentro del cajón, porque a pesar del impecable uniforme su cuerpo está arruinado, como parecen estarlo los Estados Unidos, y por eso se lo quiere ocultar al espectador con esta película uniforme y resinosa como un ataúd. Producida por HBO, compañía que pertenece a AOL-Time Warner, el mayor conglomerado de medios de comunicación de EEUU, en manos de judíos sionistas que quieren mantener el engaño sobre el pueblo norteamericano sobre la guerra en Irak y medio oriente. En palabras nuevamente de Paul Craig Roberts:

“La gran superpotencia estadounidense y sus 300 millones de habitantes están siendo destruidos por los estrechos intereses de los grandes bancos y por la industria de armamentos. La gente, y no sólo los estadounidenses, está perdiendo a sus hijos, esposos, hermanos y padres sin otro motivo que los beneficios de las corporaciones de armamentos de EE.UU. y los crédulos estadounidenses parecen enorgullecerse de que así sea. Esas pegatinas en sus coches, todo terrenos y monstruosas camionetas proclaman su ingenua lealtad a la industria de armamentos y a los corruptos en Washington que promueven guerras.
¿Llegarán a comprender los estadounidenses, aplastados y destruidos por la política de “su” gobierno, que siempre pone a los estadounidenses en el último lugar, quiénes son sus verdaderos enemigos?
¿Se darán cuenta los estadounidenses de que no los gobiernan sus representantes elegidos sino una oligarquía que es dueña del prostíbulo Washington?
¿Llegarán algún día a comprender los estadounidenses que son siervos impotentes?”

“La invasión estadounidense de Iraq no tuvo absolutamente nada que ver con los intereses nacionales de EE.UU. Tuvo que ver con los beneficios de la industria de armamentos y con la eliminación de un obstáculo a la expansión territorial de Israel”.

“Sin EE.UU. no habría 1,2 millones de iraquíes muertos y 4 millones de iraquíes desplazados. No tenemos idea de las bajas de civiles afganos, aunque parecería que mujeres y niños son objetivos primordiales de las fuerzas de EE.UU. y de la OTAN que “llevan paz y libertad a Afganistán.””

“El 17 de abril de 2008, AP News informó de que un nuevo estudio publicado por el RAND Corporation llegó a la conclusión que "aproximadamente 300.000 soldados americanos padecen de una depresión grave o de estrés post traumático después de su servicio en las guerras en Irak y Afganistán, y que 320.000 sufrieron daños cerebrales".

“El 21 de abril de 2008, OpEdNews divulgó un e-mail interno del General Michael J. Kussman –subsecretario para la salud en la Administración de los Veteranos–, a Ira Katz, jefa de salud mental en la Administración de los Veteranos, que confirma un informe del periódico de McClatchy, según el cuál 126 veteranos, de las actuales guerras, se suicidan por semana. En la medida de que estos suicidios sean atribuibles a las guerras, más de 500 muertes deberían añadirse cada mes a las pérdidas en combate”.

“En lugar de reaccionar, el pueblo estadounidense ha aceptado como dóciles corderitos una serie de mentiras evidentes: armas de destrucción masiva, la conexión de Al Qaeda con los atentados del 9/11, el derrocamiento de un dictador y “llevar la democracia” a los iraquíes.
El “moralista” gran pueblo estadounidense prefiere creer las mentiras del gobierno a reconocer los crímenes del gobierno y hacerlo responsable de sus acciones.
La guerra de Irak es una guerra para la expansión territorial de Israel. Los soldados americanos mueren o quedan lisiados por Israel.
A pesar del fiasco mediático, casi la mitad de la población ha logrado discernir que la invasión americana de Iraq no ha aumentado su seguridad y que el ataque del gobierno Bush contra las libertades cívicas no es un componente necesario de la guerra contra el terror. El problema, por lo tanto, reside en la ausencia de debida diligencia por parte de la otra mitad de la población”.

A esa otra mitad de la población se dirige esta inteligente y discreta película, que no contiene escabrosidades, violencia, escenas de sexo o diálogos soeces, y que pretende –según creemos- atraer también a los “conservadores” o la “derecha cristiana” mediante un ardid forzado que no aporta ningún valor moral o simbólico al film; nos referimos a una escena donde una azafata le entrega un pequeño crucifijo al Teniente, en uno de los vuelos de traslado del marine muerto. El Teniente lo entregará luego a la madre del soldado (divorciada y vuelta a casar, aparece allí con su nuevo esposo, al igual que su ex con su nueva “pareja”); la madre finalmente colocará el crucifijo sobre el cajón de su hijo (desde luego, ella ¿para qué iba a quererlo o aceptarlo, viviendo como vive en pecado?). Lo que no quita que el chico haya sido un héroe y haya salvado su alma, desde ya, pero no gracias a los principios liberales que destila esa sociedad y esa guerra, sino a pesar de ello. Otra argucia más, según entendemos, para hacerles creer a los cristianos conservadores que esta es “nuestra guerra”, es decir, la guerra del pueblo estadounidense, que la película se encarga de mostrar respetuoso y bueno. Pero en verdad, desinformado y domesticado por los medios de comunicación de masas, en manos de sus enemigos.