“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

miércoles, 21 de abril de 2010

NOTA - LA CELEBRACIÓN DE LA ESTUPIDEZ

LA CELEBRACIÓN DE LA ESTUPIDEZ


Un intelectual de nuestros tiempos, o sea, un imbécil.


“-Es una novela que tenía que ser larga porque debía resolver, de una sola tajada, muchos de los problemas personales que tengo.
-¿Cuál sería el más grave de esos problemas?-Pues el más grave y el único es la implacable crueldad del universo, que es lo que hace posibles hechos como el terremoto de Haití, el hundimiento del Titanic, la Guerra de los Balcanes o el hecho de que un sinvergüenza viole a una mujer y después la degüelle. Yo, al respecto, tengo una teoría, y es que el hombre no es culpable de todo eso, ya que sólo es un instrumento que responde a un juego cruel que se llama vida. Cuando uno observa, como yo lo he hecho, la crueldad del ser humano, el dolor frío del cosmos, la tremenda crueldad de la naturaleza, uno siente una rebelión y una angustia terrible que lo hacen buscar culpables. Es entonces cuando uno mira para arriba buscando a un Dios al que insultar. Pero llega un momento en el que no se ven dioses y a uno le sucede lo mismo que a Ulises, cuando regresa de Troya, que ya no encuentra dioses en los que creer o confiar. Y eso atormenta a cualquiera.
-¿Escribir es una solución al problema...o tan sólo una manera de sobrellevarlo?
-Escribir es una forma analgésica de asumirlo, de aceptar las reglas del juego, ya que esto, después de todo, es como el ajedrez, donde el peón come al alfil y la torre, a la reina. Entonces, cuando lo asumo, ya no busco un dios al que matar, ni un hombre al que culpar, ni un Pinochet al que sentar en el banquillo. Es una buena forma de consolarme...y ahora que estoy en la etapa final de mi vida, aunque ojalá me falte mucho, la verdad es que quiero morir con serenidad. Aceptar que éstas son las reglas y que todo el sufrimiento que he visto forma parte de ellas. No se trata de resignarse, claro, sino de asumir el hecho. Cádiz también me sirvió para desarrollar una teoría que pensé hace algún tiempo, que tiene que ver con la idea de que los hispanos y los latinos en general nos hemos equivocado de Dios. Esto ocurrió en Trento, en ese concilio de donde parten la Reforma y la Contrarreforma. Ahí Europa tuvo que elegir entre dos tipos de Dios: o bien aquel encerrado, turbio, de sacristía e inquisidor, fanático, dictatorial, sombrío y triste de la religión católica, o bien el Dios abierto, moderno, que permite hacer comercio, que deja que haya usura si es honrada y que permite que los libros se publiquen y las ideas discurran (...) Nosotros nos hemos equivocado al elegir al Dios reaccionario, que nos ha tenido esclavizados durante todos estos siglos y que todavía nos sigue teniendo así.”.

Arturo Pérez Reverte.Reportaje del diario La Masón...perdón, La Nación, Revista ADN (o sea, A Dios Negamos), Sábado 17 de abril de 2010, con el título “La vida es un juego cruel”.


Cuando el diario liberal, anticatólico, masonazo, tamaño sábana se empeña en promocionar y difundir a determinados “intelectuales” o “artistas”, en especial a través de su revista cultural, por algo es. Ese algo es la corrosión nihilista ya sin disimulo, cubierta de cierto glamour, perfume importado y bobería progre, que su director se encarga de presentar en cada editorial con inocultable tosquedad pero, también, con ejemplar representatividad de lo que hoy se manifiesta como lo cultural. “Todas las tramas se van ensamblando naturalmente, sin artificios (sic) y detonan de un modo espectacular, dejando un regusto amargo en la boca. El regusto que dejan la vida verdadera y el destino humano cuando se ven de frente su crueldad inevitable y su gran estupidez” dice el director de adn Jorge Fernández Díaz, seguramente porque su vida es una estupidez, y a decir verdad, leyendo lo que escribe, no nos cuesta creerlo.

Y claro... El hombre no es culpable de eso, porque “c’est la vie”. Pérez Reverte no es culpable de los disparates que dice, es ese juego cruel llamado vida. Quiere tapar la angustia de vivir para nada, sin Dios, con la bayaspirina de la escritura...pero llenándose de plata, para olvidar más cómodo. Este dispensador de bayaspirinas masivas, que juega como Bergman al ajedrez con la muerte o con quien sea, es además de periodista y novelista, teórico, que prefiere elegir al dios que permite la usura (aunque sea un poquito), al dios liberal, cuyo nombre en verdad es Mammón, el cual “permite que los libros se publiquen y las ideas discurran”, por supuesto, los libros e ideas como las suyas, por erradas y nocivas que sean. Y son estos señores los que se creen –a pesar de estar inmersos en un juego cruel y negar la responsabilidad humana- se creen libres, por supuesto, muy abiertos, con su gran misión de intelectuales. Dan mucha lástima, si no fuera porque además difunden su desesperación –o su falsa esperanza, o su bayaspirina- y cobran por ello.

Ya lo dijo Chesterton: “Un librepensador es alguien a quien no se le permite pensar que pueden suceder milagros”.