“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

martes, 14 de junio de 2011

ANIVERSARIO - JORGE LUIS BORGES


 CASTELLANI
SOBRE
BORGES




"Borges es un buen escritor. NO es un gran escritor. Con esto ya está todo, pero...
Ha habido y hay una propaganda desaforada de Borges como "gran escritor". "Poeta universal y cantor de la Argentina", dice Cócaro Cúcaro. Esa propaganda nos deja a todos los argentinos como mascapamemas, y puede que lo seamos, pero tanto no. Es hora pues de ponerle coto.
La fuente de esa propaganda es incógnita. Dejando las hipótesis abracadabrantes de "los francmasones y los judíos", me gusta la de un amigo, buenísimo escritor él: "Borges representa la mentalidad común del argentino; le tenemos admiración y horror a la vez porque se parece a la mayoría de nosotros"; y después de una pausa añadió: "Es decir, de ellos". "Cantor de la Argentina", dice Cúcaro.
Más explicación no le pude sacar.
Voy a ensayar pues lo que llamaban nuestros abuelos españoles un vejamen. El que quiera abundar en la parte buena de Borges -"buen escritor"- puede hacerlo, aunque ya está hecho y rehecho hasta el exceso.
Voy a terminar pues las Discusiones con Borges del finado Ramón Doll en su libro POLICIA INTELECTUAL, del año 1934, donde a vuelta de un estudio sobre el lenguaje de Borges, deja cincelado un juicio de toda su estética; juicio válido hata hoy día. Doll mismo adivinó que Borges no cambiará.
Escrito antes de 1933 a propósito del libro DISCUSION, anticipa Doll con lucidez adivinatoria todo el Borges posterior, y lo deja definido como "escritor noargentino", con alguna exageración. Los versos no habían entrado al juego todavía; pero son inferiores a la prosa y, a veces, no llegan a ser versos.
Lo más interesante es que Doll dio en el clavo de lo más central de Borges, la sorpresa al lector como recurso literario permanente. (...)

EL INFORME DE BRODIE:

Borges es un buen escritor. NO es un gran escritor.
De lo formal de lo narrativo es dueño; es decir, de la técnica. También hay que reconocer es ingenioso, distinguido y capaz en literatura; principalmente en parodia, ironía y sarcasmo.
El contenido de estos -y todos- sus cuentos es torcido y atroz. En éstos dice se propone imitar a Kipling joven PLAIN TALES FROM THE HILLS y a Kipling no le llega a los talones; el cual tiene más talento y sobre todo es REAL; mientras en Borges todo es artificioso, calculado y literario. Hay sin embargo una nota en que coinciden: la des-huma-niza-ción. -No confundir con la insti-tucio-nali-zación-.
Aquí la mayoría son cuentos de malevos o cuchilleros que matan y se hacen matar a cuchilladas; eso sí siempre con la "sorpresa al lector" al final. Borges pone en boca de un personaje: "¿Y qué sabés de malevos?" Es exacto.
En uno dellos falla grande: hace una etopeya enteramente sosa y chata de dos mujeres artistas; y ni siquiera sale inteligible. Tonta.
El cuento El Evangelio de San Marco, que él declara el mejor del tomo, es un plagio de uno inglés de Harrison, An alien agony, publicado por Nova Publication, y recogido en la antología MORE PENGUIN SCIENCE FICTION, Penguin Books. Puede que no sea plagio, sino simplemente una adaptación o trasposición. No tengo a mano ahora el original inglés para cotejar.
El último cuento El informe de Brodie toca el máximo de la herejía borgiana, elaborada con finura. Un misionero en un informe al rey de Inglaterra presenta una tribu de salvajes tan bruta, torpe, repugnante y absurda, que pasa todo lo verosímil. Aquí vertió Borges todo lo negro y sucio de su mente, más que en otros trabajos, que también tienen lo suyo.
Algunos eructos anticatólicos o antirreligiosos no faltan, como es de rigor.

EL ORO DE LOS TIGRES:

Este es el último libro de Borges que no tiene ni oro ni tigres, anoser el título de un poema (?) en verso (?) libre, que es más prosaico que barrer la cocina. Hay en él una referencia bastante absurda a una mitología desconocida -"Véase el cap. 49 de la EDAD MAYOR", dice- y aparece el último truco sorpresivo del "poeta" tres o cuatro veces, que es fingirse enamoradísimo de una mujer tan desconocida o más que las diversas mitologías exóticas ("sacadas del Espasa Calpe" dice Doll con error pues, ahora almenos, es la ENCICLOPEDIA BRITANNICA), mitologías sorpresivas que exornan sus poemas y para nosotros son "el mentir de las estrellas". No es el único "poema" lamentablemente prosaico de los 20 o 30 que trae este libro.
Borges no tiene ni tuvo el sentimiento del amor en ninguna de sus formas -"se congeló a designio para ser original", dice Doll- ni a la mujer, ni a la madre, ni a la patria, ni a la religión -siquiera mosaica- ni a la humanidad ni a la filosofía; hablando de la obra, por supuesto. Esto es grave, pues significaría que ella no tiene contenido anoser se lo den el orgullo, el odio y el desprecio, que ésos sí abundan.
Borges es original en los esfuerzos que hace por parecer original y a lo mejor lo es genuino -o "auténtico", como dicen ahora mal- pero a causa del conato no lo vemos. No lo es ni puede serlo. Ahora si Macedonio Fernández fue un "metafísico", como él dice, entonces Borges puede ser todo. Nos recuerda a esa solterona especializada en "Yoga" -como el P. Quiles- que habla por Radio Municipalmente.
Las 30 composiciones o calculaciones poéticas de este libro son en su mayoría prosaicas, algunas contienen dislates, y ninguna me gusta del todo, pues los pulidos y brillantes cuartetos de El Gaucho, a mi juicio la mejor, me dan en rostro, porque es mentira y obedece a la constante inclinación de Borges a denigrar todo lo argentino; así como tiene la contraria de extasiarse ante lo extranjero, sobre todo cuando lejanísimo - en el tiempo o la geografía- y raro.
Cuanto a los fragmentitos de prosa que son unos diez, referidos a los más heterogéneos temas, son ocurrencias vagabundas, que todas encierran el resortecito de la sorpresa; el cual llega a la aberración en el fragmento East Lansing, dedicado a Michigan, Indiana, Wisconsin, Iowa, Texas, California, Arizona..."Ya intentaré cantarlos", dice. No le alcanzará la vida para hacerlo: es una promesa afectada.
Con sus últimos dos libros, Borges se mató; porque exhiben impudorosamente todos los defectos del escritor sin arrepiso ni mejora alguna, y hacen ver que no progresó un ápice en 40 años. Doll lo calificó "un argentino que hablara como un español del siglo SXVII y tratara de imitar a un compadrón porteño de 1900".
En la prosa anhelosa -o verso libre si quieren- Borges nos descubre que un conquistador feroz de Inglaterra, Hengist -en Hengist quiere hombres-, se vino a remo, sin brújula ni mástil desde no sé dónde, el año 449; con el único fin de que aparecieran 11 siglos o 16 siglos después Shakespeare y Walt Whitman; y después para que él mismo, Borges, escribiera ahora esas líneas desmayadas. Lo cual sí es creer en la Divina Providencia.

CONCLUSIÓN

No hay que querer mal a Borges; al contrario, si se puede. No tenemos tantos buenos escritores en la Argentina para despreciar a ninguno. Hay que olvidar sus blasfemias, que al fin son pocas y disimuladas; y abstraer todo lo malo de él, quedándonos con lo bueno, con su ingenio, su altivez y distinción, su conocimiento de la literatura, su uso del español, casto aunque afectado...Yo por profesión he leído sus libros cada vez que me los prestaron; es decir, casi todos. Y a lo mejor pasa conmigo lo que él nos descubre y pasó con él y el nórdico Hengist, a saber que Dios creó a Borges para que yo escribiera estas líneas; lo cual explicaría por qué no le tengo miedo a Cócaro Cúcaro ni compinches".

VERBO, Buenos Aires, Nº 124, septiembre de 1972.