“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

miércoles, 24 de febrero de 2010

CRITICA


KATYN
Director: Andrzej Wajda - 2007


RESISTENTE POLONIA

La vida del hombre transcurre entre la aceptación y la resistencia. Son dos movimientos del alma que implican la forma de vivir una identidad y un destino. Aceptar la verdad es resistir a la mentira, y viceversa. Por eso hay dos formas de la resistencia: se puede resistir heroicamente al mal, y se puede resistir obstinadamente al Bien. Por eso la sola mención de la palabra “Resistencia” no nos dice nada si no se dice a qué se resiste.

Hoy que se le da un uso político instrumental orientado por la mentira o medias verdades (v. gr., “Marchas de la Resistencia”, etc. ) una película como Katyn viene a dejar bien establecido que la resistencia de Polonia representa no sólo una lucha enmarcada en determinadas circunstancias históricas, sino que su resistencia sigue siendo la de la Cristiandad ante la barbarie del ateísmo comunista.

Casi desde que abrazó la Religión Católica en el 966, Polonia ha venido resistiendo con determinación para defender su religión y, con ella, su misma existencia como nación, atada a su identidad católica. Tierra ubicada como una muralla ante la marea de la impiedad que viene desde el oriente, Polonia, que ha dado mártires que fertilizaron su tierra con la devoción a María y la fidelidad al Papado, jamás -hasta la última confrontación mundial- había entrado en guerra sino por la defensa de la religión (Cfr. Polonia en la Cristiandad, Una mirada sobre mil años de historia, Walerian Meysztowicz, Ediciones del Águila Coronada, 1987). Mostrar que no sólo estaba en juego la política en la Segunda Guerra , sino principalmente otra cosa, es uno de los mayores méritos de esta película, que no por abarcar tantos asuntos llega a figurar una completud que nadie debe pedirle. El tema es haber acertado en mostrar el alma de un pueblo manifestándose en la lealtad a su propio ser, ese que sólo puede perderse si se pierde la verdadera identidad católica, cuya resistencia acontece hoy ante el avasallador modernismo instalado oficialmente en la Iglesia con el Vaticano II.

La imaginería católica en la vida de los polacos, cobra en este caso mayor relevancia y sentido simbólico, y no aparece ya como simple atavío o comentario al margen (como en algún otro film de Wajda), puesto que, si el cine de este autor no suele tener una clara cosmovisión católica de la vida, la magnitud e historicidad de lo que cuenta lo llevan a un terreno donde necesariamente lo trascendente tiende a ser más explícito, que no por eso más obvio.

Veamos más en detalle lo que es y lo que no es Katyn, y su forma de ser consecuente con lo antedicho.

Ya conocida la historia que cuenta la película, los hechos históricos que nunca se quisieron admitir o se impidieron contar y mostrar (recomendamos leer los enlaces ubicados debajo de esta crítica), cabe preguntarse, ¿es Katyn una película “historicista” o “contenidista”, esto es, tiene el solo objeto de contar un suceso histórico y al hacerlo deja que este propósito sumerja la realización artística en la mediocridad? ¿Descuida el director la belleza de lo que tiene entre manos para hacer un film panfletario o propagandista? ¿El fondo se alza en desmedro de la forma? En definitiva, ¿lo único que le importa es dar un “mensaje”? La respuesta a todo esto es: No, todo lo contrario. Porque si es evidente el deseo y la necesidad de sacar a la luz los hechos históricos, el film no se limita a ello. Wajda ha incurrido a veces en su cine en un exceso de “expresión” en detrimento de la narración, donde tal vez lo traicionó aquello que sintetizaba Bresson así: “Idea vacua de “cine de arte”, de “películas de arte”. Películas de arte: las más carentes de arte” (claro que si Wajda ha caído en ello por exceso, precisamente Bresson ha caído más ostensiblemente en ese yerro por defecto). Pero Wajda, lo repetimos, elude estos deslices en Katyn, fundamentalmente por tres motivos:

Los Arquetipos:
El film cuenta un hecho histórico, pero dentro de él la historia de unos personajes que, con ser individuos en tales circunstancias, son también arquetipos (de allí que tienen sólo nombres, no apellidos) de quienes sufren inmersos en un drama que los pone a prueba en la lucha por conservar una identidad, una forma de vida, una religión, una patria, una familia. Wajda conoce bien aquello que muestra, la dinámica de las emociones de sus personajes, la verdad que se refleja mejor que en las estadísticas en los rostros, en la angustia, en la esperanza, en los “sufrimientos individuales”, como él mismo ha dicho.
Wajda presenta con intensidad y fuerza, sin caer en golpes bajos ni en la actitud “victimista” que tan conocida nos resulta en casi todo el cine político, el drama de la patria polaca a través de sus hombres y mujeres, de los oficiales e intelectuales, de las esposas y madres, hijas y hermanas, trastornados por la doble invasión y ocupación alemana y soviética e impotentes ante la misma. Los soldados, preparados para pelear, deben aprender algo más difícil todavía, al estar prisioneros: la resistencia pasiva, la lucha interior. Las mujeres, habituales compañeras de aquellos, deben afrontar la resistencia en la soledad, acosadas por el recuerdo y la incertidumbre. El vínculo intangible del amor, no el odio, es el que, puesto a prueba, sostiene a los personajes en su lucha cotidiana. La ausencia de los hombres es también la ausencia de la patria, el sufrimiento de la mujeres es el sufrimiento de la patria. De esa patria que finalmente se decide en el gesto final de los hombres ante la muerte.

Lo Religioso:
La película supera la literalidad de los hechos y de la forma de mostrarlos porque el director le otorga al film un valor que lo trasciende. Ese valor es el de lo religioso, y su manera es el símbolo.
Casi desde el comienzo advertimos la identificación entre Polonia y el catolicismo. Lo primero que vemos al llegar con la mujer que busca a su esposo entre los heridos, allí por donde ha marchado el ejército rojo, es la ausencia de Cristo en un crucifijo roto. Casi de inmediato lo descubrimos entre los muertos y heridos, asistidos por un sacerdote. Si Jesucristo es la primera víctima es porque el odio comunista se dirige en primer lugar a Él (“Dios es el enemigo personal de la sociedad comunista” decía Lenin en una carta a Gorki). Y si el cura le da la extremaunción como a los otros no es porque Nuestro Señor la necesite, sino porque en Él están representados todos aquellos a quienes no podrá asistir, aquellos desconocidos “pobres Cristos” que caerán bajo el furor de la bestia desatada.
La compañía de la oración, los cánticos, el rosario entre los oficiales prisioneros encerrados en un antiguo monasterio ortodoxo, distinguen a una élite de hombres valerosos, patriotas e indoblegables que por eso mismo Stalin decidió aniquilar. Ese sentido profundamente religioso se acrecienta y alcanza su vigor más luminoso en el momento más oscuro y terrible para estos hombres, cuando son asesinados. Memorable y emotiva escena final, felicidad y salud de las almas que, aun en el horror y el miedo, se entregan a la voluntad de Dios.
El sentido sacrificial conferido a estos hombres se ve más claramente en el capitán Andrzej, que lleva encima del uniforme un pulóver de lana blanco que no le pertenece, como el cordero que se entrega mansamente y derrama su sangre por Polonia (recuérdese: pudo haberse escapado cuando su esposa lo fue a buscar, y decidió quedarse).
Pero también donde está Cristo hay un Judas, en este caso el amigo que en el encierro le da su pulóver. Éste es el único que sobrevivirá del grupo, sumándose al ejército de ocupación; finalmente, presa del remordimiento, acabará como el primer traidor.

Lo Trágico:
También la vinculación con la Tragedia dota a la historia y a los personajes de un contenido universal y perenne. El sustrato mítico conferido por lo trágico evita que la película caiga en el historicismo.
Las dos hermanas del aviador que yace en las fosas de Katyn, Agnieszka e Irena, reviven el terrible conflicto de las hermanas Antígona e Ismene de la tragedia de Eurípides. Las dos representan dos formas de afrontar la vida cotidiana durante la ocupación soviética. Agnieszka no puede soportar vivir en la mentira, ni que su hermano no tenga una tumba. Podría decir como Antígona, sobre el invasor: “No le es posible separarme de los míos”, o, ya definitivamente jugada por acometer su empresa: “Yo le enterraré. Hermoso será morir haciéndolo”. Su hermana Irena, en cambio, resignada como Ismene (“No es conveniente perseguir desde el principio lo imposible”), muestra la impotencia de quien desea y no puede del todo seguir viviendo en una situación desplazada y donde la prudencia y la imprudencia, la frontalidad y el disimulo, la verdad y la mentira exigen distintas decisiones, y en ellos parece jugar un rol importante la edad y el temperamento. Por eso los más jóvenes, con su natural impaciencia, no pueden contenerse y se lanzan impulsivamente a una resistencia activa, como el joven sobrino de Anna que muere rápidamente. Y en todo ello siempre marcando la vida la imposibilidad de vivir en paz sin la verdad.
(Luego de escrito lo anterior, alguien que pudo ver la película en más de una oportunidad y en una mejor proyección que nosotros, nos refiere que cuando la hermana del aviador sale del teatro donde ha vendido su cabello, puede verse un cartel indicador de la obra “Antígona”, que allí se representa, detalle no advertido por nosotros. Lo cual puede querer decir dos cosas: o que Wajda desestima al espectador, incapaz de advertir la analogía sin el correspondiente anuncio; o que Wajda pretende que el espectador comprenda que la tragedia no está sólo dentro de una sala, sino en las calles mismas de Polonia. Como sea, la inclusión del cartel teatral –que ahora advertiremos al ver nuevamente el film- nos parece redundante).

Estos episodios conforman la parte central de la película, que entonces parece desdibujarse ante la irrupción de personajes desconocidos hasta allí. El obligado paso del tiempo en la historia favorece tal descenso en la curva dramática del film. Si tales hondonadas se hacen presentes en las grandes obras literarias, no ocurre lo mismo –ni debe ocurrir- en el cine. No obstante, ese aparente abandono de la trama principal traduce el desasosiego de las mujeres que han debido asumir en sus vidas ese corte abrupto en sus relaciones cotidianas. Lo que vendrá será decisivo y, finalmente, revelador. Wajda tiene el mérito de no querer hacer con su film un espectáculo, ni con su historia de amor caer en el sentimentalismo habitual en directores como Spielberg, Eastwood o el Cameron de Titanic. Con suma consideración y austeridad revela los hechos centrales del film, mediante el recurso excelente de ubicar eso que se teme, se sospecha y se oculta, al final de la película, porque esto es lo que va a quedar grabado en el espectador, lo que se lleva primero en el recuerdo al salir del cine o terminar de ver el film en la comodidad de su casa. Después de esto no hay coartadas para negarse a ver lo que debe ser visto. Aquello que aunque se lo quiera cubrir bajo una montaña de tierra y bajo un manto cómplice de silencio, al fin sale a la superficie, más allá de los hombres y de los tiempos, porque su luz brilla en las tinieblas.


Katyn
Año de Producción: 2007
País de Origen: Polonia
Género: Drama
Censura: B
Duración: 117’
Dirección: Andrzej Wajda.
Elenco: Maja Ostaszewska, Artur Zmijewski, Andrzej Chyra, Jan Englert, Danuta Stenka, Pawel Malaszynski, Magdalena Cielecka, Joachim Assböck, Stanislawa Celinska, Sergei Garmash.
En 1940, 22 mil oficiales polacos fueron asesinados a manos del Ejército Rojo soviético, mientras sus familias seguían esperando con angustia. Un crimen que Rusia sólo reconoció, en 1990, tras la caída del comunismo.




ENLACES:




Masacre de oficiales polacos de la nobleza católica en Katyn


Declaraciones del director:“Katyn es una película especial en mi larga carrera como director. Nunca pensé que viviría para ver la caída de la URSS, o que la libertad de Polonia me daría la oportunidad de retratar en la pantalla el crimen y la mentira de Katyn.Mientras que el crimen de Stalin privó de la vida a mi padre, mi madre fue tocada por las mentiras y la espera en vano de su regreso”.
“Si bien es cierto que los detalles del crimen de Katyn se saben ahora, no podía omitir, en esta primera película sobre el evento, la imagen de la muerte; la muerte que terminó con veinte mil oficiales polacos. Ellos fueron asesinados, uno a la vez, hecho que fue registrado en sus archivos personales. Esto es prueba de que la Unión Soviética no reconoció ni respetó ninguna norma internacional, ni siquiera con respecto a los prisioneros de guerra”.”Todos los hombres que murieron lo hicieron como miembros de la intelligentsia polaca, lo que allanó el camino para el sometimiento de Polonia ante Stalin.Un tema paralelo al crimen de Katyn es la mentira sobre Katyn y la postura oficial soviética de que los alemanes habían cometido el hecho en 1941, después de que invadieran territorio soviético durante la guerra”.”Después de tantos años de la tragedia de Katyn, desde la exhumación alemana en 1943 y el posterior trabajo de investigación polaco en los años ‘90, e incluso a pesar de la divulgación parcial de los archivos, aún sabemos muy poco sobre qué aspecto tenía el crimen de Katyn en abril y mayo de 1940”.

“No es de extrañar que por años estuviéramos convencidos de que nuestro padre estaría vivo, ya que el apellido Wajda figuraba en la lista de Katyn, pero con el nombre de Karol.Mi madre, casi hasta el final de sus días, creyó que su marido regresaría. Mi padre Jakub Wajda había sido combatiente en la Gran Guerra, la guerra polaco-soviética, el levantamiento de Silesia, y en la campaña de septiembre de 1939, beneficiario de la Cruz de Plata y de la Orden del Virtuti Militari otorgada póstumamente”.”No quisiera que la película Katyn, sin embargo, fuera mi búsqueda personal de la verdad ni una vigilia sobre la tumba del Capitán Jakub Wajda. Dejemos que cuente una historia sobre el sufrimiento y el drama de muchas familias. Sobre la mentira de Katyn, que triunfa sobre la tumba de Joseph Vissarionovich Stalin, que obligó a guardar silencio durante medio siglo a los aliados de la URSS en la guerra contra Hitler: Gran Bretaña y los Estados Unidos”.”Casi todas mis películas están basadas en la literatura. En este caso, no tuve ni una novela, ni un cuento, ni material literario. Los guiones que leía no me gustaban, pero cada uno de ellos me obligaba a reflexionar: "¿Sobre qué será este filme?" Si hacía una película política, sus personajes principales tenían que ser Stalin, Churchill, Sikorski...Podía hablar solamente de las víctimas de las decisiones políticas de los poderosos, o realizar un filme psicológico de la anatomía del crimen que dejara por fuera todos sus mecanismos. Llegué a la conclusión de que debía mostrar dos líneas temáticas: el crimen y las mentiras de Katyn. Sería una narración indirecta sobre mi padre, víctima del crimen, y de mi madre, víctima de la mentira. Finalmente, decidí mostrarlo todo a través del destino de las mujeres cuyos padres, hermanos e hijos fueron fusilados en Katyn, mientras ellos tan solo debían esperar y confiar”.

“Pienso en el espectador ruso todo el tiempo. Durante la filmación traté de que no me molestara ningún fantasma del nacionalismo. No quería hacer una película histérica y acusadora. El mundo era así en aquellos tiempos. Surge la pregunta: ¿existían hombres que aniquilaban con tanto fervor a sus semejantes? Sí, pero existía un sistema que llevaba al hombre a eso. Hay que distinguir entre los criminales despiadados y los hombres decentes”.

“Hoy día casi el 60% de los polacos no saben lo que sucedió en Katyn hace sesenta y siete años”.
http://www.exordio.com/1939-1945/codex/msoldado/katyn.html
Masacre de Katyn - Segunda Guerra Mundial - Exordio