“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

sábado, 2 de octubre de 2010

HISTORIA:BLAS DE LEZO

EL VASCO QUE HUMILLÓ A LOS INGLESES

Por Arturo Pérez Reverte*
Tomado de Patria Argentina Nº 270 – Septiembre 2010
XL Semanal, 23/8/2010.
Hace doce años, cuando escribía La carta esférica, tuve en las manos una medalla conmemorativa, acuñada en el siglo XVIII, donde Inglaterra se atribuía una victoria que nunca ocurrió. Como lector de libros de Historia estaba acostumbrado a que los ingleses oculten sus derrotas ante los españoles -como la del vicealmirante Mathews en aguas de Tolón o la de Nelson cuando perdió el brazo en Tenerife-, pero no a que, además, se inventen victorias. Aquella pieza llevaba la inscripción, en inglés: El orgullo de España humillado por el almirante Vernon; y en el reverso: Auténtico héroe británico, tomó Cartagena -Cartagena de Indias, en la actual Colombia- en abril de 1741. En la medalla había grabadas dos figuras. Una, erguida y victoriosa, era la del almirante Vernon. La otra, arrodillada e implorante, se identificaba como Don Blass y aludía al almirante español Blas de Lezo: un marino vasco de Pasajes encargado de la defensa de la ciudad. La escena contenía dos inexactitudes. Una era que Vernon no sólo no tomó Cartagena, sino que se retiró de allí tras recibir las suyas y las del pulpo. La otra consistía en que Blas de Lezo nunca habría podido postrarse, tender la mano implorante ni mirar desde abajo de esa manera, pues su pata de palo tenía poco juego de rodilla: había perdido una pierna a los 17 años en el combate naval de Vélez Málaga, un ojo tres años después en Tolón, y el brazo derecho en otro de los muchos combates navales que libró a lo largo de su vida. Aunque la mayor inexactitud de la medalla fue representarlo humillado, pues Don Blass no lo hizo nunca ante nadie. Sus compañeros de la Real Armada lo llamaban Medio hombre, por lo que quedaba de él; pero los cojones siempre los tuvo intactos y en su sitio. Como los del caballo de Espartero.
La vida de ese pasaitarra -mucho me sorprendería que figure en los libros escolares vascos, aunque todo puede ser- parece una novela de aventuras: combates navales, naufragios, abordajes, desembarcos. Luchó contra los holandeses, contra los ingleses, contra los piratas del Caribe y contra los berberiscos. En cierta ocasión, cercado por los angloholandeses, tuvo que incendiar varios de sus propios barcos para abrirse paso a través del fuego, a cañonazos. En sólo dos años, siendo capitán de fragata, hizo once presas de barcos de guerra enemigos, todos mayores de veinte cañones, entre ellos el navío inglés Stanhope. En los mares americanos capturó otros seis barcos de guerra, mercantes aparte. También rescató de Génova un botín secuestrado de dos millones de pesos, y participó en la toma de Orán y en el posterior socorro de la ciudad. Después de ésas y otras muchas empresas, nombrado comandante general del apostadero naval de Cartagena de Indias, a los 54 años, y tras rechazar dos anteriores tentativas inglesas contra la ciudad, hizo frente a la fuerza de desembarco del almirante Vernon: 36 navíos de línea, 12 fragatas y varios brulotes y bombardas, 100 barcos de transporte y 39.000 hombres. Que se dice pronto.
He visto dos retratos de Edward Vernon, y en ambos -uno, pintado por Gainsborough- tiene aspecto de inglés relamido, arrogante y chulito. Con esa vitola y esa cara, uno se explica que vendiera la piel antes de cazar el oso, haciendo acuñar por anticipado las medallas conmemorativas de la hazaña que estaba dispuesto a realizar. Pese a que a esas alturas de las guerras con España todos los marinos súbditos de Su Graciosa sabían cómo las gastaba Don Blass, el cantamañanas del almirante inglés dio la victoria por segura. Sabía que tras los muros de Cartagena, descuidados y medio en ruinas, sólo había un millar de soldados españoles, 300 milicianos, dos compañías de negros libres y 600 auxiliares indios armados con arcos y flechas. Así que bombardeó, desembarcó y se puso a la faena. Pero Medio hombre, fiel a lo que era, se defendió palmo a palmo, fuerte a fuerte, trinchera a trinchera, y los navíos bajo su mando se batieron como fieras protegiendo la entrada del puerto. Vendiendo carísimo el pellejo, bajo las bombas, volando los fuertes que debían abandonar y hundiendo barcos para obstruir cada paso, los españoles fueron replegándose hasta el recinto de la ciudad, donde resistieron todos los asaltos, con Blas de Lezo personándose a cada instante en un lugar y en otro, firme como una roca. Y al fin, tras arrojar 6.000 bombas y 18.000 balas de cañón sobre Cartagena y perder seis navíos y nueve mil hombres, incapaces de quebrar la resistencia, los ingleses se retiraron con el rabo entre las piernas, y el amigo Vernon se metió las medallas acuñadas en el ojete. Blas de Lezo murió pocos meses después, a resultas de los muchos sufrimientos y las heridas del asedio, y el rey lo hizo marqués a título póstumo. Creo haberles dicho que era vasco. De Pasajes, hoy Pasaia. A tiro de piedra de San Sebastián. O sea, Donosti. Pues eso.
*Autor liberal que de vez en cuando, contradictorio como los liberales, es capaz de aplicarse a dar una información útil sin desbocarse mediante opiniones inconducentes o contradictorias del mismo texto que nos presenta. El carácter católico del héroe mencionado es vertido en otro artículo que se presenta debajo.

BLAS DE LEZO: ¿Medio hombre o 15 y medio?

Tomado del Blog Numeroquince.wordpress

Ahí tenéis al gran ALMIRANTE VERNON dando caponcillos al bueno de BLAS DE LEZO, el jefe militar español al que apodaban MEDIO HOMBRE, por faltarle un ojo, una mano y una pierna -heridas de guerra-, en las monedas conmemorativas de la GRAN VICTORIA DE INGLATERRA SOBRE ESPAÑA EN EL SITIO Y CONQUISTA DE CARTAGENA DE INDIAS en el año 1741. ¿chula la moneda, eh? una vacilada. la podéis ver en vivo y en directo en el MUSEO NACIONAL DE LA ARMADA en Madrid. vale que la armada inglesa era veinte veces más grande de la que disponía la plaza para su defensa, la mayor de la historia después de la ALIADA EN NORMANDÍA, vale; más grande incluso que la INVENCIBLE DE FELIPE II a la que no derrotó ningún ejército, vale; pero la moneda es un punto, menudo rodillazo del bueno de BLAS.

Ah, sólo una curiosidad histórica: LA BATALLA LA GANÓ EL COJO-MANCO-TUERTO y un puñado de hombres a sus órdenes. ¿Lo sabías? ¿no?. Si hubiese sido al revés, una victoria inglesa en franca inferioridad, te sonaría. Si hubiesen sido YANKIS los defensores, te sabrías la batalla de memoria. Si hubiesen sido ESPARTANOS y hubiesen terminado masacrados al final, la tendrías en DVD en alta definición. Pero eran ESPAÑOLES ayudados por indígenas. VERNON se precipitó mandando noticia a INGLATERRA de su victoria apenas al superar la primera línea de defensa costera, ordenando acuñar monedas conmemorativas y pidiendo expresamente que apareciera LEZO arrodillado entregándole sus armas. VENDIÓ LA PIEL DEL TULLIDO ANTES DE COBRARLO. Más adelante los ingleses silenciarían la segunda parte del partido, su derrota más humillante a las puertas mismas de la ciudad. La corona británica prohibió hablar o escribir sobre tal humillación, se mandaron retirar y destruir estas monedas DEL PATINAZO, aunque, como bien podéis comprobar si visitáis el museo… no todas, para escarnio y pedorreta al petimetre y a sus estirados compatriotas.
El político de turno, el virrey de Cartagena, de cuyo nombre no nos vamos a acordar, confabuló en la corte española para que desposeyeran del mérito a DE LEZO atribuyéndoselo él mismo ¿os suena? BLAS murió sólo y arruinado, seis meses después de la batalla, víctima curiosamente de su éxito, de la peste ocasionada por la multitud de cadáveres de los soldados ingleses a los que sus atareados compañeros no tenían tiempo ni de enterrar. Su esposa no disponía de dinero ni para enterrarlo. El estado español le adeudaba una fortuna en la soldadesca de varios años ¿os suena? Pocos días después de su muerte su viuda recibió una carta con su destitución como almirante del ejercito por insubordinación al incompetente del virrey, aunque posteriormente fue rehabilitado por el ejército español gracias a un diario personal en el que detalló el discurrir de los acontecimientos ¿os suena?

Ahora las buenas noticias. Los CARTAGENEROS no sólo no lo olvidaron, sino que le VENERAN y aprenden su vida e historia como salvador de la ciudad y como protector de la América hispana de la codicia inglesa, el verdadero motivo del ataque inglés a Cartagena. El ejército español tampoco se olvidó de él, y así le reconoce como uno de los mejores militares y estrategas españoles de la historia y desde hace tiempo le rinde merecido homenaje en cuya virtud un buque de la armada lleva siempre su nombre.
Ahora también, gracias al gran interés que la historia ha cobrado en estos últimos años, especialmente la militar, y a internet, muchos aficionados han conocido su trayectoria y su gran valor, y lo reconocen hasta el punto de existir una plataforma recogiendo firmas para que la ciudad de Madrid le ponga su nombre a una calle, aunque ya la tiene en varias capitales y en su pueblo natal, PASAJES, en Vizcaya.

Y, para mí, la mejor noticia es que, en mi visita a la librería de EL CORTE INGLÉS buscando mi novela para las vacaciones veraniegas, me topé con un pedazo de biografía escrita por un COLOMBIANO asombrado de que en ESPAÑA nadie hubiese escrito una: EL DÍA QUE ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA. el título actuaba como un imán, y además conocía el personaje gracias a la estupenda NOSOTROS LOS ESPAÑOLES DE JOSE MARIA MARCO y quería conocer la historia de manera completa. Disfruté el libro como un enano mirando el mar de CÁDIZ, en ROTA, muy cerquita de su casa en EL PUERTO DE SANTAMARIA, dónde este gran español pasó parte de su vida y a la que su viuda retornó después de su fallecimiento. La recomiendo CIENTO QUINCE POR CIENTO. Un pedazo de RELATO HISTÓRICO DEL QUINCE.

EL DISCURSO: todo gran héroe tiene su discurso o SPEECH en el momento clave de la historia, el termino inglés que incluso me gusta más (...). BLAS tuvo varios cruces de bravuconadas con VERNON dignas de la gran pugna que mantuvieron en distintos lances, pero yo me quedo con el siguiente momento: las guerras del Imperio siempre fueron santas, España defendía la FE CATÓLICA, era su defensor más implacable. En el momento decisivo de la batalla, cuando los soldados españoles que defendían el fuerte de SAN FELIPE salieron a la carga sobre los sorprendidos ingleses, que les superaban ampliamente en número, y justo a las doce de la mañana, LEZO ordenó rezar EL ANGELUS, quedándose los dos ejércitos quietos y en silencio, los españoles por sus creencias y los británicos sorprendidos por la sangre fría de aquellos. BLAS aprovechó entonces para sacar un papel de su bolsillo y leer a sus hombres el llamado SALMO 69, que estos se aprestaron a repetir:
Ven, Señor, en mi ayuda; apresúrate, Señor, a socorrerme. Queden corridos y afrentados los que atentan contra mi vida. Tornen atrás y queden afrentados los que desean mi desgracia. Haz que se salven tus siervos que en ti esperan, Dios Mío. Sé para nosotros, Señor, Torre inexpugnable. En cuanto a mí, pobre soy y necesitado; ayúdame, Dios mío. Tú eres mi ayuda y mi libertador; no te demores, Señor. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.”

Antes de que los ingleses reaccionaran tenían a los ESPAÑOLES en lo alto, inflamados por la arenga y con el convencimiento, los unos que DIOS estaba de su parte, y los otros QUE LOS HABÍA ABANDONADO DEFINITIVAMENTE. La retirada británica significó una derrota sin paliativos, y en pocos días la ignominiosa debacle inglesa fue un hecho. En Cartagena se llegó a decir que EL MEDIO HOMBRE VALÍA POR HOMBRE Y MEDIO, y nosotros añadimos Y POR QUINCE INGLESES Y MEDIO o más.

LA ANÉCDOTA. Hace cuatro años, la armada inglesa celebró a bombo y platillo el doscientos aniversario de la batalla de Trafalgar. De buen rollito pero en plan vacilón, como les gusta hacer estas cosas a los ingleses, invitaron al acto en el puerto de PORTSMOUTH a las armadas francesa y española, perdedoras en aquella batalla, que enviaron barcos en su representación. ¿A que no sabéis qué barco envió ESPAÑA a conmemorar con los ingleses la batalla?… ¡BINGOOOOO!, la fragata BLAS DE LEZO.

Fuente: EL DÍA QUE ESPAÑA DERROTO A INGLATERRA, PABLO VICTORIA, Editorial Altera y reseña del libro del blog hislibris.