“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

jueves, 21 de julio de 2011

CRITICA - DE DIOSES Y HOMBRES

DE DIOSES Y HOMBRES
Director: Xavier Beauvois - 2010


DE FERVORES Y TIBIEZAS
Se ha estrenado recientemente en Buenos Aires esta película que ha obtenido importantes premios en Europa y gran suceso de público en Francia. La misma cuenta los últimos meses en la vida de ochos monjes cistercienses en un monasterio de Argelia, cuando en 1996, en medio de enfrentamientos entre grupos extremistas islámicos y el ejército local, son secuestrados y posteriormente asesinados. El eje de la película gira en torno a la decisión que estos monjes toman de quedarse allí, a pesar de serles ofrecida la posibilidad de escapar con vida. Rodea este conflicto la relación de los religiosos con los habitantes de la región y la mirada de la película sobre la posibilidad de llevar a cabo un diálogo fructífero con el islam.

La sombra de una duda

La sospecha nos vino cuando advertimos la aprobación masiva que esta película generó en los medios que, en teoría, deberían oponérsele. Así los diarios liberales, anticatólicos y de izquierda, así los mismos críticos que ensalzan el último Harry Potter o los filmes de homosexuales, desde el Página/12 hasta el Clarín, pasando por La Nación, La Prensa y Ámbito Financiero -la única excepción ha sido Tiempo Argentino-, dieron su veredicto unánime: "excelente", "muy buena", "8 puntos". Del mismo modo distintos sitios y blogs de cine, emparentados en la misma visión del mundo que los grandes medios corporativos (como ahora gustan de tildar), estuvieron de acuerdo en la apreciación. Tampoco se quedó atrás el catolicismo progresista de “Comunión y liberación”, como asimismo el ultraliberal de la revista Criterio, que aprovecha su crítica para de paso lapidar -¡todavía!- a la película de Mel Gibson "La Pasión de Cristo" con el mismo tono pusilánime y temeroso con que La Nación suele escandalizarse ante la exhibición de la verdad con toda su bella contundencia testimonial. Tenemos un total de diez a quince críticas positivas y coincidentes, en general por los mismos motivos y bajo las mismas formas del lugar común periodístico. Ninguna mirada religiosa atenta, ninguna mirada cinematográfica rigurosa.
La mención a estos medios, lejos de lo que pueda pensarse, no es inútil, sino que, por el contrario, como ya lo enseñara Sardá y Salvany ("El liberalismo es pecado"), resulta muy conveniente estar advertido de ciertas cosas. Porque el enemigo sabe tener muy buen olfato y cuando advierte algo católico -como ocurrió con las películas de Mel Gibson o con "El Rito", especialmente por su final-, estos medios despotrican contra la Religión católica, o lo que vienen a llamar sus "excesos" o sus afanes "evangelizadores". Del mismo modo cuando un film les resulta aprovechable para sus fines, darán su aprobación publicitaria, con o sin reservas.
Pero tampoco nos olvidamos, más allá de estas opiniones, la muy lúcida –aunque no demasiado abarcadora, como es comprensible- columna de Monseñor Williamson sobre esta película, quien, a la par de sus claros reparos, manifestaba las virtudes de la misma y el aprovechamiento o la enseñanza que uno puede extraer de la película. ¿Extraña coincidencia o desavenencias no iluminadas?
Será bueno distinguir, desbrozar lo que esta película nos entrega y las lecturas posibles de la misma. Pero también es muy importante entender que juzgar la película no es juzgar la historia real en que se basa, pues ambas cosas, con sus puntos de coincidencia, pueden llegar a ser contradictorias. Un film puede, en su discurso o puesta en escena, traicionar aquello que llevaba en germen. O llevar las mismas contradicciones de lo que se propone contar al estilo con que se lo cuenta. Como sea, no debe anteponerse el contenido a la forma, sino que debe entenderse el contenido desde y en la misma forma: es ella la que debemos juzgar para juzgar la totalidad de lo que se nos dice. "No es el mensaje de un libro, sino su clima, lo que nos invita a habitarlo", dice Nicolás Gómez Dávila. No admiramos una pintura sólo porque en ella esté representado N. S. Jesucristo, sino porque el arte de Duccio, Mantegna o cualquier gran artista nos conduce a Él. El católico bienintencionado pero resabiado de liberalismo tiende a ser indulgente con el cine cuando éste trata temas religiosos católicos, especialmente en estos tiempos de ateísmo y paganismo generalizados. Pero es precisamente en este tiempo de modernismo católico cuando las ideas se muestran más confusas. Al fin y al cabo, citando nuevamente al maestro colombiano: "De nada debemos proteger nuestro pensamiento con igual cuidado como de la proliferación de las semi-verdades". Y las verdades se transmiten a través de las palabras y las formas. Por eso la importancia de la liturgia, entre otras cosas. Pero no nos adelantemos en nuestras conclusiones.

Contradicciones

Lo primero que debe decirse de esta película es que en ella, como en el catolicismo conciliar o liberal, hay verdades y hay errores, hay belleza y hay fealdad, hay pericia y hay torpeza, hay fervores y hay tibiezas, todo en diferentes proporciones. Como el conciliarismo de buena voluntad, lleva la contradicción en sí. La medida en que cada una de estas cosas logra influir en la totalidad de la obra será decisiva para el bien o el mal que se obtenga finalmente. La actitud y utilización manipuladora hacia la misma se sirve de estas falencias para lograr sus fines, unos fines que quizás no sean opuestos a los de los hacedores del film (seguramente bienintencionados pero no del todo iluminados).
Ciertamente, se trata de una película excepcional, como la llamó el obispo Williamson. Pero lo es más por el asunto que trata, que por su propia singularidad como película. Pues Dios tiene recursos extraordinarios para suscitar gestos excepcionales en una iglesia liberal que se ha vuelto "ordinaria". Y el cine de igual manera necesita de excepciones, como “La Pasión de Cristo” se ha encargado de demostrar, con todas sus consecuencias ulteriores.

Haber

En el "Haber" de la película debemos destacar la limpieza de recursos con que transmite el buen corazón de unos hombres que, aun en medio de dudas, temores y confusiones, saben ser fieles a Aquel por quien todo lo han dejado. La cotidianeidad cuasi documental de la primera parte de la película hace que el espectador acompañe a los religiosos como testigo privilegiado del buen obrar que es la caridad cristiana (y por ello decimos privilegiado). Cuando al fin la recompensa humana sea el asesinato, tendrán que valorarse más las acciones que no buscan recompensa en este mundo, cosa que precisamente los monjes sólo logran comprender ante la inminencia de la muerte. La idea central del Sacrificio, propia del Cristianismo, es asumida por estos hombres hasta el fin.
La nobleza de estos hombres queda incólume al final, a pesar de sus dudas y sus temores. El tiempo de sus quehaceres pauta el ritmo del montaje y la duración de las escenas, acierto de la cámara que se pliega a esa vida. Los actores aportan una honestidad esencial que sabe transmitir lo que seguramente la Francia antigua les ha dejado en herencia a sus mayores. No obstante lo cual el permanente aspecto atribulado –no subrayado, por cierto- de casi todos ellos nos remite a la torturada seriedad de los personajes de Bresson (seguramente una herencia pesada para todo el cine que se pretende “espiritual”), con ese prurito de hacer del Cristianismo un asunto de atormentados. Decimos que esta sombra sobrevuela la película, pero afortunadamente no la impregna demasiado.
Otro punto destacable es la manera en que uno de los monjes logra superar su temor muy humano a fuerza de oración, pues entonces es patente el poder de la gracia sobre la miserable naturaleza humana. Seguramente la fuerza de la oración de sus corazones ha sido el factor determinante para no hacer huir a unos religiosos tan resabiados de catolicismo conciliar.

Debe

El "Debe" de la película incluye todo lo que rodea a la decisión que los religiosos toman y la forma en que es vista la religión católica por parte del mundo (y en relación a éste). Hablamos de la idea del Sacrificio. El problema es definir sacrificio por qué o por quién, y aquí viene el problema de la película en relación a lo que logra o no transmitir a los espectadores. Porque así como "L'Osservatore Romano", por ejemplo, destaca su visión positiva de la nueva película de Harry Potter, en lo que considera "los valores de la amistad y el sacrificio", también los marxistas pueden destacar el "sacrificio" realizado por el terrorista Ernesto “Che” Guevara. Para entender un poco mejor la confusión a que puede prestarse este tema a partir de la película, repasemos un poco los párrafos destacados de las principales críticas sobre el film, con nuestro subrayado, porque ello es la impresión definitiva que les deja:

1. "...se la ve como una película religiosa. Pero también como algo más amplio: una historia de gente consecuente consigo misma y con sus creencias más ejemplares de amor y comprensión entre los hombres, por encima de sus propias vidas, y de la intolerancia ajena".

2. "Estos monjes no predican, sólo se dedican a servir al prójimo y, en este caso, dan testimonio de hermandad con los musulmanes".

3. "De dioses y hombres no es un filme sobre la religiosidad, por más que abunden las escenas de rezo y los protagonistas sean cristianos de ley".

4. "El relato utiliza como contexto la religión -o las distintas creencias- pero sabe ir más allá de la cuestión filoreligiosa".

5. "La humanidad y el entendimiento de lo que es correcto son las bases en las que se sustenta este muy buen filme".

6. "...film protagonizado por gente de fe que no espera milagros".

7. "No son las diferentes creencias sino la intolerancia lo que genera odio, incomprensión, espirales de violencia que no saben de inocentes".

8. "Según su realizador, la película no habla de otra cosa que de la prolongada ausencia que en el mundo de los hombres registran la libertad, la igualdad y la fraternidad. Trilogía que no sería, así, un punto de llegada, sino una utopía a alcanzar, en todas las épocas".

9. "Al contrario de lo que puede pensarse a simple vista, este nuevo largometraje del actor Beauvois no habla sobre religión (...) Habla sobre dilemas morales, acerca de qué lugar ocupa uno en la sociedad, y si se debe dar un paso al costado para proteger la vida propia o luchar hasta el final por una convicción o una ideología".

10. "No importa tanto qué religión sea la que profesan los monjes recluidos en ese monasterio en Argelia. Ellos ven a todos como iguales".

11. "Des hommes...es un film elegido por muchos religiosos (de diversos credos) para mostrar el poder de la convicción humana cuando está alineada con Dios".

Por otro lado, los católicos conciliares, ajenos y desacostumbrados a la reverencia de la Tradición católica, algunos con el mismo gran entusiasmo con que pudieron alabar un film como "Avatar", afirman:

12. "Estamos ante una película religiosa como pocas, auténtica en su espiritualidad, con un respeto por la vocación, con una creencia en la fe insólitas en estos tiempos en que el cine suele bromear con la iglesia, cuando no la ataca frontalmente".

13. "Beauvois ha logrado una de las mejores películas explícitamente católicas que se hayan hecho".

14. "En estos momentos de candente anti-islamismo en el mundo occidental, se establece en el film una diferenciación explícita entre el Islam y quienes lo distorsionan".

15. "De dioses y hombres es la película que debiera promover la Iglesia como material cultural y de diálogo interreligioso".

16. "Ellos quisieron ser ajenos a esas luchas, su propósito sólo era el de seguir siendo una ayuda para el diálogo de los cristianos con el islam".

17. "Lejos de ser una película que tome pie del fundamentalismo para satanizar al conjunto del Islam, refleja de forma sobresaliente el ideal del diálogo interreligioso propugnado por la Iglesia en el Concilio Vaticano II".

¿Puede decirse que todo lo aquí expuesto en resumen, en dos posiciones encontradas pero en el fondo coincidentes, se corresponde con lo que la película plantea y ofrece al espectador?

Primero vamos a evaluar puntualmente algunas de las cosas que se dijeron:

1. "Gente consecuente consigo misma" habría defeccionado y rehusado el martirio, tal como estuvo tentado de hacer uno de los monjes (y concretaron dos de ellos). Precisamente porque estamos viciados por el pecado original y nacemos rebeldes, es que debemos ser consecuentes con Dios y vencernos a nosotros mismos para poder amar al prójimo hasta dar la vida. Por otra parte, se introduce el vocablo "intolerancia" sin comprender que el mundo es contrario a Cristo y por lo tanto no es sólo "intolerante", sino "enemigo". Si no se entiende eso no se entiende nada. Por eso no puede pedírsele "tolerancia" al mundo en la medida en que no se trabaja para lograr la conversión de los hombres que son de él.

2. "Los monjes no predican, sólo se dedican a servir al prójimo", como si predicar (la verdad) no fuera servir al prójimo, cuando esa es la primera misión encomendada por Cristo a sus Apóstoles. En esa crítica se pretende decir que los religiosos no deben intentar convertir ni “imponerle” la verdad a nadie, y tampoco debe hacerlo la película.

3. "No es un filme sobre la religiosidad", no es exacto. Resta analizar qué tipo de religiosidad se muestra allí. En todo caso, quien escribe eso no se siente molesto por la religiosidad que se le muestra.

4. Otro elogio porque el film sabe ir "más allá de la cuestión filoreligiosa". En realidad podría decir que se queda más acá, pero, nuevamente, la religiosidad que muestra la película causa el beneplácito del escriba.

7. El problema no serían las diferentes creencias sino la intolerancia. Deben tolerarse todas las creencias, por disparatadas, falsas, malas y perjudiciales que sean. El aserto implica la relatividad de la verdad.

8. La visión de los monjes -y por lo tanto del cristianismo que se presenta- sería utópica. Y esto se presenta como positivo, pues puede emparentarse con la praxis revolucionaria utópica del marxismo.

9. Se dice lo mismo que en el punto 3.

10. Se relaciona con el punto 7. La religión de los monjes es lo de menos, lo importante es su actitud. Pero también se dice que sin importar la religión que profesan, "ellos ven a todos como iguales", con lo que se quiere decir que no hacen acepción de personas. Pero eso precisamente deriva de la Religión católica que les enseña a los monjes a amar a sus prójimos como a sí mismos. Por lo tanto, no es indiferente la religión que ellos tengan.

11. Idem anterior.

12. Este crítico se va al extremo opuesto de los anteriores, pero sin ir al fondo de la cuestión en su análisis. Desconoce el problema del modernismo en la Iglesia.

13. Las opiniones mayoritarias desmienten la afirmación del crítico. Los liberales no son tontos y reconocen el catolicismo integrista y tradicional en el acto.

14. ¿Candente anti-islamismo en el mundo occidental? ¿No será más bien todo lo contrario? La islamización parece imparable, la comunidad islámica es la que más crece en el mundo, en España ya hay más de mil mezquitas, la prensa occidental en general y la Iglesia Católica se muestran tolerantes cuando no favorables, ¿eso se puede llamar anti-islamismo? Esta película también viene a confirmar lo contrario. También se dice que el problema no es el Islam, sino su distorsión. Responderemos luego a ello.

15. Esto viene de parte de los liberales de "Criterio", que saben ver bien el servicio que puede prestarles esta película.

16. Esto está dicho por el productor y guionista de la película. Como ocurre con los liberales, luego se contradice diciendo algo perfectamente ortodoxo: "Fueron allí a dar testimonio de fe. Y sabían que la vida que habían decidido asumir era la de la Pasión de Cristo". Pero, ¿Cristo murió por decir la verdad o por no saber dialogar con las falsas religiones?

17. Esto viene de parte de un obispo español, que ya quiere sacarle tajada al suceso del film para seguir profundizando los errores del Vaticano II.

La idea general que nos queda -de acuerdo a la interpretación no errada aunque incompleta de los críticos liberales- es la de un film que muestra cómo se debe ser tolerante con todas las religiones -en este caso el Islam-, pues el problema no está en las distintas creencias sino en hacer de ellas un absoluto (un dogmatismo) y querer imponerlo a los demás credos. De algún modo hubo otro antecedente francés de otro director ateo cuando el año pasado se estrenó entre nosotros “Entre la fe y la pasión”, aunque allí de diferente signo, donde se dejaba entrever, a través de la historia de una novicia católica que termina acercándose al islamismo, “una Juana de Arco islámica” la llamó su director, que “el dogmatismo genera violencia”.
Se entiende que muchos digan que la película no trata sobre la religión, pues, al decir de Gómez Dávila, “el respeto a todas las religiones es irreligioso”. Por eso el problema estaría en lo que se conviene en llamar "fundamentalismo", algo así como el fanatismo religioso en el cual bien pueden caber todos los que aplican íntegramente sus creencias, ya sean los musulmanes como los tradicionalistas católicos, llamados despectivamente ultracatólicos, ultramontanos o lefebvristas. En definitiva, todos los que se oponen a la religión conciliar y al ecumenismo o falso diálogo interreligioso -por ejemplo a los encuentros de Asís-. El día de mañana puede filmarse la vida de unos monjes tibetanos que terminan masacrados, y entonces el mensaje será el mismo. Más allá de la religión, lo importante es ser un hombre de paz y darle de comer y curar al prójimo. Tal vez en ello haga más hincapié la película, sin dejar comprender que si los monjes son caritativos se debe a su oración y, aunque desteñida, fervorosa práctica religiosa. Por eso lo que se llevan los críticos y espectadores no avisados es, como afirma uno de estos escribas, que "los curas no son fanáticos religiosos sino ocho tipos que creen hacer el bien en un país extraño; los islamistas no son barbudos salvajes que ponen bombas sino grupos ideologizados con su interpretación particular (violenta) del islam."
Pero nosotros sabemos que la caridad no excluye la verdad, sino la presupone. Nuestro Señor enseñó y practicó aquello de la caridad con el prójimo –quienquiera que sea-, pero también dijo "Id, pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt. 28, 19-20). Y también: “El que creyere y fuere bautizado, se salvará, mas el que no creyere se condenará” (Mc. 16,16). La verdad se muestra en los hechos y en las palabras. Esta intolerancia de la verdad para con el error -de la cual la Iglesia Católica es única depositaria- es lo que no se quiere tolerar. Decía Mons. Fulton Sheen: “La tolerancia se aplica a las personas pero nunca a los principios...Nada hay más exclusivo que la verdad. Debemos ser intolerantes con la verdad porque ésta es hechura de Dios y no nuestra...La intolerancia es esencial cuando las verdades están en peligro. Cuanto más Divina es la verdad más intolerantes debemos ser con el error” ("Cuerpo Místico de Cristo").

El Islam

La película es muy, extremadamente complaciente con el Islam ("excesivo respeto hacia el Corán" dice el obispo Williamson). Este punto de apoyo refuerza el error de percepción de muchos que creen sinceramente en el diálogo con el Islam u otras religiones. El productor de la película cree que uno de los motivos para el éxito de la película en Francia es "el mensaje de los monjes, porque en Francia hace mucho que se intenta el mensaje de conciliación entre ambas religiones. Lo usual es oponerlas". Lo usual es oponerlas porque se oponen, claro está. Pero agreguemos algunas precisiones al respecto:

"En la historia de la Iglesia Dios se ha servido del islamismo para castigar la tibieza de los cristianos. El Islam ha sido el látigo de Dios. En efecto, se extendió a lo largo y lo ancho de antiguas tierras cristianas, como el África del norte. Estas regiones, que antaño eran católicas, cobijaron varias herejías: pelagianismo, donatismo, maniqueísmo, que introdujeron divisiones entre los cristianos. El islam comenzó a expandirse a partir del siglo VII a modo de castigo divino, y la Iglesia católica jamás pudo restablecerse allí. La colonización francesa impregnada de laicismo republicano tiene una grave responsabilidad en el renacimiento del Islam en estas regiones.
"Escuchemos lo que escribía Charles de Foucauld, misionero entre los musulmanes: 'Rezad por todos los musulmanes de nuestro imperio del noroeste africano, que ahora es tan vasto. La hora presente es grave para sus almas y para Francia. Después de ocupar Argelia desde hace ochenta años, nos hemos preocupado tan poco de la salvación del alma de los musulmanes, que se puede decir que no nos hemos ocupado nada. Si los católicos franceses no comprenden que tienen el deber de evangelizar sus colonias, será una falta de la cual deberán dar cuenta y será la causa de la perdición de un gran número de almas que podrían haberse salvado. Si Francia no gobierna mejor de lo que lo hacen los pueblos autóctonos de sus colonias, las perderá; eso supondrá un retroceso de estos pueblos, que volverán a la barbarie, esfumándose la esperanza de cristianizarlos"
"Treinta años más tarde, en 1940, en las calles de la localidad de Blida, en Argelia, un musulmán hizo este reproche al Padre Avril, fundador de la comunidad tradicional de Salérans: "¿Por qué no quiere convertirnos? ¿Tan despreciables somos? No pasará mucho tiempo antes de que lo lamenten amargamente".
(El látigo de Dios, por R. P. Christian Bouchacourt, Revista Iesus Christus Nº 103, Enero/Febrero 2006, FSSPX. El texto de Foucauld está tomado de su libro "Escritos espirituales", ed. J. de Gigord).

Podemos ver cómo el santo misionero Charles de Foucauld, que ofreció su vida entera para la salvación de los musulmanes, no tenía una postura dialoguista con la religión del Islam, como la que se quiere instalar desde la película, con una falsa inculturación que le haga perder al cristiano su identidad. Foucauld dice que Francia es culpable pero no por haber ocupado Argelia -como se sugiere en la película- sino por no haberla evangelizado. Y dice Foucauld que de esa manera, fuera del orden cristiano, esos pueblos regresarán a la barbarie. No parece una forma de respeto hacia el musulmanismo.

"Tenemos que convencernos de que el Corán no tiene nada de moderado. Todas las masacres perpetradas contra los católicos a lo largo de la historia, todos los actos terroristas que han ensangrentado el mundo desde hace diez años, no son más que la estricta aplicación de la doctrina contenida en el Corán. Habrá "moderados" en el islamismo, pero el Corán no es "moderado". No todo musulmán es un terrorista, pero todos los terroristas islámicos justifican su actitud apelando al Corán.
Los mahometanos desprecian el actual ecumenismo de la Iglesia. El rector de la mezquita de París, Hamza Boubakeur, decía: "La Iglesia cede más y más, pensando erradamente que se puede renunciar a ciertos detalles sin violar las leyes eternas de Dios. En realidad, aquellos que la Iglesia antaño llamaba "soldados de Dios" se han convertido en desertores (...) Nosotros, musulmanes, no vamos a ceder nada en materia de dogma y de prácticas religiosas".
(Ob. cit. El texto de Hamza Boubakeur está tomado de "Tratado moderno de teología islámica", citado por la revista "Savoir et servir" Nº 69).

A pesar de lo dicho, la película presenta un gran respeto hacia el Corán; una escena significativa es la del superior del convento con un gran ejemplar del mismo sobre su mesa. No está mal que estudie el Corán para entender lo que piensan los habitantes del país en el que se han instalado, sino que la película lo muestre más apegado a ese libro que a un gran ejemplar de la Sagrada Biblia. Esto no quiere decir que el prior del convento no lo hiciera, sino exclusivamente que la película prefiere mostrar una escena en que el prior o abad parece estar aprendiendo cosas del Corán, y no dedicándose a estudiar la Biblia. La escena posterior en que los monjes –sin sus hábitos- concurren a una ceremonia religiosa de los musulmanes, reforzará la idea que se quiere dar de “inculturación” o asimilación al islamismo.

"En el transcurso de un encuentro oficial para el diálogo islámico-cristiano, un influyente personaje musulmán se dirigió a los participantes cristianos, afirmando con calma y seguridad: "Los invadimos gracias a vuestras leyes democráticas; gracias a nuestras leyes religiosas, los vamos a dominar".
Es preciso creer en esto, porque la dominación ya comenzó con los petrodólares, que no son utilizados para crear fuentes de trabajo en los países pobres del norte de África o de Medio Oriente sino para construir mezquitas y centros culturales en los países cristianos de emigración musulmana, comprendida Roma, centro de la cristiandad. ¿Cómo no darse cuenta ante todo eso de que existe un programa de expansión y de reconquista bien preciso?
Con motivo de otro encuentro entre cristianos y musulmanes, organizado como de costumbre por los cristianos, uno de éstos pidió públicamente a los musulmanes presentes que dijeran por qué no organizaban ellos al menos una vez un encuentro de este tipo. El infaltable musulmán influyente que estaba presente respondió textualmente: "¿Por qué deberíamos hacerlo? ¡Ustedes no tienen nada que enseñarnos y nosotros no tenemos nada que aprender de ustedes!".
¿Acaso tiene lugar un diálogo entre sordos? Es un hecho que términos tales como "diálogo", "justicia", "reciprocidad", o conceptos tales como "derechos del hombre" o "democracia" tienen para los musulmanes un sentido completamente distinto que para nosotros. Con todo, creo que de ahora en más todos saben que esto es así".
(Palabras pronunciadas por S.E.R. Mons. Giuseppe Bernardini, O.F.M. Cap., Arzobispo de Esmirna, Turquía, durante una intervención en el Sínodo de Obispos de 1999. Cit. en Revista Iesus Christus Nº 103).

La película presenta algunas escenas de diálogo entre los monjes –principalmente el Padre Christian- y algunos musulmanes “moderados”, que se quejan de la violencia imperante, o de que hayan matado a una mujer por no ir cubierta con el correspondiente velo. No obstante en la escena de la iniciación religiosa de un muchacho, los hombres rezan y participan de la ceremonia, mientras las mujeres deben quedarse afuera, desplazadas de la práctica religiosa. Hay allí una de las tantas contradicciones que no se resuelven. El trato dado por los monjes a las mujeres, en cambio, es cristiano, nada peyorativo. El diálogo con los musulmanes no conduce directamente a nada porque no se llega a fondo, pues no muestra ninguna intención de lograr transmitir la verdad de la Religión católica. Tal vez el testimonio de fe del martirio pueda suplir y lograr lo que el diálogo no consiguió.

"Muchas trivialidades e incoherencias me chocaban en el Corán. Al contrario de lo que sucede con los Evangelios, en el Corán no hay unidad. Todo es susceptible de ser interpretado de mil maneras, según el lugar y el momento donde se esté. Y además, los musulmanes legitiman las malas acciones, la violencia, apelando a Dios. No hacen ningún esfuerzo por buscar la objetividad, tender hacia lo alto, porque el Islam no los conduce en esa dirección. El espíritu musulmán está comprometido con errores manifiestos. Niega la verdad más evidente. Tengo la impresión de que el Islam peca contra el espíritu (...)
A decir verdad, no comprendo la actitud que tiene Francia. Hija mayor de la Iglesia, habiendo tenido en su historia relaciones especiales con los árabes y los musulmanes, acogiendo a muchos de ellos en su tierra, desdeña transmitirles su preciosa herencia espiritual. (...)
Muchos sacerdotes han olvidado la finalidad de su misión: predicar a Jesucristo. Recuerdo una conversación con una religiosa que dirigía una escuela frecuentada también por musulmanes. En razón de una supuesta caridad, ella suprimía la oración de la vida escolar y, por tanto, privaba a los alumnos de un gran bien. Uno de mis sobrinos, musulmán y en plena depresión mística, ha hecho una observación terrible después de haberse entrevistado con un sacerdote: "Los católicos tienen la verdad pero no quieren compartirla". Un día todos estos sacerdotes y religiosas pagarán por esta renuncia (...)
La Iglesia debe continuar estando en Argelia, pero no como una sociedad de beneficencia, sino como un testimonio visible de Cristo. (...)
Los musulmanes no se convertirán con sacerdotes "tolerantes" o permisivos. Siendo muy religiosos y estando sedientos de Dios, no se pasarán a una fe edulcorada o relativizada. (...)
No hay diálogo (católico-musulmán) y no lo habrá. Es una trampa porque los musulmanes, cuando forman un único frente, parten del principio de que ellos poseen la verdad. El cristianismo no les interesa y no están dispuestos a discutir sobre religión. Si lo hacen, darían la impresión de dudar al respecto. Además, sus argumentos son pueriles, pobres y poco convincentes. Con todo, aunque no lo sepan, muchos musulmanes están a la espera de la verdad y es a nivel de relaciones personales que los sacerdotes deben cumplir un rol importante. (...)
El diálogo debería consistir en enseñarles a amar el verdadero Dios. Sin embargo, la Iglesia ha defeccionado por laxitud, por cobardía..."
(Extractos de una entrevista con Simon-Pierre Kerboua, nacido en Constantinopla, musulmán convertido al catolicismo, publicada en Fideliter Nº 143 septiembre -octubre 2001, incl. en Revista Iesus Christus Nº 103).

En relación al Corán, el libro sagrado de los musulmanes:

“Para los verdaderos creyentes, y los musulmanes lo son por antonomasia, es el libro sagrado y punto de partida de una disciplina religiosa que se impuso a la anarquía de su temperamento y los lanzó a la conquista del mundo, con una fuerza, una fe y un fanatismo pocas veces igualado en el curso de la historia. Decir que es un libro religioso, sin añadir una serie de explicaciones que permitan distinguirlo de otros de la misma especie, es un abuso de confianza.
Sin dudas, hay en el Corán una serie de verdades que pertenecen al elenco tradicional de la religión revelada y, como es fácil de advertir, esas nociones son de procedencia bíblica, y ha sido con mucha posterioridad a la prédica de Mujamad (Mahoma) cuando surgió la idea de reclamar para el Corán una originalidad que la simple lectura de sus textos hacía completamente innecesaria y que el más simple cotejo dejaba ver sin ninguna dificultad.
Hay verdades religiosas pero no una nueva revelación; apenas un amaño discreto para poner esos principios al alcance de la imaginación árabe sin que se advierta, en lo más mínimo, un esfuerzo por elevar las mentes a un encuentro con Dios que permita hablar de un itinerario perfectivo. Todo lo contrario, el Corán parece destinado a despertar una afluencia pasional incontenible que lance el alma del creyente en una empresa de conquista político militar y de ninguna manera en la faena de la contemplación mística.
La salvación no es la obra de una purificación espiritual, sino de la obediencia pasiva a los jefes religiosos y políticos de la comunidad islámica. La guerra santa es el sacramento único que abre para el creyente las puertas del cielo. Esto explica por qué razón la paz enmohece el espíritu del musulmán y termina lanzándolo a las querellas inútiles, a la pereza y el abandono. (…)
El Corán fija la constitución de la familia islámica sobre la poligamia. Se entiende que un buen musulmán no puede tener más de cuatro mujeres. La apología de esta forma matrimonial podemos leerla en la introducción al libro sagrado en su reciente edición argentina. (…)
No es necesario estar dotado de un exagerado pudor para comprender el grado de sometimiento a los sentidos que semejante unión significa. Se entiende que el privilegio de tener un serrallo, por modesto que sea, supone, para los creyentes menos favorecidos por la fortuna, tener que resignarse a la poliandria o, en el mejor de los casos, a una monogamia aceptada sin entusiasmo. (…)
Por supuesto, los simples soldados podían practicar libremente el onanismo, la pederastia o la bestialidad, sin que ninguno de estos vicios fuera especialmente condenado o cerrara para siempre las puertas del Paraíso para quienes morían en combate. Mujamad (Mahoma) comprendió muchos de los inconvenientes que traía la poligamia y escribió, no sin mostrar un cierto desengaño: "que nunca llegaréis a hacer reinar la concordia entre vuestras mujeres, cualesquiera fuera vuestra buena voluntad''.
(El Islam: Una ideología religiosa por Rubén Calderón Bouchet)

“A propósito de los atentados el Papa Juan Pablo II se preguntaba: “¿Cómo se pueden verificar episodios de tan salvaje crueldad?”. La respuesta está en el Corán: “Cuando encontréis a los infieles matadlos hasta el punto de hacer con ellos una carnicería (…) Los que hayan sucumbido en el camino de Alá (en la guerra), Alá los introducirá en el paraíso” (…) “¡Oh creyentes! Si asistís a Alá en su guerra contra los malvados, él también os asistirá y dará firmeza a vuestros pasos. En cuanto a los incrédulos, ojalá perezcan” (Corán, LXVII, 4-5, 7-9). (…)
El dios del Islam, Alá, niega y condena absolutamente la Santísima Trinidad, la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y la redención por la cruz; califica a la Iglesia y a sus representantes de meros infieles (Corán IV, 157 – IV 171 – XLVIII, 28, II, 191, IV, 76 etc.) (…)
No se puede entender lo que pasa hoy y lo que pasó con el Islam desde su nacimiento sin considerar al Corán como punto de referencia de la mentalidad, del derecho, de la política y de la actitud de los musulmanes. Tratar de “fanáticos” a los musulmanes que toman el Corán en serio es una muestra de suma ignorancia. Todos los musulmanes están perfectamente de acuerdo en que el Corán es la verdad divina comunicada a los hombres. En toda religión el fundador es un modelo que debe ser imitado (…) Por eso, los que hoy son llamados “terroristas” son en realidad los verdaderos musulmanes. Quieren practicar su religión e imitar a su profeta, conquistando a sangre y fuego al mundo, para el Islam. Ni más ni menos que lo que hicieron los primeros musulmanes con la guerra santa”.
(El Islam según el Corán y la historia, por R. P. Michael Boniface, en Revista Iesus Christus Nº 103).

Creemos que con esto basta para dar por tierra con lo que a través de la película se quiere traficar: que el entendimiento es posible con los musulmanes a través de la beneficencia y las buenas obras y no debe buscarse su salvación a través de la fe en Cristo. La caridad de las obras de misericordia es uno de los dos pilares, el otro debe ser la predicación de la verdad, de Cristo crucificado y resucitado, y el desenmascaramiento de las falsas religiones. La verdad no tolera al error y la Iglesia sólo puede sobrevivir si vive en y de la verdad, una verdad que debe comunicar y enseñar a todo el mundo. Para ello ha utilizado siempre el diálogo en el sentido en que siempre la Iglesia lo entendió antes del último Concilio: “Se engañan quienes piensan que antes del Concilio el catolicismo no conoció nunca el debate ni la oposición. Se engañan también aquellos que piensan que en el pasado la Iglesia fue incapaz de “medirse” con quienes no se consideraban sus hijos. La discusión, es decir este instrumento fundamental de relación con el prójimo, sea un individuo o una colectividad, se utilizó siempre desde el alba del cristianismo, empezando por Nuestro Señor mismo quien, modelo de toda perfección, es también modelo de relación con el mundo de su tiempo, con las instituciones religiosas y civiles con las que estuvo en contacto, y con las cuales estuvo confrontado en la Palestina de hace dos mil años. Lo que nació con el Concilio, por el contrario, es una manera nueva y atípica de establecer relaciones con las instituciones, religiosas o no, de nuestro tiempo. Este cambio es radical, porque el fin del diálogo y de la relación con los interlocutores actuales parece ser radicalmente diferente” (“Contribución al diálogo interreligioso”, Padre D. Pagliarani, FSSPX, Revista sí sí no nº. 223, Febrero 2011). En efecto, como muy bien lo sintetiza Mons. Williamson, “La plenitud de la cabeza visible de Dios en la tierra es Jesucristo quien fundó no más que una sola Iglesia, la cual se encuentra necesariamente contradicha, más o menos, por cualquier otra "iglesia" o religión o rechazo de religión. ¿Cómo entonces pueden los oficiales católicos dialogar oficialmente con cualquier no-católico a excepción de tener como fin principal el convertirlos? El "dialogar" buscando otro objetivo denota implícitamente la negación de que Jesucristo es Dios” (Comentarios Eleison, 3 de julio del 2010, “Humanamente, acabada”).

Religión conciliar

No hay mayor prueba de la ortodoxia de la religión que la de resultarle “fanática” a los ateos, paganos e impíos. Cuando éstos reciben con beneplácito –sin dejar de ser lo que son y pensar como piensan- a la Religión católica, es porque ésta ha perdido su fuerza y su identidad debido a su mezcla con el espíritu del mundo. Una religión aguachenta es mejor para el mundo que la ausencia total de religión, cosa imposible de lograr, como el experimento comunista soviético se encargó de demostrar. Y esta confusión y lavado de la Religión católica, desde luego, se realiza con las mejores intenciones de los incautos y las peores de los lobos disfrazados de corderos. Buen ejemplo de los primeros se puede encontrar en un blog de espiritualidad cisterciense que alaba esta película y que, entre otras cosas como la mixtura del catolicismo y el yoga o el zen, explica desde tal lugar queSin el Concilio todo habría sido peor en la Iglesia, hubiera habido una verdadera catástrofe. Los dos objetivos de Juan XXIII y de Pablo VI, abrir un proceso de renovación de la Iglesia y ponerla al día en su relación con el hombre contemporáneo, siguen siendo objetivos de la Iglesia en este tiempo y en el venidero. No hay vuelta atrás sobre la experiencia eclesial y la enseñanza del Vaticano II, y un posible concilio nuevo, con la novedad que traiga, no podrá no seguir el proyecto de Iglesia del Vaticano II en sus grandes directrices”.  Una de las formas que tienen de combatir a la verdad de la fe católica es a través de un falso amor al prójimo, puramente humano y de beneficencia, al estilo masónico. Como decía Gómez Dávila: “La compasión, en este siglo, es arma ideológica”. Y así se busca reducir a la Religión católica a mero asistencialismo, predicando tan sólo las añadiduras.
La degradación de las formas en la liturgia se ve reflejada en la pauperización de las formas en el arte, y tal en esta película, como si una cosa llevara a la otra. Resulta chocante ver a los monjes comulgar de pie y en la mano, sin ninguna clase de reverencia ante el Autor de la Vida (“… por respeto a este sacramento ninguna cosa lo toca que no sea consagrada, por lo tanto los corporales como el cáliz se consagran, lo mismo que las manos del sacerdote, para poder tocar este sacramento. Por eso, a nadie le está permitido tocarle, fuera de un caso de necesidad, como si, por ej., se cayese al suelo o cualquier otro caso semejante” dice Santo Tomás en Suma teológica - Parte III a - Cuestión 82). O salmodiando en idioma vernáculo, en una austera y digna capilla pero adornada con una cruz devaluada y casi abstracta. O fuera del monasterio sin sus hábitos religiosos. Producto de la debacle posterior al Vaticano II, su religión –ya lo vio el obispo Williamson- está imbuida de subjetivismo y sentimentalismo, aunque se muestran fervorosos (increíblemente los monjes no pierden –o recuperan un tanto- el fervor, a pesar de la liturgia chirle y mistonga; e imaginamos que esto ocurre porque están rodeados no por occidentales, sino por musulmanes que son en el fondo profundamente religiosos y, con su fervor, demandantes para con los religiosos). La suya es una liturgia sin inciensos ni latines, sin cruces o rosarios. Es una liturgia que elimina la distancia y crea inmediatez, cuando la liturgia es una mediación, como lo son las formas en el terreno del arte. El simbolismo no es un obstáculo ni una barrera, sino la vía de acceso del hombre a aquello que no puede aprehenderse directamente. También aquí la imaginación debe ser estimulada y alimentada mediante la mediación de las formas. Más allá del problema de la misa en sí, que no corresponde tratar acá.
Pero esa contradicción entre una aplicación que los lleva al martirio a los monjes y una religión que lejos de considerar esos extremos se muestra blanda e indulgente con los errores, resultará –según creo- difícil de conciliar satisfactoriamente por el espectador común que no está enterado de ciertas cosas y que, imbuido también de sentimentalismo, acepta una forma de religión que en verdad lo conduce al lado contrario al que finalmente fueron llevados estos mártires. Ya hemos visto cómo los modernistas pretenden utilizar esta película para fogonear lo que en realidad se ve bien es un fracaso, esto es, el diálogo interreligioso que no pretende tener como fin a Jesucristo Nuestro Señor. Con respecto a los tradicionalistas, ya dejó asentado Monseñor Williamson un aspecto sobre el que se debe tener atención y que esta película nos lo recuerda: “Pero sobre todo, como dice Nuestro Señor (Mateo XV, 18,19), es lo que está en el corazón del hombre lo que importa. Mucho mejor que todo es el Tradicionalismo de corazón, pero esta película nos recuerda a los Tradicionalistas que el Conciliarismo de corazón puede todavía agradar a Dios mejor que la Tradición sin corazón”. Pero, por cierto, el obispo después habrá de agregar que “Ciertamente el Catolicismo de corazón es mucho mejor que el Islamismo de corazón, que es una secta anti-cristiana, simplista y brutal”, lo cual en la película no se deja establecido de ningún modo, como ya lo hemos aclarado cuando hablamos del Islam, y éste es probablemente el aspecto más negativo de la misma.

Errores

En relación a la dirección del film, creemos que empieza bien y termina mal, pues no es capaz de imprimirle al registro objetivo semi-documental del comienzo (y hace muy bien comenzando con la oración de los monjes), un sentido simbólico trascendental que es reemplazado por reiteradas explicaciones verbales que el director no ha sabido representar ni siquiera mediante la sugerencia de los signos exteriores de la gracia que son los sacramentos –por ejemplo el de la confesión, algo que es más lógico se muestre en la premura de una de muerte inminente-, o de prácticas como el rezo del rosario o el vía crucis (pero estas cosas, por supuesto, no pueden pedírsele a un director ateo, aunque el asunto con el que se mete sí lo demande). En vez se prefiere una escena muy obvia como la del brindis de vino con la música de “El lago de los cisnes”, escena muy celebrada por los críticos–incluso uno se extiende larga y equivocadamente sobre su sentido simbólico, que a esta altura entendió hasta el vendedor de pochoclos del cine- y que además de sentimental está muy estirada, con el evidente propósito de hacer de la misma el clímax de la película. Lo cual además resulta equivocado técnicamente, porque el clímax es siempre el punto más alto de la película, y es al momento del martirio –aquí escamoteado- que le correspondería tal función. Además, para estar logrado el clímax debe ser inmediatamente anterior al epílogo, pues después del clímax debe venir una distensión, que aquí no se verifica ya que luego llegan los musulmanes a capturarlos y entonces se produce un nuevo clima de tensión que se resuelve, curiosamente, en el final y no antes de éste. Es decir que hay un evidente error de construcción dramática en la gradación emocional. Esta exigencia de la estructura clásica viene dada por la misma película, que se estructura con su comienzo o exposición, un desarrollo donde surge el conflicto, un clímax y un desenlace (o principio, medio y fin). Pero, como decimos, no es respetada la armazón por errores conceptuales.
Casualmente acabamos de ver un muy buen telefilm norteamericano llamado “Pedro y Pablo” donde se resuelve de manera sencilla y conmovedora una escena similar. San Pablo cena en silencio con Marcos y Lucas, cuando llega un soldado romano con las órdenes de ejecución del Apóstol. Entonces se desarrolla un último brindis donde Pablo da muestras de su inquebrantable fe y, con convicción, celebra el momento cumbre de su vida junto a sus amigos. Podrá decirse que no hay punto de comparación, pero precisamente para dar ejemplo a los que vienen detrás Dios suscita las escenas ejemplares de las vidas de los santos. Y la resolución de las vidas de estos monjes debe entenderse católicamente, sin beaterías sentimentales ni peligrosas indefiniciones respecto de la fe.
Por eso nos parece un grave error el final de la película, donde se echa por la borda el momento cumbre de sus vidas. Alguien podría afirmar –y en esto lo acompañarían los griegos- que mostrar la muerte violenta en escena es obsceno, pero les recordamos que el símbolo de nuestra fe es un hombre crucificado, y que ese hombre –que es Dios- ha vencido a la muerte. En todo caso, todo depende de los modos y los énfasis con que se presentan los hechos. Desde luego que no debe mostrarse la decapitación de los monjes –la película que mencionábamos antes muestra a Pablo ante el umbral de una puerta abierta, más allá de la cual lo espera la sombra de un verdugo con su hacha, y no hace falta más-, pero sí hace falta mostrar la asunción de esa muerte victoriosa por parte de estos hombres en el momento previo en que han de ganar su corona. Que el director nos muestre a estos hombres alejarse bajo la nieve que cubre la pantalla sugiere la pérdida de los mismos en un difuminado y triste paisaje, sin los contornos seguros de la materia que es ofrendada para liberar al espíritu. El amor no es simbolizado por el desvanecimiento impresionista ni el agotado paisaje del invierno. Por eso creemos que otro rasgo del sentimentalismo es no confiar en la imaginación, en el poder sugerente de la figura humana, y sí en un cartelito que con texto periodístico le informa al espectador al final lo que pasó con estos monjes, para evitar tener que exponerlos.
No decimos que hay que mostrar la escena del martirio –repetimos, sin la explicitud final- porque uno no la pueda imaginar, sino porque es digna de ser recordada, y para ello debe ser vista. ¿Por qué es digna de ser recordada? Porque allí se manifiesta mejor tal vez que en ningún otro momento la presencia de Cristo en los hombres. El martirio es el más alto acto de amor, y por lo tanto es digno de mostrarse. Nosotros veneramos al crucificado. Sobre el altar de nuestras iglesias tenemos al crucificado, y no es obsceno ni escandaloso; es un recuerdo permanente que hoy muchos parecen querer borrar. Por otra parte, los monjes estuvieron preparándose –con temor y temblor- durante toda la película para afrontar ese momento: es necesario que compartamos con ellos, no sólo sus rutinas y sus angustias, sino también su triunfo final, para ejemplo y comprensión cabal de cuál es el premio que Dios otorga a quienes dan el buen combate. Y ese premio no es el éxito mundano, sino el triunfo de los hombres fieles sobre sus propios miedos y egoísmos. En definitiva, es el triunfo de Dios que de esta manera es glorificado.
Hasta aquí nuestro parecer sobre una película que debe verse con atención y buen discernimiento, sin dejar de reconocerle sus valores pero tampoco sin dejar de señalar sus fallas y sus peligros, porque sabemos que los errores se esparcen con mucha mayor facilidad a través de medios como el cine, que apunta en primer lugar a los sentimientos y en último al intelecto. Hagamos nuestro aprendizaje, que para ello nos sirve esta interesante película.