“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

lunes, 7 de junio de 2010

HABLAN LOS MAESTROS



“Se comprueba entre los hombres de nuestro siglo una nerviosidad casi enfermiza, provocada por una actividad de los sentidos desproporcionada con las fuerzas físicas que Dios nos ha dado. La radio, el cine y, en general, las invenciones modernas son en buena medida la causa de ello.


Pero ellas serían un mal menor si uno supiera usarlas con moderación. Ahora bien ¿no vemos, al contrario, la precipitación y la avidez con la cual se persiguen estas sensaciones y estas impresiones violentas? Las consecuencias se hacen sentir muy netamente en la inteligencia, que depende en su actividad de nuestro sistema nervioso.


Es así que los chicos y los jóvenes muestran una gran dificultad para mantener una atención sostenida en clase, que la gente madura muestra repugnancia a un trabajo intelectual sostenido, a un esfuerzo de atención prolongado.


¿Qué será entonces cuando se trate de cuestiones religiosas, en las que los sentidos no tienen más que una parte reducida, donde será necesario desde las cosas sensibles elevarse hacia las realidades espirituales?


Sin embargo quién negará, dice el Papa Pío XI:”¡...que los hombres creados por Dios a su imagen y semejanza, teniendo su destino en Él, perfección infinita, y encontrándose en el seno de la abundancia, gracias a los progresos materiales actuales, se dan cuenta hoy más que nunca de la insuficiencia de los bienes terrenales para procurar la verdadera felicidad de los individuos y de los pueblos! Así sienten más vivamente en ellos esta aspiración hacia una perfección más elevada, que el Creador ha puesto en el fondo de la naturaleza razonable”.


Para satisfacer esta aspiración generosa hacia Dios y las realidades eternas, y remediar esta ignorancia de Dios y de los misterios divinos, ¿qué debemos hacer?


Primero, tener el deseo de adquirir la verdadera sabiduría, la inteligencia de las cosas de Dios.


Además, extraer esta ciencia de su verdadera fuente, que es la Iglesia.


Por fin, y sobre todo, entregarnos a la oración”.


Monseñor Marcel Lefebvre – Carta pastoral, Dakar, 25 de enero de 1948




“En este período de confusión, (...) evitemos adoptar posturas extremas que no corresponden a la realidad sino a prejuicios que inquietan inútilmente a las conciencias sin esclarecerlas. Evitemos el celo amargo que condena San Pío X en su primera encíclica: “Para que el trabajo y los desvelos de la enseñanza produzcan los esperados frutos y en todos se forme Cristo (...) nada es más eficaz que la caridad. Pues el Señor “no está en la agitación” (3 Rey. 19,11). Es un error esperar atraer las almas a Dios con un celo amargo: es más, increpar con acritud los errores, reprender con vehemencia los vicios, a veces es más dañoso que útil. Es verdad que el Apóstol exhortaba a Timoteo: “Arguye, exige, increpa”, pero añadía, “con toda paciencia” (2 Tim. 4, 2). También en esto Cristo nos dio ejemplo: “Venid” –así leemos que Él dijo-, “venid a mí todos los que trabajáis y estáis cargados y Yo os aliviaré” (Mat. 11,28). Entendía por los que trabajaban y estaban cargados no a otros sino a quienes están dominados por el pecado y por el error. ¡Cuánta mansedumbre en aquel divino Maestro! ¡Qué suavidad y qué misericordia con los atormentados!”


Por esto nos resulta imposible aprobar la actitud de los que sólo tienen palabras amargas sobre su prójimo, al que juzgan temerariamente, sembrando así la división entre los que sostienen el mismo combate.


También es cierto que no podemos comprender a los que debilitan y disgregan las energías morales y espirituales, disminuyendo la importancia de la oración y de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, siendo débiles en el combarte espiritual, dispuestos siempre a compromisos, y prefiriendo agradar a los hombres más que a Dios. Estos no son los herederos de los mártires, pues prefieren sacrificar la verdad y a Nuestro Señor antes que desagradar a los perseguidores, sobre todo si estos últimos son dignidades de la Iglesia


¡Cómo desearía que la Hermandad no se deje tentar ni por la primera ni por la segunda tendencia! Seamos católicos, verdaderos cristianos e imitadores de Nuestro Señor, que derramó su sangre para la gloria de su Padre y la salvación de sus hermanos. Mantengamos nuestras almas en la paciencia, dulzura, humildad, y también en la fuerza y firmeza de la fe”.


Monseñor Lefebvre – “Carta a los miembros de la Hermandad”, Navidad de 1977.




“Estáis viviendo en una época en la que hay que ser o héroes o nada. Podéis elegir: o abandonar el combate o combatir como héroes. Os hacen falta, pues, virtudes de héroes. No podéis tergiversar, o en tal caso caeréis en los primeros combates y no resistiréis a los múltiples ataques del demonio. Ved cómo el demonio, incluso en el interior de la Hermandad, intenta por todos los medios dividirnos, corrompernos y disminuir nuestras fuerzas. Con mucha habilidad, logra crear oposiciones y divisiones para dividir nuestras fuerzas”.


Monseñor Lefebvre – Homilía, Écône, 27 de marzo de 1986.




“Os conjuro a permanecer unidos a la Sede de Pedro, a la Iglesia romana, madre y maestra de todas las Iglesias, en la fe católica íntegra, expresada en los símbolos de la fe, en el catecismo del concilio de Trento, conforme a lo que se os ha enseñado en vuestro seminario. Permaneced fieles a la transmisión de esta fe para que llegue el reino de Nuestro Señor”.


Monseñor Lefebvre – “Carta a los futuros obispos, 29 de agosto de 1987.



CRITICA



CABALLERO SIN ESPADA

Director: Frank Capra - 1939

¡VIVA LA DEMOCRACY!

(O ya no hacen falta espadas ni verter la propia

sangre: el progresista lo arregla todo hablando)




Clásico entre los clásicos, “Mr. Smith goes to Washington” (el título que le han puesto en español es indirectamente muy acertado) es, a no dudarlo, una de las mejores defensas que se hicieron del sistema liberal norteamericano. Probablemente lo sea porque su director, el talentoso siciliano católico Frank Capra, se muestra tan engañado respecto del asunto como el protagonista de la película. Es excelente porque muestra el mal sólo en los hombres y no en las instituciones o el sistema, intocable. Y porque a través del idealismo del personaje de Stewart –como siempre estupendo-, Jefferson Smith (entre nosotros vendría a ser como si se llamara “Belgrano Pérez”, para que se entienda lo que se pretende con tal denominación) inocula de sentimiento religioso la moral de aquel sistema. Nos queda claro que el liberalismo es mucho más que un sistema político o económico: es evidentemente una religión, y en ese marco actúa Jeff Smith, como un Cristo en medio de fariseos que desean aplastarlo.


Es notable además cómo, invirtiendo los términos, se muestra que para llegar a la verdad primero se necesita la libertad. Es gracias a esta libertad de expresión que el sistema (en este caso el Honorable Senado) otorga a Jefferson, como él puede llegar a decir la verdad acerca de los chanchullos de los politiqueros. Se muestra de qué manera infalible, otorgándose la libertad por parte del sistema, se llega indefectiblemente al descubrimiento de la verdad y el triunfo del bien. Sacando a esos politiqueros y retomando el idealismo heroico de Lincoln, Jefferson y Washington, el país volverá a funcionar.

Si el film tiene el mérito de poner el cuchillo para mostrar algunas lacras, ya en 1939, como la manipulación de la prensa que miente descaradamente o los vicios de los “representantes del pueblo” (en eso Capra era insuperable), lamentablemente no llega al fondo del asunto, haciéndole creer al espectador que, aunque el peligro de los Taylor y Paine es real, ellos nunca llegan a ser los dueños del país. Sin embargo, los dueños de ese país que se cree “libre” son la usura internacional, los grandes banqueros de la Federal Reserve, la masonería y el sionismo, y el presidente no deja de ser un títere como lo es en la película el gobernador. Lejos de inquietar al público, este film lo tranquiliza: el sistema tiene sus anticuerpos, este sistema es lo mejor que hay. ¡Viva la Democracia, viva la Libertad!

Sí, es cierto que tras la Segunda Guerra, hay que decirlo, cundió un desencanto en muchos artistas que llegó hasta el mismo Capra. Pero ya era tarde. El sistema liberal, entonces, se iba a fabricar películas muy inteligentes para seguir defendiéndose (como “Tempestad sobre Washington” o "Primera victoria", de Otto Preminger) pero sin tanto idealismo, con un poco más de acidez y libertad sexual. Tal vez también porque el público tenía menos interés aún en todo aquello. Como los católicos con la Iglesia, que viven adscriptos a ella pero como si ella no existiese. En fin, el entusiasmo patriótico-religioso por el liberalismo ya no cunde, precisamente porque no hace falta publicitar lo que ya se ha instalado del todo y en todas partes. Por eso los héroes del cine de hoy, lejos de la dignidad de un Jefferson Smith, son monstruos, asesinos o robots. Y el público no puede sino ser cautivo de ello, porque, ante todo está el valor más importante: la “Libertad”, garantizada por la “Democracy”, en la cual los caballeros ya no llevan espada.



CRITICA






UNDERCURRENT

Director: Vincente Minnelli - 1946


CONOCIMIENTO INDIRECTO

(O dime lo que amas y te diré quién eres)



Hay un Minnelli director de musicales y hay un Minnelli hacedor de melodramas. Es el segundo el que mejor reclama nuestra atención, porque conjuga una tradición artística rigurosa y clásica con una especie de feroz individualismo que logró sus mejores films. Minnelli supo entender al Van Gogh artista mejor que al Van Gogh cristiano. Y si su obra se enriquece por lo primero, también se resiente por lo segundo. Dicho lo cual no quita que en sus musicales haya ramalazos de ese sumergido desencanto que parecía a veces mostrarse resignado también en sus comedias. Esa tensión hace difícil de encasillar a Minnelli, y vuelve interesantes casi todos sus films, a excepción de la banalidad de algunos musicales donde postula que “el mundo es un escenario de entretenimiento”, “that’s entertainment!”. Acaso Minnelli con sus contradicciones haya representado como pocos lo que fue por entonces Hollywood y lo que en realidad era la sociedad norteamericana.

Muy acertado es el título de este film. ¿Qué tenemos allí? Dos hermanos o la dualidad del hombre perfectamente separada en dos actores. Mike nunca daba fiestas. Alan, en cambio, sí; se rodeaba de gente importante –senadores, jueces, etc.- para ahogar su complejo de inferior. En el ya clásico tópico de la mujer que se enamora y se casa con un hombre que después resulta ser un malandra, en esa galería de villanos seductores, Robert Taylor (Alan) merece todo nuestro desprecio. Siente envidia y está obsesionado con todo lo que recuerde a su hermano. Odia por lo tanto todo lo que el otro ama: su perro, su caballo, la poesía, la música de Brahms, sus pipas, su guitarra.

El hermano que ama la vida sencilla y sincera en contacto con la naturaleza, a la manera de Stevenson, es Robert Mitchum (Mike), quien vuelve para ajustar las cuentas con su hermano ladrón, mentiroso y asesino. En el medio, la “vieja” Hepburn, siempre casi al límite, apocada primero como esposa, luego asustada, nunca cómoda, pero tampoco avasallante, como en sus otros films.

El mentiroso lleva siempre traje, piloto o bata cerrados. El hermano, campera o saco abiertos. Cuando la esposa ya ha descubierto la verdad, vemos al marido en ropa de montar…con la chaqueta desabotonada. Minnelli sabía, como Oscar Wilde, que “el traje es un medio de exponer sin descripción a un personaje y de crear situaciones y efectos dramáticos”.

Un personaje siempre evasivo, llamado Wormsley (algo así como lombriz, tiene su aspecto) y un sirviente negro, avejentado y temeroso, llamado George, completan el plantel. El “controlador de distancia” es el invento que conecta a los personajes, y la metáfora sobre el hermano proscripto.

Hay que ver la escena en que Taylor oye por primera vez hablar de su hermano: el cambio de su rostro es memorable. Especialmente porque es un actor inexpresivo, justamente lo que Minnelli necesitaba. Conclusión: la gente mundana no ama la poesía ni es capaz de apreciar lo bueno, pero puede simular. Hasta que muestra la hilacha.

Lo interesante del film es que Minnelli usa las convenciones del melodrama para negar las convenciones sociales que falsean la vida, esto se ve muy bien cuando, tras haber dado con el libro de poesías de Stevenson, que cree pertenece a su marido, la Hepburn cambia el orden de los invitados a la fiesta en su casa. Minnelli, que acostumbra denigrar las fiestas en sus películas, en virtud de una saludable actitud artística ante la vida, está decidiendo en tales escenas una forma de vida, que, también ella, corre riesgo de transformarse en una actitud convencional del cine, porque en definitiva no aspira sino a oponerse a una forma de vida sólo en el plano estético, temporal e intramundano, sin mayores alcances o trascendencias de las acciones de los hombres. Casi como un maniqueísmo, sin mayores complicaciones para la elucidación inmediata del espectador. Por lo cual se ubica muy bien un tipo de mal social –y estético- pero en parte exterior y ajeno al alma de los personajes.

En definitiva, Minnelli nos ofrece una valiosa obra, rigurosa y personal, pero donde, por supuesto, se prescinde por completo de Dios: ni los personajes ni el director lo necesitan para que las cosas lleguen a un previsible final feliz. Porque éste, en aquel Hollywood del melodrama, tranquilizadoramente, por obra del azar justiciero, siempre llega.


jueves, 3 de junio de 2010

EXTRA CINEMATOGRAFICAS

BERGOGLIO DESENMASCARADO
Por Antonio Caponnetto
(Texto completo en Blog de Cabildo)

El príncipe de los fariseos.


“Pero el fariseo verdadero no lleva antifaz; es todo él un antifaz. Su natura se ha vuelto máscara, miente con toda naturalidad pues ha comenzado por mentirse a sí mismo. Lo que él simula, que es la santidad; y lo que él es, el egoísmo, se han amalgamado; se han fundido y se han hecho un espantoso veneno que de suyo no tiene antídoto alguno. Glicerina más ácido nítrico igual dinamita”.

R. P. Castellani, “Cristo y los fariseos”, pág. 13.


“”El sacerdote debe odiar el fariseísmo en todos su grados; es el primer deber de su ministerio celar la pureza de la virtud de la religión, la primera ente las virtudes morales; y debe discernirlo en todos su repliegues con los ojos penetrantes del saber y del odio. Así lo odió Cristo. Le costó la vida. Jesucristo parece haber tomado el fariseísmo como empresa de su vida, como empresa personal de su poderosa personalidad viva”.

R. P. Castellani, “Cristo y los fariseos”, pág. 163.


“¡Ay de los pastores que destrozan
y dispersan las ovejas de mi dehesa!
-oráculo de Yahvé.
Por eso, así dice Yahvé, el Dios de Israel,
acerca de los pastores
que apacientan mi pueblo:
Vosotros habéis dispersado mi grey,
la habéis desparramado
y no habéis cuidado de ella.
He aquí que Yo os castigaré
por la maldad de vuestras obras, dice Yahvé”.

Jeremías, XXIII, 1-2.

LIBROS

NOVEDAD EDITORIAL
“PROMETEO” - LA RELIGIÓN DEL HOMBRE-
Ensayo de una hermenéutica del Concilio Vaticano II
Autor: R. P. Álvaro Calderón Edición propia del autor, 328 páginas. — $ 32 más gastos de envío.
Benedicto XVI comenzó su pontificado con una tremenda confusión: El Concilio Vaticano II no ha sido comprendido. Todo se cambió por el Concilio: la liturgia, el catecismo y el derecho, la vida de los seminarios, de los conventos y de las parroquias, y cuarenta años después un Papa que fue teólogo del Concilio confiesa que todavía no se ha dado su correcta interpretación. La conmoción en los medios eclesiásticos no podía ser mayor, pues pone en tela de juicio toda la reforma conciliar.La mayoría de los obispos se reúne para defender la hermenéutica vulgata —llamélosla así— del Concilio como nuevo comienzo, que animó las reformas. La Fraternidad San Pío X en cierto modo está de acuerdo, aunque sin el eufemismo: la única hermenéutica posible es la de ruptura con la tradición. En cambio, los grupos tradicionalistas amparados bajo las alas de la Comisión “Ecclesia Dei” se apresuran a piar que puede y debe darse la hermenéutica de la continuidad. El momento es solemne. Roma ha invitado a la Fraternidad San Pío X a discutir sobre el Concilio —¡horror! gritan los obispos— con la intención, ciertamente, de mostrarle un Vaticano II sin contradicción en la historia de los dogmas.En este contexto, el Padre Álvaro Calderón, profesor desde hace tiempo en el seminario argentino de la Fraternidad San Pío X, ensaya una hermenéutica del Concilio que reúne dos notables cuolidades. Primero, indica de manera muy precisa los múltiples puntos de doctrina en que el Concilio rompe con la tradición y, aún mejor, pone al descubierto ciertas cuestiones difíciles que fueron usadas como velos. Segundo, traza las líneas de un proceso continuo que va del humanismo al renacimiento al “nuevo humanismo” conciliar. Aunque el aspecto histórico está menos precisado, permite entender por qué Benedicto XVI sostiene que el Concilio no es algo totalmente nuevo: está en continuidad con cinco siglos de catolicismo liberal.Estas dos cualidades no podían reunirse en un libro de lectura fácil. Pero es que no es fácil la lectura del Concilio. Sin embargo, aunque el Lector pierda detalles que exigirían estudio para apreciarlos, verá cómo el Autor recoge las piezas de tantas discusiones que habían dejado a los católicos en la perplejidad, y las encaja unas con otras sin forzarlas como quien resuelve un rompecabezas. Aquí está, sin dudas, el mérito principal de la obra, y lo que hace pensar que se ha dado un importante paso en la comprensión del mayor acontecimiento de la era moderna.

miércoles, 26 de mayo de 2010

BICENTENARIO






“Cuando los reyes son buenos es por don de Dios; mas cuando son malos es por culpa del pueblo. Según los merecimientos de los pueblos es ordenada la vida de los rectores, testimoniándolo Job (XXXIV,3):”El es el que permite que entre a reinar un hipócrita o tirano, por causa de los pecados del pueblo”. Porque enojándose Dios, los pueblos reciben un tal rey cual por su culpa merecen. A veces por la maldad de los pueblos hasta los reyes se mudan, y los que antes parecían ser buenos en habiendo recibido el poder se hacen malos”.

San Isidoro de Sevilla, Sentencias



“Si no hacéis penitencia, todos igualmente pereceréis”

San Lucas 13, 3-5


“Me iré, y me retiraré a mi lugar
hasta que ellos reconozcan su culpa
y busquen mi rostro”.

Oseas V, 15.



“¡Ay de la ciudad sanguinaria
que está toda llena de mentiras y de robo,
y nunca suelta la presa!”

Nahum 3, 1


“Reflexionad sobre vosotros mismos
y arrepentíos, oh nación sin pudor,
antes que se ejecute el decreto,
y el día pase como tamo;
antes que os sobrevenga
la ira ardiente de Yahvé,
y antes que caiga sobre vosotros
el día de la ira de Yahvé”.

Sofonías II,1.




“Veo bandas rapaces, movidas de codicia, la más vil de todas las pasiones, enseñorearse del país, dilapidar sus finanzas, pervertir su administración, chupar su sustancia, pavonearse insolentemente en las más cínicas ostentaciones del fausto, comprarlo y venderlo todo, hasta comprarse y venderse unos a los otros a la luz del día. Veo un pueblo indolente y dormido que abdica de sus derechos, olvida sus tradiciones, sus deberes y su porvenir, lo que debe a la honra de sus progenitores y al bien de la posteridad, a su estirpe, a su familia, a sí mismo y a Dios. Y se atropella en las Bolsas, pulula en los teatros, bulle en los paseos, en los regocijos y en los juegos, pero han olvidado la senda del bien, y va a todas partes, menos donde van los pueblos animosos, cuyas instituciones amenazan derrumbarse carcomidas por la corrupción y los vicios. ¡La concupiscencia arriba y la concupiscencia abajo! ¡Eso es la decadencia! ¡Eso es la muerte!...”

José Manuel Estrada, 3 de abril de 1890. En “José Manuel Estrada”, págs. 91-92, 1942, por Juan Garro.



“Es para llorar el espectáculo que presenta el país, mirado espiritualmente. El liberalismo ha suministrado a la pobre gente –no a toda, sino a la que no ama bastante la verdad- una religión y una moral de repuesto, sustitutivas de las verdaderas; un simulacro vano de las cosas, envuelto a veces en palabras sacras. ¡Qué es ver tanto pobre diablo haciendo de un partido un Absoluto y poniendo su salvación en un nombre que no es el de Cristo –aun cuando a veces el nombre de Cristo está allí también, de adorno o de señuelo- ¡Se pagan de palabras vacías, vomitan fórmulas bombásticas, se enardecen por ideales utópicos, arreglan la nación o el mundo con cuatro arbitrios pueriles, engullen como dogmas o como hechos las mentiras de los diarios; y discuten, pelean, se denigran o se aborrecen de balde, por cosas más vanas que el humo...Una vida artificial, discorde con la realidad, les devora la vida.”

R. P. Castellani - “Una religión y una moral de repuesto”. Cristo, ¿vuelve o no vuelve?, págs. 278-279.



“Si los sujetos que viven en un mismo campo geográfico se odian cordialmente unos a otros, no se puede decir que allí exista PATRIA; porque “si no amas a tu prójimo, al cual ves, ¿cómo amarás a la patria a la cual no ves?”. En amor al prójimo se resuelve prácticamente el amor a la patria; y si no es amor al prójimo, nada es”.

R. P. Castellani


“El sistema liberal o neo-liberal o democacarático no nos sirve a nosotros. Éste es un hecho bruto, basado en una experiencia de 100 años, y no en una abstracción o una teoría. Para anular o esquivar este hecho hay que convertir a la democracia en un dogma, en una religión, en una cosa obligatoria para todas las naciones (...) La tal religión es filosóficamente un disparate y teológicamente una herejía”

R. P. Leonardo Castellani – Notas a caballo de un país en crisis. Conferencia del 18 de agosto de 1962.


“La historia es la patria. Nos han falsificado la historia, porque quieren escamotearnos la patria”.

Hugo Wast, Año X



“Nosotros introducimos lo único que es capaz de vencer la secular división de los argentinos; que no es sino el odio a la mentira y a la mistificación, modestamente hablando, el amor a la verdad”.

Padre Castellani, “Los dos Mayos”, Octubre de 1956.

HISTORIA FALSIFICADA


“Los historiadores que de mentiras se valen habían de ser quemados como los que hacen moneda falsa”.

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, p. II, cap. III.


“La comunidad o la nación que peca contra la verdad, que pierde la reverencia a la verdad y el horror a la mentira, está perdida, dejada de la mano de Dios. ¿Y qué castigo más grande que éste, que el que se va de la Verdad, ella se queda y no lo sigue y él se va? ¿Adónde se va? “A las tinieblas de allá afuera” –dice Cristo. La Verdad no puede imponerse a sí misma por fuerza. Si no la aceptan, se retira. ¡Temed a la Verdad que se retira!”

R. P. Castellani – San Agustín y Nosotros, pág. 111.

De Profetas


“Pues en mi pueblo hay malvados;
ponen asechanzas
como el pajarero que se agacha,
arman trampas para cazar hombres.
Como jaula llena de pájaros,
así están sus casas llenas de fraude;
así se han engrandecido y enriquecido.
Engordaron y brillan de gordura;
sobresalen en maldad;
no hacen justicia al huérfano
-y sin embargo prosperan-,
no hacen justicia a los pobres.
¿Y yo no habré de castigar estas cosas?
dice el Señor.
¿De una nación como ésta
no he de tomar venganza?
Cosa extraña y terrible acontece en la tierra:
los profetas profetizan mentira,
y los sacerdotes gobiernan según su antojo;
y esto le gusta a mi pueblo.
Pero ¿qué haréis
cuando estas cosas lleguen a su fin?”

Jeremías, V, 26-31.

lunes, 17 de mayo de 2010

INVITACION

La Legio Macabea Christi lo invita al
Ciclo de Conferencias 2010 dedicado a la
APOLOGÉTICA

“EL PECADO ORIGINAL: ¿UN MITO?”
LA INTERPRETACIÓN DEL GÉNESIS.
VERACIDAD O NO DEL POLIGENISMO.

R.P. José María Mestre Roc
Profesor de Sagrada Escritura

Viernes 21 de Mayo, 20 hs.
Priorato: Venezuela 1318-20, (1095)
Capilla “Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias”,
Montserrat, Buenos Aires, Capital.

viernes, 14 de mayo de 2010

NOVEDAD EDITORIAL

LIBRO RECOMENDADO
"S.E.R. Monseñor Marcel Lefebvre no dudaba en escribir, con una fórmula de sobrecogedora intensidad, que durante el sacrificio de la Misa “se realiza toda la Revelación, el misterio de la fe, culminación del misterio de la Encarnación y de la Redención, y toda la eficacia del apostolado”.El sacerdote, el religioso, el misionero, el obispo y el superior que fue sucesivamente no dejó de ahondar en este gran misterio de la renovación incruenta del sacrificio de la Cruz que es, según sus palabras, “el corazón de la teología, de la pastoral y de la vida de la Iglesia”.Este libro recoge de manera metódica todo lo que el Prelado pudo decir o escribir sobre la Misa, sus ritos, sus oraciones, su teología, su espiritualidad, su espíritu y su gracia, siguiendo primero el ordinario de la Misa tradicional y luego examinando por contraste el Nuevo Ordinario de la Misa promulgado por Pablo VI.De ese modo, el lector podrá descubir o redescubrir, con profundidad y sencillez, la Santa Misa, ese tesoro escondido, “el acto más sublime de la oración cristiana”.
En las buenas librerías católicas.
Consulte por envío en el sitio Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

martes, 4 de mayo de 2010

ANIVERSARIO - SOREN KIERKEGAARD

5 de mayo 1813



Nacimiento de Sören Kierkegaard






“¡Kirkegor! Yo no diré que Kirkegor es San Agustín, no diré que es un Agustín, ni que es un santo; pero no hay derecho a decir de él lo que dijo Sciacca. Voy a leerles la carta que dirigí a Sciacca después de su conferencia del 6 de junio sobre Kirkegor, incluso con los insultos del final; a él se la mandé sin insultos y sin insultos se la di al Director de una revista juvenil universitaria: insultos hijos de una justa indignación; pero la caridad pedía suprimirlos. Además, insultar por carta no es caballeroso.


CARTA A UN PSEUDO-MAESTRO

Por el honor de un ausente y el honor del país.


He ido ayer a su “conferencia” sobre el filósofo danés Soeren Kierkegaard para ver si había progresado usted sobre lo escrito en 1944 en su “Historia de la Filosofía”, pág. 499 de la traducción española. No ha progresado usted. Le convendría progresar.

Dice usted allí erróneamente de Kirkegor lo siguiente:

“Deformó los problemas de la existencia, de la moral, del pecado, de la fe, como son entendidos por el cristianismo auténtico (¿el de Usted?). Kirkegor es a la vez la negación del cristianismo (¡falso!), como lo es el mismo Luteranismo, de quien deriva su concepción de la existencia (¡falso!).”

Nunca he visto un gran hombre caricaturizado y calumniado como vi ayer a Kirkegor.

Si yo le dijera a Usted que no ha entendido a Kirkegor y que no posee la llave para entenderlo, se podría replicar que ésas son cuestiones de apreciación y que se puede discrepar en los juicios acerca de un filósofo; pero acerca de los hechos no es lícito tergiversar.

Usted afirmó una cantidad de inexactitudes y falsedades, incluso de hechos; en tono magistral y doctoral, como si todos los presentes fuesen chicos de 6º grado.

No quiero enumerarlas todas. ¿Para qué? Pero para poner un ejemplo, afirmó categóricamente que en la doctrina de Kirkegor “estaba ausente el prójimo”, que era por tanto “antisocial” y de “un refinado y completo egoísmo”...¿Ignora Usted acaso que Kirkegor tiene un libro sobre el amor al prójimo, exégesis de las epístolas de San Juan Evangelista y San Pablo, “Vida y Reino del Amor”, que es una de las más sublimes obras sobre la caridad cristiana de que se puede enorgullecer el Cristianismo? ¿No se ha enterado Usted que Kirkegor es el intérprete más grande de la Escritura Sacra que ha habido después de San Agustín?

Kirkegor amó al prójimo de la manera más alta que se puede imaginar, comparable a la de los más grandes santos...Sus obras geniales, producidas en medio de las mayores dificultades y el desprecio más grande de sus contemporáneos, son puros actos de caridad. ¿No recuerda Usted las palabras que dijo a su amigo Emilio Boesen al morir en un hospital, en el mayor abandono de su nación y de su iglesia, de las cuales es gloria hoy día? Esas palabras las traen sus maestros de Usted, Jolivet y Cornelio Fabro (aunque tampoco éstos entienden mucho al difícil mártir danés): “Saluda de mi parte a todos los hombres: diles que los he amado...” Amor heroico confirmado con obras...

“Que yo he servido a Dios con mis obras, que he servido al prójimo, que he cumplido la misión mía, eso es actualmente seguro...”(1852, Tagebuch).

“La Vida y Reino del Amor” es una prueba. Este libro está escrito en una especie de éxtasis de la voluntad de amar a los hombres, a pesar de todos los pesares; por eso ha dado la impresión a Villadsen y otros críticos de ser “casi inhumano”; simplemente porque es “sobrehumano”. Lo que Villadsen nombra “el vértice de nieve de la lógica teológica” no es sino la cúspide de la caridad al fuego blanco. Kirkegor tuvo la misión de luchar en nuestra época contra la confusión dentro de lo religioso, lo mismo que San Agustín se halló en frente de “cristianos académicos, cristianos donatistas, cristianos maniqueos, cristianos arrianos, cristianos pelagianos”, con la misión de demostrar que no eran cristianos; así Kirkegor se halló en frente de cristianos luteranos, hegelianos, mundanos y...democristianos, con la misma misión, agravada ahora al cubo. La cumplió. Naturalmente, no puede resultar agradable a esa clase de cristianos. Será siempre resistido...y calumniado.

Usted parece no haber leído ninguna obra seria acerca de Kirkegor, a pesar de que las enumera en sus “bibliografías”: ni Haecker, ni Przywara, ni Jean Wahl, ni tantos otros.

Sin embargo, debía haber recordado al Quintiliano de sus estudios clásicos, que nos dejó dicho: “Modeste tamen et circunspecto judicio de tantis viris pronuntiandum est...” (Sin embargo, al hablar de hombres tan grandes, nuestro juicio debe ser mesurado y prudente). No debía haber elegido este tema, en todo caso.

Omitiendo cosas fundamentales y exagerando cosas triviales, se puede falsificar del todo la silueta de un gran hombre, es claro. Pero usted, no contento con hacer eso, ha falsificado hechos. Ha hecho Usted un daño a sus oyentes, el daño del pseudo-maestro, impidiendo quizás a muchos para siempre el acceso al “mensaje” de Kirkegor, necesario al mundo moderno.

Si fuese como Usted lo pintó, Kirkegor sería un inventor desaforado de mitologías pueriles, la filosofía sería una cosa despreciable, y el Cristianismo una cosa caótica y maleable, susceptible de mezclas híbridas. Toda la filosofía moderna, en la que Kirkegor hizo tan enorme impacto, desmiente eso.

Le doy las gracias por el poco respeto que ha tenido Usted a este país: me ha enseñado algo.

Por lo demás, estamos acostumbrados ya a estos ultrajes de extranjeros a la cultura del país; por ahora no podemos evitarlos todos.

Le escribo solamente para que sepa Usted que no se ha burlado de todos los argentinos.

Leonardo Castellani Ph. Th. D.


Como ven, los insultos no son sino constatación de hechos; pero era más decente suprimirlos, porque por carta es demasiado fácil insultar, no es ningún acto de valentía.

Si Kirkegor no fue un San Agustín y tiene tres grandes diferencias con él:1ª su melancolía; 2ª sus ataques a la clericatura corrompida: 3ª su “noche oscura perpetua!”, tiene sin embargo diez puntos de contacto capitales que lo hermanan con el Africano:

1º un gran filósofo;
2º un gran místico;
3º un gran “poeta de lo religioso”;
4º el exégeta más grande de la Biblia después del siglo V;
5º el doctor de la fe;
6º el refutador de los “académicos” modernos;
7º el rebatidor del pelagianismo moderno;
8º un obsesionado del problema del mal;
9º el profeta de la interioridad;
10º un escritor de “confesiones”.

En cuanto a la doctrina de Kirkegor, los contactos se podrían multiplicar. Voy a poner como ejemplos el tema de la Angustia y el tema del Tiempo, el primero y el último.

El fondo del hombre es la Angustia –dice Kirkegor- el fondo psicológico. ¡La Angustia! -¿Eso no es sombrío, eso no es luterano, eso no es contrario al cristianismo auténtico? –dice Sciacca.

El fondo del alma es la angustia en sentido metafísico: un sentimiento, o pre-sentimiento, más hondo que todos los sentimientos, que se transforma en algunos en Sentimiento Religioso, en otros en Solicitud Terrenal (esa solicitud que nos prohibió Cristo incluso con respecto a lo que hemos de comer y lo que hemos de vestir, con el ejemplo de las aves del cielo y los lirios del valle), y por último en otros en Desesperación Demoníaca; pero en alguna forma existe en todos los hombres.

-¡Son cuentos!- dice Sciacca- es que él era un angustiado perpetuo. Justamente: porque fue un perpetuo angustiado, por eso pudo ver la angustia fundamental en todos los hombres, como ningún otro hombre hasta hoy día...El hombre triste conoce la tristeza en otros, el hombre santo conoce la santidad en otros, el hombre inteligente distingue la inteligencia, el enamorado percibe el amor. “Dame un enamorado y entenderá lo que digo” –dice San Agustín. Conocemos a los demás por medio de nosotros mismos.

-Pero hay muchísimos hombres que no tienen angustia, que testifican en contra de esa universal angustia –prosigue Sciacca.

-Los hombres que dicen que no tienen angustia tienen angustia de su angustia: la cubren, la esconden, la velan con un mar de palabras, o diversiones, u ocupaciones, de miedo que le tienen, no se atreven a mirarle la cara, pero mírenlos obrar y moverse y verán cómo la incancelable inquietud se traduce en sus actos y gestos. Podría hacerles diez análisis psicológicos, si hubiera tiempo, de angustias escondidas en seres humanos que no parecen angustiados”.


R. P. Leonardo Castellani, “San Agustín y Nosotros”




“El hecho de que un autor anónimo, con la ayuda de la prensa, pueda día a día, encontrar ocasión de decir (incluso sobre materias intelectuales, morales y religiosas) lo que le viene en gana, y lo que tal vez estaría muy lejos de tener el valor de decir como individuo, que cada vez que abre la boca (¿o sería mejor decir sus fauces abismales?), se dirige a un mismo tiempo a miles y millares; que puede hacer que se repita lo que ha dicho mil veces diez mil, y que en todo eso nadie tenga responsabilidad, de forma que no es como en los antiguos tiempos en que la multitud, relativamente impenitente, poseía la omnipotencia, sino que ahora una cosa absolutamente impenitente, un nadie, una unanimidad, que es el autor, y otra unanimidad, el público, algunas veces, incluso suscriptores anónimos, son los que la tienen, y con todo esto, ¡nadie, nadie! ¡Dios mío! ¡Y a pesar de todo, nuestros Estados se llaman a sí mismos Estados cristianos! Que nadie diga que en este caso le es posible a la “verdad”, mediante la ayuda de la prensa, obtener beneficios de las mentiras y los errores. ¡Oh vosotros que decís eso!, ¿os atrevéis a sostener que los hombres considerados como multitud están tan dispuestos a caer sobre la verdad como sobre la mentira, siendo la primera muchas veces de mal sabor y estando la segunda preparada siempre delicadamente? ¡Sin mencionar el hecho de que dificulta aun más la aceptación de la verdad la necesidad de admitir que uno ha estado equivocado! ¿O es que tal vez os atrevéis a sostener también que la “verdad” puede ser entendida con la misma rapidez que la falsedad, la cual no requiere conocimiento preliminar, ni enseñanza, ni disciplina, ni abstinencia, ni abnegación, ni honesta preocupación sobre uno mismo, ni labor paciente? No, la verdad –que aborrece también esta mentira de aspirar a una gran difusión como meta –no tiene alas en los pies. En primer lugar, no puede trabajar con los fantásticos medios de la prensa, la cual es la mentira; el comunicador de la verdad sólo puede ser un individuo. Y la comunicación de la verdad sólo puede ser dirigida al individuo; porque la verdad consiste precisamente en esa concepción de la vida expresada por el individuo. La verdad no puede ser comunicada ni recibida si no es como si lo fuera bajo los ojos de Dios, ni sin la ayuda de Dios, ni sin Dios sea el término medio, ya que El mismo es la verdad. Por tanto, sólo puede ser comunicada y recibida por “el individuo”, el cual puede ser cualquier hombre viviente”.

Kierkegaard -Sobre la dedicatoria a “Ese individuo”



“Dios, en cuanto hombre, se reviste de la forma de siervo insignificante y de tal manera expresa lo de ser un pobre hombre que a ninguno de los hombres se le pueda ocurrir jamás, en ese aspecto, sentirse excluido y mucho menos pensar que son los honores y el prestigio humanos los que a uno le acercan más a Dios. No, él es el hombre insignificante. Mirad hacia acá, nos dice, y considerad a fondo lo que es ser hombre, pero, ¡cuidadito!, pues además soy Dios…y dichoso aquel que no se escandalizare de mí”


Kierkegaard -La enfermedad mortal


NOTA - ODIO A CRISTO

ODIO A CRISTO

Noticia de La Nación diario, martes 4 de mayo.


Se llamaba Gustavo Martínez Zuviría
Otro nombre para la Hemeroteca Nacional

Ayer fue bautizada Ezequiel Martínez Estrada el cambio había sido pedido hace décadas

Como broche final a un histórico reclamo, la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional dejó ayer de llamarse Gustavo Martínez Zuviría para nombrarse Ezequiel Martínez Estrada.
"El prolífico escritor Martínez Zuviría fue durante un cuarto de siglo director de la Biblioteca Nacional y, durante todo ese período, impartió vehementes opiniones militantes de carácter discriminatorio. Su antisemitismo de combate fue notorio y no se limitó a sus novelas", explicó el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González.
En el acto estuvieron presentes la subsecretaria de Gestión Cultural de la Nación, Marcela Cardillo, y el director nacional de Industrias Culturales, Rodolfo Hamawi; la subdirectora de la biblioteca, Elsa Barber; el director de Cultura, Ezequiel Grimson; el director de la Hemeroteca, José Luis Boquete; el director del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Horacio Verbitsky; el filósofo León Rozitchner; el editor y fundador de Ediciones de la Flor, Daniel Divinsky, la representante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida, y el filósofo y escritor José Pablo Feinmann, entre otros.
Desde ayer la Hemeroteca lleva el nombre de Ezequiel Martínez Estrada. "Escritor universalista de la condición argentina, inventor de formas narrativas y ensayísticas emancipadas, autor de estudios decisivos sobre el Martín Fierro, la pampa y la ciudad, Kafka y Montaigne, y la turbada historia nacional, también partidario de una teoría de la lectura que se entrelaza con las más modernas perspectivas de la crítica literaria actual", expresó González.
"El máximo tótem del antisemitismo argentino, expuesto como señal conmemorativa, ofende finalmente a quienes buscan de todas las formas posibles los nuevos cimientos para reconstruir una democracia avanzada, igualitaria y no discriminativa en la Argentina", indicó González.
El cambio fue celebrado por un centenar de trabajadores de la biblioteca y representantes de la cultura que se acercaron a la inauguración.
Verbitsky relató distintos ejemplos de la vida pública e intelectual de Martínez Zuviría que hacían necesario el cambio. "Es una decisión profundamente saludable para la cultura argentina", enfatizó.
"Se saca un nombre que se inscribe en la aniquilación política para suplantarlo por un modelo humano", reconoció Rozitchner, al tiempo que destacó "la osadía y el valor" de González por llevar adelante un viejo reclamo.
La representante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora señaló que el cambio constituía un "acto de memoria, verdad y justicia", mientras que Hamawi concluyó: "La Biblioteca Nacional se transforma en un ámbito de libertad, creación e integración".


¿Quién tiene el poder hoy? ¿Quién es el verdadero “discriminado”? Así como el dios Nerón y la Roma pagana perseguía a los primeros cristianos por no dar culto al emperador y las divinidades de la religiosidad oficial romana, acusándolos entre otras cosas de “incendiarios” (entonces era crimen de “lesa majestad”, lex majestatis) hoy la diosa Democracia (¿judaica?) persigue a los cristianos que no profesan sus dogmas acusándolos de “antisemitas” (cuyo crimen es de “lesa humanidad”). Pero es precisamente el hecho de que tras aquellas largas y terribles persecuciones triunfara y floreciera la cristiandad lo que confirma la ineficacia de estas nuevas persecuciones, y más aun, su condición para un nuevo triunfo de Cristo sobre el mundo que se halla en poder del Maligno. Por eso este aparente triunfo del odio es un consuelo de tontos y, además, una distinción honorífica para el gran Hugo Wast.


LA GLORIA DE GUSTAVO MARTINEZ ZUVIRÍA (HUGO WAST)


“...y lo que es todavía timbre de mayor gloria, todos los herejes te detestan y a mí me persiguen con un odio parejo, queriéndonos matar con su deseo, ya que no pueden hacerlo con sus espadas”.

San Jerónimo, en carta a San Agustín, año 419.



“Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mí primero que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por esto el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os dije: No es el siervo mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán”

Jn 15,18 -19, 20


Decía el Padre Castellani:“El medio de digerir la injusticia es un secreto del cristianismo. Es la actitud heroica, y aparentemente imposible a las fuerzas humanas de devolver bien por mal, de bendecir a los que nos maldicen”. Por esto les damos las gracias a nuestros enemigos, que nos muestran a las claras que no desean tener nada en común con Cristo y con quienes son de Cristo y no del mundo. Su actitud muestra el poder de la Verdad, siempre vigente, siempre victoriosa, que no puede ser tapada aunque se quiten nombres de lugares públicos, se prohíban libros o se mate con las armas o la indiferencia y el silencio. Esa verdad que está siempre ahí para recordarles que no puede vivirse en paz sin ella, y que está siempre dispuesta –gracias a su permanente recuerdo- a recibir a todo aquel que arrepentido quiera conocerla.

También nos recuerdan nuestros enemigos nuestros deberes y nuestra identidad de cristianos, y lo hacen mucho mejor que los traidores y apóstatas que permanecen dentro de la Iglesia, que ahora como siempre serán “perros mudos” que buscan “el diálogo y el consenso sin crispaciones”. Es aquello que muy bien dijo y por lo que peleó y sufrió ese mártir que fue Kierkegaard:


“No se debe traficar, no se debe alterar el cristianismo. No se debe exasperarlo con persistir en un puesto equivocado, sino vigilar sólo que siga siendo lo que era: escándalo para los judíos, locura para los griegos. Y no una tontería cualquiera de la que ni los judíos ni los griegos se escandalicen, sino del que se sonríen y se irritan por el hecho de que se lo defiende”

Y ese escandalizar consiste, no en hacer mal a nadie, sino en predicar -como enseñó San Pablo- a Jesucristo crucificado, por lo cual aquellos mismos que no lo aceptan se sienten "discriminados" y, entonces, "discriminan". Mejor entonces que la distinción o discriminación siga existiendo: la luz y las tinieblas no se mezclan.
Castellani, que llamó a Martínez Zuviría "maestro y amigo", afirmó: "En este libro sobre los judíos (El Kahal y Oro) Hugo Wast es generoso con los judíos (...) A los años que tiene, no va a ir don Hugo Wast a gastar su madurez intelectual y humana en un vulgar panfleto antisemita". Desde luego, no podemos pretender que personajes como Horacio González u otros de su calaña tengan la capacidad o generosidad de reconocer cosas semejantes. Comparten, según parece, y en grado superlativo, la "penuria filosófica invencible" de Ezequiel Martínez Estrada (en palabras de Castellani), pues "su filosofía consiste en su resentimiento".

DE ACTUALIDAD



“Es una vergüenza y una cosa que hace dudar hasta de San Martín que no haya en la Argentina una gran editorial católica, un gran diario católico, una gran revista intelectual católica, una filmadora católica, por no hablar de la Universidad Católica. Es una vergüenza nacional que los judíos dominen el cine, el periodismo, la radio, la enseñanza oficial y la edición de libros en un país “católico”. Jesucristo dijo a los Apóstoles: “Id y enseñad a todas las gentes”. Los judíos son los que realmente enseñan en la Argentina; y no van a enseñar cristianismo, ni es justo pedirles eso. ¿Dónde están los apóstoles?

La Argentina, por ejemplo, está inundada de libros estúpidos, malos y perversos; y un escritor argentino religioso, que sea de veras escritor, no puede publicar sus libros...sobre todo si son libros religiosos...bien escritos. Es un hecho.”



Padre Castellani, El Evangelio de Jesucristo, pág.286, Dictio ediciones, 1977.

jueves, 29 de abril de 2010

ANIVERSARIO - ALFRED HITCHCOCK



1980 - 29 de abril - 2010
30 años de la muerte de

ALFRED HITCHCOCK




“Mi actitud en la vida responde, como es natural, a mi formación y a mi fe. No hago cine concreta y deliberadamente católico, pero me parece que nadie dudará de que mis películas están hechas por un católico”.
Alfred Hitchcock


La singularidad de Hitchcock opera de dos maneras: con respecto a él mismo, implicado en mayor o menor medida en sus obras –hasta incluir su propia aparición física en la misma-; y con respecto a nosotros y a nuestra propia singularidad, que, en lo que tiene de común con el resto de los hombres, sólo puede ser pensada a partir de sí misma, y esto a través de la identificación con el o la protagonista hitchcoquiano (de allí la inmediata individualización por parte de Hitchcock de sus protagonistas al comienzo de sus films, a través de un plano muy cercano). Con su paradojal simpleza, Julio Camba afirmaba en sus tiempos la transferencia del peligro en la identificación entre el público de los toros y el torero: “Indudablemente, la multitud va a los toros en busca de emociones; pero para emocionarse, no tiene necesidad alguna de que peligre su vida, y le basta con ver en peligro la vida de los demás. ¿Egoísmo? ¿Ferocidad? Todo lo contrario. Caridad y altruismo. Si la vida del prójimo no le interesara al aficionado tanto como la propia, ¿de dónde iba a pagar el aficionado ocho pesetas para ver si el toro lograba o no quitársela? ¿Es que el riesgo del torero lograría producirle emoción alguna?”. Más allá de ese tipo de emoción rústica y primitiva, complaciente con la temeridad, el cine –y Hitchcock- proporcionan una más alta clase de emoción, en la medida en que el espectador es capaz de reflexionar sobre la misma. Es decir, en la medida en que, a la vez que se identifica y se involucra vicariamente con el héroe, también se desapega para involucrar su propia experiencia de vida con aquella que le es concedida de prestado. Para ese desapego Hitchcock usa el humor o, también, un oportuno cambio del punto de vista, mediante el cual llegamos a conocer lo que él –el director- conoce.
A este respecto se puede coincidir plenamente con el estudioso Okakuro Kakuzo: “Los maestros son inmortales porque sus amores y sus miedos reviven una y otra vez en nosotros. Es el alma antes que la mano, el hombre antes que la técnica, lo que nos atrae. Cuanto más humano es el llamado, más honda es nuestra respuesta. Es a raíz de este secreto entendimiento entre el maestro y nosotros que en la poesía y en la novela sufrimos y gozamos con el héroe y la heroína. Chikamatsu, el Shakespeare japonés, ha dejado sentado como uno de los principios de la composición dramática la importancia de hacer del auditorio el confidente del autor. Varios de sus alumnos le presentaron obras para su aprobación, pero sólo una de ellas le llamó la atención. Era una obra algo parecida a la “Comedia de los Errores”, en la que dos hermanos mellizos sufren por un error de identidad. “Esto –dijo Chikamatsu-,tiene el espíritu propio del drama, porque toma en consideración al auditorio. Se le permite al público saber más que a los actores. Este sabe dónde reside el error y se apiada de las pobres figuras que en el tablado corren inocentemente hacia su destino”
Recordamos lo que afirmó Hitchcock: “Hay que dibujar la película como Shakespeare construía sus obras, para el público”.
(De nuestro libro inédito “La mirada de Alfred Hitchcock”)




“Resistir a la imaginación idílica y a la imaginación diabólica”, es una precisa expresión usada por Russell Kirk para defensa de Edmund Burke y su sana “imaginación moral”. Nos permitimos asumirla para recomendar el antídoto en la apreciación estética del cine, que es el cine de Alfred Hitchcock, el cual cumple sobradamente –porque los muestra-en combatir tales extravíos de la imaginación. Extravíos que son connaturales en nuestra condición de pecadores, y cuyo descubrimiento es el primer paso –vía la Gracia- para encaminar la imaginación fuera de las trampas que el mundo le tiende. El dogma católico es la firme roca donde se asienta el pensamiento, y el fundamento de la libertad creativa: libertad que es tal porque ha aceptado un orden y un límite que la realidad no puede desmentir.
(Idem)


“Si Hitchcock es moralista, en cambio no tiene nada de moralizador. Esto no es, decíamos, asunto suyo. Su papel es sólo poner a la vista, dejando a cada cual la tarea de sacar las conclusiones. Y además esa culpabilidad que sabe tan bien hacer brotar en la superficie, tal vez es menos de orden moral que propiamente metafísica. Es, lo hemos dicho y no tememos repetirlo, constitutiva de nuestra propia naturaleza, herencia de la falta original. A tal punto que, fuera de una referencia al dogma cristiano, a la idea de la Gracia, el pesimismo de esta actitud tendría derecho a indignarnos como irrita a todos aquellos que pretenden fundar la moral exclusivamente sobre valores humanos. También para Hitchcock el corazón del hombre está “hueco y lleno de basura”: quien rechace esta imagen no puede hacerlo más que desde el punto de vista de un angelismo ateo, reconociendo con ello la legitimidad de nuestra interpretación. Es por lo menos paradójico sonreír cuando se proponen claves teológicas para la obra de nuestro cineasta, sin cesar por ello de derramar sobre él las mismas invectivas que se arrojan, en otros ámbitos, sobre el cristianismo”.
(Éric Rohmer)



“El arte de Hitchcock está lleno de paradojas. Los pájaros, por ejemplo, revela una moralidad rigurosa combinada con humor negro; pero el tema general de la autocomplacencia que recorre toda su obra es aquí tan evidente que se le suele entender mal. Hitchcock requiere una situación de normalidad, por muy insulsa que pueda parecer a primera vista, para dar énfasis a la anormalidad maligna que se oculta bajo la superficie. Hitchcock entiende (aunque no lo hagan sus detractores) la función crucial que desempeña el contrapunto en el cine. No se puede cometer un asesinato en una casa embrujada o en una calleja oscura y hacer después una afirmación con sentido para el público. Los espectadores, sencillamente, se apartan de esos decorados fantásticos y dejan que el ambiente dicte la acción. No somos nosotros quienes están en la pantalla, sino unos actores que intentan ser siniestros. Por el contrario, cuando el asesinato se comete en el cuarto de baño de un hotel, higiénico y reluciente, mientras se toma una ducha, la incursión del mal en nuestra existencia sin mácula se hace intolerable. Podemos reírnos nerviosamente o gruñir con disgusto, pero ya no volveremos a ser tan autocomplacientes. Hitchcock y sus repetidas invasiones de la vida cotidiana con los recuerdos melodramáticos más atroces, han conmovido los cimientos de ese humanismo fácil que insiste en que los hombres son buenos y sólo los sistemas malos, como si los mismos sistemas no fuesen producto de la experiencia humana (...) Hitchcock insiste casi con intolerancia en un juicio moral de sus personajes y de su público. Podemos violar los mandamientos corriendo un riesgo psíquico, pero tendremos que pagar al fin el precio de la culpa. Puede que Hitchcock sea tortuoso, pero nunca es falso”.
(Andrew Sarris)



“El arte de Hitchcock (...) es hacernos participar, por la fascinación que toda figura depurada, casi geométrica ejerce sobre cada uno de nosotros, en el vértigo experimentado por los personajes, y más allá del vértigo descubrirnos la profundidad de una idea moral. La corriente que va del símbolo a la idea pasa siempre por el condensador de la emoción. Nunca se trata de un lazo teórico, convencional. La emoción es, por lo tanto, un medio, no un fin, como en los dramas del gran guiñol. Está más allá de la forma, pero más acá de la idea. Por eso nos deja a la vez un gusto amargo en la boca y el sentimiento de una Unidad que es justamente la del mundo. Unidad siempre discernible en medio del caos, luz original que refleja algunos de sus más bellos rayos sobre las facetas oscuras del Mal”.
(Éric Rohmer)


“Un hombre cometió un asesinato, ¿cómo lo atraparán? En este rubro entran La sombra de una duda, Desesperación, La llamada fatal, Psicosis y Frenesí. Un hombre es inocente del crimen que lo acusan, ¿cómo hará para aclarar su situación? Así son Los 39 escalones, El hombre equivocado e Intriga internacional.
Tales intrigas no habrían dejado una impronta tan profunda en la historia del cine de no haber contado con una puesta en escena tan rigurosa y perfecta. En otras palabras, Hitchcock dirige de una manera que excede la simple eficiencia. Su estilo confiere a las historias una significación simbólica, las convierte en una lucha entre el aspecto sagrado de la vida que recibimos y la utilización impura que hacemos de la misma.
A los efectos de describir esta mise-en-scene que le da a Hitchcock una superioridad tan abrumadora respecto de la mayor parte de los directores actuales, digamos que no se trata tanto de una cuestión de técnica como de gramática, de un medio personal de expresión.
Su estilo de dirección, por lo tanto, rechaza el registro simplista de la acción y adopta una gramática que consiste en centrarse en el personaje a través de cuyos ojos se van a ver las cosas (y a través de los cuales nosotros, el público, las vamos a sentir). Invariablemente filmará a este personaje de frente y con primeros planos, de modo tal que nosotros nos identifiquemos con él. La cámara va a preceder cada uno de sus movimientos y mantendrá constantemente sus dimensiones en el marco de la imagen. Cuando descubra algo inquietante, la cámara se va a demorar unos segundos de más en su rostro y su mirada, a los efectos de que aumente nuestra curiosidad. Cuando tenga miedo vamos a compartir su temor. Y cuando se sienta aliviado vamos a sentir lo mismo...pero nunca antes del final de la película.
En el curso de una escena compleja y sutil, el punto de vista puede cambiar. Y esta técnica de narrar una historia según un punto de vista resulta familiar a los novelistas a partir de Henry James y Marcel Proust, pero los cineastas parecen hacer caso omiso de la misma, incluso aquellos que recibían premios Oscar mientras La ventana indiscreta y Psicosis tenían en vilo al público de todo el mundo sin recibir nunca la más mínima consideración por parte de la crítica ni de los jurados de los festivales. Por fortuna, Hitchcock se mantuvo imperturbable y siguió brindándonos una obra maestra por año, tal vez incluso sin sospechar que finalmente llegaría la hora del reconocimiento”.
(Francois Truffaut).