“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

miércoles, 9 de septiembre de 2009

CRITICA



AGENTE INTERNACIONAL
Dirección: Tom Tykwer – 2009

DEUDA Y PODER

“La Banca, que alcanzó un poder determinante en el siglo XIX, ha llegado, en el actual (XX), al dominio absoluto de la vida económica, tanto en el Occidente de la “libre empresa” como en el Oriente “comunista”. Hoy en día, cuando se plantea la puesta en marcha de una empresa cualquiera, tenga o no finalidad lucrativa, lo primero que se pondera es la probable actitud de la Banca –local o nacional, según la índole de sus actividades- hacia la empresa en cuestión. Hogaño, casi nada puede hacerse, y prácticamente nada puede perdurar sin el apoyo de los bancos. De simples ejecutivos de un servicio que debía facilitar el intercambio de las mercancías, han pasado los banqueros a ser, sucesivamente, los reguladores, luego, los controladores, y, en fin, prácticamente los amos de toda la riqueza mundial. Y, apoyándose en ella, del poder político”.
(J. Bochaca, “La finanza y el poder”)


El negocio del cine no escapa a las generales de la ley; es un negocio que necesita financistas, productores, distribuidores, publicistas y exhibidores que asuman un riesgo en función de un beneficio. Beneficio que es económico pero no sólo económico, sino que se enmarca en una estrategia de poder por parte de los medios de comunicación. El cine no escapa a este poder de decisión de la Banca, que desde siempre ha estado detrás de los grandes Estudios o corporaciones cinematográficas. Pero, cuando se trata de films menores, de escaso presupuesto y posibilidad de trascendencia, ese control o factor de manipulación es menos coercitivo y decisorio. Lo cual no implica que el responsable o director del film tenga la libertad de llegar al fondo de la cuestión en temas candentes o que suelen mantenerse a oscuras. ¿Quién puede hoy, por ejemplo, hacer un film de tema religioso-católico (a la manera de “La Pasión de Cristo”) sin condenarse al ostracismo y/o la persecución? Porque, aunque “La Pasión de Cristo” haya sido todo un éxito (y vemos en su concreción la gracia de Dios que obra cuando y como quiere), ninguna empresa distribuidora, cadenas de exhibición (desde luego no productoras) están dispuestas a repetir la experiencia. Hay puntos neurálgicos que no se deben tocar ni mencionar. Se pueden dar rodeos o aproximaciones, pero no traspasar el umbral detrás del cual se asientan los verdaderos dueños del poder. Sus nombres y sus figuras nunca aparecen en los medios de comunicación, medios que por supuesto les pertenecen.

La cuestión de los Bancos –circulante en la opinión pública desde el estallido de la crisis financiera mundial- se ha ubicado de manera necesaria e interesante en las historias que cuentan una abundante cantidad de películas desde el año 2000 a esta parte. Un tema que hasta entonces era soslayado (en los films los bancos aparecían sólo como víctimas del atraco de bandas de asaltantes), ahora sale a la palestra. Tanto es así que la misma prensa lo hace notar:”Rambo –Silvester Stallone- corría en los años ’80 por las montañas de Afganistán a la caza de comunistas ayudando a los, con perdón, freedom fighters –los secuaces de Bin Laden, los mismos que ahora duermen, por decir algo, en Guantánamo-. Bond, James Bond, fue durante décadas, cuando los martinis y las exuberantes mujeres le dejaban tiempo, un perseverante luchador contra comunistas y terroristas al servicio de su Majestad. Pero como la crisis lo domina todo, el cine ha encontrado ya el nuevo malo de la película. Atención señores banqueros: una nueva hornada de cineastas los ha puesto en la mira de sus cámaras. Once de los films presentados en el recién finalizado Festival de Cine de Berlín atacan a la banca y a las finanzas mundiales. Es cine que trata sobre fraudes, emigración económica y la fosa cada vez mayor que separa a ricos y pobres, y a los que hunden un banco y se van al Caribe a festejarlo con millonarias indemnizaciones” (“EL CINE YA ENCONTRO NUEVOS VILLANOS, LOS BANQUEROS”, diario Clarín, 22 de febrero de 2009).

Todo el mundo reconoce que Wall Street hizo quebrar la economía y desplumó a los contribuyentes (Paul Krugman, The New York Times, cit. en Clarín 4 de agosto de 2009). Pero, ¿alguien habla de quiénes decidieron y porqué llegar a esto, alguien habla de sus mayores responsables y del sistema político que promueve y permite esto? He allí el porqué es posible la presencia de estos nuevos “malos” de película, una figura que va mutando con el cambio de estrategia y posicionamiento global en el curso de una realidad de conflictos planificados. Así es como antes los Estados Unidos eran siempre los buenos de la película y a partir de Vietnam (mucho más desde Irak) comenzaron a ser los malos. Tampoco los comunistas lo son ahora (aunque lo siguen siendo los alemanes, eso nunca cambia). Y bien, ¿no puede ser una razón táctica el hecho de que se permita exhumar públicamente los mecanismos siniestros por los cuales los bancos se apoderan del dinero ajeno y acumulan poder mediante la creación de deudas? ¿No les es conveniente desocultar algo para poder seguir ocultando otra cosa? ¿Acaso no se le da cuerda al periodista y cineasta “anti-sistema” Michael Moore, famoso y oscarizado, con sus denuncias anti-capitalistas, porque al fin y al cabo no sólo no llega al fondo del asunto, sino porque termina afirmando que lo que puede derrotar al Capitalismo (que para él es el Mal, el único mal), es la “Democracia” (Ver diario Clarín 7 de septiembre de 2009. Presentación de “Capitalism: A Love Story” en la Mostra de Venecia)? ¿No queda claro que el cineasta “anti-Bush” Oliver Stone cuenta con todos los auspicios del Sistema (como ya lo afirmara el “loco” Mel Gibson en su personaje del malogrado film “El complot”)? Esto es así, a medida que la batalla global se acrecienta, y que los medios informativos se reproducen, el mecanismo de defensa de los grandes poderes opta por quitarse lastre. La impunidad que tienen es tan grande que pueden permitirse tales denuncias públicas, siempre y cuando se lo haga en forma derrotista y no se den las verdaderas causas y soluciones (pero se pida más Democracia. Recuérdese lo que afirmó Céline: “Democracia es Plutocracia”). Tampoco se verá jamás un film sobre la verdadera Guerra Civil Norteamericana, la que provocaron los Rothschild y sus logias, o el verdadero motivo del asesinato de Lincoln. Producirán, sí, infinidad de films sobre este tema, elevarán a Lincoln a los altares, pero todo con el fin de ocultar la verdad detrás de la fábula rosada. En definitiva, mientras no se hable de Dios, de la Cristiandad ni de Cristo Rey, hasta el Papa puede tener sus auspicios. Los grupos de poder fabrican la oposición que les conviene y a la cual pueden manipular, haciéndola actuar no contra sus intereses, sino contra los Estados Unidos, país esclavizado por estos poderes, el “Imperialismo Internacional del Dinero”. De allí que, como alguna vez afirmó Henry Makow, “los banqueros aman a la izquierda”.

Destaquemos algunos films anteriores que se han involucrado con el tema de los bancos en lo que cuentan:

-The Bank (Robert Connolly, 2001): Esta película australiana centra su acción en la forma en que un joven experto en computación se infiltra en un banco que llevó a su familia a la ruina, con el fin de hacerlo quebrar mediante una complicada operación financiera. Lo mejor que tiene es que desnuda la omnipotencia de los bancos para cumplir sus despiadados fines de estafa. Además del nulo interés estético, el film hace concesiones a la moral moderna en el plano sexual, cayendo en el fácil maniqueísmo buenos-malos tan afín a las izquierdas. Carente de implicación emotiva por parte del espectador, se reduce a una trama que se devora a los personajes. Importa más lo general que lo particular, y su valor reside en la vigencia informativa de lo que cuenta, antes que en la perdurabilidad de su forma como portadora de significados.

-Concursante (Rodrigo Cortés, 2007): Esta película española es completamente distinta a la anterior en cuanto a su estilo (si se le puede llamar estilo), pero cae en el mismo error: lo único importante es dar un mensaje (y se lo hace a través de diálogos), más allá del film como valor artístico. Podríamos llamarlos films de tesis que le adicionan una pequeña historia humana para que el espectador pueda seguirlas con algún interés. Concursante presenta una crítica fuerte al sistema bancario y financiero (llega a decir que vivimos en “el paraíso de la usura legal”), y recurre en exceso al sarcasmo para mostrar la forma de vida de quienes desean tener cada vez más y para eso se endeudan con los bancos. Es una buena idea que se ve completamente malograda por los desatinos del director debutante, ya que lo que quiere contar se pierde dentro del “cambalache” expresivo que utiliza, que combina sin ton ni son cortes veloces de montaje a la manera de los video-clips, movimientos de cámara “parkinsonianos”, fotos fijas en blanco y negro, el actor hablando a cámara como en un documental, imágenes gastadas como en un film antiguo, cámara lenta, ultra velocidad, congelado de la imagen y vuelta atrás, alegorías, etc., lo cual hace que el espectador se fastidie ante semejante “histerismo” que denota la impaciencia del director, mostrando en ese exceso formal un rechazo de la forma y, algo propio de estos tiempos, el deseo de “alcanzar un fin desembarazándose de los medios” (en palabras de Richard Weaver). La significación no viene a través de la forma, sino que está dada de antemano. Luego se hace lo que se quiere, en vez de lo que se debe hacer. El final del film es muy malo y negativo, derrotista. Nos da que sospechar cuando un economista anti-sistema que le descubre al protagonista cómo funciona el tema del crédito por parte de los bancos, dice que “Reyes y Papas” son esclavos o títeres de estas finanzas, pero no menciona a los “Presidentes”, cuando justamente para su mejor control la Plutocracia fomentó y promueve hoy las “Democracias” en todo el mundo. O que el protagonista, un profesor universitario, les diga a sus alumnos “no crean lo que les digan, no me crean a mí, no crean en nada”. ¿No creer en nada, no es eso lo que agrada al sistema? En todo caso, fuera de esta historia lo dejan a Dios. Detalle importante: esta película tan crítica a los Bancos está financiada por dos bancos, el BBVA y el Banco Spirito Santo.

Agente Internacional (The International):
Este thriller está mejor llevado que los ejemplos anteriores, su trama nos interesa y los actores saben encarnar a los protagonistas de una investigación y seguimiento en torno a un banco internacional con sede en Luxemburgo, que se dedica al parecer al tráfico de armas. Extrañamente aséptica en cuanto a concesiones a lo sexual, las drogas o los desenfrenos etílicos –hoy un lugar común en casi todo el cine, y no sólo de espionaje o suspenso-, si bien hay un toque políticamente correcto por parte de la co-protagonista (Naomi Wast), el héroe del film (Clive Owen) parece obsesionado por un sentido moral incorruptible y un pasado conflictivo que lo tornan melancólico, pero al final dispuesto a traspasar todos los límites para destruir a los responsables del banco. Todo lo que se construye en torno a una aproximación a la vida interior del personaje se destruye de pronto al virar el film hacia uno de pura acción, con una escena desfasada en el Museo Guggenheim, más propia de Tony Montana en “Scarface”. El final sorpresivo pero no sorprendente (un lugar común del cine norteamericano) nos deja el sabor amargo de la derrota y el horizonte nada claro para el protagonista. Como una especie de Contacto en Francia clase “B, el film incurre, como la mayoría de los de su género, en dejar abandonados a los personajes en favor de la trama y las peripecias, sin el atisbo de un sentido de la vida entrevisto sobrevolando sobre ellos. Por eso una sensación de impotencia deja plantados a los personajes en una insignificancia propia de quien se ha olvidado que su único y mayor enemigo a vencer se encuentra dentro de sí mismo.

Destacamos la escena más importante del film, aquella que revela el verdadero rol de los Bancos, y que en su momento reprodujera el periódico Patria Argentina (nº 256, Junio 2009). Nos permitimos incluirla debajo porque, además de ser lo más aprovechable del film –en nuestra opinión-, es algo que los críticos de los medios han dejado de lado en sus reseñas. Los mismos periodistas que prefirieron no hacer ruido con esta película pero que antes ensalzaron ridículamente (logrando que sea un éxito) un film bochornoso del mismo director alemán, llamado Corre, Lola, corre. Para eso les pagan, está claro. Para servir a la mentira, simplemente omitiendo la verdad.