“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

martes, 13 de septiembre de 2011

ESPECIAL HITCHCOCK

ESPECIAL HITCHCOCK



“Los hombres se dividen en dos bandos –escribió Gómez Dávila-: los que creen en el pecado original y los bobos”.

Hitchcock perteneció al primero.

También dijo el maestro colombiano que “La fotografía asesinó a la imaginación”.

Pero el cine la revivió. Mediante el montaje, la puesta en escena, el fuera de campo y las simetrías, el cine –cuando es cine- afirmó que en la imagen no está toda la evidencia y más allá de ella estamos nosotros que construimos el sentido no evidente de la historia. El cine se hace para el espectador, para el contemplador, no para el mero consumidor.
Para llegar a eso el cine se vale del suspenso, que es trabajar con la imaginación, anticipar o temer lo que posiblemente vendrá. Intuir por lo que se nos muestra, aquello que no vemos.

El cine trabaja con luces y sombras, con lo visto y lo oculto, con lo presente y lo ausente, con el ahora y el después. La reconstrucción del montaje en nosotros completa lo que la simple imagen nos sugiere, pero no puede darnos del todo.

Otra sentencia de Gómez Dávila dice así: “Toda metafísica tiene que trabajar con metáforas, y casi todas acaban trabajando sólo sobre metáforas”.

De allí la superioridad del cine de Hitchcock sobre el cine de Bergman, o, para generalizar un poco, del cine norteamericano sobre el cine europeo. La metafísica con metáforas es el suspenso de Hitchcock; la metafísica sin metáforas es el recitado de discursos de Tarkovski.
Por eso en un mundo que da la espalda a la metafísica, una metafísica no la entiende casi nadie y otra “metafísica” creen entenderla casi todos.

“El estilo es orden a que el hombre somete el caos” (NGD).

He allí todo el cine hitchcockiano. Y todo buen cine.
Pero para ello debe quedar establecido a priori que hay un orden y que hay un caos. Y el comienzo sólo puede ser el orden. Y la aventura su restitución.

¿De qué me sirve conocer o “discriminar” el estilo o la puesta en escena de una película? Me sirve porque de ella –podríamos responder- depende que yo pueda tener una meditación moral verdadera y proporcionada a la experiencia estética que se me ofrece. Con ella se logra transmitir –o no- una emoción mediante la cual el espectador puede conocer mejor al hombre y por lo tanto a sí mismo y, si es capaz de tomar distancia de lo contado, reflexionar a partir de esa emoción estética que le es suministrada por alguien que ha visto más o mejor o de otro modo que él y considerar las ideas que se le vierten o los temas planteados a través de una película.


Los detalles cuentan: Hitchcock dirigía no sólo a los actores, sino también a los objetos. Llaves, vasos, tazas, libros o alianzas: Hitchcock era imaginativo con la realidad.
  
La gente frívola merece que le den un buen susto. La irrupción del mal es más traumática para quien vive en la pavada.