“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

martes, 13 de septiembre de 2011

LA REFORMA EFICAZ

LA REFORMA EFICAZ


“Ya no hay más moralidad pública, ni más justicia, decís. Estos resultados os asombran; era fácil preverlos. ¿Acaso no escribió un sabio del paganismo que se construiría más fácilmente una ciudad en el aire que una sociedad sin Dios? ¿Acaso no dijo el orador romano que con el respeto de la divinidad desaparecen la buena fe, la seguridad en el comercio y la más excelente de todas las virtudes, que es la justicia? ¿Acaso no declaró el Espíritu Santo, con un lenguaje más enérgico, que en todas partes donde reinan los impíos, los hombres no tienen que esperar sino ruinas: Regnantibus impiis, ruinae hominum (Prov. 28, 12)?

Añadís: todo se va, todo está acabado. También esto os asombra; hubiera sido fácil preverlo, si alguna vez hubieseis leído esa página magnífica en la que un gran rey, inspirado por Dios, narra las obras del ateísmo. Escuchad: el impío dijo en su corazón: no hay Dios. El Señor miró de lo alto del cielo, para ver si hay alguno que comprenda y que busque a Dios:

Ut videat si est intelligens aut requirens Deum. (Salmo 52, 3)

No percibió sino una generación que no lo invoca.

Dominum non invocaverunt. (Salmo 52, 6)

Ahora bien, esta generación de hombres, he aquí lo que habrá señalado su paso por la tierra: ha devorado al pueblo como un pedazo de pan y no ha dado al mundo sino el espectáculo de una gran inutilidad:

Simul inútiles facti sunt. (Salmo 52, 4)

Finalmente, os escucho todavía decir que se ha hecho un vacío inmenso en la sociedad. Ya lo creo: es todo el lugar que pertenece a Dios el que está vacante. Una reforma general es necesaria, concluís. Sí, por cierto, soy de vuestra opinión, hay que reformarla, reformarla por entero, en sus jefes y en sus miembros, esta sociedad que ya no cree en Dios o que, al menos, se gobierna como si no creyese; y el primer artículo del programa de la reforma debe ser el primer artículo del Símbolo: Creo en Dios: Credo in Deum. Enseñad de nuevo a toda esta generación de hombres a decir: creo en Dios, y a vivir en conformidad con esa creencia. Con tal título, la reforma será eficaz y saludable. De lo contrario, diré que señaláis el mal y que no abordáis el remedio. No basta haber inventado un nuevo trisagio y repetir eternamente tres veces nada; decid más bien una vez: Dios, y será renovada la faz de la tierra”.

Cardenal Pie. Contra el ateísmo práctico. Segunda conferencia sobre el Símbolo, Chartres, 1847.