“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

lunes, 15 de noviembre de 2010

HISTORIA

PERON Y LA IGLESIA



Documentos y testimonios que llegan a nuestra mesa de trabajo y que vale la pena conocer. El 10 de noviembre de 1954 Perón acusó a la Iglesia Católica de infiltrarse en las organizaciones justicialistas, fue entonces cuando la relación se terminó de romper y la persecución a la Iglesia derivó primero en la disolución de la Dirección General de Enseñanza Religiosa y, en ese mismo diciembre de 1954, en la promulgación por parte del Congreso de la ley de divorcio, para extenderse en lo que finalmente iba a ser la quema de las iglesias, tras el bombardeo de Plaza de Mayo (16 de junio de 1955). El 11 de noviembre de 1951 habían sido las elecciones que dieron por reelecto a Perón para un segundo período. Tal vez por ello sea propicio este mes para este recordatorio documental.






PERON Y LA IGLESIA


Por R. P. Leonardo Castellani


Publicado en Dinámica Social Nº 89, Marzo de 1958.




“Tengo tres libros sobre la mesa con este título o tema, además del libro Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, de Jorge Abelardo Ramos, en el cual el tema está negado, y por tanto “brilla por su ausencia”, como dicen. Ramos sostiene que el “conflicto con la Iglesiano existió, pues fue solamente “un pretexto decorativo de la reacción oligárquica” (pág. 450). Un poco más que eso fue evidentemente. ¿Qué fue?



Me disgusta tomar este tema, desautorizado públicamente como estoy por la Iglesia Jerárquica –o algo por el estilo; pero no tengo más remedio. El periodista es un galeote, un esclavo de las “galeras”. Que me valga San Jerónimo, el primer periodista de la Cristiandad. Total, si yo no hablo, hablarán las piedras, las piedras ahumadas. Ya han hablado.



(...) El influjo del clero existe, no sé si decir “gracias a Dios”; pero es más bien como el Pelente, o las pastillas insectívoras Yale, que no ese martillo pilón que Ramitos sueña. Su influencia existe, pero se ejerce más bien por inhalación o “infiltración” (por enseñanza de la doctrina cristiana) que no corporativamente (o por acción política): por la razón sencilla de que el clero en la Argentina es difícilmente un cuerpo; por la otra razón sencilla de que la cabeza es difícilmente una cabeza. El Obispo de Corrientes, por ejemplo, predicó directamente contra Frondizi en las últimas elecciones: y ganó Frondizi las elecciones.



Ninguno de los dos libros clericales puede dialogar con Ramitos ni Ramitos con ellos ni con 50.000 más que se hagan por el estilo; porque Ramitos, lo mismo que Perón, no percibe el interior de la Iglesia sino sólo lo exterior, donde están situados también los dos libritos clericales. Y ellos defienden lo exterior, pues de eso viven; y a Ramitos esa corteza le da en rostro y lo irrita; la cual dicha y dichosa corteza en la Argentina está demasiado desarrollada, y en parte, chuya. El que no percibe sino lo exterior de la Iglesia no puede escribir bien sobre la Iglesia. Quisiéramos ver a la revista oficial Criterio o al diario católico El Pueblo refutando a Jorge Abelardo Ramos...No pueden refutarlo; porque la corteza que Ramos percibe, existe y es repelente; y justamente de esa corteza forman parte los CRITERIOS.



(...) Pero volvamos al “Otro” (Perón). He aquí lo que pasó, “assicondo noialtri”. El “Otro” no era un ateo, como cree Ramos, ni un buen católico justicieramente enrabiado como cree Rebeldía (una hoja editada por el P. Hernán Benítez), sino católico mistongo, más todavía que San Martín: el cual fue probablemente un católico tibio. Veía a la Iglesia como un organismo político, al cual favorecer por amor de los benditos y bienhadados votos, y el prestigio personal; pues él carecía de toda percepción de las realidades y fuerzas morales, cosa grave en un político, aunque sea muy vivo. Por otra parte, veía que algo andaba mal en la Iglesia indígena, o al menos que ella no era tan divina como pretendía; y eso, más por lo que le cuenteaban que por sí mismo, pues él personalmente con “momias” no quería perder tiempo. Éste fue Perón todo el tiempo, créanme. Fue un argentino típico.



Llegó el momento en que (como Roca) percibió que su poder personal no absorbía ni digería ese otro poder “político” que tenía enfrente, incomprensible para él; que al revés de los “otros” partidos argentinos o entidades políticas, era COLOIDAL a su Justicialismo; y empezó a apretarlo un poco a fin de obtener la “gratitud” que a él le debía, y la adhesión incondicional (de acuerdo con el juramento que hacen los Obispos “reconociendo su Alto Patronato”) que todos tenían que mostrarle...y le mostraban. De hecho intentó dividir al Clero y al Episcopado en “buenos cristianos” y “malos cristianos”, según que fueran peronistas o no. Me consta, porque yo mismo, modestia aparte, fui solicitado por un clérigo vinculado a Remorino (Canciller de Perón) a volverme buen cristiano; cosa que yo deseo ser, pero es muy difícil serlo...a gusto de todos.



Esta nueva actitud fue alimentada rápidamente por muchos “circundantes”, algunos de ellos para llevar el agua a su molino, o mejor dicho, el ASCUA (Grupo liberal combativo) a su sardina, e incluso para hacerlo tropezar al Duce; como de hecho tropezó –tropezó suicidalmente.



Perón fue el responsable del incendio de las iglesias o templos. “En táctica siempre hay que devolver de inmediato el golpe aunque sea mal y torpemente: peor es quedarse aturdido y no contragolpear” –era uno de sus axiomas político-militares que él explicaba en sus “clases magistrales”. El golpe en este caso fue la enorme manifestación católica silenciosa de Corpus 1955; que a él le pintaron esencialmente diferente de lo que en realidad fue, para enfurecerlo. Hay indicios de que el Conductor estaba entonces decidido a, aun ansioso de, dar marcha atrás y reconciliarse con los Magnates Eclesiásticos cuando comenzó el humo, es decir, la matanza de Plaza de Mayo; cuyo contragolpe fue el incendio de los templos, que no alcanzó por cierto a los marinos, al contrario, les hizo el juego. Al fin y al cabo, Carlos V saqueó a Roma y después se arregló y amigó entrañablemente con Paulo IV –le decía un consejero eclesiástico o eclesiástico consejero, actualmente fuera del país. Pero ya era tarde.



Cuando estuve en Lourdes en 1956, los eclesiásticos franceses, españoles e italianos que allí encontré tenían esta idea (los ingleses, más prudentes, no tenían idea alguna) acerca de la Argentina, paisillo que por un momento se había puesto de moda: “Perón favoreció a la Iglesia; después la persiguió; y los católicos LO VOLTEARON”. Yo les decía con modestia: “No es eso exactamente”, pero no discutía con ellos: la Argentina les interesaba menos que Rumania o Bulgaria; pues eso es en realidad la Argentina, excepto para nosotros.



Pero la persecución fue verdadera persecución, y torpe por añadidura, letra de tango y no mero humo de pajas. No precisamente por haber amenazado (sin tocarlos al fin) los famosos “bienes eclesiásticos”; sino más bien por haber tocado la estructura religiosa tradicional de la familia argentina con el “divorcio”, el derecho natural de los padres de familia con las leyes de enseñanza y al fin la moralidad y decencia pública con escándalos y malos ejemplos de toda clase. Ramos se burla sin razón de este último motivo; y se equivoca al asignar como único motivo real la “fuerza política” de la Iglesia en los episodios históricos de Rivadavia, Roca y Perón.



Rivadavia, Roca y Perón atacaron a la Iglesia Argentina no por demasiado fuerte sino por demasiado débil. Difícilmente un poder temporal argentino atacara a la Iglesia si ésta lucha por los bienes netamente espirituales, en cuyo caso ella es fuerte, porque está en su terreno. Cuando está embarazada con sus bienes materiales, “que son también espirituales” (cosa que yo no dudaría un momento si tuviera alguna parte en ellos, una prebendita cualunque), la Iglesia anda débil e invita al ataque: como pasó con Enrique VIII.



(...) Que los Monseñores no se mostraron muy jefes y se asustaron un poco de más, y que algunos curas hicieron demasiado barullo (instintivamente, sin consigna alguna de arriba) es voz común, y es probable. Yo puedo decirlo, aunque faltando a la modestia, porque aosadas fui el sacerdote más perjudicado materialmente por la persecución peronista y conservé bastante la calma; aunque no tanto como el risueño curita Baransky, mi antiguo Secretario; a juzgar por su risueña crónica o novela o nivola o lo que sea. Fui atropellado como “sacerdote”, y no como “opositor”, por cierto; y el primero de todos. Todavía no le he pasado la cuenta a Aramburu ni a Mons. Laffitte”.





PERON Y LA QUEMA DE LOS TEMPLOS


Por Enrique Díaz Araujo

Aquello que se llamó la Argentina”, págs. 109-113. Ediciones El Testigo, 2002.




“Hubo un conflicto con la Iglesia, manifestado en una docena de problemas (divorcio, ley de profilaxis, supresión de la educación religiosa optativa, procesiones externas, subvenciones a los colegios católicos, etc.), dirigido por el Ministro de Educación Armando Méndez San Martín, y que concluyó con la quema de los templos el 16.6.1955, por las huestes (especialmente policiales) que seguían al vicepresidente Alberto Teisaire y a los ministros Conrado Bevacqua y Ángel Borlenghi.



(...) El anticatolicismo y la entrega petrolera provocaron la aparición de una oposición diferente de la “democrática” que venía actuando desde 1946, y que halló pronto eco en las FF.AA.. El nudo del asunto se estructuró entre el 11 y el 16 de junio de 1955. La primera fecha corresponde a la procesión de Corpus Christi que, a partir de la Catedral de Buenos Aires, se manifestó por las principales calles de la Capital. Entre otras disposiciones encaminadas a restar fuerza a ese acto público, el Ministro del Interior Ángel Gabriel Borlenghi dispuso que el Jefe de la Policía Federal, inspector general Miguel Gamboa hiciera quemar la bandera argentina, al pie del mástil ubicado en el Palacio del Congreso Nacional, una vez que pasara por allí la procesión católica y, naturalmente, con vistas a atribuirle a los creyentes la comisión del delito de lesa patria. La orden impartida por Gamboa y transmitida por el inspector mayor Ricardo Emilio Leonidas García, fue cumplida por el jefe de la comisaría 6ª comisario Norberto Alfonso Nardelli, con la acción material de los agentes Pisani y Lapeyre, a las 21.30 hs. en el “hall” central del Congreso. Tras la quema, comparecieron al lugar el Presidente J. D. Perón y el Ministro Borlenghi y se hicieron fotografiar para los diarios mostrando consternación por lo ocurrido (por sus órdenes). No obstante, casi de inmediato comenzó a trascender la verdad de lo acontecido. A pesar de la complicidad del juez de instrucción Carlos A. Gentile, otros funcionarios policiales (inspector general Justino Wenceslao Toranzo, inspector general Alfonso Ibarborde, comisario inspector Aníbal Racana, inspector Ferrari, subinspector Giliberti, subinspector Laperchia, etc.) entraron en contradicciones ostensibles; y los comisarios Angel Luis Martín, Ricardo César Muñoz y el oficial Camel Yanun testimoniaron que Gamboa, el 10 de junio, le había dicho a Toranzo que “había que hacer algunos desórdenes y producir también algunos destrozos...y hacer algunas cositas”. El oficial Héctor Eduardo Giliberti -quien había comentado con su hermano militar lo sucedido- fue citado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Este organismo, designó al Grl. León Justo Bengoa a cargo del sumario. Y sus conclusiones fueron conocidas por varios jefes de las FF.AA., entre ellos por los aviadores navales de Punta Indio, aviadores aeronáuticos de Morón e infantes de marina. Fueron ellos quienes, el 11 de junio, aprovechando el acto de desagravio dispuesto para la Bandera y San Martín, se sublevaron, y bajo las órdenes del Calte. Samuel Toranzo Calderón, atacaron la Casa Rosada por aire y por tierra. Incluso personas como el Calte. Aníbal O. Olivieri, ministro de Marina de Perón, y leal hasta entonces a su gobierno, al enterarse de esos hechos se pasaron a la revolución. Conforme al relato de Olivieri, el día 15 de junio se efectuó un Acuerdo Ordinario de Gabinete, en el cual Perón manifestó que:



“tenía los “negros” listos con latas de nafta para incendiar el barrio norte. Luego pasó al tema de la bandera. Dijo que los autores seguramente no habían querido quemarla intencionalmente. Que tal vez habría estado contenida en un paquete y que al quemar el papel que la envolvía se habría quemado. Pero, de todas maneras “es un juego de vivos” dijo guiñando un ojo, “y yo lo aprovecho políticamente” (sic) (Dos veces rebelde. Memorias del Contraalmirante Aníbal O. Olivieri, julio 1945-abril 1957, 2ª ed., Bs. As., Sigla, 1958, p.118)



Esta es la causa, cuidadosa y generalmente ocultada por la historiografía en boga y el periodismo demagógico, de los sucesos trágicos de ese día.



Asimismo, las aludidas crónicas suelen referir que la subsiguiente quema de las iglesias capitalinas fue obra de “descontrolados”. Lo cierto es que no existió tal “descontrol”. El vicepresidente Alberto Teisaire, con la colaboración de los funcionarios Juan Carlos Lorenzo, González y Monteperto, instaló en la Escuela de Ciegos, de Bolívar 431, uno de los comandos de ataque a los templos. El ministro del Interior Angel Gabriel Borlenghi, acompañado de su pariente y subsecretario Abraham Krislavin, compareció a la Sede del Departamento de Policía en la calle Moreno, y junto con el inspector general Miguel Gamboa, el inspector general Teodoro Carmelo Sabino, de la Dirección de Seguridad de la Policía Federal, y el jefe de la Guardia de Infantería Liceri, organizaron el centro de enlace e informaciones de los incendios. El Ministro de Salud Pública Conrado Raúl Bevacqua, desde la sede de su ministerio, con la ayuda de César Pérez y Segundo Rufino Nieto, orquestó la acción de empleados públicos, militantes del Partido Peronista, de la C.G.T. y de la Alianza Libertadora, que figuró como “Puesto sanitario nº 1!”. Así las cosas, trasmitida la orden de Perón por medio del mayor Calceta, se dio fuego a los templos, comenzando por los bancos, maderas, tapices, cortinados y manteles. A las 16.45 ya estaba incendiada la Curia Metropolitana. La Iglesia de Santo Domingo fue la siguiente; encargado de este servicio fue el inspector general ex jefe de bomberos Oscar E. Benzi (aquí el comisario inspector Fuentes que salvó las banderas tomadas cuando la invasiones inglesas fue desplazado y apercibido), quien completó su labor con lanzallamas y bombas incendiarias, atacándose incluso la cripta que guardaba los restos de héroes de la Independencia. La quema de San Francisco fue dirigida por el comisario inspector Ruperto J. Fuentes; el comisario Alejandro Toranzo estuvo al frente de la quema de las iglesias de la Piedad y de San Nicolás de Bari (acá, los oficiales Víctor Pensado, Verdún y Giobvine, dependientes del comisario Enrique Adolfo Rodríguez, saquearon, robaron y violaron una niña). San Miguel Arcángel y su casa parroquial fue quemada bajo la supervisión del comisario Severo Alejandro Toranzo. La Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias no fue íntegramente incendiada merced a la mediación del subsecretario del Ministerio de Ejército, Grl. Embrión. Los incendiarios de la iglesia de la Consolación fueron puestos en libertad por orden del inspector mayor Silvano Pío Larrosa. Casi todos los autores de los siniestros celebraron los hechos el 17 de junio con un almuerzo criollo en la Biblioteca Bolívar.



Tal la realidad histórica de estos hechos. Dada la acostumbrada omisión en las crónicas oficiales, hemos juzgado pertinente dar acá noticias de ellos, para que el lector juzgue.”





Pero mejor veamos cómo el General demuestra su profunda sabiduría en materia religiosa:



“Yo soy católico, pero no soy clerical. Creo en la Doctrina. En la palabra de Cristo. Pero no en los ritos, porque los ritos esos los han hecho los hombres. Eva pensaba exactamente lo mismo, y en ese libro que hizo, lleva mi mensaje, que está escrito bien clarito. Eva no se confesaba con nadie. Decía que se confesaba directamente con Dios. Nosotros, que combatíamos a todos los intermediarios (económicos, políticos, gremiales...), tampoco queríamos intermediarios en lo religioso. Eva rezaba todos los días, pero lo hacía directamente con Dios. “Entre Dios y yo –decía- no quiero intermediarios”.

“Yo siempre he pensado lo mismo. Yo soy católico puro en ese sentido. Creo que un acto de la Doctrina vale más que todos los ritos que se hacen. Y Eva Perón, en un día de trabajo, hizo más por los pobres y por la Doctrina cristiana que todos los curas de la República Argentina en toda su vida. Por eso, después de muerta, los argentinos le prenden velas a ella, y a los curas nadie le prende velas. ¡Ni ellos mismos se las prenden! Yo no soy contrario a la Iglesia. Absolutamente, no soy contrario. Pero sí lo soy a que se la tome como medio para otros fines que no son los de la Iglesia”.

(“Yo, Juan Domingo Perón. Relato autobiográfico”. Editorial Planeta, Barcelona,1981, pág. 175).




Es sabido que Eva Perón sí se confesaba, tenía confesor. ¿Acaso Perón en estas declaraciones no quiere quedar en menos que ella, su mujer, y por eso miente, contagiándole a Eva sus propios errores? (Como dijo el Generalísimo Franco: “Si viviera su mujer, mucho más inteligente que él, no se perseguiría a la Iglesia Católica como ahora se hace” 5-2-1955).


El gran Conductor viene a coincidir con el infame Rousseau que en su “Contrato social” dice: “No confundamos la religión con el ceremonial. El culto que pide Dios es el del corazón; y éste, cuando es sincero, siempre es uniforme. Vanidad muy loca es figurarse que tanto interés tome Dios en el vestido del sacerdote, en el orden de las palabras que pronuncia, en los ademanes que hace en el altar y en todas sus genuflexiones”. También, con otro numen del liberalismo, Mariano Moreno, citado con imbécil alborozo por el “taita mayor” de la historia oficial Felipe Pigna: “El culto exterior no tiene una intrínseca relación al objeto a que se determina; ahora es una acción de reverencia doblar la rodilla y mañana podría ser una señal de burla o desacato”.



“El rito –dice Rafael Gambra- alberga al hombre en el tiempo, como la mansión lo alberga en el espacio, y le otorga su bien más preciado: el sentido temporal de las cosas, en cuya virtud no se pierde su vida en la incoherencia y el hastío. (...) Pensar que, por motivos de utilidad o economía, se pueda trasladar al sábado el culto que a Dios se tributó siempre en domingo; creer que la voluntad organizadora de una autoridad humana puede sustituir por sí sola la costumbre ritualizada –todo rito y toda costumbre- es ignorar la raíz sagrada, de aceptación y fidelidad, que constituye la esencia de todo orden humano concreto. Al término de los cambios, el rito habrá desaparecido sustituido por una mera respuesta voluntaria a una voluntad directiva. Aplicado el escalpelo racional a la concreción de los ritos, ceden uno tras otro en su raíz fáctico-sagrada, y al cabo, el mes que iba para el hombre de la Asunción a la Sanmiguelada, o de la Navidad a la Candelaria, se convierte en el mes “del quinto día”, mes sin domingos ni fisonomía de la Unión Soviética, en el que cada cinco días descansa un grupo distinto de trabajadores para así, en la uniformidad del tiempo, “no interrumpir jamás la construcción del Socialismo”. (“El silencio de Dios”)



De la misma manera, Perón sustituyó todos los feriados religiosos, pero, claro, para dejar al pueblo con el “San Perón”, que “no fue nunca una fiesta decretada por el gobierno. Fue una fiesta que dictó la voluntad del pueblo. Ocurre que celebrábamos nuestro día el 17 de octubre en la Plaza de Mayo. Y al cumplirse el primer aniversario, que cayó en viernes, tras concluir mi discurso, el pueblo comenzó a gritar pidiendo “Mañana San Perón”. Y bueno, dije. Ya que mañana es sábado y sólo se trabaja medio día, no se pierde mucho. Pues sí, que sea “San Perón” “(Ob. cit. pág. 219).



En fin. Que si “las argentinas y los argentinos” quieren ser católicos puros, ya saben: nada de ir a Misa, nada de confesarse, etc., etc. A prenderle velas a “San Perón” (¿o eso es un rito?).




Más antecedentes de lo que iba a ser el enfrentamiento de Perón con la Iglesia, en términos de la división dialéctica de la lucha de clases (posteriormente profundizado por la “Teología de la liberación”), en otro relato del general:



“A comienzos de 1944 se formó la asociación que será conocida con el nombre de JOC Juventud Obrera Católica. La dirección de la misma estaba en manos del referido bajo clero. Este grupo explicaba así la situación: “Primer hecho: La clase obrera es anticapitalista. Segundo hecho: la clase obrera está persuadida de que la iglesia es aliada del capitalismo. Consecuencia: la clase obrera está contra la iglesia y tenemos un anticlericalismo de clase”. Hablaban de clase obrera como concepto genérico, no de un trabajador en especial, ya que todo trabajador tiene por propia decisión, la voluntad de decidir lo que piensa. Hablaban de Iglesia como institución nacional, ni siquiera refiriéndose al Vaticano y por supuesto de ninguna manera en contra de Cristo.

Fue este grupo de gente la que cobró una fuerza inusitada con el venida del justicialismo. Antes de ello, no tenían posibilidades de expandir su criterio, pero el peronismo apareció justamente para reivindicar sus banderas y darle a ese grupo de desconocidos, trascendencia nacional”.

(“Yo Perón”, de Enrique Pavón Pereyra, Ed. Milsa, 1993, pág. 268)




Veamos este mensaje de Perón a los Curas del Tercer Mundo publicado en la revista Primera Plana Nº 495, 1 de agosto de 1972:

"Volver por los fueros de una Iglesia realmente Cristiana, que siempre estará adecuadamente más cerca de las Villas miseria que de los palacios de los poderosos (...)

Los justicialistas anhelamos una iglesia así; por eso nada de cuanto ustedes realizan en su dura lucha contra la ignominia puede sernos indiferente.

Afortunadamente los grandes lineamientos post conciliares abren al futuro una esperanza de grandeza".


Perón describe en otro momento, con lujo de detalles, cómo era un día suyo en su exilio de Madrid:



“Me levanto a las 6.30. Duermo con las ventanas abiertas para que me despierte el sol. Es una costumbre que tengo desde cuando era subteniente. Me aseo y me afeito con máquina eléctrica. Desayuno: café con leche y dos tostadas. Salgo después a caminar con mi amigo don José Cresto –nos hemos juntado dos viejos que necesitamos caminar- y durante dos horas damos vueltas por el parque arreglando una planta, corriendo a las hormigas. A las nueve estoy en el escritorio del primer piso. Contesto la correspondencia privada y leo todo el material periodístico que recibo de la Argentina. A las once, una hora invariable de esgrima. Isabelita es una buena, formidable alumna. Tiene fuertes piernas y saldrá de ella una esgrimista cabal. La he ido trabajando despacito. A las doce, otra vez al parque. No dejo un día sin visitar cada árbol. Lo converso un poco, ¿sabe? Un árbol es una cosa muy importante. Vigilo las hormigas. Doy una vuelta por las rosas. ¿Usted vio en algún lugar rosas más perfectas que las mías? Así, hasta las 13.30, en que almuerzo. Normalmente sopa y un plato. Puede ser paella, bife de lomo, un poco de fruta y café “Monki”, sin cafeína. Camino otro poquito, y siesta, que dura hasta las 16. Después de esa hora casi todos los días me doy una vuelta por Madrid –cafés California, Manila- o por los alrededores. Toledo es la ciudad donde mejor siento a España. Vuelvo a las 19. Juego con los perritos, que me entretienen mucho. Canela tiene ya diez años, es el abuelo. Es un exiliado como yo y me ha seguido en todas. Tinola, la madre, tiene 6, y Puchi, la hija, 2. Son grandes amigos míos. Canela, por ejemplo, es auténticamente un perro. Algunos suelen educar a los perros como si fueran hombres. Hay que dejarlos que sean perros. No contagiarles cosas de hombres, les hace mal. A las 20.30 veo un poco de televisión. Mis programas favoritos son “Los intocables”, “Hombres del Oeste”, “El Santo” y “Notidiario”. A las 21.30, la cena. Una hora después, a la cama. Leo de tres a cuatro horas por noche. Una vieja costumbre. Quizá el momento más profundo de cada día mío, sea ese”.

(Ob. cit., págs. 272-273.)




Como se ve, el General no tenía tiempo para dedicar a la oración, a la lectura de la Sagrada Escritura, a la meditación, a la formación espiritual, a la Misa o al Santo Rosario. Entre el rito de hablarle a los árboles, vigilar a las hormigas, lancear con Isabelita, peregrinar por los cafés, y ver la tele, no se podía. A no ser que el lector crea que el General leía dos horas el Kempis antes de cerrar los ojos. Pero como no quería intermediarios entre Dios y su persona... Un argentino típico, decía Castellani.






PERON Y EL COMUNISMO




“Tenemos la experiencia del imperialismo, que ha dominado siempre la tierra y pensamos que la base de la solución está precisamente en la eliminación de ese imperialismo. Lo que tenemos que desarmar en el mundo es la beligerancia de los hombres.

“Abramos los brazos a todos los hombres amantes de la paz y del acuerdo entre los hombres, que quieren emprender el camino que nosotros estamos decididos a seguir para el futuro inmediato y aun para el futuro mediato. Por esta razón, señores, quiero decirles con toda sinceridad que son ustedes bienvenidos, porque sabemos que son hombres de paz.”

“Tenemos el deseo de una amistad sincera que nos permita ayudarnos los unos a los otros no sólo en nuestros países, sino en cada uno de los países y en el mundo entero. Siendo así, ustedes comprenderán nuestra acogida en el país. Ustedes son hombres de paz, son hombres que tienen ideas similares a las nuestras y, en consecuencia, hemos terminado en este país con las fronteras ideológicas que siempre nos fijó el imperialismo. No reconocemos fronteras en las ideas; las ideas no tienen frontera. Entonces concebimos que nuestro país, frente a la situación del mundo, debe hacer desaparecer todas las fronteras inútiles y perjudiciales para ese acuerdo general. En este sentido, ustedes habrán encontrado y encontrarán aquí la más amplia libertad para moverse y hacer lo que se les ocurra”.

“Señores, deseo que ustedes desarrollen su Congreso con todo éxito. Creo, además, que todas estas organizaciones especialmente las juveniles, tienen un destino preeminente en el mundo que estamos viviendo, que es un mundo de transición y de cambios. Las organizaciones juveniles, que son las dueñas del futuro, es indispensable que se organicen y se preparen. Demasiados errores hemos cometido nosotros, los viejos, pero les dejamos una gran experiencia, que los jóvenes deben aprovechar. Por eso, pienso que el desarrollo de esta actividad de la juventud comunista en el mundo, que realiza hacia una organización internacional, merece mi total y absoluto acuerdo.”

Los dirigentes comunistas de la Argentina son hombres que dialogan normalmente con nuestro gobierno. Yo los recibo en el momento y el día que sea para conversar con ellos aquí. Es un sector más de la organización política y mantenemos las mejores relaciones, así como tratamos de mantener las mejores relaciones con los países socialistas”.

“Hasta ahora esa era una cortina de acero. Para nosotros ya no hay cortinas de acero; estamos en contra de todas las cortinas y nuestros amigos son todos aquellos con los que podemos mantener buenas relaciones y con los que podemos intercambiar beneficios para los pueblos. Para nosotros esos son los amigos del futuro”.

”Finalmente, les deseo mucho éxito en el desarrollo y organización de este Congreso Juvenil Comunista, y estamos a vuestra disposición para servirlos, rogándoles que se sientan aquí como en su propia casa. Muchas gracias”.




Discurso de Perón en la recepción en Olivos a las juventudes comunistas del mundo, reunidas en Argentina con motivo del X Congreso de la Federación Juvenil Comunista, 4 de junio de 1974. “Se facilitó un avión de la Fuerza Aérea para que los delegados fraternales pudieran viajar a Bariloche y Mendoza, así como las reservas en hoteles oficiales y el yate presidencial para recorrer los lagos de la zona. Todas ellas formas inéditas y civilizadas en el trato de un gobierno popular con el partido y la juventud comunista.”

(Fernando Nadra, “Conversaciones con Perón”, Editorial Anteo, 1985, págs. 117,118,119, el resaltado es nuestro).




“El Partido Comunista es un partido legal. Está presente con nosotros, en esta y en otras reuniones. Y si algo en su contra ocurre aún, es producto de muchos años de tergiversación de la función del Estado, a consecuencia del macartismo. Han quedado en el aparato estatal funcionarios, policiales o no, que ya no saben pensar ni actuar sino de ese modo. No estamos de acuerdo, pero comprendemos las causas, y tenemos que resolverlas prontamente.”

(Ob. cit. Pág. 96)




“Y ya ven, aquí tengo al Secretario General, doctor Solano Lima, al que llaman el Ministro Rojo, porque durante su gobierno en la provincia de Buenos Aires, allá por el treinta y tantos, reconoció la legalidad del Partido Comunista”

(Ob. cit. Pág. 70)




“La llegada de la misión soviética es para nosotros ampliamente placentera. Deseamos tener con ellos la mejor buena voluntad, lo que pueda convenir a ambas partes, la Unión Soviética y nosotros. Es la forma de ajustar convenios que sean permanentes. Lo que nosotros queremos es relaciones cordiales y permanentes. La buena voluntad y la capacidad de la gente que viene de la URSS es para nosotros una garantía”

(5-2-74, declaraciones a la agencia soviética TASS, Ob. cit. pág. 45)





Conocía a Allende. Hablé con él en Madrid. Era amigo mío. Le advertí, entonces, que tuviera mucho cuidado desde el gobierno, porque seguramente los yanquis y los reaccionarios le estarían preparando un golpe de Estado. Vaya con pie de plomo –le dije-, y se lo aconsejo porque yo sé cómo se las gastan los norteamericanos”

(Ob. cit. pág. 40.)




La Revolución Francesa comienza su acción efectiva en 1789. Hace la lucha y termina su período heroico en 1814 derrotada y aherrojada Europa por la Santa Alianza y el Congreso de Viena de 1815. Sin embargo, arroja sobre el mundo su influencia a lo largo de un siglo, por lo menos...Todos somos hijos del liberalismo creado en la Revolución Francesa. En 1914 para mí, comienza un nuevo ciclo histórico, que llamaremos de la Revolución Rusa...Y si esa Revolución Francesa, vencida y aherrojada en Europa ha arrojado sobre el mundo un siglo de influencia, ¿cómo esta Revolución Rusa triunfando y con su epopeya militar realizada no va a arrojar sobre el mundo otro siglo de influencia? El hecho histórico es innegable...Si la Revolución Francesa termina con el Gobierno de las aristocracias, la Revolución Rusa termina con el gobierno de las burguesías. Empieza el gobierno de las masas populares”.

(J. D. Perón, Conferencia dictada en el Colegio Militar, 7 de agosto de 1945. En “Cómo hicimos el 17 de Octubre” por Angel Perelman)




“Mao había dividido decididamente al socialismo nacional del internacional, se había negado a hacer causa común con el despojo internacional que con el nombre de internacional socialismo, hacía la URSS. Mao echaba así las bases programáticas sobre las cuales podrían sentarse a charlar las jóvenes repúblicas del Tercer Mundo. ¡Era casi un justicialista!

Juntos en París, nos manifestamos en contra de las fronteras ideológicas y de la integración planetaria de los países pobres. Bregamos también por la inclusión de Cuba en la Organización de los Estados Americanos o por el reemplazo de esa organización en caso de que fuese necesario. También prometí ir personalmente a China para conocer la gran cultura madre de oriente””

(“Yo Perón”, d Enrique Pavón Pereyra, Ed. Milsa, 1993, pág. 403)




“Recuerdo que en una oportunidad, vino a visitarme a Puerta de Hierro, Ernesto Guevara, era la época en que la revolución cubana había triunfado y en la que el “Che” se preparaba para accionar en Bolivia. Me costó reconocer aquella figura calva y con hábito de monje; así se presentó y lo recibí pensando que se trataba de un representante de la iglesia. Sin necesidad de referir los pormenores que permitieron que estuviésemos frente a frente, quiero comentar la siguiente anécdota: Antes de abordar el tema central de nuestro encuentro, Guevara se explayó acerca de los objetivos políticos y militares que tenía para el área americana. Debo haber sido uno de los pocos que por entonces accedió a este tipo de información”.

(“Yo Perón”, de Enrique Pavón Pereyra, Ed. Milsa, 1993, págs. 30-31)




“Guevara ha sido el hombre de una causa y eso es suficiente para colocarlo en la Historia con valores propios e imborrables. Por otra parte, combatir con éxito o sin él contra el imperialismo, ha sido en todos los tiempos un sello de honor para los hombres libres y eso nadie lo podrá borrar del epitafio que Guevara tiene sobre su tumba incierta en el espacio, pero tremendamente verdadera en el tiempo.

Le agradezco nuevamente su gentileza y le felicito por su libro tan instructivo para la juventud como útil para todos nosotros”.

(J. D. Perón, Carta a Ricardo Rojo, autor de “Mi amigo el Che”, 2 de agosto de 1968).





León XIII definió al comunismo como: “Una peste mortal que ataca la médula de la sociedad humana, que la aniquilará”.


Pío IX lo define como: “Un sistema repleto de errores y de sofismas, doctrina subversiva del orden social ya que destruye los fundamentos mismos, sistema que niega el verdadero origen, la naturaleza y el fin del Estado, así como los derechos de la persona humana, su dignidad y su libertad”.




Por aquellos mismos años en que Perón elogiaba al Che Guevara, alguien que conocía muy bien al Comunismo y la vida en la URSS, alguien valiente como Alexander Solyenitzin, decía: “Y nosotros, que nos hemos pasado toda nuestra vida allí, sacamos la conclusión de que hay una sola cosa que puede resistir a la violencia: ¡la fuerza! Hay que entender la naturaleza del comunismo. La misma ideología del comunismo, toda educación consiste en considerar un idiota al que no toma lo que está al alcance de su mano. Si puedes tomar algo, tómalo; si puedes avanzar, avanza; pero si hay un muro, retrocede. Los gobernantes comunistas respetan sólo la firmeza y desprecian y se ríen de los que ceden constantemente. En vuestro país se dice –citaré algunas palabras pronunciadas últimamente por vuestros estadistas- “El poder sin negociaciones para lograr la paz, lleva a la guerra”. Y yo digo: “El poder en ininterrumpida conciliación, ¡no es tal poder!”. Y por nuestra experiencia les puedo decir: sólo con firmeza se puede resistir al avance del totalitarismo comunista.

“Podríamos elevarnos a una altura moral y decir: entre 1933 y 1941 vuestros dirigentes, y todo Occidente, hicieron un trato con el totalitarismo, sin respetar los principios éticos. Esto no puede quedar impune. Esto debía provocar consecuencias y las provocó durante treinta años y va a continuar provocándolas de un modo aún más terrorífico. No se puede razonar solamente en el bajo nivel de un cálculo político. Hay que pensar también en lo noble, lo honesto, y no sólo en lo conveniente (...) En lugar de vivir haciendo cálculos y juegos políticos, bajos, mezquinos y de corto alcance, habría que darse cuenta de lo siguiente: aquí se concentra el mal mundial con una capacidad de odio y fuerza enormes, se propaga por toda la tierra y hay que hacerle frente y no apresurarse para entregarle todo lo que quiere devorar...”.

(Discurso en Washington, 30 de junio de 1975. “En la lucha por la libertad”, Emecé.)




El 9 de julio de 1975, decía Solyenitzin en Nueva York:

“Resulta curioso que los comunistas escriban sobre el comunismo, durante ciento veinticinco años, negro sobre blanco, sin disimulos; escrito antes más francamente y en el mismo Manifiesto Comunista –que todos conocen por nombre y casi nadie se tomó el trabajo de leer- hay cosas aún más horrorosas que todas las que se han producido. ¿No es asombroso? Todo el mundo es alfabeto, todos saben leer y, sin embargo, parecería que no quieren comprender. La humanidad se comporta como si no hubiera comprendido qué es el comunismo; no quiere comprender, no es capaz de comprender...

Por supuesto, la situación actual obliga a los comunistas a emplear variados modos de simulación. A veces escuchamos hablar de “frente popular”; otras, de “diálogos con los cristianos”. ¡Los comunistas establecerán un diálogo con los cristianos! En casa, en la Unión Soviética, el diálogo era sencillo, con ametralladoras o revólveres.(...) Cuando los partidos comunistas consiguen el poder pleno se tornan completamente despiadados. Pero en la etapa en que lo comparten, deben disfrazarse”.



Finalmente, veamos lo que dice el gran escritor y patriota ruso sobre aquellos que “el gran Conductor” llamaba “hombres de paz”:

“La literatura marxista describe también muy bien el problema particular de la guerra. Así consideran los comunistas a la guerra. Cito a Lenin: “No podemos apoyar el lema de la paz porque es un slogan archiconfuso y frena la lucha revolucionaria” (carta a Kollontai, en julio de 1915). “Negar la guerra en general no corresponde a los principios marxistas. Objetivamente ¿a quien favorece la consigna de paz? En todo caso, no al proletariado revolucionario” (carta a Shliapnikov, noviembre de 1914). “Es inútil exponer un programa de buenas intenciones y piadosos votos por la paz, si no se expone, en primer lugar, el programa de la organización clandestina ilegal para la guerra civil”. Es así como considera la guerra el comunismo. La guerra es necesaria. La guerra es un medio para lograr un propósito”.




Como escribió Antonio Caponnetto (Blog de Cabildo, 9 de noviembre de 2007): “Podríamos detallar hasta la minucia la larga nómina de complicidades entre Perón y el Marxismo, y aún con su vertiente armada revolucionaria. Podríamos atestar al lector de inequívocos textos y de acontecimientos concretos en los que se deja ver la crapulosa responsabilidad de Perón en el diseño y la prohijación de “las formaciones especiales”, como llamó técnicamente a las células terroristas. Sólo una confusión muy torpe, un oportunismo absurdo, una cobardía visceral o una mentira desembozada, pueden insistir en presentar a Perón como el gran confrontador del marxismo. Ni siquiera se puede afirmar esto de su tercera presidencia, época bajo la cual, sin duda, sus “jóvenes idealistas” se le escaparon de la mano e intentó vanamente frenarlos, aunque sin pronunciar jamás una palabra pública de arrepentimiento por haberlos puesto en marcha criminalmente. Y sin desdecirse de todos aquellos lineamientos ideológicos que alimentaron el extravío y le dieron sustento. Al contrario, fue durante esta tercera presidencia –supuestamente antimarxista- bajo la que se consumaron, con personajes siniestros gubernamentales como Ber Gelbard, los acuerdos ideológico-comerciales más firmes con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Una de las pruebas más ilustrativas de este funesto connubio peronismo-marxismo la constituye el encuentro en Madrid, en abril de 1964, entre Perón y el Che Guevara. Encuentro en el cual se acordó y se ejecutó la entrega al General de una importante millonada, procedente del castrismo cubano, para financiar “los movimientos revolucionarios en América Latina”, incluyendo, claro, el de la Argentina. Los testigos de la maniobra, como Julio Gallego Soto han sido más que claros en sus relatos. Y los depositarios de los relatos de Soto –Alberto T. López y Rogelio García Lupo- no son precisamente dos maccartistas.

Hacia octubre de 1966, el Che volvió a visitarlo a Perón, para interiorizarlo de su próxima locura terrorista en Bolivia y pedirle una mediación amistosa con el Partido Comunista Boliviano. Perón le aconsejó que no fuera porque las condiciones ambientales y políticas le serían adversas, agregándole paternalmente: “no se suicide”. Cuando por desatender sus prevenciones, finalmente Guevara muere, Perón envía una carta al Movimiento fechada el 24 de octubre de 1967, en la que expresa: “Ha caído en la lucha como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto Guevara. Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor”.



Termina su texto Caponnetto con la manifiesta intención de que sirva su texto –como los transcriptos por nosotros- “de contribución documental a los efectos de que no sigan prosperando los falsificadores de la historia. Sobre todo aquellos que anhelan militar en las filas de los veraces, pero que no se atreven a decir brutalmente la verdad brutal, como decía Maurras”.



Finalmente algunos textos recogidos en el Blog de la Revista Cabildo:





ADIVINANZA Especialmente para los más jóvenes, que no vivieron los años del terror. En la Argentina, un hombre dijo o escribió todo esto. ¿Saben quién fue? “El día que se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan”.

(2 de agosto de 1946)



“Entregaré unos metros de piola a cada descamisado y veremos quién cuelga a quién”

(13 de agosto de 1946)



“Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores”.

(8 de septiembre de 1947)



“Vamos a salir a la calle de una sola vez para que no vuelvan nunca más ni los hijos de ellos”.

(8 de junio de 1951)



“Distribuiremos alambre de enfardar para colgar a nuestros enemigos”.

(31 de agosto de 1951)



“Para el caso de un atentado al presidente de la Nación... hay que contestar con miles de atentados”.

(Plan Político - Año 1952)



“Objetivo: Lista de dirigentes opositores; lista de instituciones reconocidas como desafectas al gobierno; lista de opositores o de casas comerciales dirigidas o ligadas a los opositores; lista de representaciones cuyos gobiernos realizan campañas opositoras al nuestro. Personal: Serán empleados grupos previamente instruidos y seleccionados de las organizaciones dependientes de la CGT y del Partido Peronista Masculino. Misión: Atentados personales; voladuras; incendios”.

(Plan Político - Año 1952)



“Se lo deja cesante y se lo exonera... por la simple causa de ser un hombre que no comparte las ideas del gobierno; eso es suficiente”.

(Tercera Conferencia de Gobernadores, pág. 177)



“Hay que buscar a esos agentes y donde se encuentren colgarlos de un árbol”.

(16 de abril de 1953)



“Compañeros: cuando haya que quemar, voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si eso fuera necesario, la historia recordaría la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días. Los que creen que nos cansaremos se equivocan. Nosotros tenemos cuerda para cien años”.

(7 de mayo de 1953)



“Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden contra las autoridades... puede ser muerto por cualquier argentino. Esta conducta que ha de seguir todo peronista no solamente va dirigida contra los que ejecutan, sino también contra los que conspiren o inciten”.

(31 de agosto de 1955)



“Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos”.

(31 de agosto de 1955)



“Que sepan que esta lucha que iniciamos no ha de terminar hasta que no los hayamos aniquilado y aplastado”.

(31 de agosto de 1955)



“Yo pido al pueblo que sea él también un custodio del orden. Si cree que lo puede hacer, que tome las medidas más violentas contra los alteradores del orden”.

(31 de agosto de 1955)



“Pero mientras haya hombres que, como ustedes, están resueltos a esa lucha, la Nación no tiene nada que temer y el Pueblo puede enorgullecerse de contarlos en sus filas...”

(Carta enviada a los integrantes de las F.A.P. que se encontraban detenidos por su intervención en Taco Ralo, el 12 de febrero de 1970)



“¡Ah... si yo hubiese previsto lo que iba a pasar... entonces sí: hubiera fusilado al medio millón, o a un millón, si era necesario. Tal vez ahora eso se produzca”.

(9 de mayo de 1970)



“Hemos seguido como propia la «odisea» vivida por usted con motivo del ignominioso juicio, que terminó con su inicua condena. Tristes días son para la Patria, cuando los verdaderos patriotas son objeto de la persecución más despiadada pero, la condena de los canallas, transitoria en sí, no puede ser sino efímera como será el destino de la dictadura y su injusticia... Ya el Pueblo Argentino se encargará de liberarlo junto con la Patria y entonces faltarán árboles en Buenos Aires para hacer efectiva una justicia por la que se está clamando hace quince años...”

(Carta a Carlos Maguid, a raíz del juicio del que resultara objeto como consecuencia del secuestro y ejecución del general Pedro E. Aramburu, del 20 de febrero de 1971)



“A los compañeros Montoneros. “Mis queridos compañeros: “…Totalmente de acuerdo en cuanto afirman sobre la guerra revolucionaria. Es el concepto cabal de tal actividad beligerante. Organizarse para ello y lanzar las operaciones para «pegar cuando duele y donde duele» es la regla. Donde la fuerza represiva esté, nada; donde no esté esa fuerza, todo. Pegar y desaparecer es la regla porque lo que se busca no es una decisión sino un desgaste progresivo de la fuerza enemiga. En este caso la descomposición de las fuerzas de que pueda disponer la dictadura por todos los medios, a veces por la intimidación que es arma poderosa en nuestro caso, otras por la infiltración y el trabajo de captación, otras por la actuación directa según los casos pero, por sobre todas las cosas, han de comprender que los que realizan la guerra revolucionaria que en esa «guerra» todo es lícito si la finalidad es conveniente. “Como Uds. dicen con gran propiedad, cuando no se dispone de la potencia y en cambio se puede echar mano a la movilidad, la guerra de guerrillas es lo que se impone en la ciudad o en el campo. Pero, en este caso es necesario comprender que se hace una lucha de desgaste como preparación para buscar la decisión tan pronto como el enemigo se haya debilitado lo suficiente. Por eso la Guerra de Guerrillas no es un fin en sí misma sino solamente un medio y hay que pensar también en preparar el dispositivo general que aún no interviniendo en la lucha de guerrillas, debe ser factor de decisión en el momento y en lugar en que tal decisión deba producirse. “Ni es nueva la «Guerra revolucionaria» y menos aún las «Guerras de Guerrillas». Pienso que tal vez la guerra de guerrillas ha sido la primitiva forma de guerra, tan empleada en la afamada «guerra de los escitas» y de Darío Segundo. Por eso sus reglas son demasiado conocidas como sus formas. Sin embargo, es en sus operaciones donde la iniciativa y la vivacidad juegan el papel más preponderante. Por eso también en esa forma de operar, no se podrá mantener una conducción centralizada, aunque siempre ha de realizarse, para que sean efectivas con una finalidad objetivas. De ello se infiere que, los Montoneros, en su importantísima función guerrera, han de tener comandos muy responsables y en lo posible operar lo más coordinadamente posible con las finalidades de conjunto y las otras fuerzas que en el mismo o distinto campo realizan otra forma de acción, también revolucionaria”.

(Madrid, 20 de febrero de 1971)



“...Tenemos una juventud maravillosa, que todos los días está dando muestras inequívocas de su capacidad y grandeza. Disponemos de una verdad que el tiempo se ha encargado de confirmar, tenemos la oportunidad que la historia nos brinda. Sólo nos falta que nos empeñemos con unidad y solidaridad. Yo tengo una fe absoluta en nuestros muchachos que han aprendido a morir por sus ideales, y cuando una juventud ha aprendido y alcanzado esto, ya sabe todo lo que una juventud esclarecida debe saber. Tenemos demasiados muertos, encarcelados y proscriptos para que nos olvidemos de su mandato. Tenemos mucho que hacer como para que no aprovechemos el tiempo. Tenemos demasiadas oportunidades como para desaprovecharlas. Y tenemos un destino que cumplir como para que nos desentendamos, egoístas, del deber de la hora (...) cada peronista ha de ser un combatiente en la forma que cada uno sea capaz de luchar y será provechoso que cada uno de nosotros, al finalizar cada día, nos preguntemos que hemos hecho por la causa que servimos, seguros que si no sabemos respondernos, es porque no estamos cumpliendo con nuestro deber...”

(Mensaje “A los compañeros de la Juventud”, del 23 de febrero de 1971)



“¡Al enemigo, ni justicia!”

(Memorando reservado “para el doctor Subiza”. De su puño y letra, con triple subrayado. Esta misma frase la vuelve a repetir desde el exterior en junio de 1972, y se difundió por televisión a todo el país los días 21 y 22 de junio de 1972)



“En este sentido, la guerrilla es el escape natural de los pueblos oprimidos, porque generalmente las violencias populares son provocadas por las violencias gubernamentales. Las guerrillas se explican en la Argentina porque... una de las mayores fortunas que tiene la República Argentina en estos días es disponer de una maravillosa juventud, esclarecida, valiente y patriótica...”

(Conferencia de prensa, 26 de noviembre de 1972)



“Si yo tuviera cincuenta años menos, no sería incomprensible que anduviera ahora, colocando bombas o tomando la justicia por mi propia mano”.

(30 de diciembre de 1972)





Bibliografía recomendada:

· “Perón y la crisis de la Argentina”, Julio Irazusta, Editorial Independencia, 1982.

· “Argentina 1946-1978: ¡Cómo se destroza una economía!”, Walter Beveraggi Allende, Editorial Confederación Nacionalista Argentina, 1979.

· “Principios de la política”, Jordán B. Genta, Editorial Cultura Argentina, 1978.

· “El Nacionalismo Argentino”, Jordán B. Genta Editorial Cultura Argentina, 1975.