“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

viernes, 19 de noviembre de 2010

NOTICIA

Gorecki

El pasado 12 de noviembre murió el maestro polaco Henryk Gorecki, uno de los grandes músicos contemporáneos, a quien, como otros compositores polacos de su generación, conocimos gracias al cine. La célebre Sinfonía Nº 3 sirvió de banda sonora en manera extraordinaria a la escena fundamental del film “Fearless” (1994) de Peter Weir. Asimismo conocimos a Penderecki –colaborador de varios films de Wajda- gracias a “El Exorcista” (1973) de William Friedkin, y a Wojciech Kilar con su banda original sonora para el “Drácula” (1992) de Francis Cóppola. Más allá de la disparidad de los filmes, el aporte y el acierto convocante del cine sirvió para ampliar el auditorio de grandes compositores del siglo XX.

Pero fue Gorecki el que más trascendió con su profundo y ascético sentido religioso, incubado detrás de la cortina de hierro en una Polonia que parece haber sabido conservar hasta nuestros días –pese al modernismo del papa Wojtyla- la unidad de la tradición religiosa en la unidad como Nación. Esta amalgama ha dado frutos auténticos que lejos de inspirar nostalgia, hacen de lo místico una realidad presente, que llega a conmovernos a través de la gravedad y el misterio de la música.

Destacamos, además de la Sinfonía Nº 3 (Op. 36, 1976, en la grabación de Upshaw y Zinman), Beatus Vir (Op. 38, 1977), Tres piezas en estilo antiguo (1963), Totus Tuus (Op. 60, 1987), Miserere (Op. 44, 1981) y Amen (Op. 35, 1974).

Debajo las crónicas periodísticas:

Coetáneo de Krzysztof Penderecki, desde principios de los años sesenta una de las principales figuras del conjunto de compositores polacos, Henryk Mikolaj Gorecki debe su fama mundial al éxito comercial de la III Sinfonia - Sinfonía de Cantos Fúnebres (1976) a principios de los años noventa.

Un periodo particular en la creatividad de Gorecki ha sido determinado por las obras surgidas entre 1971 (
Ad Matrem) y 1980 (Concierto para clavecín). Además de las dos obras mencionadas surgieron entonces tan sólo cinco composiciones esenciales: II Sinfonía (Copernicana) para soprano, barítono, coro y orquesta (1972); la famosa III Sinfonia - (Cantos Fúnebres) para soprano y orquesta; el salmo Beatus Vir (1979) para barítono, coro y orquesta y solo para coro Euntes ibant et flebant (1973) y Amen (1974).

A principio de los anos noventa la III Sinfonía de Gorecki llegó a ser, gracias a las emisoras radiofónicas comerciales británicas, que emitían (en fragmentos) su nueva grabación con Dawn Upshaw bajo la dirección de David Zinman, una de las obras de música contemporánea más conocidas y más vendidas en el terreno discográfico. Siguiendo la suerte de la III Sinfonía, han llegado a ser un verdadero éxito en el mercado fonográfico el
Concierto para clavecín y los dos primeros cuartetos para cuerda de Gorecki - Ya está anocheciendo y Quasi una fantasía.

La moda estética del postmodernismo musical ha reaccionado contra la creatividad de Henryk Mikolaj Gorecki. El público de Occidente está acostumbrado a la música repetitiva norteamericana al estilo de Steve Reich y Philipp Glass y a su variante británica de Michael Nyman. La repetitividad ascética y obstinada de la música de Gorecki ha calado en la conciencia de los oyentes con hábitos estéticos asimilados, abriéndoles a una perspectiva distinta y extraña de las obras del compositor polaco. Esta perspectiva se debe a la expresión religiosa de la música de Gorecki, que se suma en cierta totalidad cultural a la expresión de la música de Arvo Pärt, el cual desarrolla su forma musical basándose en el "nuevo medievo" y en la música de John Tavener, que desarrolla su forma musical del "nuevo Bizancio", y además con las experiencias casi religiosas de la corriente new age. Lo folclórico de la música de Gorecki puso de moda la "música del mundo", creando el interés por el exotismo de las tradiciones populares, independientemente de su procedencia. Gorecki ha creado una moda que va mucho más lejos de los límites trazados por los festivales de música contemporánea.

El músico polaco falleció en un hospital de Katowice (sur de Polonia) a los 76 años de edad. Henryk Górecki había nacido el 6 de diciembre de 1933 en Czernica, al suroeste de Katowice. Se graduó en composición en la Escuela de Música de esta ciudad, de la que fue director. Los años de estudio coinciden con el moderno resurgir de la música polaca. Gorécki participa de él con una de las obras más experimentales del momento «Scontri» (1960). Un año después gana el primer premio de la Bienal de Jóvenes de París por su «Sinfonía núm. 1. 1959» y, en 1970 recibe el premio de la Unión de Compositores Polacos compartido con Penderecki.

Hasta entonces, había utilizado múltiples técnicas, si bien se hace ya evidente que lo expresivo prevalece sobre lo especulativo. Lo explicaba en 1962: «Para mi el arte es una manifestación de la vida». Inmediatamente, asoman las «Tres piezas en estilo antiguo» (1963) y, con ellas, un estilo meditativo del que surgen piezas con claro protagonismo vocal. A este período pertenece la «Segunda sinfonía. Copernicana» (1972), «Beatus vir» (1979) y, especialmente, la famosísima «Tercera sinfonía. De la lamentaciones» (1976).

Considerada, tras el estreno, ingenua y reaccionaria, la tercera sinfonía proclamó su éxito en 1992, con la grabación de la soprano Dawn Upshaw, junto a la London Sinfonietta dirigida por David Zinman: «Me desconcierta, por qué esta melancólica sinfonía ha enviado a la gente a las tiendas de discos» (Michael Kennedy, Sunday Telegraph), es «una carga de lóbregos disparates» (Auberon Waugh, Evening Standard), «sin música que llevar al oído» (David Mellor, The Guardian). Pero Górecki copa las listas de ventas mientras se distribuyen cerca de 14.000 copias diarias. Es el triunfo del neomisticismo que alimentó a una buena porción del arte del fin de siglo.

Marcado por este hecho, Górecki se concentrará en la composición de pequeñas piezas, canciones y obras religiosas. Siempre en cercanía a la música popular polaca, las tradiciones religiosas, y la admiración a Chopin y Beethoven. Sin duda, Górecki quería vivir al margen del fenómeno, disfrutar de la vida tranquila, del aire puro de la región de Podhale y de las montañas de Tatra. Siempre incapaz de reconocerse llegó a decir: «Gran éxito, sí; agradezco a Dios que me lo diera, pues es como si otro hubiera escrito la obra.»

Música de Gorecki:

Henryk Gorecki