“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

miércoles, 24 de agosto de 2011

LA DEMOCRACIA

Apuntes para la reflexión:
la democracia

Seguimos presentando algunos textos para la reflexión respecto de la “democracia”, en especial para aquellos católicos (y ¡tradicionalistas!) que manifiestan no creer en la “soberanía popular” pero que, en la práctica, la “ejercen” yendo mansamente a sufragar, es decir, a cumplir con el “acto más sublime de la democracia”, según el Manco de La Plata.

Y para los que, por ejemplo, juzgan erróneamente que el voto cristínico ha sido un voto “tomista” , o los que dicen que el pueblo nunca se equivoca, que simplemente vota lo que hay, y que los únicos culpables son los que dirigen (¿acaso los dirigentes salen de un repollo?) decimos respetuosamente –y salvando las excepciones de los más pobres entre los pobres, fuera de todo discernimiento, pero que son minoría- que ya es hora de entender la gravedad de la situación, sin antifaces ni sentimentalismos, aunque desde luego con buen corazón, mas con el corazón contrito con que debemos asumir la verdad, pues para sanarse, “la primera medicina es conocer la enfermedad”, y que no pasa por la discusión -aunque pueda darse una opinión al respecto- sobre si se votó a uno o al otro, o sobre si hubo o no fraude (¡el fraude es la democracia!) sino sobre por qué los argentinos debemos soportar la religión democrática, la cual, precisamente, consiste en un castigo por haber abjurado –aunque no públicamente- de la única y verdadera religión:

“Cuando los reyes son buenos es por don de Dios; mas cuando son malos es por culpa del pueblo. Según los merecimientos de los pueblos es ordenada la vida de los rectores, testimoniándolo Job (XXXIV, 3):”Él es el que permite que entre a reinar un hipócrita o tirano, por causa de los pecados del pueblo”. Porque enojándose Dios, los pueblos reciben un tal rey cual por su culpa merecen. A veces por la maldad de los pueblos hasta los reyes se mudan, y los que antes parecían ser buenos en habiendo recibido el poder se hacen malos”.


San Isidoro de Sevilla, Sentencias




“Si no hacéis penitencia, todos igualmente pereceréis”

San Lucas 13, 3-5



“Si los sujetos que viven en un mismo campo geográfico se odian cordialmente unos a otros, no se puede decir que allí exista PATRIA; porque “si no amas a tu prójimo, al cual ves, ¿cómo amarás a la patria a la cual no ves?”. En amor al prójimo se resuelve prácticamente el amor a la patria; y si no es amor al prójimo, nada es”.

R. P. Castellani


“Veo bandas rapaces, movidas de codicia, la más vil de todas las pasiones, enseñorearse del país, dilapidar sus finanzas, pervertir su administración, chupar su sustancia, pavonearse insolentemente en las más cínicas ostentaciones del fausto, comprarlo y venderlo todo, hasta comprarse y venderse unos a los otros a la luz del día. Veo un pueblo indolente y dormido que abdica de sus derechos, olvida sus tradiciones, sus deberes y su porvenir, lo que debe a la honra de sus progenitores y al bien de la posteridad, a su estirpe, a su familia, a sí mismo y a Dios. Y se atropella en las Bolsas, pulula en los teatros, bulle en los paseos, en los regocijos y en los juegos, pero han olvidado la senda del bien, y va a todas partes, menos donde van los pueblos animosos, cuyas instituciones amenazan derrumbarse carcomidas por la corrupción y los vicios. ¡La concupiscencia arriba y la concupiscencia abajo! ¡Eso es la decadencia! ¡Eso es la muerte!...”

José Manuel Estrada, 3 de abril de 1890.


 
DEMOCRACIA


Por Jacques de Mahieu.



REGIMEN POLITICO EN EL CUAL EL PODER ESTÁ EN MANOS DE LA MAYORÍA DE LOS INDIVIDUOS, SUPUESTAMENTE LIBRES E IGUALES POR NATURALEZA, QUE COMPONEN LA COMUNIDAD.



De ahí la siguiente disyuntiva: o bien se considera a los estadistas, mandatarios de sus electores, y entonces estarán sometidos en todo a intereses privados; o en el mejor de los casos —en la medida en que los individuos tomen conciencia de un interés general— a voluntades incompetentes; o bien se querrá convertirlos en jefes verdaderos, y su nombramiento por sus propios subordinados constituirá un mero disparate, agravado por la incapacidad de los individuos para fundamentar su elección en las necesidades reales de una Comunidad, cuya intención histórica no puede sino escapárseles.

En un ámbito social muy reducido, es posible que la elección sea la ratificación de una autoridad natural previa, pues los hombres se conocen y se juzgan en un contacto cotidiano, y el interés general se afirma en lo inmediato, sin discusión posible. Los campesinos de la Alta Edad Media, que se agrupaban alrededor del soldado, convirtiéndolo en su señor, sólo disponían de una elección teórica: de hecho la necesidad privaba con una fuerza invencible sobre sus eventuales preferencias. Igual ocurre, mutatis mutandis, en el pequeño municipio rural. Pero cuando se trata de designar a los hombres que habrán de dirigir a la Comunidad en una escala superior en demasía a la del individuo, la masa ya no es sensible sino a una mezcla compleja y variable de intereses particulares, impulsos pasionales, costumbres y mitos, que muy poca relación tienen con la política. Por un jefe verdadero que logra, en un período de crisis, imponerse a ella ¡cuántos mediocres y arribistas sin escrúpulos que consiguen captar su confianza y sus sufragios!
 
Históricamente, estos dos aspectos su­cesivos de la democracia sirvieron a las mil maravillas al propósito de la burguesía al fin del siglo XVIII: la conquista y conservación de los Estados tradicionales. En su pureza doctrinaría, la teoría era inaplicable; pero poseía un fuerte poder de sugestión en las mentes. Zapaba con eficacia, en nombre del igualitarismo individualista y de un anarquismo apenas mitigado, el orden tradicional de la Comunidad, su estructura orgánica y su Estado. En su forma mayoritaria, ponía la autoridad política a merced de la opinión; vale decir, en última instancia, de aquellos que detentaban los medios de actuar sobre las masas “atomizadas”; o si se prefiere, sobre los individuos arbitrariamente extraídos de sus marcos naturales. Ahora bien: la posesión de los instrumentos de la propaganda dependía del poderío financiero, que precisamente pertenecía a la clase burguesa. Sólo se trataba, pues, para esta última, de una cuestión de tiempo. Así la vimos, una vez dueña del Estado, instaurar en un primer momento un sistema censal que reservaba para sus miembros el derecho de voto; y luego conceder al pueblo el sufragio universal, cuando el trabajo de penetración ideológica, realizado sobre todo mediante la escuela y la prensa, hubo hecho casi imposible cualquier sorpresa.

Por cierto, semejante procedimiento constituye una utilización abusiva y fraudulenta de los principios e instituciones de la democracia. Pero son estos mismos principios antinaturales, y las instituciones que suscitan, las que crean las condiciones óptimas de la OCUPACION del Estado comunitario por una oligarquía. Más aún: que hacen inevitable tal ocupación. Pues no hay Estado sin minoría dirigente. Si esta se elige por sufragio universal, depende de la opinión, que depende de la propaganda, que depende del dinero. No existe medio de quebrar, salvo por ruptura revolucionaría, el encadenamiento fatal. La democracia es necesariamente una plutocracia.
 
La única alternativa sería el sorteo de los magistrados; propuesto, sin duda irónicamente, por Aristóteles. Apenas es necesario precisar las consecuencias que habría que esperar de semejante sistema. Toda continuidad en la dirección comunitaria desaparecería. La incapacidad de los hombres en el poder sería casi total. Su aislamiento, por falta de una clase dirigente en que apoyarse, haría insostenible su posición, y aleatoria su autoridad. Paradójicamente, tenemos que alegrarnos de que la democracia teórica no pueda funcionar, y una oligarquía detente de hecho las palancas políticas de mando. Sin duda el Estado entonces es OCUPADO. Sin duda, sirve de instrumento a una clase que explota a la comunidad en su exclusivo provecho. Sin duda, en consecuencia, su poderío es desviado de sus fines naturales. Sin duda, resulta mal conducido, puesto que su minoría dirigente es de naturaleza económica, y no política como correspondería; y la intención histórica que encarna está sometida a una intención de clase, que a menudo la contradice. Pero no por eso deja de ser verdad que la oligarquía burguesa tiene interés en mantener con vida a la Comunidad sobre la cual se desarrolla de modo parasitario. La debilita por su sola presencia, pero asegura sus funciones elementales. La subordina a las potencias financieras internacionales, pero le conserva un mínimo de estructura orgánica. Su dominación crea un estado social patológico, pero el enfermo no muero por ello; moriría indefectiblemente si la anarquía absoluta que implica la democracia teórica lograra suprimir el Estado.
 
La oligarquía, por necesitar para uso propio del poder político, no puede destruir deliberadamente su órgano. Pero le quita su independencia y reduce su autoridad, porque teme algún sobresalto de su parte; y los principios antifísicos que proclama, y de los cuales proceden instituciones que no responden sino parcialmente a las exigencias del mando. La oligarquía burguesa es así prisionera del régimen que constituye el instrumento de su dominación. Sólo en período de crisis puede endurecer la dictadura de clase que impone a la comunidad. En nombre del famoso sofisma: “nada de libertad para los enemigos de la libertad”, sustituye entonces las elecciones por la guillotina o sus equivalentes. No faltan ejemplos desde 1793 hasta nuestros días.


DICCIONARIO DE CIENCIA POLITICA




EL ESCLAVISMO DEMOCRÁTICO



Por Onésimo Redondo


“La humanidad, bajo el mito del sufragio universal, resulta prisionera moral de ese mito y sierva físicamente de sus consecuencias. Porque a nadie le es posible sustraerse al dogma de la soberanía se puede votar en contra del candidato popular adverso, mas el voto contra el sistema, que es lo que importa, no tiene alcance práctico. ¿Qué derechos tiene el elector que no quiere a ningún candidato porque todos le parecen funestos? La papeleta en blanco, que es la sumisión, con manos atadas, a los mismos que detesta. Aunque la mayoría de los electores deteste a todos los elegidos -como viene a suceder en la España de hoy-, es forzoso aguantar la soberanía de los repudiados. No hay razón de bien público que abone el despotismo de los partidos dominantes, pero no importa. Basta que el dogma del sufragio, casado con la farsa electoral -trama caciquil y música demagógica, les hayan hecho soberanos. Su "poder constituyente" lo puede todo. Creemos que hasta hacer de los hombres mujeres y de las mujeres hombres...”

Libertad, núm. 17, 5 de octubre de 1931.




NO TAN SORPRENDENTE
 


Por Guillermo Rojas

Tomado del blog Red Patriótica Argentina


Para algunos ha sido algo así como un balde de agua fría el triunfo de la Kirchner en el simulacro del día domingo pasado. Sorprende - eso sí- que no haya encontrado a más de un puñado de personas conocidas de diferentes ámbitos y clases sociales que me hayan dicho que votaron por el FPV. Algunos gritarían que es la evidencia del fraude. Nosotros que sabemos que todo este sistema es un enorme fraude solamente nos percatamos que se trata del voto vergonzante de una gran parte de la ciudadanía que por mera conveniencia personal y económica le ha dado un nuevo cheque en blanco. Por los próximos cuatro años.

Digo voto vergonzante y tengo que decir también que existe un gran número de entre ese 50% que ha votado por convicción personal al kirchnerismo.

Si solo fuera voto vergonzante a lo mejor podríamos decir que en cierto modo estamos mejor como sociedad porque se vota solo por conveniencia (conservar el carguito, el plancito, pagar el crédito etc.) Sería gente que asume que esto es un chiquero de corrupción, de inseguridad, de indefensión e impunidad pero que lo compensa con el raquítico guarismo que le permite llegar a fin de mes. Al menos conserva el sentido común pero es cobarde, tiene miedo, esta cagado digamos.

Los más pobres viven de la limosna y los usan de carne de cañón. Están allí entrampados por el Régimen

Lo peor es el otro porcentaje, un porcentaje que existe no ya gracias al Kirchnerismo pero que sin su putrefacción cultural no se hubiera manifestado multitudinariamente en esta elección.

Fueron 30 años de preparación del homokirchneriano, un hombre sin religión (que es hipocresía), sin Patria (que es fascismo), sin familia (que es anticuada), el hombre del aborto, del casamiento gay, de la no discriminación, la no represión, la droga liberada, el del “relato” de los 30.000 desaparecidos y el de las Madres. El hombre del opio futbolero al tope y la birra al paso. Que no cree en nada que no sea su propio placer entendido de la panza para abajo. Eso sí, de vez en cuando se hace el sensiblero y se conduele de los pobres a los que suele ver por TV al menos mientras está cursando en la facu y cree tener “conciencia de clase” Un hombre formateado y logrado por el Sistema a pedir de boca para el Nuevo Orden Mundial, sin nada de arraigo. Le da igual estar en este país de mierda donde cada cuatro años vota mierda que hacerlo en Europa o EEUU donde tiene enormes multitudes de congéneres. Eso sí, siempre y cuando haya guita todo bien. Putea contra el capitalismo pero lo disfruta que da calambre.

El hombre logrado por 30 años de democracia plutocrática, de liberalismo, de ONG onusianas, de fundaciones libres de impuestos norteamericanas (Ford; Rockefeller, Soros, etc.). De destrucción de la educación, 30 años de partidocracia, capitalismo e izquierdismo cultural, cuyo máximo logro ha sido esbozar una lumpen burguesía, que no les asombra la corrupción porque si ellos estuvieran en el lugar de los corruptos harían lo mismo, que no les importa el tráfico de drogas porque ellos las consumen, no les importa que los televisores destilen porquerías porque ellos las miran y disfrutan haciéndolo. No les importan los prostíbulos judiciales por que son felices concurrentes a los mismos.

Ese hombre que va a ser nuestro enemigo más encarnizado si alguna vez se llega a formar políticamente, algo importante, que pueda resistir con algún éxito toda esta bosta que lleva tres décadas deconstruyendo la Argentina.

Por eso, porque hace años que venimos advirtiendo esto es que no nos sorprenden los resultados arrojados por la compulsa electoral. Tampoco nos preocupa ese puntual tema, como no nos preocupa el temor y el lamento de la derecha antidiluviana que vota a Macri o Duhalde y cree en cuentas de colores, ni sus campañas de acción psicológica ni los petardos estrafalarios de una izquierda ultra, que mientras mendiga votos con apoyo del Sistema y los medios, fogonea caricaturas de la toma del Palacio de Invierno.

Sí debe interesarnos cómo difundir nuestro mensaje a la porción aún sana de la población y como formar ese movimiento de resistencia que mencioné y fundamentalmente observar y estudiar al enemigo. Estas elecciones no nos han sorprendido, pero nos han dado una muestra de cómo ese enemigo ha crecido enormemente a expensas de una importante franja de la población que como ya dije se opondrá radicalmente a nosotros llegado el caso, con Kirchnerismo o con otro espantajo similar que lo reemplace.


La anarquía constituye, por consiguiente, el estado normal de la sociedad democrática, y Rousseau lo reconoce; pues impide toda vida social. Es preciso, pues, desde el origen, torcer los principios y admitir una delegación de la soberanía popular: se mantendrá un Estado, pero sus miembros serán designados por los individuos libres e iguales. Y puesto que la unanimidad electoral parece un tanto difícil de conseguir, un nuevo ardid permitirá reemplazarla por la mayoría numérica.
La base teórica de la democracia es el principio de la soberanía popular, que supone la tesis del contrato social, con sus premisas individualistas: libertad e igualdad naturales de los hombres, considerados como esquemas abstractos y no como seres históricos. Si dejamos a un lado el poderío mítico de semejante ideología, como también sus resultados efectivos, para sólo analizar desde el punto de vista científico sus diversos aspectos, no podemos sino notar su carácter de irrealidad. Si la sociedad, en efecto, sólo es yuxtaposición de individuos libres e iguales, toda organización le está vedada por definición, puesto que ella significa diferenciación interna en órganos, por tanto, jerarquía funcional, y por eso mismo, desigualdad y autoridad.