“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

domingo, 18 de octubre de 2009

HABLAN LOS MAESTROS



“Misericordia y firmeza doctrinal no pueden subsistir más que unidas; separadas una de la otra ambas mueren y no dejan más que dos cadáveres: el liberalismo humanitario con su falsa serenidad y el fanatismo con su falso celo.
Se ha dicho: “La Iglesia es intransigente por principio, porque cree, pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes por principio porque ellos no creen, e intransigentes en la práctica porque no aman”.

R. P. Reginald Garrigou-Lagrange, O.P. – Dieu, son existence et sa nature, Paris, 1923.



“No puede afirmarse que poseemos plenamente una verdad, si no la comunicamos a los otros, si no hacemos a nuestros prójimos participantes de nuestra contemplación. Ni tampoco cabe decir que estimamos de veras una virtud, si no queremos que sea igualmente estimada de los otros; ni que amamos sinceramente a Dios si no procuramos que sea amado de los demás. Es indudable que pierde el dinero quien lo da a otros; pero no se pierde a Dios al darlo a nuestros hermanos, sino que se le posee de una manera más perfecta.
Encierra una verdad muy profunda y luminosa esta sentencia de San Agustín, sencilla a la vez que sublime: Si los bienes materiales dividen a los hombres mientras más los buscan para sí mismos, los bienes espirituales los unen tanto más firmemente cuanto más de veras los aprecian”.

R. P. Garrigou-Lagrange, O.P. – “Las tres vías y las tres conversiones”, Ed. Políglota, 1936.



“El arte ha sido siempre uno de los medios de decir la verdad; y es por cierto actualmente uno de los pocos que van quedando. Pero el arte puede ser también un medio de buscar la verdad, aunque no el más directo y seguro”.

R. P. Leonardo Castellani – “El arte sacro de Víctor Delhez. Crítica literaria”. Ediciones Dictio,1974.



“Tan cierto es que la verdad no es asunto solamente de la cabeza sino también del corazón, que Jesucristo llegó a decir:“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.
Así como necesitamos tener limpios los ojos del cuerpo para ver las cosas sensibles, necesitamos tener limpio el corazón para barruntar las verdades invisibles. La verdad, la belleza y la pureza, se compenetran”.

R. P. Virgilio Filippo – “Habla el padre Filippo”, Editorial Tor, 1941.