“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

sábado, 17 de julio de 2010

NOTA - DIOS Y EL "MATRIMONIO" ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO

Dios y el “matrimonio” entre
personas del mismo sexo
Tomado de "Cruzada del Santo Rosario"
Fundación Argentina del Mañana
Nos referíamos en el número anterior de “Cruzada” a la necesidad de fundamentar en la doctrina católica y la Ley Natural la lucha contra la inmoralidad en las costumbres, como punto de partida para la solución de la profunda crisis que, en todos los órdenes, afecta en nuestros días a la Argentina y al mundo entero.
Hoy ofrecemos a nuestros lectores algunas consideraciones –verdades olvidadas o sistemáticamente omitidas– respecto a lo que representa, a los ojos de Dios, el denominado “matrimonio” entre personas del mismo sexo.
Acudimos para ello a dos fuentes: las Sagradas Escrituras y los comentarios de los Padres de la Iglesia. Allí constatamos que la homosexualidad es definida con toda claridad y su práctica enérgicamente castigada por Dios. Ya en el Antiguo Testamento se afirma que “El que pecare con varón como si éste fuera una hembra, los dos hicieron cosa nefanda; mueran sin remisión. Caiga su sangre sobre ellos.” (Lev. 20, 13)
La amenaza divina se concretó. “Entonces el Señor llovió del cielo sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego por virtud del Señor, y arrasó estas ciudades” (Gen. 19, 24-25). Las ciudades castigadas aún están sumergidas al sur del Mar Muerto, que lleva ese nombre porque en él no hay señal de vida.
Aún hoy se conoce como sodomía al pecado contra la naturaleza, precisamente en recuerdo del castigo bíblico a Sodoma.

No poseerán el Reino de Dios

Hay quienes sustentan que la misericordia de la Ley de la Gracia suavizó el rigor de la reprobación divina a los actos homosexuales. Se equivocan redondamente.
Veamos lo que afirma San Pablo: “Por eso los entregó Dios a pasiones infames, pues que sus mismas mujeres invirtieron el uso natural en el que es contrario a la naturaleza. Del mismo modo también los varones, desechando el uso natural de la mujer, se abrasaron en amores brutales de unos contra otros, cometiendo torpezas nefandas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la paga merecida de su obcecación.” (Rom. I, 26-27)
El Apóstol va más lejos y a esos pecadores amenaza con la muerte eterna
: “No queráis engañaros: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, (...) han de poseer el Reino de Dios.” (Cor. I, 6, 9-10)San Pedro y San Judas Tadeo condenan la sodomía.
El mismo Príncipe de los Apóstoles, San Pedro, afirma que Dios condenó las ciudades de Sodoma y Gomorra a una ruina total, reduciéndolas a cenizas, para servir de ejemplo a aquellos que vivieran con impiedad (Cfr. Pedr. II, 2, 6-9).
San Judas Tadeo, a su vez, afirma: “Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, siendo reas de los mismos excesos de impureza y entregadas al pecado nefando, vinieron a servir de escarmiento, sufriendo la pena del fuego eterno.” (Judas 7)

Duras palabras de San Agustín y Santo Tomás de Aquino

La tradición multisecular de la Iglesia incorporó a su Magisterio el mismo rechazo a toda condescendencia con la sodomía.
Por ejemplo, el gran Doctor de la Iglesia, San Agustín, afirma que “las torpezas que van contra natura, como las de los sodomitas, han de ser siempre aborrecidas y castigadas. Y aún cuando todos los pueblos se comportaran como ellos, la universalidad del delito no los justificaría; serían todos ellos reos de la misma culpa ante el juicio de Dios, que no creó a los hombres para que de tal modo se comportaran”. (Confesiones, cap. III, p. 8)
Santo Tomás de Aquino coloca la práctica de la homosexualidad en el nivel de pecados torpes –como el del canibalismo– por constituir, como todo ellos, un atentado contra la misma naturaleza.
En pleno siglo XX, el Papa San Pío X, enseña en su Catecismo que la homosexualidad, por su carácter antinatural, está entre los pecados que provocan la ira de Dios y claman venganza al cielo.

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No tenemos espacio para citar otros testimonios más recientes de la enérgica reprobación de la Iglesia a la sodomía. Pero lo ya escrito permite constatar que Dios no es indiferente al hecho de que en la legislación de numerosos países, nacidos a la sombra de la Cruz, se esté introduciendo la aprobación del denominado “matrimonio” entre personas del mismo sexo, como se lo hizo recientemente en la Ciudad de Buenos Aires.