“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

sábado, 17 de julio de 2010

NOTA - LA SABIDURIA DE UN POBRE


LA SABIDURÍA DE UN POBRE


El diario “La Nación”, tan equilibrado y serio él, acaso al parecer crítico del llamado por los medios “matrimonio gay”, para nosotros la coyunda inmoral de degenerados que quieren se destruya el verdadero y único matrimonio, que es obra de Dios, “La Nación diario”, decíamos, publicó el domingo 11 de julio una encuesta bajo el falaz título “La sociedad, frente al matrimonio gay”, donde presenta breves testimonios acompañados casi todos de fotografías de quienes “La Nación diario” considera “personalidades de diferentes ámbitos” que serían “representativos” de la sociedad. Es decir, de la sociedad que quiere “La Nación diario”, porque además de no representar a la sociedad en su conjunto –menos que menos a la del interior, de las provincias mayoritariamente en contra de esta iniciativa-, por un breve margen la sociedad que escoge el matutino se inclinaría por la aprobación del “matrimonio gay” o putimonio.

De las 50 opiniones recogidas, 27 están a favor, 22 en contra y una indecisa. Claro que entre los que apoyan la degeneración se encuentran tan representativos personajes como el escritor pornógrafo Andahazi, el psicoanalista Rascovsky, el “filósofo” Rozitchner, el sexólogo Kusnetzoff, el “historiador” liberal Romero, la “artista” Minujin, el sindicalista-empresario Moyano y el rabino Goldman, además del norteamericanizado basquetbolista Ginóbili (que renunció a jugar con el seccionado argentino el Mundial de Básquet), la actriz Norma Aleandro (la de la oscarizada “La historia oficial”) y la “actriz” uruguaya Oreiro (que ahora presenta una película anticristiana hecha en la otra orilla, como si no tuviéramos suficientes con las que hay acá), más un “músico” hijo de un rockero que esgrime el infaltable lugar común de la izquierda: “La gente que está en contra del matrimonio gay es fascista e ignorante (sic). Me indigna ver gente tan joven y tan retrógrada (sic)”.

En fin, de gente descerebrada no podía esperarse otra cosa. No es infrecuente que se la consulte acerca de todo, siendo que no deberían opinar acerca de nada.

Ahora bien, de entre los testimonios en contra del proyecto de ley, pocos pueden destacarse, aunque algunos tengan sentido común, porque se dan razones adventicias o del orden judicial y aún se justifica un rechazo pero se aclara que sí se está de acuerdo con la unión civil de los sodomitas. En todo caso, tras contestar cuatro empresarios, un médico, un periodista, un camarista federal, un defensor de menores, una estudiante, una secretaria, una cirujana plática, dos constitucionalistas, una dirigente, una empleada bancaria, una abogada, un filósofo, un dirigente evangélico, un rugbier, una ama de casa y un cartonero, descubrimos que el mejor testimonio lo da este último, porque, más allá de que el Presidente del Centro Islámico dijo que se opone porque su religión no lo acepta, el cartonero ha sido el único, repetimos, el único, que ha mostrado una convicción religiosa aludiendo a Dios en su respuesta, no por sencilla menos elocuente: “Estoy en contra. Para algo Dios creó al hombre y a la mujer y el matrimonio. ¿Qué va a pasar con esos chiquitos si los adoptan padres gays?”.

Luego de este testimonio, el más sensato nos parece el de un ama de casa que dice: “No estoy de acuerdo con que se casen ni que adopten. Me parece antinatural. Tampoco que en la TV se pasen tantas escenas de relaciones homosexuales”. También se puede destacar a una estudiante que contestó: “No me imagino tener que explicar a un chico por qué tiene dos papás o dos mamás, en lugar de lo fisiológicamente normal, de una madre o de un padre”.

Comprobamos con la encuesta de qué forma los que gozan de prestigio mundano, de títulos y cargos, de honores y publicidad, de renombre y buena posición, se encuentran –en general- más lejos de la verdad que los simples que aún no han sido narcotizados con el veneno ideológico vertido por institutos, universidades y medios de comunicación, verdaderas estructuras de pecado. ¡Oh, bendita pobreza, si nos impide convertirnos en imbéciles redomados!

Allá los sabihondos con su ciencia; Dios sigue dando a los pequeños la sabiduría.