“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

jueves, 28 de mayo de 2009

NOTA - LA ESCUELA SUBSUME


“LA ESCUELA SUBSUME”



Salió en el grandísimo diario argentino: “Recomiendan que los chicos vean cine en la escuela” (Clarín, Domingo 24 de mayo de 2009). La periodista Liliana Moreno empieza aclarando que “esta nota tiene el inocultable propósito de defender la idea de que el cine entre y se quede en las aulas. Que sea parte de la cultura que la escuela debe trasmitir (sic). Para otras opciones está la realidad”.

No sabemos bien qué quiso decir con esto último, pero por si acaso no le pediremos que lo explique. Tampoco entendemos porqué el propósito de defender la idea de que el cine entre y se quede en las aulas es “inocultable”. En fin, lo que viene a continuación en la nota es peor, tanto que a veces dan ganas de decir, como el infame tiranuelo corrupto que desgobierna desde la sombra la Nación: “¡Qué te pasa, Clarín!”.

Sabemos lo que le pasa. Y también sabemos porqué sus periodistas escriben como escriben. Esto último se debe a la “educación”, eso sobre lo que no se cansan de perorar, eso que parece que nunca falta. Educación estatal (pública o privada), ahora, además, según se quiere, con “cine”.

La profesora de Pedagogía de la Universidad Nacional de Rosario, María Silvia Serra, dice: “La escuela subsume la experiencia de ver cine a un objetivo pedagógico previo con otros fines que ver cine”. Y traduce la periodista: “Esto es, proyectar “Iluminados por el fuego” en el aniversario de la guerra de Malvinas o “La historia oficial” para el 24 de marzo”. Ahora empiezan a hablar claro.

Sí, lavarles más el cerebro a los pobres chicos, volverlos resentidos crónicos e ignorantes que creen que saben lo que no saben, hacerlos opinadores consuetudinarios e irreflexivos, muy aptos para escribir el día de mañana las mismas zonceras que se escriben hoy (inclusive en la revista sabatina de “Cultura” del Clarín o La Nación diario), sirviendo de esa forma dócil a los enemigos de la Patria. Perfecto. ¿Para qué hacer trabajar al docente –en los ratos en que no hace huelga- si es más fácil y efectivo pasarles a los chicos películas? Imaginamos con qué seguirá el programa: “La República perdida”, “La noche de los lápices”, “Tango feroz”, “Pizza, birra, faso” y hasta las degeneradas películas de la hija del publicitario Puenzo, ¿por qué no? Todo sirve.

Sigue el artículo: “Así como se espera que en la escuela se lean buenos libros, la idea es que se vea buen cine. Serra piensa en un repertorio clásico, “Aquello que perdura porque es capaz de interpelar a otras generaciones en otros tiempos del que fue pensado. Cine que los chicos no están habituados a ver”. Es de suponer que al decir “interpelar” se quiere decir que el cine “dirige la palabra” al niño (no creo que “le solicite que le dé explicaciones”), pero, al usar esta inadecuada expresión la pedagoga está mostrando, de buenas a primeras, que no conoce lo que es el cine. Porque si el cine –como el arte- es diálogo entre el artista y el espectador (entre la obra y el espectador), ese diálogo que se concreta o se vierte en la palabra, no se inicia –en el cine- en la palabra, sino en la imagen. Por lo tanto, lo primero que hace el cine es “dirigirnos la imagen”, y de la acertada comprensión de esa imagen depende la posterior elocución. Y no se habla, tampoco, de una iniciación a la “retórica” cinematográfica, esencial para la comprensión del cine.

Ya vemos, además, el repertorio clásico que el diario evoca (foto), aunque no imaginamos la “interpelación” del cine mudo de “Carlitos” (ni qué enseñanza dará su sentimentalismo lacrimógeno) ni la de “Catita”, con su divertido pero estrafalario y paródico lenguaje. En fin, el artículo dominguero continúa con grandes ideas como que “el docente tendría que dejar que la película “trabaje” en los chicos y, en todo caso, ofrecerles momentos para pensar y discutir lo que vieron”.

¿Algo más? El broche de oro se encuentra en el cierre de la nota, pues se concluye de una manera por demás autoconsciente, lúcida, inequívoca y, por qué no, inocultable: “Y concluye (Serra): “Creo abría (sic) que volver a pensar para qué sirve la escuela.”.

Nosotros ya nos hemos enterado. Gracias a la prensa.


P. D.: Encuentro algo que dijo el Padre Castellani (lo dijo y lo dice) que viene al caso, como siempre en el maestro. Es tristemente actualísimo: “Cuando el hijo del pueblo sale de la primaria-Gratuita-Laica-Obligatoria ¿su instrucción ha terminado? Recién entonces va a empezar. La escuelita le ha dado únicamente el órgano de la instrucción intelectual, saber leer y escribir. Todas las demás pamplinas que se afanan nuestros grandes pedagogos por empanzarles se acabaron apenas traspuso el niño obrero o colono el dintel escolar; porque no las ha asimilado de un modo biológico, sino tragado de un modo libresco. ¡Y lo sé por experiencia, yo soy un hijo de la Laica! –gritó mi tío exaltándose bruscamente como si alguien le contradijera...
“Pues bien, ¿quién se encarga de esa información –y conste que no hablo de la educación total sino sólo de la intelectual- que comienza al salir el argentino-pueblo de la primaria? La Prensa, sin género de duda, incluyendo dentro ese término también las revistas, las novelas, los espectáculos, las diversiones, y la popularísima dellas, el Cine. Si la vera Universidad de hoy es la biblioteca y la Natura, la vera Escuela de hoy es el diario y el espectáculo: y diarios y espectáculos están hoy “industrializados”, entregados al mercader y sojuzgados a la ley del Lucro. Dime quién te divierte y te diré quién te domina; a los argentinos antes nos divertía Cervantes, ahora nos divierte el Cine Yanqui. Yo no te quiero hablar de los pasquines, que son otro de los “Crímenes nacionales”, pero ¡la prensa seria! La prensa seria nuestra (llamada comúnmente “grande” cuando sólo es “gorda”) a pesar de la buena voluntad de alguna della, no educa al país; lo deseduca, lo embrolla, lo desvae, lo hace pensar en lo que no le importa, perder el sentido común que le queda. Lo mece en el mundo sideral de la luna de Valencia.
Tampoco esto tiene arreglo fuera del dominio político; pues su origen está en el político Mito novecentesco de la LIBERTAD de PRENSA. La libertad de Prensa, corrupción de una santa verdad que se podría llamar “primacía del pensamiento”, es en la práctica hodierna simplemente “la patente al sofista”, la libertad de aprovecharse el (intelectualmente) fuerte del débil, la licencia para el muchachón de trompear al pibe. Esclavitud del pensar.”
(Primero Política, Las ideas de mi tío el Cura, págs. 137-138)



Enlace: Sobre las mentiras de “Iluminados por el fuego”. http://www.kasanzewcorresponsal.blogspot.com/. Sobre Edgardo Esteban y su pelicula