“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

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miércoles, 15 de diciembre de 2010

LISTADOS:100 PELICULAS REDUCO

100 PELÍCULAS REDUCO







No es el que sigue un listado de las “Cien películas que usted debería ver antes de morir”, como incitantemente se usa ahora en la venta de más que dudosos y onerosos libros para lucir en la mesita del living-room o armar ciclos de reciclaje por parte de bien auspiciados pseudo-críticos; ni se trata tampoco de las “Cien mejores películas de la historia del cine”, cuyo título de juicio final, como diría Borges, podría deberse a “la empresa que lo obligó a juntar esas dos palabras que no se juntan, cien y mejores” (comentando una selección de poesías castellanas de Menéndez y Pelayo).

Pero dados a una selección recomendable, debe hacerse un conclusivo número redondo, dentro de una posible Arca donde salvaguardar aquellas películas que subjetivamente –pero sustentando críticamente nuestra elección- podríamos ser dados a preferir. Ha sido difícil llegar a las 100 películas debido al desencanto que se produce cuando uno, al adentrarse cada vez más en la Fe católica, comprende de qué manera el cine ha sido y es en general un medio contrario a la verdad que Cristo depositó en la Iglesia y su doctrina de salvación.

No ha de estar mal un número cerrado para quien, interesado en aprovechar el tiempo que le es dado, no desea perderse en los meandros de interminables visiones de novedades que siempre buscar recrear sus ojos en infinidad de nuevas trampas; aunque si quiere estipularse exagerada la cuenta, no pondríamos objeción, ya que hemos dejado muy atrás esa cosa ingobernable llamada “cinefilia”.

El cine que en verdad vale es un cine para ser re-visto y re-visitado; aquel que a través de sus excelencias formales nos invita a pensar y a exigirnos a nosotros mismos más como espectadores y, en caso de su comprensión, trascender ese estado pasajero. “No se conocen más que las cosas que uno mismo domestica. Los hombres no tienen tiempo de conocer nada”, decía el Zorro en “El Principito”. Por eso antes que dedicarse a ver incontables películas que surgen de continuo, vale mejor dedicarse a unas pocas bien conocidas y de provecho.

La Cultura auténtica es diálogo; ese es el modo del saber y del conocimiento que debe exigírsele al cine, cuando nuestro afán de conocimiento subsiste por encima del natural afán de descanso o pasatiempo. Si hemos de buscar el conocer (y, lo que es obvio, conocer la verdad) debemos saber quiénes, cómo y de qué manera nos lo otorgan, quiénes son aquellos que consideramos autorizados, debido a su conocimiento, para cumplir tal función. De allí nuestra preparación y nuestra cautela, para que haya un verdadero diálogo, y no un monólogo que se nos suministre para nuestra ensoñación o engaño.

La mayor desdicha que puede acontecer al estilo –escribió Hello-, es hacerse admirar independientemente de la idea que expresa” (ya que hablábamos de Borges...). Por lo tanto, es importante discernir estilo e idea, en la medida en que se alimentan mutuamente o en que la admiración de una forma no nos permita ver detrás la idea o filosofía que la sustenta. Contrariamente a estos casos, están quienes fincan su principal interés en una película debido a su argumento, al tema de que trata, a lo que se dice en palabras antes que en imágenes, sin darse cuenta de que el director puede plantear un tema noble y negarlo rotundamente con la forma adoptada para el film. Incluso el tema puede estar incluido implícitamente en la puesta en escena, dejando que la fábula sea una historia mínima y nada atractiva. De todas maneras, y de corriente, un gran tema requiere una gran maestría en su resolución formal (y por lo tanto en su concepción filosófica), por lo que difícilmente haya cien ejemplos de este tipo. Muchos otros films ofrecen aspectos destacados respecto de problemas bien resueltos, o incluso testimonios necesarios de conocer. Pero, en todos los casos, hemos tenido en cuenta que se trate de obras nada complacientes con lo que el mundo espera de facilidad o cómoda aquiescencia en una forma de ver y juzgar precisamente al mundo. Hemos elegido films personales que no ofenden la moral ni atacan los valores que creemos esenciales, unos valores que la civilización cristiana nos legó y que, desperdigadamente, recayeron en una tradición formal que ya se ha perdido casi del todo en Occidente. Hemos dejado afuera films que, a pesar de valores relativos y cierta belleza formal, por uno u otro motivo pierden la coherencia y el equilibrio en finales insatisfactorios o en escenas de dudosa moral o confusa resolución.

Puesto que no se trata de una selección en orden al mérito, el listado es cronológico, y dado que puede surgir aún algún film de méritos, o sernos dado a conocer uno que ignorábamos debido a su difícil acceso, el listado no tiene por qué ser definitivo ni canónico, pero sí orientador. Podrá observarse de qué manera el cine clásico ocupa preferencial lugar (incluyendo al cine argentino), y de qué modo fueron los años ’50 los de mayor despliegue creativo, en una madurez de autores que confluyó con el cambio operado en estos hombres tras la desgraciada y desencantada experiencia de la Segunda Guerra, y antes del deterioro absoluto llegado con los años ‘60, hasta encontrarnos con una selección minorísima de los últimos años, con gemas sin embargo que nos permitieron dar gracias porque el cine al fin, luego de cien años de su invención, pudiera justificar del todo su existencia, con aquella “La Pasión de Cristo” que, bueno es aclararlo, surgió por fuera del sistema de producción establecido.

Sabemos que el cine ha sido y es como tantas otras un arma de masificación del hombre, un medio de embrutecerlo y desarraigarlo. “El hombre de masa –dice el Padre Alfredo Sáenz- no tiene vida interior, aborrece el recogimiento, huye del silencio; necesita el estrépito ensordecedor, la calle, la televisión. A veces deja encendida todo el día una radio que no escucha, acostumbrado a vivir con un fondo de ruido. Vacío de sí, se sumerge en la masa, busca la muchedumbre, su calor, sus desplazamientos”. Es más, “Satanás es el “padre de la mentira” (Juan 8,44) y nunca presenta el pecado en su odiosa fealdad sino lleno de atractivos” (Mons. Straubinger, Comentario a Sab. 5, 3).

Sin embargo, el buen cine ha persistido, ha surgido a pesar de tantos condicionamientos económicos y políticos, y aún hoy puede ser una herramienta no diremos de evangelización, sino de esclarecimiento, y de comprensión del hombre y del mundo en que vivimos, por lo menos de forma indirecta. Pero, por su misma naturaleza absorbente, el cine invita a sustraer al hombre demasiado tiempo de la realidad, pues al encontrar desarmado al espectador, que no ha recibido la debida preparación respecto del lenguaje formal del mismo, puede caer fácilmente en la idolatría, la ilusión o la respuesta sentimental y en el fondo abstracta que no será capaz de llevar a cabo en la vida real. Hoy el mundo sufre la ausencia de reflexión, de sana y bien fundada reflexión (“El mundo está desolado, porque no hay nadie que reflexione en su corazón”, Jeremías, III. 12). El buen cine puede ser un auxiliar, si estamos preparados a ello, para la comprensión de determinadas ideas, temas, emociones o conflictos que se suceden en este mundo caótico en que vivimos. Pero, de todas formas y a pesar de este listado, recomendamos siempre no aficionarse demasiado al cine, por lo peligros que ello conlleva. Lo dicho: como en la literatura, debemos volver a los clásicos, allí donde el cine deja de ser sólo una evasión para tornarse en alimento intelectual que nos ayude a comprender lo que somos y a vivir este tiempo presente. De todos modos, no nos hacemos ilusiones; sabemos que el hombre de hoy (y eso incluye al que se llama católico), acostumbrado a manejarse en todo por sí mismo, de forma desarticulada, anárquica o improvisada y sentimentalmente, no suele escuchar consejos ni sugerencias, sino que se deja llevar por los impulsos del momento. La educación no le ha dado los marcos de referencia adecuados por donde saber encontrar determinados valores que ni siquiera se ha detenido a considerar.

En fin, nos resignamos a realizar lo que consideramos es nuestro deber, y dejamos el resto en manos de Dios. Solamente diremos que “el Liberalismo es pecado”, y por lo tanto el católico debe abstenerse de apoyar o ver las películas de aquellos directores que son liberales (y, cuando deba tolerarse una excepción, hacerse las aclaraciones del caso para que no haya confusión). Es grave a esta altura desinteresarse por tal información, de la que debería agenciarse antes de acometer la visión de una película. Si a alguno esto puede parecerle integrista o demasiado “ultra”, solamente queremos advertirle lo siguiente: el liberal (o su hijo el marxista) es enemigo de Dios, y por lo tanto, es nuestro enemigo, si en verdad amamos a Dios. No encontramos otra forma más sencilla de decirlo.

Por todo lo dicho, y debido a que la vida del hombre en este mundo es un combate, incluimos en otro apartado, como complemento de valor, una selección de “30 PELÍCULAS CATÓLICAS (o de inspiración cristiana)”, que más allá de su irregular nivel artístico, será material útil para lo antedicho, incluso tal vez más inspirador en orden a la conducta moral a asumir en la vida. Del mismo modo, dejamos de incluir reconocidos films liberales que suelen aparecer en los listados que se hacen al respecto, y acercamos otros no tan conocidos.

Finalmente, y como corresponde, incluimos nuestro Index no ya de películas prohibidas –sería inabarcable- sino mínimamente de ciertos directores que, aunque alguno de ellos pueda tener una película meritoria, el conjunto de su obra es perjudicial, pérfida o mediocre en extremo, cuando no todo junto, y cuya visión se hace absolutamente innecesaria. Nos referimos, en este caso, a directores difundidos y premiados ampliamente por el mundo, por el periodismo y la crítica, fundamentalmente en función de sus malos valores o sus directos ataques a la fe católica (algunos forman parte de la actual agenda anticristiana que se lleva a cabo desde Hollywood). Se hace necesario tal detalle debido a que hay muchos católicos (o que se llaman católicos) que persisten en acceder a tales obras nocivas o inútiles. “No leas libros malos, ni siquiera inútiles; éstos hacen perder el tiempo, aquellos inspiran impiedad o impureza. Quieres aprender de ellos a hablar bien, y aprendes a vivir mal. Muchos libros hay en los que aprenderás la ciencia y el talento unidos a la virtud. ¿No los lees? Un mal libro es un tentador continuo, un demonio doméstico; échalo de tu casa; de lo contrario él echará de ella la virtud”.(Padre Grosez, S. J., Santoral II, San Beda). Tache el lector “libros” y ponga la palabra “películas”. El resto corre por su cuenta.


INDEX:
Federico Fellini, Ingmar Bergman, Charles Chaplin, Clint Eastwood, Woody Allen, Quentin Tarantino, James Cameron, Steven Spielberg, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, Pedro Almodóvar, Pier Paolo Pasolini, Marco Belocchio, Constantin Costa-Gavras, Alejandro Amenábar, Guillermo del Toro, Ron Howard, Paul Verhoeven, Alfonso Cuarón, TODO el cine argentino desde 1975 hasta la fecha (hasta ahora no hemos encontrado la excepción anhelada).



LISTADO REDUCO




1. El nacimiento de una nación. D. W. Griffith, 1915.

2. Way Down East. D. W. Griffith, 1920.

3. Sally of the Sawdust. D. W. Griffith, 1924.

4. The lodger. Alfred Hitchcock, 1926.

5. The strong man. Frank Capra, 1926.

6. The Ring. Alfred Hitchcock, 1927.

7. You’re darn Tootin’/The Music Box. Laurel y Hardy, 1927/1932.

8. El cameraman. Edward Sedwick, 1928.

9. La Pasión de Juana de Arco. Carl T. Dreyer, 1928.

10. Blackmail. Alfred Hitchcock, 1929.

11. City Girl. F. W. Murnau, 1930.

12. El Ángel Azul. Josef von Sternberg, 1930.

13. El delator. John Ford, 1935.

14. Los 39 escalones. Alfred Hitchcock, 1935.

15. Young and innocent. Alfred Hitchcock, 1937.

16. La diligencia. John Ford, 1939.

17. Young Mr. Lincoln. John Ford, 1939.

18. Sin novedad en el Alcázar. Augusto Genina, 1939.

19. Los Rothschild. Erich Waschneck, 1940.

20. Citizen Kane. Orson Welles, 1941.

21. La Loba. William Wyler, 1941.

22. La canción de Bernadette. Henry King, 1943.

23. La sombra de una duda. Alfred Hitchcock, 1943.

24. The Ox-Bow incident. William Wellman, 1943.

25. La máscara de Demetrio. Jean Negulesco, 1944.

26. Conflicto. Curtis Bernhardt, 1945.

27. La escalera de caracol. Robert Siodmak, 1945.

28. My darling Clementine. John Ford, 1946.

29. Possessed. Curtis Bernhardt, 1947.

30. El gran pecador. Robert Siodmak, 1947.

31. El fugitivo. John Ford, 1947.

32. La soga. Alfred Hitchcock, 1948.

33. Monsieur Vincent. Maurice Cloche, 1948.

34. Tierra del Fuego (Sinfonía bárbara). Mario Soffici, 1948.

35. Cielo amarillo. William Wellman, 1948.

36. Cielo sobre el pantano. Augusto Genina, 1949.

37. Madame Bovary. Vincente Minnelli, 1949.

38. La heredera. William Wyler, 1949.

39. El tercer hombre. Carol Reed, 1949.

40. La balandra Isabel llegó esta tarde. C. H. Christensen, 1949.

41. La Malvada. Joseph L. Mankiewicz, 1950.

42. On Dangerous Ground. Nicholas Ray, 1950.

43. En un lugar solitario. Nicholas Ray, 1950.

44. La Señora de Fátima. Rafael Gil, 1951.

45. Las vacaciones de M. Hulot. Jacques Tati, 1951.

46. Extraños en un tren. Alfred Hitchcock, 1951.

47. Detective Story. William Wyler, 1951.

48. Ace in the hole. Billy Wilder, 1951.

49. El pequeño mundo de don Camilo. Julien Duvivier, 1952.

50. Las aguas bajan turbias. Hugo del Carril, 1952.

51. The Bad and the Beautiful. Vincente Minnelli, 1952.

52. I confess. Alfred Hitchcock, 1952.

53. Otelo. Orson Welles, 1952.

54. La guerra de Dios. Rafael Gil, 1953.

55. La Quintrala. Hugo del Carril, 1953.

56. Tokio Monogatari. Yasujiro Ozu, 1953.

57. Hondo. John Farrow, 1953.

58. Julio César. Joseph L. Mankiewicz, 1953.

59. La ventana indiscreta. Alfred Hitchcock, 1954.

60. Barrio gris. Mario Soffici, 1954.

61. El hombre de Laramie. Anthony Mann, 1955.

62. El hombre que debía una muerte. Mario Soffici, 1955.

63. Sed de vivir. Vincente Minnelli, 1955.

64. Más allá del olvido. Hugo del Carril, 1955.

65. Ordet. Carl T. Dreyer, 1955.

66. La noche del cazador. Charles Laughton, 1955.

67. The Searchers. John Ford, 1956.

68. Ataque!. Robert Aldrich, 1956.

69. El hombre equivocado. Alfred Hitchcock, 1956.

70. El hombre que sabía demasiado. Alfred Hitchcock, 1956.

71. Mi tío Jacinto. Ladislao Vajda, 1956.

72. Embajadores en el infierno. José María Forqué, 1956.

73. El tren de las 3.10 a Yuma. Delmer Daves, 1957.

74. Rosaura a las diez. Mario Soffici, 1957.

75. Mi tío. Jacques Tati, 1957.

76. The tin star. Anthony Mann, 1957.

77. Hombre del Oeste. Anthony Mann, 1958.

78. The Big Country. William Wyler, 1958.

79. Vértigo. Alfred Hitchcock, 1958.

80. El cebo. Ladislao Vajda, 1958.

81. Río Bravo. Howard Hawks, 1959.

82. North by Northwest. Alfred Hitchcock, 1959.

83. Culpable. Hugo del Carril, 1959.

84. Psicosis. Alfred Hitchcock, 1960.

85. El diablo a las 4. Mervyn LeRoy, 1961.

86. Dos cabalgan juntos. John Ford, 1961.

87. El hombre que mató a Liberty Valance. John Ford, 1962.

88. Billy Budd. Peter Ustinov, 1962.

89.Los pájaros. Alfred Hitchcock, 1963.

90. Marnie. Alfred Hitchcock, 1964.

91. El Padrino. Francis Ford Cóppola, 1972.

92. El Exorcista. William Friedkin, 1973.

93. El Padrino II. Francis Ford Cóppola, 1974.

94. Sorcerer. William Friedkin, 1977.

95. Apocalipse Now. Francis Ford Cóppola, 1979.

96. Danton. Andrzej Wajda, 1982.

97. The lightship. Jerzy Skolimowsky, 1985.

98. La Pasión de Cristo. Mel Gibson, 2004.

99. Apocalypto. Mel Gibson, 2006

100. Katyn. Andrzej Wajda, 2007.


OTRAS PELÍCULAS:

 
Pampa bárbara. Hugo Fregonese-Lucas Demare, 1944.

El beso de la muerte. Henry Hathaway, 1947.

Ruthless. Edgar G. Ulmer, 1948.

Más allá del bosque. King Vidor, 1949.

The Enforcer, Raoul Walsh / Bretaigne Windust, 1951.

Surcos. José Antonio Nieves Conde, 1951.

La roja insignia del valor. John Huston, 1951.

The crimson pirate. Robert Siodmak, 1952.

Way of a gaucho. Jacques Tourneur, 1952.

Pick up in South Street. Samuel Fuller, 1953.

Island in the sky. William Wellman, 1953.

Dial M for murder. Alfred Hitchcock, 1954.

Man from Del Rio. Harry Horner, 1956.

Testigo de cargo. Billy Wilder, 1958.

Terror in a Texas Town. Joseph H. Lewis, 1958.

Never let go. John Guillermin, 1960.

Bajo diez banderas. Duilio Coletti, 1960.

¿Qué pasó con Baby Jane? Robert Aldrich, 1962.

The last man on earth. Ubaldo Ragona, Sidney Salkow, 1964.

Un millón en la basura. José María Forqué. 1967.

Tucker. Francis Ford Cóppola, 1987.

Doce hombres en pugna. William Friedkin, 1997.

El Patriota. Roland Emmerich, 2000.

El Señor de los Anillos. Las dos torres. Peter Jackson, 2002.


11 de septiembre de 1683. Renzo Martinelli, 2012.

Bajo la arenaMartin Zandvliet, 2015.


Distribución por país de origen del total de las películas:

USA: 87
ARGENTINA: 10
INGLATERRA: 9
ESPAÑA: 7
FRANCIA: 5
ITALIA: 2
ALEMANIA: 3
DINAMARCA: 2
POLONIA: 1
JAPÓN: 1

Por década:

Década 1910: 1
Década 1920: 9
Década 1930: 9
Década 1940: 27
Década 1950: 54
Década 1960: 12
Década 1970: 5
Década 1980: 4
Década 1990: 1
Década 2000: 5
Década 2010: 2

LISTADOS:30 PELICULAS CATOLICAS

30 PELICULAS CATOLICAS
(o de inspiración cristiana)



Dejamos entrever, al introducir el listado de 100 PELICULAS REDUCO, que el cine como vehículo de cultura, es decir, de diálogo, y de formación, prácticamente se ha acabado, y que hoy es decididamente un arma revolucionaria de subversión, perversión, embrutecimiento y falsificación, cuando no directamente un instrumento para ofender impunemente a Dios. Este cine es el que procura erigir una legión de insensatos: “El insensato o necio es en el lenguaje bíblico el impío que no piensa en la providencia de Dios, ni en la sanción del pecado, porque nunca se concentra en sí mismo y vive siempre extravertido, mareado por la fascinación de lo fugaz” (Mons. Straubinger, comentario al salmo 13,1).

Nosotros defendemos un cine que, por el contrario, debe hacer entrar al espectador en sí mismo (primero trabajando, relacionando, completando la media medalla que la obra debe ofrecerle), contra un cine –casi todo- que hace extravertir al espectador, dándole todo (la nada) servido en bandeja; hoy, mediante espectaculares efectos especiales, visuales, sonoros y tridimensionales, en una especie de orgiástica sacudida de montaña rusa que, con su acometida de los sentidos, le impide detenerse a pensar.

Frente a esto que pasa, la Iglesia Católica, post Vaticano II, contaminada de la peor herejía que es el Modernismo, no sólo se ha despreocupado groseramente, sino que, cuando no hace silencio, directamente sale a defender lo indefendible, llevando más confusión al pobre católico de a pie. Basta ver un simple listado como el señalado más abajo para darse cuenta de que el catolicismo falsificado es coherente con su modernismo, en la recomendación de filmes que son contrarios u ofensivos con la doctrina católica.

Alguna vez, hace ya muchos años, el Vicario de Cristo se preocupó por estos asuntos, aunque sin consecuencias prácticas merecedoras de positiva mención:
“Frente a los graves problemas que acongojan a la edad presente y que ciertamente despiertan Nuestros más acuciantes cuidados, el del cine podría parecer a algunos secundario y no merecedor de la particular solicitud que le consagramos. En efecto, el cine, siendo por su naturaleza arte y descanso, parece que debería quedar confinado como a los márgenes de la vida, dirigido, entiéndase bien, por las comunes leyes que regulan las ordinarias actividades humanas; pero como, de hecho, se ha convertido para la presente generación en un problema espiritual y moral de inmenso alcance, no puede ser descuidado por quienes se preocupan por la suerte de la parte mejor del hombre y de su porvenir. Sobre todo no la pueden descuidar la Iglesia y sus pastores, a cuya vigilancia no debe sustraerse cuestión alguna moral, particularmente si repercute, con incalculables consecuencias, sobre innumerables almas; pero tampoco todas las personas honradas y deseosas del bien común, las cuales están persuadidas con razón de que todo problema humano, grande o pequeño, ahonda sus raíces en el espíritu más o menos ofuscado, y de que en el espíritu, una vez iluminado, se resuelve debidamente.”
(Discurso de S. S. Pio XII al “mundo cinematográfico”, 28 de octubre de 1955).

En otro lugar, el Papa decía palabras que deberían seguir vigentes:
“La Iglesia, que protege y apoya la evolución de todos los verdaderos valores espirituales –así las ciencias como las artes la han tenido siempre como Patrona- no puede permitir que se atente contra los valores que ordenan al hombre respecto de Dios, su último fin. Por consiguiente, ninguno debe admirarse de que también en esta materia ella tome una actitud de vigilancia, conforme a la recomendación del Apóstol: “Examinadlo todo: lo que es bueno tenedlo, pero abstenéos de toda especie de mal”.
(S. S. Pío XII, Encíclica Miranda Prorsus).

Pero si Roma ha dejado de tener la vigilancia celosa con respecto a la Fe, ¿cómo podría tener esa actitud frente al cine y los medios de comunicación, que avanzan cada día en su impiedad anticristiana? El pobre espectador católico se ha quedado solo y perdido en medio de lobos disfrazados de corderos.

Por su parte, los autores o productores y artistas católicos, deberían tener presentes estas palabras:
“Ante todo debe considerarse como sagrada la verdad revelada por Dios. Más aún, ¿no sería la más elevada vocación de las técnicas de difusión hacer que todos conozcan “la fe en Dios y en Cristo”, “aquella fe que es la única que puede dar a millones de hombres la fuerza para soportar con serenidad y fortaleza las indecibles pruebas y angustias de la hora presente?.
A la tarea de servir a la verdad debe unirse el esfuerzo de contribuir al perfeccionamiento moral del hombre. Las técnicas audio-visivas pueden contribuir en tres importantes sectores: la información, la enseñanza y el espectáculo”.
(S. S. Pío XII, Encíclica Miranda Prorsus).

Sin embargo, no basta esa preparación y cautela atinente a lo moral, si antes no se han conocido mínimamente las herramientas o recursos de que puede valerse el cine para comunicar tales valores, ideas o emociones:
“Para que el espectáculo en tales condiciones pueda cumplir su función, es necesario un esfuerzo educativo que prepare al espectador a comprender el lenguaje propio de cada una de estas técnicas, y a formarse una conciencia recta que permita juzgar con madurez los varios elementos ofrecidos por la pantalla y por el altavoz, para que no tenga que sufrir pasivamente su influjo, como sucede con frecuencia”.
(Encíclica Miranda Prorsus).

Desde luego que “esta preparación no puede servir de pretexto para ver espectáculos moralmente ruinosos, sino que debe enseñar a seleccionar los programas en conformidad con la doctrina de la Iglesia y con las indicaciones relativas a su valor moral y religioso, emanadas de las competentes Oficinas Eclesiásticas”.
(Encíclica Miranda Prorsus).

Finalmente el Papa, conociendo muy bien los graves peligros a que el cine podía arrastrar, hacía un llamado al compromiso de los Obispos para transmitir a los fieles sus deberes respecto del cine y los espectáculos públicos:“Renovando las instancias que hacía nuestro Predecesor de feliz memoria en la Encíclica Vigilanti Cura recomendamos vivamente que se invite a los fieles, donde esto es posible, y después de preparación adecuada, a que renueven el compromiso personal que tienen todos los católicos de observar fielmente la obligación de informarse sobre los juicios morales y de conformar con ellos su conducta. A este fin, donde los Obispos lo juzgaren oportuno, podrá destinarse útilmente un domingo del año para promover oraciones e instrucciones a los fieles sobre sus deberes con respecto a los espectáculos y particularmente en relación con el cine”
(Encíclica Miranda Prorsus).

También destacaba Pío XII: “Muy útil será en esta materia la actuación del crítico cinematográfico católico, quien no dejará de acentuar los valores morales, mirando bien que dichos juicios habrán de ser una directiva segura para evitar el peligro de deslizarse a un relativismo moral o de confundir la jerarquía de valores” (Encíclica Miranda Prorsus). Sin embargo, los críticos católicos, aggiornados y liberales, incumpliendo sus deberes, cometen las mismas faltas, repetidas por diversos lugares. Para atestiguarlo basta solamente ingresar en cualquiera de estos sitios y dar un repaso a las películas que consideran católicas, o a los listados que se exhiben sin la menor discriminación o explicación, como si todo fuera lo mismo, llevando de esta forma más confusión al espectador no preparado.
( Ver:Jesucristo en el cine: Las 100 mejores películas católicas
» Las 45 películas del Papa Juan Pablo II » Cinencuentro - No ...)

Tales críticos, periodistas, teóricos o cinéfilos llevan la confusión y la trasladan a los espectadores o lectores despreocupados, que aplauden toda obra o la creen sinceramente católica por su tema o su ambiente (como si cualquier pintura fuera digna de destacar por el simple motivo de que exhibe la figura de la Virgen o Nuestro Señor), y además de desinteresarse de fortalecer su fe (un deber que tenemos todos), tampoco ayudan en materia cinematográfica, de la que parecen estar faltos. “Educando el sentido estético de los espectadores superaremos problemas de impacto moral. Hay una gran solidaridad entre ambos campos: el de la formación cultural y moral. Si es capaz, el cristiano espectador, de leer educadamente este nuevo lenguaje de las imágenes, penetrará mejor en la sicología de los personajes, admirará el arte de una presentación técnica impecable y podrá gozar de la combinación de un buen montaje, sin enredarse tanto en el golpe más superficial de una escena objetable” ( C. A. Duhourq, “X, Y, Z del cine” ). No basta en el arte con las buenas intenciones; la obra y su verdad nos son comunicadas a través de la belleza de la forma, sólo a través de ella existe lo que el gran público llama “mensaje”, y que nosotros decimos es mucho más. Pero, por las características del cine, es muy fácil el engaño: algunos directores mediocres convocan a buenos actores, a un buen dialoguista, a un buen músico y a un buen fotógrafo, y creen que con eso ya tienen una buena película. El caso de “El hombre de dos reinos” es paradigmático. Pero el cine no es eso, y muchas veces la autenticidad no significa magnificencia o “alta cultura”. Cada film demanda una forma, una imagen, una rigurosa atención específica, un problema que se le plantea a su hacedor y que éste, con sus colaboradores, debe resolver. Muchas películas, se nos hace evidente, han sido tocadas especialmente por la gracia de Dios, logrando lo que parecía imposible; es el caso de los dos films de Mel Gibson que mencionamos, más otra media docena de obras inolvidables e inimitables.

Hemos confeccionado un listado donde hay algunas pocas películas de difícil acceso o en malas condiciones técnicas, que no hemos podido ver, pero debíamos completar el número y nos hemos valido de referencias; número que sin embargo sería muy exagerado doblar, no ya por la cantidad de la oferta, sino por su calidad. Entendemos por cine católico o de inspiración cristiana aquel que está sustentado por una cosmovisión basada en la Fe en Cristo, y en las verdades que se contienen en el dogma y la doctrina cristianas, esto más allá de que la fábula comprenda personajes que tengan o no la fe. Un film puede ser católico sin que los personajes que lo protagonizan lo sepan, y un film puede ser anticatólico aunque sus protagonistas sean sacerdotes o monjas. Evidentemente es un listado “fuera de circuito”, con films que los ya difundidos listados que circulan por Internet no adoptarán. En la medida en que tengamos acceso a otros films y se hagan dignos de incluirse, el listado se actualizará, mejorará o ampliará. De todas formas lo fundamental ya ha sido dicho y le queda al espectador hacerse cargo de qué es lo que hace con estos films: si han de nutrir su afán de meditación, para ampliar el conocimiento de Dios por otras vías y, a imitación de los arquetipos muchas veces presentados, seguir el camino de la caridad, o si simplemente alimentan su admiración sentimental tras la cual llega la pereza de tener que asumir una vida que es una milicia. Porque no debe confundir los fines con los medios, y el cine es sólo un medio, como el arte, para conocer la verdad. Y sólo conoce la verdad el que la ama. Y el que la ama la practica.


1. La Pasión de Cristo. Mel Gibson, 2004.
2. Vértigo. Alfred Hitchcock, 1958.
3. I confess. Alfred Hitchcock, 1952.
4. El hombre equivocado. Alfred Hitchcock, 1956.
5. Cielo sobre el pantano. Augusto Genina, 1949.
6. La canción de Bernadette. Henry King, 1943.
7. La guerra de Dios. Rafael Gil, 1953.
8. Apocalypto. Mel Gibson, 2006.
9. Katyn. Andrzej Wajda, 2007.
10. El canto del gallo. Rafael Gil, 1955.
11. El gran pecador. Robert Siodmak, 1947.
12. El jugador (TVM). Alfred Hitchcock, 1961.
13. Colapso (TVM). Alfred Hitchcock, 1955.
14. La pasión de Juana de Arco. Carl T. Dreyer, 1928.
15. Diálogos de Carmelitas. P. Agostini y R. I. Bruckberger, 1959
16. Monsieur Vincent. Maurice Cloche, 1947.
17. El Exorcista. William Friedkin, 1973.
18. Teresa de Jesús. Juan de Orduña, 1961.
19. Golgotha. Julien Duvivier, 1935.
20. Marcelino, Pan y Vino. Ladislao Vajda, 1955.
21. Molokai. Luis Lucía, 1959.
22. El fugitivo. John Ford, 1947.
23. La Fe. Rafael Gil, 1947.
24. San Ignacio de Loyola. José Díaz Morales, 1948.
25. Detective Story. William Wyler, 1951.
26. Tierra del Fuego (Sinfonía bárbara). Mario Soffici, 1948.
27. Reina Santa. Rafael Gil, 1947.
28. Ordet. Carl T. Dreyer, 1955.
29. Becket. Peter Glenville, 1964.
30. Cristiada. Dean Wright, 2012.

OTRAS PELÍCULAS INTERESANTES:

El beso de Judas. Rafael Gil, 1953.
Sin novedad en el Alcázar. Augusto Genina, 1940.
Fray Escoba. Ramón Torrado, 1961.
El signo de la cruz. Cecil B. De Mille, 1932.
La Señora de Fátima. Rafael Gil, 1951.
Don Bosco. Leandro Castellani, 1988.
El delator. John Ford, 1935.
Rosa de América. Alberto de Zavalía, 1946.
El diablo a las 4. Mervyn LeRoy, 1961.
Un Dios prohibido. Pablo Moreno, 2013.
Balarrasa. J. A. Nieves Conde, 1950.
Un ángel pasó por BrooklynLadislao Vajda, 1957.
Le sorcier du ciel, Marcel Blistène (1949)
Rosa de Lima. José M. de Elorrieta,1962.
The reluctant saint. Edward Dmytryck, 1962.
Don Quijote de la Mancha. Rafael Gil, 1949.
Cielo negro. Manuel Mur Oti, 1951.
El pequeño mundo de don Camilo. Julien Duvivier, 1952.
Padre Brown, detective. Robert Hammer, 1954.
Mensajeros de paz. Josè Marìa Elorrieta, 1957.
El Cid. Anthony Mann, 1961.
El señor de La Salle. Luis Saslavsky, 1964.
El camarada don Camilo. Luigi Comencini, 1965.
Andrei Rublev. Andrei Tarkovsky, 1966.
Un millón en la basura. José María Forqué, 1967.
Mi hijo, Ceferino Namuncurá, Jorge Mobaied, 1972.
Pedro y Pablo. Robert Day, 1981.
Maximilien Kolbe. Krisztof Zanussi, 1991.
Ahí tienes a tu madre. Leandro Borrel, 2004.
El exorcismo de Emily Rose. Scott Derrikson, 2005
San Agustín. Christian Duguay, 2010.
Las Crónicas de Narnia. Michael Apted, 2010.
El rito. Mikael Hafstrom, 2011.
11 de septiembre de 1683. Renzo Martinelli, 2012.
Ignacio de Loyola. Paolo Dy, 2016