“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

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miércoles, 13 de octubre de 2010

NOTA - INMUNIDAD HOLLYWOODENSE

Inmunidad hollywoodiense
Del blog Espada de doble filo / INFOCATOLICA

Una cosa que siempre fascina a todo el mundo de los diplomáticos es su inmunidad. Innumerables tramas de películas se han basado en la inmunidad diplomática de alguno de los personajes, que le permitía llevar armas a través de la aduana o hacer prácticamente cualquier cosa sin ser castigado por ello. En realidad, por supuesto, las cosas no son así y la inmunidad está sometida a algunas normas bien definidas.

Hoy en día, sin embargo, yo diría que la inmunidad diplomática no es nada en comparación con la inmunidad de la que disfrutan actores, directores y otras personas relacionadas con el cine. Inmunidad hollywoodiense podríamos llamarla. A veces, tristemente, esta inmunidad afecta incluso a las leyes, como si los actores fueran una casta que está por encima de los demás y al margen de las normas que afectan a los mortales. En cualquier caso, la inmunidad hollywoodiense siempre es eficaz en lo que se refiere a la opinión pública y parece ser que la gente del cine puede hacer o decir absolutamente cualquier cosa sin perder el apoyo y la admiración de los espectadores.

Todos conocen ya el caso del director Roman Polanski, que tuvo que huir de su país por haber drogado a una menor de trece años para abusar de ella. Durante años vivió refugiado en Francia, recibiendo premios como la Palma de Oro de Cannes y un Óscar en 2002. Hace poco pidieron su extradición a Suiza cuando el director viajó a un festival de cine en Zurich, pero los jueces de aquel país la denegaron. Lo más feo del asunto, a mi entender, fueron los innumerables apoyos recibidos en esa ocasión por Polanski de parte de grandes personajes del mundo del cine: Woody Allen, Martin Scorsese, Monica Bellucci, Pedro Almodóvar y otro centenar de famosos actores y directores. Y no se trataba sólo de solidaridad en la farándula, su última película “El escritor” ha sido vista por millones y millones de personas a las que no parecen importar en absoluto las cuentas pendientes de Polanski con la justicia.


En un plano totalmente distinto, acabo de leer otro ejemplo de inmunidad hollywoodiense en lo que a la opinión pública se refiere. Hace un par de días, la actriz Jennifer Aniston (de la serie Friends y varias películas muy conocidas) hizo unas curiosas declaraciones. Está rodando una película sobre una mujer soltera que concibe un niño acudiendo a una clínica de donantes de semen y, hablando de ella, afirmó:
“Las mujeres se están dando cuenta de que no tienes que comprometerte con un hombre simplemente para tener un hijo. (…) Se están dando cuenta de que, si ha llegado ese momento de sus vidas y lo quieren, pueden hacerlo con un hombre o sin él”.
Por supuesto, también aprovechó para reírse de la familia tradicional:
“Lo central de la película es la cuestión de qué es lo que define a la familia. No está formada necesariamente por el grupo tradicional de madre, padre, dos niños y un perro llamado “Spot”. El amor es el amor y la familia es lo que tienes alrededor y los que están en tu ambiente inmediato. Eso es lo que me encanta de esta película. Está diciendo que no se trata del tipo tradicional de estereotipo de lo que se nos ha enseñado como sociedad que es una familia”.
En un mundo más lógico, después de estas declaraciones, como mínimo la mitad de su público (los varones) dejaría de ver sus películas. Y no volverían a trabajar con ella al menos la mitad de los actores, realizadores, técnicos de sonido, directores, productores, etc. A fin de cuentas, sólo sería reconocer que Aniston ha llegado a ese momento de su vida en la que puede hacer películas con los hombres o sin ellos. Y también huirían de sus películas todos aquellos que defienden la familia tradicional, formada por el matrimonio entre un hombre y una mujer y los hijos que reciban de Dios. Pero, por supuesto, nada de eso sucederá. Sus películas seguirán atrayendo a millones de hombres y mujeres, seguirá recibiendo premios por sus actuaciones y, como es lógico, seguirá diciendo lo que le dé la gana, porque, en Hollywood, las acciones no tienen consecuencias.

Bueno. Al igual que sucede con la inmunidad diplomática, sí que existen algunas normas, que nadie se puede saltar. Imaginemos, por ejemplo, que alguien hubiera dicho lo mismo pero al revés, hablando de los hombres y de su relación con las mujeres. Por ejemplo, si alguien declarara orgullosamente algo así como: “Un hombre llega a un momento en su vida en el que puede elegir entre querer a una mujer o usar y tirar a todas las mujeres con las que se encuentre. Ya no tiene por qué casarse, aunque puede hacerlo, por supuesto. No tiene por qué respetar a las mujeres para obtener placer de ellas”. Los gritos de protesta se habrían oído en la cima del Everest.

Incluso la inmunidad hollywoodiense tiene sus límites. Puedes drogar a una menor para violarla y todos te apoyarán, pero que no se te ocurra dar la impresión de ser poco feminista, porque entonces no tendrás perdón. Hasta ahí podríamos llegar.

viernes, 17 de septiembre de 2010

NOTA - ¿POR QUE DISNEY ODIA A LOS PADRES?


¿POR QUÉ DISNEY ODIA A LOS PADRES?
Tomado del blog Familias por la Familia
(Fuente: The Vigilant Citizen)

Toy Story 3: En la película, Andy, es criado por una madre soltera

¿HAN ADVERTIDO QUE EN TODAS SUS PRODUCCIONES MATAN A PAPÁ Y A MAMÁ?

La semana pasada, con la lluvia azotando afuera, mi hija y yo nos preparamos para una tarde de nostalgia en la familia. La clase de situaciones que le dio éxito a las películas de Walt Disney.

El estilo que ha dado a Disney una posición especial en nuestra casa. Para nosotros, ese nombre sugiere un mundo de valores familiares y tradiciones pasadas. Un lugar donde, sin importar las adversidades que se enfrentan, el bien triunfará sobre el mal.

Las películas de Disney hablan a nuestro corazón y labran las vidas de nuestros niños con una sensación de seguridad, en un mundo incierto.
Y así fue; en ese día pasado por agua, transitamos, riendo y llorando, nuestro camino a través de una tripleta de los favoritos de Disney: el hermoso Bambi que desgarra el corazón, el gloriosamente regio Rey León y el eternamente encantador Buscando a Nemo.

Pero más tarde, me di cuenta de algo más que es común a las películas de Disney, además del buen encanto nostálgico por aquellos años infantiles: La ausencia de los padres.

Bambi, abandonado por su padre antes de nacer; la experiencia de la cacería y el subsecuente disparo a su madre. Una tragedia que aún me provoca sollozos incontrolables, cuatro décadas después de que la vi por primera vez con mi propia madre.

Eso no es todo. En el Rey León, Simba está implicado en la muerte de su padre y huye en un vano intento de escapar de su miseria.

Por su parte Nemo —el pez rebelde— es el único sobreviviente del ataque violento de una barracuda a su madre y a sus hermanos, transcurre gran parte de la historia distanciado de su padre.


Huérfano: Mowgli al cuidado de Baloo en la película de Disney El libro de la selva 2

El hecho de que estas tres películas giraban sobre la falta de los padres, me hizo dudar. ¿Es sólo una coincidencia?

Aparentemente no. Para Disney, la organización más afín a lo infantil, parece haber algún problema con los padres.

Desde su formación en los años veinte, la producción de Disney ha ofrecido un suministro constante de familias desquiciadas y destrozadas.

Huérfano: Mowgli al cuidado de Baloo en la película de Disney El libro de la selva 2

Dumbo, como Bambi, todavía devasta al público como el elefante bebé, huérfano de padre, que es separado de su madre después de que ella es presa de una aparente psicosis.

Los mininos en Los Aristogatos —la favorita de mi infancia— carecen también de padre. Ni Ariel (La Sirenita) ni Bella (La Bella y la Bestia) tienen madre.
Incluso más recientemente, los aficionados de todo el mundo se han deleitado en el tramo final de Toy Story, cuando Andy —el personaje principal de la película—es criado por una madre soltera.

No hay que preocuparse, sin embargo, por la ausencia total de su padre; la influencia masculina clave para Andy, es un vaquero de madera.
Y no sólo la producción de dibujos animados de Disney que están sujetos a esta peculiaridad con respecto a los padres; lo mismo ocurre con sus programas de televisión en vivo y sus películas.

En el canal Disney TV, la popular Hannah Montana —interpretada por la precoz Miley Cyrus— aprende de su padre las reglas adolescentes porque su madre está ausente sin aviso.

En la pantalla grande, Entrenando a Papá, es la crónica de una niña de diez años de edad, que busca a su padre perdido después de la prematura —aunque no del todo imprevisible— desaparición de su madre.

Y la nominada al Grammy Encantada muestra a Giselle, una princesa Disney arquetípica, adaptándose a las condiciones severas de Nueva York como una niña sin madre.

En este punto de mi investigación, yo estaba cada vez más preocupada por la ausencia de modelos de conducta de los padres en el mundo de Walt Disney. Y había más.

Algunos personajes de Disney, ni siquiera tienen la suerte de tener padres, y quedan huérfanos antes de completarse los créditos iniciales de la película.

Tarzán es un bebé abandonado en la selva tras el ataque despiadado de un leopardo a sus padres. Y ahí están (El zorro y el sabueso) y Arthur en La espada en la piedra, librados a su suerte sin padres.

Me pregunto, ¿es claro que la falta de los cuidados paternos en las producciones de Disney se utilizó como efecto dramático?

¿Esto fue así para darles a los protagonistas la oportunidad de enfrentarse a sus problemas personales sin la guía de un padre… o hay algo más que esto?

¿Podría la muerte de la madre de Walt Disney —y la culpa que le quedó a su hijo de por vida— ser el catalizador de la muerte de los padres en Disney?

En 1938, en la cúspide del éxito con el producto de su primera película de pantalla grande La Bella Durmiente, Walt compró a su madre, Flora, y a su padre, Elías, una casa de Los Ángeles como regalo por sus bodas de oro.
Pocos días después de mudarse, Flora se quejó de las temperaturas sofocantes procedente de la caldera de calefacción central, y su cariñoso hijo dispuso una rápida sustitución de la misma.

Días más tarde, Flora murió de asfixia como consecuencia de la mala instalación de la nueva caldera.

La desubicada culpa de Walt Disney sobre la muerte de su madre, ¿puede haberlo llevado a borrar a los padres —madres en particular— de sus obras?
Y esa motivación, después de su muerte en 1966, ¿se puede haber convertido en un sello particular de Disney?

Ciertamente, esto explicaría la clase de cuentos populares y de hadas que Disney ha seleccionado para su adaptación, habiendo otros numerosos cuentos tradicionales donde aparecen padre y madre.

Para ejemplo de esa selección, consideremos los dibujos animados Cenicienta (sin madre), Blancanieves (sin padre ni madre, sino con una madrastra malvada) y El libro de la selva (con el huérfano Mowgli, criado por un oso y un tigre).

Pero quizás lo más audaz en este sentido fue la adquisición de la épica Peter Pan de J. M. Barrie, en la que no sólo ese muchacho era responsable de una isla de huérfanos (Los Niños Perdidos), sino que la vida social de los padres de Wendy constantemente dejaba a sus hijos al cuidado del perro de la familia.

Hay una tercera forma de explicar el descuido aparente de Disney por los padres.

¿Podría la empresa —y sus producciones— ser un fiel reflejo de nuestra disparatada sociedad y de la desintegración evidente del núcleo familiar tradicional?

¿O será al revés? ¿Podría Disney haber jugado su papel en la desaparición de los valores familiares, ya que nosotros —y nuestros niños— hemos caído en este sano entretenimiento durante décadas?

¿Hemos asimilado inconscientemente esta desaparición de las figuras paternas de sus películas?

Sólo por eso, Disney debe ser acusado de no honrar el más sagrado de los vínculos: el de la madre y el padre con sus hijos.

Ahora, eso difícilmente sea entretenimiento familiar, ¿verdad?

sábado, 10 de julio de 2010

CONVOCATORIA


COMUNICADO DEL REV. PADRE BOUCHACOURT,
SUPERIOR DEL DISTRITO DE AMÉRICA DEL SUR
CONTRA EL PROYECTO DE LA LEGALIZACIÓN
DE LAS UNIONES HOMOSEXUALES

«PARCE, DOMINE, PARCE POPULO TUO»

Hace algún tiempo la Cámara de Diputados de la República Argentina aprobó un proyecto de ley referido al matrimonio homosexual, que seguidamente fue girado a la Cámara de Senadores para su próxima consideración y tratamiento.
A través del presente comunicado, la Fraternidad San Pio X desea dar a conocer públicamente su posición -que no es sino la de la Iglesia Católica-, y expresar que la eventual aprobación de este proyecto constituirá un grave desafío a Dios, autor de la ley natural.
En efecto, nuestro Creador ha querido que el matrimonio se constituyese por la unión de varón y mujer: “los creo varón y mujer” (Génesis 1,27; Mateo 19,4) “por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer” (Marcos 10, 7).
Sobre esta unión se funda y erige la familia, de cuyo amor son fruto los hijos: “Y los bendijo Dios y les dijo: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra” (Génesis 1, 28). Querer elevar la unión homosexual al rango de matrimonio implica distorsionar gravemente la realidad de las cosas, negar la evidencia más notoria y hacer peligrar el equilibrio moral y social de la comunidad.
Las consecuencias se harán sentir en los fundamentos mismos de la familia, que es la célula de la sociedad.
De su intangibilidad depende el equilibrio presente y futuro del cuerpo social.
Para un católico, aprobar la unión homosexual con categoría de matrimonio es, además, una manifiesta afrenta a Dios. En el Antiguo Testamento se contienen pasajes que hablan claramente al respecto (Génesis, 19, 1-29; Levítico 20, 13), y esta enseñanza ha sido reproducida y recordada abiertamente en el Nuevo Testamento (Carta a los Romanos, 1,25-27; 1ª, Carta a los Corintios. 6,9).
No hay márgenes para la duda: Dios no sólo no quiere el matrimonio homosexual sino que reprueba francamente estas uniones.
Legalizarlas, por tanto, es contradecirlo expresamente, y desoír conscientemente lo que la Iglesia Católica siempre ha enseñado acerca de la institución matrimonial.
Por amor a Dios, por amor a la patria, a las familias y a nuestros hijos, rogamos a los Senadores de la Nación sopesar delante de Dios la encrucijada de la hora actual impedir con su voto que la Argentina tenga que soportar las consecuencias de la aprobación de aquel proyecto.
Nosotros, como católicos, suplicamos a Nuestra Señora de Luján que cubra y proteja con su manto maternal a la Nación Argentina, ilumine a nuestras autoridades para que rechacen este proyecto de ley, los valores cristianos que hicieron la grandeza de nuestra querida tierra Argentina.

13 DE JULIO / 18.30 HORAS
MARCHA A PLAZA CONGRESO
POR LA FAMILIA ARGENTINA

“Tengan todos presente que, ante el peligro de la religión o el bien público, a nadie es lícito permanecer ocioso. Ahora bien, los que se esfuerzan por destruir la religión o la sociedad, ponen la mira principalmente en apoderarse, si les fuere dado, de la administración pública y en ser nombrados para los cuerpos legislativos. Por tanto, es menester que los católicos eviten con todo cuidado tal peligro, y así, dejados a un lado los intereses del partido, trabajen con denuedo por la incolumidad de la religión y la patria”.

San Pío X, Carta al Arzobispo de Madrid,
20 de Febrero de 1906

NOTA - FAMILIA



FAMILIA

Por Aníbal D'Angelo Rodríguez

Tomado del blog de Cabildo
Jueves 29 de noviembre de 2007

Muchas veces hemos dicho que el gran obstáculo para todas las utopías es la familia. Desde Platón hasta Tomás Moro, cada cual que se pone a imaginar un mundo geométricamente perfecto, tropieza con la familia. Es que ella introduce, en ese mundo ideal, los avatares del amor, la predilección de los padres por sus hijos, la herencia, el hogar como sede. Todo ello es intragable para quienes imaginan un mundo regido tan sólo por la razón, un mundo de iguales en el que no hay preferencias que no sean racionales, una riqueza dividida por igual, unos edificios comunes donde no se imponga el cariño sino el mérito. Cuando se arman, en la cabeza, esos mundos perfectos, de pronto se tropieza con la familia, que rompe los esquemas racionalistas, que es una pequeña sociedad de amor y de religión, y no de trabajo y eficiencia.

Bien lo vio Aldous Huxley, que en la penúltima utopía —“Mundo Feliz” (Brave New World)— imaginó la abolición de la familia y la palabra “Madre” convertida en una mala palabra. ¿Cómo? Mediante nacimientos producidos en “fábricas de hombres”, bebés “in vitro” pero sin necesidad del vientre materno, reemplazado por unos tubos en los que el embrión va creciendo seguido con cuidado extremo por personas que lo dotan de tales o cuales características (inteligencia unos, laboriosidad otros) según el papel que han de cumplir en la sociedad.

Un mail me informa de los asombrosos “progresos” de la biología inglesa. Así como fue la primera en introducir el aborto legal, la medicina de dicho país fue la primera en traer al mundo una niña fecundada “in vitro”. Ahora está trabajando a toda máquina en la manipulación embrional, de modo que en algún momento se podrán tener “bebés a la carta”, con sexo, salud y carácter diseñados por los biólogos.

A mí no me gusta la condenación de esas manipulaciones con el argumento de “quién sabe qué saldrá de esos juegos”, como si nos halláramos ante una empresa sin objetivos o normas. Creo, por el contrario, que los biólogos se mueven lenta pero seguramente hacia el ideal del “Mundo Feliz” de Huxley. Hemos liberado a la mujer de la maldición del embarazo. Puede “hacer el amor” sin consecuencias, y si se olvidó de preverlo, está la píldora del día después. Y si no funcionó, está el aborto gratuito, y seguro, con todas las garantías de la ciencia. Ahora, ¿por qué no librar definitivamente a la mujer de su carga y traspasarla a las fábricas de hombres? Eso sería la culminación del sexo sólo como un pasatiempo, sin ninguna posibilidad de consecuencias, porque a la instalación de las fábricas seguiría, desde luego, una operación irreversible que anulara la función procreadora de la mujer.

Bien, ¡avance, brava tropa del progreso! Por fin han entendido cómo es la cosa y dónde hay un enemigo feroz. En ese simple hombre que quiere unirse a una mujer, con voluntad de permanencia y para tener hijos. Se han dado cuenta de que llamar familia a la “monoparental” es darle un nombre prestigioso a una tragedia: la pobre madre (o padre) que tiene que afrontar solo la crianza de los hijos. Y que llamar familia a la triste unión de dos “alegres” (gays) no es otra cosa que un juego de palabras.

La familia es y será siempre la misma, la construida por Occcidente sobre la base de la naturaleza humana. Por todo eso ahora van por más. Quieren culminar la utopía moderna con la abolición lisa y llana de la familia, pues mientras subsistan esos retrógrados matrimonios que dan culto a Dios y crían hijos en la fe, la modernidad no habrá triunfado del todo.

Aníbal D’Angelo Rodríguez