“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

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martes, 30 de agosto de 2011

DOSSIER - EL SACERDOTE EN EL CINE NORTEAMERICANO

EL SACERDOTE EN EL CINE NORTEAMERICANO


“Ofrecer el Sacrificio es la razón de ser del sacerdote”.
(Monseñor Marcel Lefebvre)


“Me permitiré formularos este interrogante: ¿cuál es la función esencial del sacerdote y por qué la estableció Nuestro Señor Jesucristo? (…) No dudo de que en vuestros corazones ya habéis respondido a mi pregunta con aquellas palabras escuchadas cuando la institución del sacerdocio: “Haced esto en memoria mía…”
La Iglesia ha creído y afirmado siempre que mediante esas palabras los Apóstoles recibieron la participación del sacerdocio de Nuestro Señor, es decir, del Sacramento del Orden. Palabras breves, ciertamente, ¡pero cuán cargadas de significado! “Esto”, “en memoria mía”.
-Esto: el Sacrificio de la Cruz continuado, perpetuado en su realidad física y mística; el Sacrificio de la Cruz continuado por el pan y el vino consagrados y transformados sustancialmente en Cuerpo y Sangre de Jesús.
-Esto: el Sacrificio de oblación incruenta de Cristo vivo, inmolado sobre la Cruz una vez para siempre y que continúa intercediendo por nosotros.
-Esto: este Cuerpo y Sangre de Jesús resucitado se convierten en alimento de su Cuerpo Místico: del Sacrificio de la Cruz proceden las gracias de que las almas de los fieles resuciten con el Bautismo, la Penitencia, la Extremaunción y todas las gracias de los Sacramentos. (…)
El sacerdote no tiene razón de ser ni sentido sino en el Sacrificio de la Misa. (…) Todo vuestro ser sacerdotal está hecho para continuar el Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo y en consecuencia, para llevar las almas a esa fuente inagotable de gracias para su santificación y su glorificación.
Como dice atinadamente el Padre Garrigou: “Así como el sacerdocio es la función sagrada por excelencia, el sacrificio, como su nombre lo indica, es la acción sacra por excelencia. No hay sacerdocio sin Sacrificio. No hay Sacrificio sin sacerdocio”. Entre ambos términos existe una relación trascendental, esencial. (…)
Disminuir, amenguar la expresión de nuestra fe en tales realidades que constituyen la esencia misma del sacrificio que nos legó Nuestro Señor Jesucristo puede llevar a las consecuencias más desastrosas, porque el Sacrificio de la Misa es el corazón, el alma, la fuente mística de la Iglesia”. (Mons. Marcel Lefebvre, Conferencia pronunciada en marzo de 1971 en el retiro sacerdotal de la “Asociación de Sacerdotes y religiosos San Antonio María Claret” de Barcelona).


“La vida del hombre no se puede concebir sin la presencia del sacerdote; él nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte; él bautizó nuestra alma, la purifica en el sacramento de la penitencia, la alimenta con la Sagrada Hostia, la ilumina con el catecismo y lo hace cada Domingo por el sermón; él celebra el Santo Sacrificio de la Misa que tanto necesitamos, él da la bendición a los esposos, él guía por sus consejos, todos los días reza por sus ovejas, y estará presente cerca de ustedes en el momento de su agonía y de su muerte”.
(“La vocación sacerdotal o religiosa”, R. P. Bertrand Labouche, FSSPX).


Olvide el lector todo lo que acaba de leer, por lo menos cuando se siente a ver una película norteamericana donde aparezca un sacerdote, ya que todo ello –salvo alguna que otra excepción- brilla por su ausencia. Como afirma otro sacerdote: “Hoy en día, el sacerdote se ha convertido en un animador, un asistente social, y a veces en un líder político. La dimensión sobrenatural de su misión pasa en silencio” (R. P. Bouchacourt, FSSPX).

En el cine yanqui el sacerdote llega a ser hasta un showman y, cómo no, siempre un contemporizador con las religiones que viven en el error. Al fin y al cabo, el cine norteamericano era ecuménico y debía ser visto con agrado por todos, fueran éstos católicos, protestantes o simples admiradores de las “estrellas” protagónicas. Nada de mostrar la Santa Misa, ni al sacerdote en sus rezos. Mucho más raro aún la predicación del Evangelio de Cristo. ¿Para qué? Es más divertido verlo cantando (jazz, no misa en latín) o dando de comer a los hambrientos, cosa que cualquiera puede hacer pero que acerca al cura más al sentido inmanente y socialistoide de la religión moderna. Otras veces sacará a los chicos de la calle…para volverlos unos perfectos ciudadanos creyentes del “americanismo”. Y no será raro verlo vestido como cualquier hijo de vecino, para asimilarse mejor a estos tiempos de apostasía. Hoy los curas con sotana aparecen sólo en los chistes blasfemos de Página/12.

Si para San Leonardo de Porto Maurizio la Misa es “nada menos que el sol del cristianismo, es el alma de la fe, el corazón de la religión de Jesucristo; todos los ritos, todas las ceremonias, todos los sacramentos a ella se remiten. Es, en una palabra, el compendio de todo lo que hay de hermoso y de bueno en la Iglesia de Dios”, la religión en el cine norteamericano puede pasarse sin ella, y, más allá de cómo y en qué circunstancias ubique al sacerdote, es capaz de presentar cincuenta años de la vida de un sacerdote sin mostrarlo jamás celebrando Misa, ni bautizando, ni rezando su Breviario, ni enseñando la doctrina, ni convirtiendo a los infieles, ni confesando, y a pesar de eso proponerlo como ejemplo del buen sacerdote (“Las llaves del reino”).

De manera que muy raramente el cine llamado “religioso” sabrá afrontar el misterio que encierra la vida sacerdotal. El americanismo ha pegado fuerte y el cine es reflejo de ese compromiso del catolicismo con el mundo, que en el norteamericano puede verse en su énfasis en la libertad religiosa, y en su optimista expansión exterior a través de la acción en detrimento de la contemplación, secularizando el verdadero cristianismo hasta disolverlo entre todas las religiones. Al respecto viene bien recordar estas palabras de San Pío X: “Indudablemente la compasión que mostramos hacia los pobres, aliviando sus necesidades, es muy encomiada por Dios, pero ¿quién negará que ocupa un puesto mucho más eminente el celo y esfuerzo que se endereza a instruir y a persuadir y de este modo colmar a las almas, no de los bienes pasajeros de la tierra, sino de aquellos que duran para siempre?” (Encíclica sobre la enseñanza de la doctrina cristiana, 15 de abril de 1905)

En fin, haremos un repaso somero pero creemos que bastante representativo de cómo la mentalidad liberal del católico americano, influido por los protestantes y los agnósticos, más el hebraísmo de las compañías productoras y la influencia de la masonería, ve al sacerdote a través del cine. Por supuesto, hay sus magníficas excepciones que es justo declarar, con los reparos correspondientes. Pero es interesante ver qué poca posibilidad había en el cine clásico –y casi nula hoy en día, salvo un muy inteligente camouflage- para abordar seriamente temas que al público católico bien formado –y por lo tanto bien dispuesto- podría interesar. Hitchcock, para mentar un caso, debía disfrazar su obra mediante el género de misterio o “suspenso” para así poder incluir una lectura profundamente moral que soportara la censura implícita del establishment hollywoodense. Hubo otros casos de films laterales donde podía darse el caso, pero siempre fuera de las autopistas más transitadas.

El balance, desde luego, es negativo, pero a esta altura nadie puede sorprenderse. Hemos limitado nuestro estudio al cine estadounidense en primer lugar porque es el cine por excelencia, nos guste o no, luego por ser muy vasto su campo de acción y, también, por su repercusión hasta el día de hoy, donde tales films cuentan con mayor accesibilidad que el cine clásico español, italiano o francés.

"Forja de hombres" (Boys Town) con Spencer Tracy, 1938. El cura como asistente social y la libertad religiosa para tener cualquier religión o "incluso no tenerla".

Spencer Tracy en "El diablo a las cuatro" (Mervin Le Roy, 1961). Buena película donde un sacerdote venido a menos recupera el sentido del sacrificio a raíz de la erupción de un volcán en una isla. Podría haber sido mejor con un director más talentoso y un poquito católico.
 
 
Bing Crosby en "Las campanas de Santa María", liberalismo católico de la mano de Mc Carey, con una monja moderna interpretada por Ingrid Bergman.



Gregory Peck en "Las llaves del reino", un cura que no celebra misa, no confiesa, no reza, no predica, y hasta se niega dos veces a convertir a dos hombres, uno de ellos en su lecho de muerte. Eso sí, de vez en cuando pone cara de buen chico y recita algun versículo sobre una pradera en China. Vergonzosa película de John M. Stahl.


El cura antiguo retrógrado y el nuevo cura moderno, canchero anticipándose al concilio: Bing Crosby en la exitosa "Siguiendo mi camino" (también llamado El buen pastor), de Leo McCarey.


Henry Fonda y Dolores del Río en "El Fugitivo" de John Ford. Un cura perseguido, timorato, inseguro, pero así y todo queda firme la figura del sacerdote como hombre de Dios. A Dios gracias no le permitieron a Ford ser más fiel en su película a la novela de Graham Greene.


Un cura que llega a Cardenal en "El Cardenal" de Otto Preminger, película ultraliberal muy recordada por su hermosa banda sonora. Democracia en la Iglesia.


Seguramente la mejor representación cinematográfica de un sacerdote en el cine americano: "Yo confieso" de Alfred Hitchcock, centrada en el secreto de confesión y la Pasión que sufre el cura como otro Cristo.


Frank Sinatra canta un poco vestido de cura en "El milagro de las campanas" de Irving Pichel, una película boba y sentimental, pueril y por momentos simpática. En el fondo perversa.


Dirk Bogarde hace de cura en "El angel vestido de rojo", de Nunnally Johnson (guionista también de Las llaves del reino). Película desarrollada en la España de la guerra civil, antifranquista y revolucionaria. Está todo dicho.


"Angeles con caras sucias" de Michael Curtiz. Una historia interesante con un final rebuscado y torcido. No convence. Se nota que el director no es católico.


Ward Bond es el cura en "El hombre tranquilo" de John Ford. Puesto en igualdad con el pastor protestante, son intercambiables.
 
Otra excelente demostración del catolicismo de Hitchcock: programa de TV "Alfred Hitchcock Presenta", episodio "The Horseplayer". El cura arrepentido (Claude Rains) pide perdón y consejo al obispo paternal y sensato, parecido en su figura a Mons. Fulton Sheen.



Bogart es un mercenario que se hace pasar por cura para salvar su vida, en una misión católica de China. Nadie se da cuenta. Finalmente descubierto, es tratado como un héroe. Nuevamente aparece el pastor protestante como un igual y hasta dando consejos a los católicos. Una estupidez increíble llamada "La mano izquierda de Dios", de Edward Dmytrick (que hizo una interesante película The reluctaint sant).
 
El cura de "Donovan's Reef", de John Ford, una figurita decorativa. Obsérvese el cementerio ecuménico que tiene junto a la capilla. Película vergonzosa.



"El Exorcista" de William Friedkin. No es del todo ortodoxa, pero muestra muy bien la corrupción del clero tras el concilio. El Padre Merrin está basado en Teilhard, ¿tal vez por eso es vencido por el demonio? Excelente película, concede mucho al espectáculo, seguramente porque Friedkin no comprende demasiado el problema teológico que plantea un resabiado de liberalismo como Blatty.


Donald Pleasence en "El príncipe de las tinieblas", de John Carpenter. Película maniquea, gnóstica, donde el sacerdote es más ignorante que el científico y finalmente legitima un sacrificio que no tiene final cristiano. Un disparate, ciertamente muy bien llevado por el maestro de los films de horror.


Robert De Niro es el sacerdote, Robert Duvall su hermano policía, en "Confesiones verdaderas" de Ulu Grosbard, 1981. Una historia muy interesante no muy felizmente resuelta por el director. Está bien mostrado el liberalismo de la Iglesia en USA.



Antonio Banderas en "The body", película judía anticristiana, realizada para difamar la Resurrección de Nuestro Señor, cuestionar la Sábana Santa y repudiar a la Iglesia.


"Los crímenes del Rosario", policial dirigido por Fred Walton. No tiene nada de religiosa, el cura que interpreta Donald Shuterland no aporta nada importante en cuanto cura, más bien parece estar a punto de dejar los hábitos detrás de una mujer que le hace la cabeza toda la película.


"La Misión" de Roland Joffé, otro director de izquierda y agnóstico puesto a filmar una historia católica. Sentimentalismo puro, poca convicción. El cura lleva la custodia con el Santísimo como avergonzado. Tendría que haberla hecho Mel Gibson, pero en esa época sólo era el policía Riggs.


El curita de "Gran Torino", del anticatólico Clint Eastwood, película controversial debido a su final. Nuevamente la figura del cura aparece deslucida, titubeante, sin bríos ni letras. Desde luego con muy buenas intenciones.


"La duda" de John Patrick Shanley, un cura sospechoso pero moderno. Una película que sólo siembra dudas, en un ambiente de los años '60 ya afectado por los cambios conciliares.


Tom Wilkinson en "El exorcismo de Emily Rose", una buena aproximación aunque un tanto oscura y deslucida a las pruebas que debe afrontar un sacerdote a raíz de un exorcismo.


Uno de los curas de Carpenter en "Vampiros". Éste es un reverendo hijo de... El otro es un curita debilucho y pusilánime al que el protagonista se la pasa insultando y pegando. Nuevamente el gnosticismo de Carpenter que usa a la Iglesia como él quiere.

Antonhy Hopkins realiza una excelente interpretación en la reciente "El Rito", película modesta pero claramente católica.

domingo, 18 de octubre de 2009

DOSSIER - PREVENCIÓN ANTES DE IR AL CINE


PREVENCIÓN ANTES DE IR AL CINE





“La vida del hombre creyente importa luchas constantes contra sus malas inclinaciones y contra las asechanzas del demonio, del mundo y de la carne. Quien no se dispone a guerrear, no espere la paz de su conciencia. La paz es una recompensa de luchas oscuras, continuas, y por momentos, terribles; no es un bombón de confitería.
Para nosotros importa más estar diez minutos de rodillas preparándonos para el combate interior, previo el examen de nuestras fuerzas y las de nuestros enemigos, que no una hora sentados en la butaca de un cine respirando el tufo de un salón perfumado. Los grandes hombres no se forjan en las delicias. La molicie es la herrumbre del honor. Predicamos sin cesar que la religión significa virtud, esfuerzo, sacrificio, trabajo personal continuo y perseverante”.
P. Virgilio Filippo

Como una declaración de principios, las palabras precedentes nos imponen una atenta deliberación antes de decidir acercarnos a ver una película. Preguntas que debemos saber respondernos: ¿Qué vamos a ver y por qué? ¿Qué vamos a buscar a la sala de un cine? ¿Vamos a buscar compañía, sabiduría, entretenimiento? ¿Vamos para satisfacer nuestra curiosidad, para complacer a alguien, para evitar pensar en nosotros mismos? ¿Buscamos la verdad, la belleza, el conocimiento? ¿Buscamos evasión de nuestros problemas, remedio a nuestra soledad, escape de la vida cotidiana? ¿Buscamos salir del mundo o ir a su encuentro? ¿Buscamos la verdad de Dios o aquello que lo ofende?
Ya referimos algunas de estas cuestiones en nuestros dos ensayos de este blog (“El cine como alimento”, “El cine como evasión”). Es aconsejable leer las consideraciones vertidas en la sección “La Iglesia y el cine”, además de los textos que volcamos a continuación, para que evitemos en lo posible las celadas tendidas por el mundo, y sepamos hacer uso de este tiempo que se nos ha dado para nuestra santificación, en este peregrinar del cual Dios no excluye las alegrías y los consuelos intelectuales de las manifestaciones artísticas, pero no como fines en sí mismos.

Referencias en torno a los libros pueden usarse sin mengua en relación a las películas, en lo textos que siguen. El método de Sardá y Salvany para distinguir las publicaciones liberales puede usarse también para el cine. Pero, como actitud preventiva y no de discernimiento absoluto, puesto que el conocimiento del lenguaje del cine también se hace necesario para que la mirada llegue a ser más penetrante en una a veces muy sutil falsificación. Si podemos, daremos en algún momento algunas pautas básicas para tener en cuenta a la hora de mirar atentamente una película. Ahora vamos a lo más urgente y posible para nosotros.


Hugo Wast: Vocación de escritor.

“Hay una regla segura –dice de Maistre- para juzgar los libros como los hombres, aun sin conocerlos: basta saber por quiénes son amados, por quiénes son odiados.

Este criterio es todavía mas seguro cuando los aplausos que se prodigan a un hombre o a un libro provienen de los enemigos de la idea que debiera tener aquel hombre o defender aquel libro.

Alármese, pues, cuando advierta que no suscita contradicción, porque es señal de que en alguna forma anduvo corto al cumplir su misión, tuvo miedo, pactó con el enemigo, enterró algún talento, se cuidó a sí mismo en vez de dejar a Dios que lo cuidara”.



R. P. Félix Sardá y Salvany: El liberalismo es pecado
[Lo que está entre corchetes es nuestro]

“La oscuridad es el gran auxiliar de la maldad. (...) De ahí el empeño constante de la herejía en envolverse entre nebulosidades. No hay gran dificultad en descubrir al enemigo que se presenta con la visera levantada, ni la hay en reconocer por liberales a los que empiezan de buenas a primeras a declarar que lo son. Mas esta franqueza no conviene ordinariamente a la secta. Así, pues, hay que adivinar al enemigo tras el disfraz, y éste es muchas veces hábil y cauteloso en gran manera. Añádese, además, que muy a menudo no es lince el ojo que lo ha de reconocer, se hace preciso, pues, un criterio fácil, llano, popular, para distinguir a cada momento lo que es obra católica de lo que es infernal añagaza del Liberalismo.
Sucede frecuentemente que se anuncia un proyecto, se da el grito de una empresa, se funda una institución, y el fiel católico no acierta a distinguir por de pronto a qué tendencia obedece aquel movimiento, y si, por consiguiente, conviene asociarse a él o más bien oponérsele con todas las fuerzas, máxime cuando el infierno harta maña se da en tomar muchas veces alguno o algunos de los colores más atractivos de nuestra bandera, y en emplear hasta, en ocasiones, nuestro usual idioma. (...)
El periódico que sale, la asociación que se establece, la pública fiesta a que se convida, la suscripción para la que se pide, [la película que se estrena] todo puede ser de Dios y puede ser del diablo, y lo peor es que puede ser del diablo presentándose, como hemos dicho, con toda la mística gravedad y compostura de las cosas de Dios. ¿Cómo guiarse, pues, en tales laberintos?
He aquí un par de reglitas de carácter muy práctico que nos parece pueden servir a todo cristiano para que en tan vidriosa materia ponga bien asentado el pie. [Dos primeros criterios muy importantes, el tercero que le agrego yo es aprender a ver cine].

1) Observar cuidadosamente qué clase de personas promueven el asunto. Es la primera regla de prudencia y de sentido común. Se funda en aquella máxima del Salvador: No puede un mal árbol dar buenos frutos. Es evidente que personas liberales han de dar de sí por lo común escritos, obras, empresas y trabajos liberales o informados de espíritu liberal, o por lo menos lamentablemente resabiados de él.[Puede haber excepciones, sí, pero eso es muy raro. En cine la cosa es más clara: Gibson en gracia de Dios y con Misa diaria realiza “La Pasión de Cristo”; Scorsese con su vida pecaminosa y fuera de la Iglesia, realiza “La última tentación de Cristo”]. Véase, pues, cuáles son los antecedentes de aquella o aquellas personas que organizan o promueven la obra de que se trata. Si son tales que no os merezcan completa confianza sus doctrinas, mirad con prevención todas sus empresas. No las reprobéis inmediatamente, pues hay un axioma de teología que dice que no todas las obras de los infieles son pecados, y lo mismo puede decirse de las de los liberales. [En cine sí se puede y se debe hacer, porque la película ya está en sí acabada]. Pero no las deis inmediatamente por buenas. Recelad de ellas, miradlas, miradlas con prevención, sujetadlas a más detenido examen, aguardad sus resultados.

2) Examinar qué clase de personas lo alaban. Es todavía regla más segura que la anterior.[En el caso de “Gran Torino”, por ej., algunas personas católicas la alabaron, pero los medios liberales y progresistas la colmaron de elogios, como siempre con este director. Dato sin duda a tener en cuenta, aunque no nos exime de nuestro examen]. Hay en el mundo actual dos corrientes, pública y perfectamente deslindadas. La corriente católica y la corriente masónica o liberal. La primera la forman, o mejor, la reflejan los periódicos católicos. La segunda la reflejan y materialmente la forman cada día los periódicos revolucionarios. La primera busca su inspiración en Roma. A la segunda la inspira la Masonería. ¿Se anuncia un libro? ¿Se publican las bases de un proyecto? [¿Se estrena una película?] Mirad si lo aprueba y recomienda y toma por su cuenta la corriente liberal. En este caso ya la obra o proyecto están juzgados: son cosa suya. [Pueden haber excepciones, pero en general esto se cumple cada vez más, por el hecho además de que los enemigos de la Iglesia tienen cada vez más poder en el cine y los medios de comunicación] Porque es evidente que el Liberalismo, o el diablo que le inspira, reconocen inmediatamente cuál cosa les puede dañar y cuál favorecer, y no han de ser tan necios que ayuden a lo que les es contrario o se opongan a lo que les favorece. Tienen los partidos y sectas un instinto o intuición particular, el cual les revela a priori lo que han de mirar como suyo y lo que como enemigo. Desconfiad, pues, de todo lo que alaban y ponderan los liberales. Es claro que le han visto a la cosa o su origen o sus medios o su fin favorables al Liberalismo. No suele equivocarse en esto el claro instinto de la secta. Más fácil es que se equivoque un periódico católico, alabando y recomendando por buena una cosa que en sí tal vez no lo sea mucho, que no un periódico liberal alabando por suya una obra de las varias sobre que se entable discusión. Más fiamos, a la verdad, del olfato de nuestros enemigos que del de nuestros propios hermanos. Al bueno, ciertos escrúpulos de caridad y de natural costumbre de pensar bien le ciegan a veces hasta el punto de que vea por lo menos sanas intenciones donde, por desgracia, no las hay.[Esto es lo que, a mi parecer, ocurrió con algunos católicos y “Gran Torino”] No así los malos. Éstos disparan desde luego, bala rasa contra lo que no se aviene con su modo de pensar, y tocan incansables el bombo de todos los reclamos a favor de lo que por un lado u otro ayuda a su maléfica propaganda. Desconfiad, pues, de cuanto os alaben por bueno vuestros enemigos.
Se nos figura que con estas dos reglas de sentido común, que más bien podríamos llamar de buen sentido cristiano, hay bastante, si no para dar fallo decisivo a toda cuestión, al menos para no tropezar fácilmente en las escabrosidades de este tan accidentado terreno en que andamos y luchamos los católicos de hoy. No se le olvide sobre todo al católico de nuestro siglo, que la tierra que pisa está minada por todas partes por las sectas secretas, que son las que dan voz y tono a la polémica anticatólica, y a las que inconscientemente se sirve muchísimas veces aun por los mismos que más detestan su trabajo infernal. La lucha de hoy es principalmente subterránea y contra un enemigo invisible, que rara vez se presenta con su verdadera divisa. Hay pues, que olerle, más que verle; hay que adivinarle con el instinto, más que señalarle con el dedo. Buen olfato, pues, y sentido práctico son necesarios más que sutiles cavilaciones y laboriosas teorías. El anteojo que les recomendamos a nuestros amigos no nos ha engañado a nosotros jamás.“Suelen a veces periódicos malos tener algo bueno. ¿Qué ha de pensarse de esto bueno que tienen alguna vez los periódicos malos? Ha de pensarse que no les hace dejar de ser malos, si es mala su intrínseca naturaleza o doctrina. Antes esto bueno puede, y suele ser, añagaza satánica para que se les recomiende, o por lo menos se les disimule, lo malo esencial que traen en sí. No le quitan a un ser malo su natural maldad ciertas cualidades accidentalmente buenas. No son buenos un ladrón o asesino, por más que recen cualquier día un Avemaría o le den a un pobre una limosna. Malos son a pesar de estas obras buenas, porque es malo el conjunto esencial de sus actos, es mala la tendencia ordinaria en ellos. Y si de lo bueno que hacen se sirven para más autorizar su maldad, viene a hacerse malo por su fin, hasta aquello mismo que en sí sería ordinariamente bueno”.
La prensa buena es la prensa íntegramente buena, es decir, la que defiende lo bueno en sus principios buenos y en sus aplicaciones buenas. La más opuesta a lo reconocidamente malo, oposita per diametrum, como dice San Ignacio en el libro de oro de sus Ejercicios. La que está al lado opuesto de las fronteras del error, la que mira siempre frente a frente al enemigo; no la que a ratos vivaquea con él, o no se opone más que a determinadas evoluciones suyas. La que es enemiga de lo malo en todo, ya que lo malo es malo en todo, aun en aquello bueno que por casualidad puede consigo traer alguna vez.



Del libro “X Y Z... DEL CINE” de Carlos A. Duhourq, S.J., Ediciones Paulinas, 1965.

PROBLEMAS MORALES DEL ESPECTADOR

1.El católico frente a la cultura cinematográfica.
“La posición actual positiva de la Iglesia frente al cine (televisión) no descarta la prevención contra sus peligros. Teniendo en cuenta la diferente formación de sus hijos y las diversas circunstancias de lugares y personas, ante el impacto de la imagen, brinda sus observaciones.
Constantemente, los católicos –por diversión, estudio o cualquier otra razón- se encuentran ante el hecho de ver un film. En conciencia ¿pueden verlo? Sí, si en conciencia pueden verlo...
El modo de formarse esa conciencia lo ofrece la Iglesia a través de sus calificaciones morales, como uno de los medios más seguros [esto ha quedado en el olvido]. En esto como en todo problema que afecta al individuo, es necesario que obremos movidos por un convencimiento personal, y no siguiendo un automatismo cómodo”.

2.Calificación moral de la Iglesia.
Pío XII en su encíclica “Miranda Prorsus” aclara en este punto:”...uno de los fines principales de la calificación moral, es el de ilustrar la opinión pública y educarla para que respete y aprecie los valores morales, sin los cuales no podría existir ni verdadera cultura, ni civilización...”
“Los juicios morales al indicar claramente qué películas se permiten a todos y cuáles son nocivas o positivamente malas, darán a cada uno la posibilidad de escoger los espectáculos de los cuales habrá de salir “más alegre, más libre y en su interior mucho mejor que cuando entró”; y harán que evite los que podrían ser dañosos para su alma...”

Criterios.O sea que la calificación moral, atiende a dos planos simultáneamente: el de la moral objetiva de la obra y el efecto que puede producir la misma sobre el público.
El primero es la referencia a unos valores inmutables; en cambio el segundo presenta mayores dificultades.
Por este segundo aspecto no es práctica la unidad de calificación con alcance mundial. A veces, dentro de un mismo país hay diferencias notables (la situación del público de Buenos Aires es diferente a la de Catamarca o Santa Cruz).
Pero, además, no solo entre jóvenes y adultos, sino también entre estos últimos habría que matizar.
(...)
Las mismas características del cine exigen que se tenga en cuenta lo propio del mismo en la apreciación de la obra bajo aspectos morales”.

Críticos.
“El crítico católico debe ante todo ser un verdadero crítico que sepa penetrar el misterio que el film revela mediante el mensaje de la imagen, y que sepa interpretarlo a la luz del mensaje evangélico sin violar en el juicio moral, el valor artístico”
(Franz Weyergans)


Hay muchos que van camino del peligro tonta y alegremente a ciegas, sin recordar que milicia es la vida del cristiano en este mundo, y que el enemigo suyo no descansa.

Obligación de informarse.
Sin embargo es necesario reconocer que el peligro que entraña la asistencia indiscriminada a cualquier cine, para un fiel común, puede ser muy grande.En ese sentido sería totalmente aceptable el enunciado de Haering, cuando una persona no tiene ninguna referencia para guiarse acerca del posible peligro de un film: “Es indudablemente pecado grave asistir a cualquier película que se proyecte sin informarse previamente acerca de su calidad, consultando la censura eclesiástica de las películas”(B. Haering: Ley de Cristo, I, pág. 626).

Hay muchos indicios actualmente que permiten un acercamiento previo a la moralidad previsible de la película: los actores, la propaganda, los comentarios, los juicios de críticos, ofrecen pistas a una persona que actualmente asiste con cierta periodicidad al cine.

El cristiano que sin necesidad, asiste sin informarse de la calidad moral del espectáculo, obra en forma imprudente.

Posible escándalo.
Se ha perdido, un tanto, el sentido verdadero del escándalo. Con la excusa de que “todos van” o “Fulano que es de la Acción Católica la vio”, la consulta a la calificación moral, parece cosa de timoratos retrógrados.
Conviene recordar que aun en el caso de que para mí, tal película no signifique peligro de ningún tipo, el concurrir a ella, puede ser ocasión de escándalo para otros.

Aunque a nosotros no nos afecte, en determinadas circunstancias tendremos que abstenernos “de carnes ofrendadas a los ídolos”.

Educación cinematográfica.
Hay que sacudir a los cristianos que conscientemente se entregan a este estado hipnótico con toda conciencia (o inconciencia). Voluntariamente se sumergen en un mundo onírico, en el que un instructor les dicta procedimientos y criterios, según su propio punto de vista.
Este es uno de los puntos más serios de la difusión actual del cine. Mientras que el espectador traslada su “yo” al actor, absorbe la personalidad y mentalidad de la pantalla.

Naturalismo.Aunque la carga erótica fuera menor, permanece en pie un peligro constante para la conciencia cristiana. El ateísmo o naturalismo del cine.
Se construye un mundo del que ha sido erradicado Dios y en el que no se lo necesita. Los valores religiosos se ignoran y en muchos casos no salen bien parados. El cine-comercio ha contribuido en gran parte a este enfoque. Un tipo de vida en el que no falta nada. Plenamente satisfecho de sí mismo. Con todas las ventajas materiales que se pueden desear y en el que todo sale bien o al menos termina bien.
El sufrimiento desaparece o está encubierto por un barniz rosado; eso explica que (el cine) aparezca como un paraíso a donde escapar para todos los que sienten el peso –a veces abrumador- de la realidad de cada día.
Los valores espirituales han de presentarse en toda la amplitud de que el realizador sea capaz en su arte. No hay que buscar emociones fáciles en los espectadores, sino contacto con un espíritu fuerte y auténtico; transmitir una fe vivida, hacerlo de acuerdo a los cánones artísticos del cine, respetando a un público que no quiere engaños o apariencias (“lavado de cerebro”) “sino el anuncio sin trampa de la verdad que libera” (A. Ayfré: o.c. pág. 150; Pío XII: Film ideal). En este campo hemos de ser más exigentes, enseñando a distinguir entre lo que es verdadero arte cinematográfico-religioso y lo que pretende ser o venderse como tal.

12. Integración cultural cristiana.
Educando el sentido estético de los espectadores superaremos problemas de impacto moral. Hay una gran solidaridad entre ambos campos: el de la formación cultural y moral.
Si es capaz, el cristiano espectador, de leer educadamente este nuevo lenguaje de las imágenes, penetrará mejor en la sicología de los personajes, admirará el arte de una presentación técnica impecable y podrá gozar de la combinación de un buen montaje, sin enredarse tanto en el golpe más superficial de una escena objetable.
No se trata de detenerse únicamente en perfecciones técnicas formales, sino a través de la comprensión de las mismas, llegar a calar en lo hondo de los problemas humanos que nos llegan en los modismos de una expresión moderna.El cine adquiere todo su valor de medio de comunicación, cuando podemos llegar hasta la fuente de donde brota como lenguaje. Cuando superamos la relativa oscuridad que presentan sus símbolos y entramos en comunión con el hombre que piensa, habla, sufre, vive, atrás de ellos.
Es evidente, por otra parte, que nuestra insistencia en la educación cinematográfica de los fieles no significa una mayor licencia y amplitud para asistir a espectáculos inmorales.
Se trata de disminuir el número de éstos y de llegar a capacitarse para realizar una mejor selección de los mismos, que realmente nos dejen, como decía Pío XII “más alegres, más libres y mucho mejores que cuando entramos”.
Para el cristiano es cuestión de conciencia valorar como corresponde estos medios y actuar frente a ellos de acuerdo a su vocación. Una vez, los cristianos salvaron la cultura al abrigo de los monasterios; esta civilización de la imagen espera también ser rescatada y no abandonada a la pendiente fácil.Más efectiva y cristiana será nuestra actitud si en lugar de contentarnos o lamentarnos en posiciones meramente moralistas externas, suscitamos y preparamos al cristiano de hoy y mañana, para animar esta creatura y darle el sentido de alabanza al creador junto con todas las demás.
Toda la creación espera la manifestación de la gloria de los hijos de Dios (Rom. 8,15).


Jaime Balmes: La Religión demostrada
P.: ¿Qué entiende usted por malos libros?
R.: Los que extravían el entendimiento o corrompen el corazón.
P.:¿Es muy peligroso el que los malos libros nos acarreen semejante daño?
R.: Sí, señor; son peores que las malas compañías, porque los tenemos a todas horas; el autor, cuya capacidad es, por lo común, muy superior a la nuestra, adquiere sobre nuestro espíritu mucho ascendiente, y acaba por arrastrarnos a sus errores, por más que al principiar la lectura nos hayamos prevenido contra su influencia.
P.:Pero entonces,¿no quedaremos sin ilustrarnos en muchas materias?
R.:No, señor; porque todo lo necesario para la verdadera ilustración se halla también en los libros buenos.
P.:¿Es verdad que la ilustración está reñida con la religión?
R.:Es un gravísimo error; la historia entera lo contradice: los hombres más sabios han sido religiosos; si ha habido alguna excepción, ésta no destruye la regla.



Mons. De Castro Mayer: Problemas del apostolado moderno.
“Ante el bien, se encuentre donde se encuentre, nuestra actitud sólo puede ser la que aconseja el Apóstol: probadas todas las cosas, tomad lo que es bueno. Frente al mal debemos igualmente obedecer el consejo del Apóstol: “no queráis conformaros con este siglo” (Rom. 12,2).
Sin embargo, conviene aplicar con inteligencia los dos consejos. Es excelente analizar todas las cosas y quedarse con lo bueno. Pero debemos tener presente que lo bueno es lo que está conforme, no sólo con la letra, sino también con el espíritu. Bueno no es aquello que favorece a un tiempo a la virtud y al vicio sino lo que favorece siempre y únicamente a la virtud. Así, cuando una costumbre no es reprobable en sí misma pero crea una atmósfera favorable al mal, la prudencia manda rechazarla”.

jueves, 24 de septiembre de 2009

DOSSIER

LIBERTAD DE PRENSA: MIL MILLONES DE MENTIRAS




El Gobierno miente. Clarín miente. Los Medios mienten.


“Como Satanás, que es su padre, el mundo es natural y forzosamente mentiroso. (...) Le es necesario vivir de mentiras, de oscuridades, de equívocos: mentiras y equívocos de acción, mentiras y equívocos de palabra. Esta libertad impía se ha llamado, pues, libertad de conciencia, libertad religiosa, libertad de pensamiento, libertad de prensa; pero, de hecho y verdaderamente de derecho, era la libertad de blasfemar.

Cardenal. Pie, Obispo de Poitiers.


“El Error antes que el Vicio es el que pierde a las Naciones. No existe más regla de reforma fructuosa que buscar la Verdad y predicarla a toda costa”

P. Guillermo Federico Le Play.


“La comunidad o la nación que peca contra la verdad, que pierde la reverencia a la verdad y el horror a la mentira, está perdida, dejada de la mano de Dios. ¿Y qué castigo más grande que éste, que el que se va de la Verdad, ella se queda y no lo sigue y él se va? ¿Adónde se va? “A las tinieblas de allá afuera” –dice Cristo. La Verdad no puede imponerse a sí misma por fuerza. Si no la aceptan, se retira. ¡Temed a la Verdad que se retira!”

P. Leonardo Castellani – San Agustín y Nosotros.


“Se puede decir que Dios no existe, que Dios es el mal; que la patria no tiene fronteras; que la bandera argentina nos dice menos al corazón que la bandera roja; que no es una honra el ser argentino, y todo esto se ha dicho ¡hasta en el Parlamento!, donde algún diputado llegó a afirmar que su patria era el país donde le daban de comer. Todo se puede decir, sin rubor ni miedo, porque aquí reina eso que llaman libertad de pensamiento y de prensa”.

Hugo Wast. “Año X”, 1960.

“...un país que ha consentido que lo nutran de mentira”.
P. Castellani, Romance de la pobre patria.


Lo dijo textualmente la Presidenta de esta pobre patria Argentina. Lo dijo desembozadamente, como quien se descuida un momento debido al hartazgo de tener que ser siempre hipócrita. Lo dijo con ese tono altivo y ramplón propio de la crápula que se supone impune ante un Dios en el que no cree. Lo dijo corroída por el temor a la crítica insoportable de no ser considerada democrática. Lo dijo y nadie dijo nada:

“La presidenta realizó en la ex ESMA un homenaje a los miembros de la Corte Interamericana de Derechos Humanos con motivo de conmemorase el 30 aniversario de su histórica visita al país en 1979.
Cristina dijo que pretende defender "la libertad para poder decir lo que uno quiere y piensa, aún cuando sea mentira". "Yo prefiero mil millones de mentiras antes de cerrar la boca de alguien: esta es la forma en la que entiendo la libertad y los derechos humanos", agregó.
(Diario La Capital, Rosario, 11 de septiembre de 2009)




Como una señal de su fe democrática, quiso demostrar a la opinión pública, en el fragor de la batalla por el control mediático, que es más democrática que cualquiera, la primera demócrata del país, una campeona de la democracia y los derechos humanos. Por eso descubrió lo que significa este maldito sistema de la “Democracia”: la Mentira.

La mentirosa, esta vez, dijo la verdad.

Y de una forma explícita dejó en claro -¿se dará cuenta su cabeza, debajo de los apliques de cabello tinturado?- que al poner en pie de igualdad la verdad y la mentira, otorgándoles el mismo derecho, le resulta indiferente la verdad o la mentira, en tanto el valor supremo resulta la libertad. Por lo tanto, ¿por qué uno ha de creerle a todo lo que dice, y no pensar que, si está permitida la mentira pública, no ha de estar permitida también la mentira de sus funcionarios y de su propio discurso? ¿Por qué se ha de privar de engañarnos, una persona que desprecia la verdad? ¿Es cinismo o es necedad lo que refleja un discurso tan vil?

Ya decía Antonio Caponnetto que “su mal es justamente la misología –el odio al logos- aquel envilecimiento de la inteligencia que denunciara Platón”. Y de ese desprecio por la verdad, ahora bien explicitado pues “la boca habla de la abundancia del corazón” (Mat. 12,34), nada tienen que decir los periodistas que tan abocados están en estos días a criticar al Gobierno y a la Presidenta. Y nada dicen porque su negocio es enriquecerse a costa de la verdad, su mayor enemigo. Por eso el que pide libertad para todo, es el ladrón y el mentiroso, no el hombre decente, que pide libertad para el bien y la verdad, porque sabe que si se dan derechos a la mentira ésta no tiene otro objeto más que ocultar, falsear y destruir a la verdad.

“Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn. 18, 37).

Son los mayores enemigos de Cristo los que se han de aprovechar de esta libertad otorgada por los “democráticos” para la mentira, como el caso de Lenín: “Hay que estar preparados para mentir, engañar, hacer operaciones ilegales, omitir o suprimir la verdad...” (Obras escogidas, Moscú, 3º edición, 1935, XXV, pág. 199, cit. en Cabildo Nº 83).
Y en medio de este desgarramiento del país entre poderes que disputan como hienas lo que el león les ha dejado, los Medios representan a un Sistema de dominación que no admite usufructuarios exclusivos ni permanentes, como los K.

Porque la guerra es por el poder: no está en juego la “Libertad de prensa” (es decir, la libertad para insultar a Dios).

Ahora bien, las potencias del desorden que deplora esta prensa liberal-masónica, esta prensa que editorializa sobre la necesidad de “consensos” y “previsibilidad del juego democrático” y la “defensa de las instituciones”, han sido creadas en gran parte con la prédica constante corruptora de los propios medios, que ahora permite esta posibilidad de que un gobierno democrático pueda salirse de la raya para ponerle límites a la prensa que ya no le es adicta o útil.

La subversión creada se les vuelve a los medios en contra. ¿Qué queda para el futuro sino una perversión más despiadada o la completa anarquía?

Se trata en el fondo de una disputa entre ladrones.

Ladrones que saben que para robar dinero antes deben robar la verdad, en nombre de la “libertad” y la”democracia”.

Y para eso deben tener el control de los medios masivos de comunicación. Medios de los que se sirve el padre de la mentira.

Actualmente, la prensa habla mal de Dios y del gobierno.

El gobierno quiere que hable mal de Dios y bien del gobierno.

Para lo primero, es decir, dar lugar a los enemigos de Dios, los Medios tienen la permisión irrestricta que les da el Gobierno, para lo cual son capaces de publicitar con toda “inocencia” no sólo al ya mundialmente comercializado Che Guevara, sino hasta al mismísimo Lenín, siempre de actualidad, como modelo publicitario de la rebeldía...


Para lo segundo, para que la prensa no moleste al gobierno, éste se acerca al mismo Lenín como ideólogo en las sombras de un proyecto de “Ley de Medios” democrática: “En primer lugar, se trata de la literatura del Partido y de su subordinación al control del Partido. Cada uno es libre de escribir y de hablar cuanto quiera, sin la menor cortapisa. Pero toda asociación libre (incluido todo partido) es también libre para arrojar de su seno aquellos de sus miembros que utilicen el nombre de un partido para propugnar puntos de vista contrarios a éste. La libertad de palabra y de prensa debe ser completa. Pero también debe serlo la libertad de asociación. Yo tengo la obligación de concederte, en nombre de la libertad de palabra, pleno derecho a gritar, a mentir y a escribir todo lo que desees. Pero tú tienes la obligación de concederme a mí, en nombre de la libertad de asociación, el derecho a concertar o anular una alianza con quienes se expresan de tal y tal manera. El Partido es una unión voluntaria, cuya disgregación, primero ideológica y luego material, sería inevitable si no se desembarazase de los miembros que sostienen opiniones opuestas a las del Partido.(...) La libertad de pensamiento y la libertad de crítica en el seno del Partido no nos harán olvidar nunca la libertad de agrupación en asociaciones libres que se denominan partidos” (V.I.Lenin.La organización del Partido y la literatura del Partido, 13 de noviembre de 1905).

Allí donde Lenín dice Partido, póngase Gobierno o póngase Medios. La disputa es la misma, como la táctica. No se prohíbe a nadie nada, ni siquiera que mienta, que diga “mil millones de mentiras” (Cristina), pues hay libertad absoluta. Pero, en cuanto un interés partidario o económico corre peligro, se prohíbe entonces actuar no en nombre de la censura, sino en nombre de las leyes democráticas. Aquel que coarta la libertad de asociación y de expresión pluralista de la sociedad, actúa contra el Partido o el Gobierno (que representan al Pueblo o la Sociedad), y por lo tanto debe ser prohibido. Se censura sin censurar, porque “la libertad de palabra y de prensa debe ser completa” (Lenín).

Así, si Fidel Castro decía “Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución, nada”, ahora, a imitación suya, se da a entender que “Dentro de la democracia, todo; fuera de la democracia, nada”.

De esta forma indirecta, bajo la bandera de los grandes valores, el supremo de los cuales es la Libertad, se instaura la mayor dictadura, la del silenciamiento de la verdad.

La Verdad, la gran discriminada en nuestra sociedad.

La Verdad que hace libres, sometida por los esclavos en nombre de la Libertad. Es el principio liberal que se impone a través de los amos del mundo para, en definitiva, hacer callar la voz de Dios y de la Iglesia Católica. No apunta a otra cosa la “libertad religiosa”, también suscripta obedientemente por Cristina antes de llegar a la Casa Rosada:
“América latina (...) va a defender la democracia, el derecho de las minorías, el derecho a pensar, vivir y orar al Dios que uno quiera” (Discurso ante el American Jewish Comitee en Washington. Clarín, 4 de mayo de 2007, en negritas en el original).

Es así como, si coincide con Lenín (financiado por banqueros norteamericanos en su revolución) en la búsqueda del control de los medios, coincide con Bush en defender los “valores de la libertad religiosa”:
“Hoy nuestros ciudadanos profesan muchos y variados credos y damos la bienvenida a toda religión (...) Mi administración trabaja con nuestros aliados y amigos en todo el mundo para avanzar los valores comunes y difundir los beneficios de la libertad en cada rincón del mundo” (George W. Bush, proclama del “Día de la Libertad religiosa”, 16 de enero de 2007).



Libertad de prensa y democracia

“La libertad de prensa es un presupuesto indispensable para el desenvolvimiento de una sociedad democrática” dice el Clarín en una editorial (4 de abril de 2008). Obvio.

“Cada lector de diarios o revistas es un cultor de la democracia”, dice ADEPA, o sea, Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (23 de diciembre de 2008). ¿Qué tal?

En los EEUU la libertad de prensa está garantizada, nos informan, por la primera Enmienda de la Constitución Estadounidense. Tanto los liberales capitalistas como los democráticos socialistas, reclaman ser defensores de la libertad de prensa. ¡Por supuesto!

Son los tan odiados capitalistas e imperialistas yanquis, denostados por esta dirigencia ”progre, nacional y popular”, los que defienden e imponen esta clase de libertades, como la “libertad de prensa”: “El rol de periodismo en nuestras sociedades es múltiple e insustituible: informar libremente a los ciudadanos y hacer que el ámbito de las ideas individuales y colectivas se mantenga activo y floreciente. Los medios son el sistema nervioso central de la sociedad de nuestro tiempo. Ese trabajo merece el mayor respeto y toda la protección, ya que nuestra capacidad para actuar como ciudadanos de manera fundamentada y responsable en una democracia depende de que los periodistas puedan llevar adelante su rol de informarnos libres de presiones o miedo. Nuestra libertad, como dijo Thomas Jefferson, depende de la libertad de ellos” (“Por la libertad de prensa”, Earl Anthony Wayne, embajador de los Estados Unidos, Clarín, 4 de mayo de 2009).


Así, en su concepto tan alto y pluralista de la libertad, Cristina es libre para no hacerle asco a ninguna clase de mentira:



“De su lugar excelso intentan despeñarle,
ellos, que se deleitan con la mentira”
(S. 61, 5)

Como muy democrática que es, Cristina siempre pretende salvar el pellejo escudándose en la voluntad de las multitudes, manejadas por los dueños de la libertad de opinar aunque sea “mil millones de mentiras”.


Como Nuestro Señor, así está hoy la verdad. Cristina, como Pilatos, prefiere mil millones de mentiras, porque como aquel preguntó sin esperar la respuesta,“¿Qué es la verdad?”, y, antes que verse reprobada por los poderosos y el populacho, prefiere lavarse democráticamente las manos. Flagelado por nuestros pecados, Jesucristo, que dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”(Jn. 14, 6), nuevamente es escarnecido públicamente por la máxima autoridad.



“Desafío a cualquier archivo, a cualquier memoria, que alguna vez haya habido tal libertad para hablar, criticar, oponerse a un gobierno como el que hubo durante la gestión de esta presidenta”, dijo con su habitual soberbia desde los Estados Unidos, sin mencionar que esos medios con tanta libertad fueron los que ayudaron a su marido y a ella a llegar adonde llegaron, precisamente por ocultar al pueblo sus trapisondas y embustes. Esos medios que, para ocultar el fracaso de la “democracia” , no dijeron que sólo 3 de cada 10 personas habilitadas para votar lo hicieron por esta presidenta, que sin embargo insiste en llamar a su gobierno “nacional y popular”, siendo que ni es popular ni nacional, pues pasa más tiempo fuera que dentro del país, sirviendo a los intereses de la gran usura.


La Palabra de Dios sabiamente describe a estos infames personajes que se repiten en todos los tiempos, para castigo de lo pueblos que no aman la verdad:

“En la boca del necio está el azote de su orgullo; mas a los sabios les sirven de guarda sus labios”
Prov. XIV,3.

“El justo aborrece la palabra mentirosa, el impío infama y obra vergonzosamente”
Prov. XIII,5.

“Prefieres el mal al bien
y la falsedad al lenguaje sincero”
S. 51,5.

“La lengua de los sabios hace amable la sabiduría, la boca de los fatuos profiere sandeces”
Prov. XV,2.

“Quien profiere la verdad, propaga la justicia, pero el testigo mentiroso sirve al fraude”
Prov. XII, 17.

“Si Dios fuera vuestro padre, ciertamente me amaríais a Mí, pues Yo nací de Dios, y he venido de Dios; no he venido de Mí mismo, sino que El me ha enviado. ¿Por qué, pues, no entendéis mi lenguaje? Es porque no podéis sufrir mi doctrina. Vosotros sois hijos del diablo, y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre. El fue homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad; y así no hay verdad en él. Cuando dice mentira, habla como quien es, por ser de suyo mentiroso y padre de la mentira”.
Jn. 8, 42-46.


Sobre la libertad de prensa:


Detengámonos a considerar lo que la Iglesia y los grandes pensadores han enseñado sobre la hoy puesta en “riesgo”, según los Medios, “Libertad de prensa”. De hecho, los demócratas que dicen que “la persistencia de los llamados “delitos de opinión” constituyen una rémora del pasado, por lo que su eliminación es parte de una deuda que el Estado tiene con la sociedad, en cumplimiento de preceptos constitucionales y pactos internacionales sobre libertad de expresión” (Clarín,21 de septiembre de 2009), esos que dicen representar y estar tan interesados en el bien de la sociedad, pusieron el grito en el cielo cuando alguien cuestionó los datos respecto de los “30.000 desaparecidos”, por no hablar del tabú tema del “Holocausto”, donde se trata al que se atreva a discutir el tema con datos, estadísticas y pruebas documentales por lo menos atendibles, de indeseables y delincuentes, marginándolos, estigmatizándolos y cerrando toda discusión al respecto. Desde luego, los delitos de opinión son algo perimidos, pero, en nombre de la “Democracia”, no pueden dejar que cualquiera opine, aunque más no sea lo que oficialmente se considera como “mentiras”. ¿Cómo, y las “mil millones de mentiras”? Ese es un número muy amplio, pero hay algunas mentiras que se exceden de esa cifra, por eso no son permisibles.

“Volvamos ahora un poco la atención hacia la libertad de hablar y de imprimir cuanto place. Apenas es necesario negar el derecho a semejante libertad cuando se ejerce, no con alguna templanza, sino traspasando toda moderación y todo límite. El derecho es una facultad moral que, como hemos dicho y conviene repetir mucho, es absurdo suponer que haya sido concedido por la naturaleza de igual modo a la verdad y al error, a la honestidad y a la torpeza. Hay derecho para propagar en la sociedad, libre y prudentemente lo verdadero y lo honesto, para que se extienda al mayor número posible su beneficio; pero en cuanto a las opiniones falsas, pestilencia la más mortífera del entendimiento, y en cuanto a lo vicios, que corrompen el alma y las costumbres, es justo que la pública autoridad los cohíba con diligencia para que no vayan cundiendo insensiblemente en daño de la misma sociedad. Y las maldades de los ingenios licenciosos, que redundan en opresión de la multitud ignorante, no han de ser menos reprimidas por la autoridad de las leyes que cualquiera injusticia cometida por fuerza contra los débiles. Tanto más, cuanto que la inmensa mayoría de los ciudadanos no puede de modo alguno, o puede con suma dificultad, precaver esos engaños y artificios dialécticos, singularmente cuando halagan las pasiones. Si a todos es permitida esa licencia ilimitada de hablar y escribir, nada será ya sagrado e inviolable; ni aun se perdonará a aquellos grandes principios naturales tan llenos de verdad y que forman como el patrimonio común y juntamente nobilísimo del género humano. Oculta así la verdad en las tinieblas, casi sin sentirse, como muchas veces sucede, fácilmente se enseñoreará de las opiniones humanas el error pernicioso y múltiple”.
(León XIII, Encíclica Libertas)


“Y junto a los escritos que propagan la impiedad y las malas costumbres, no podemos dejar de mencionar aquellos otros que difunden la mentira y provocan el odio. La mentira, abominable a los ojos de Dios y detestada por todo hombre justo, lo es todavía más cuando esparce la calumnia y siembra discordias entre los hermanos. Como aquellos maniáticos anónimos cuya pluma mojada en la hiel y en el fango hace desmoronarse la felicidad de la vida doméstica y la unión de las familias, así una cierta prensa parece haberse fijado el propósito de destruir, en la gran familia de los pueblos, las relaciones fraternas entre los hijos del mismo Padre celestial. Esta obra de odio se lleva a cabo algunas veces con el libro, con más frecuencia aún con los diarios.
(Pío XII)


“Lo que no responde a la verdad y a la ley moral, no tiene, objetivamente, ningún derecho a la existencia, ni a la propaganda, ni a la acción”.
(Pío XII, Alocución Ci Riesce a los juristas, 6 de diciembre de 1953)


“La libertad de la palabra y de la prensa es el pretendido derecho que cada cual tiene de decir y publicar todo lo que le agrade, bueno o malo. Esta falsa libertad es contraria a la ley natural, que no permite igualar el error con la verdad, el bien con el mal.
-Pervierte la inteligencia, porque pocos hombres tienen la facultad de dedicarse al estudio y distinguir un razonamiento de un sofisma.
-Corrompe el corazón, porque los hombres se sienten inclinados a aceptar fácilmente las teorías que favorecen o halagan sus pasiones.
La libertad de la prensa, concedida a los enemigos de la religión, de la moral y del orden público, es un azote terrible para la sociedad. El diario es un maestro cuya tiranía fatalmente sufre el lector; es un abogado poco leal, que seduce al pueblo con la mentira y la calumnia. La autoridad tiene el deber de no abandonar al pueblo a merced de hábiles embusteros.
(…) La prensa.- La francmasonería esparce profusamente sus monografías, sus libros, particularmente sus diarios malos y sus novelas y folletines. Si creyéramos a estos escritos, el liberalismo representa todo lo que hay de más bello, más noble, más grande: la libertad, la igualdad, la fraternidad, el progreso, la civilización, la ciencia, etc. La Iglesia, por el contrario, no representa sino lo que hay de más pequeño, estrecho e innoble: la tiranía, la esclavitud, la intolerancia, la barbarie, etc. Con estas mentiras, la mala prensa pervierte las inteligencias y corrompe los corazones.
-Todos los días explota en los diarios las faltas reales o imaginarias de los pastores de la Iglesia, para hacerlas recaer sobre la Iglesia misma y hacerla odiosa. En cuanto a sus beneficios, a sus obras de caridad, a sus numerosos ejemplos de virtud dados por sus sacerdotes y sus fieles, la prensa masónica guarda el más profundo silencio, y si habla es para negarlos, disminuirlos o ridiculizarlos.
-Con pretexto de ciencia ataca sin descanso las doctrinas de la Iglesia, ya negándolas, ya tratando de ridiculizarlas con la ironía y el sarcasmo. En el espíritu de los débiles y de los ignorantes va destruyendo pieza tras pieza todo el edificio de la fe católica.
-La masonería halaga los malos instintos con producciones inmorales y los levanta rabiosos contra la Iglesia que los condena. Es moralmente imposible que un lector asiduo de semejante prensa no se llene, a la larga, de toda clase de errores y prevenciones.
(En la vida pública)- Hay que emplear contra la masonería las armas que ella emplea contra la Iglesia. La prensa.- No comprar nunca diarios malos, y, sobre todo, no suscribirse a ellos.- Sostener la buena prensa con la influencia, los recursos, etc.”
(P. A. Hilaire. La Religión demostrada, 1933)


“Si continuáis la lectura de las actas de los Papas una después de la otra, veréis que todos han dicho lo mismo sobre las libertades nuevas nacidas del liberalismo. La libertad de conciencia y de cultos, la libertad de prensa, la libertad de enseñanza, son libertades envenenadas, falsas libertades. Porque el error es siempre más fácil de difundir que la verdad, es más fácil de propagar el mal que el bien. Es más fácil decir a la gente: “podéis tener varias mujeres”, que decirles “no tendréis más que una durante toda la vida”; ¡es más fácil en consecuencia establecer el divorcio como “contrapeso” del matrimonio! Igualmente, dejad indiferentemente a lo verdadero y a lo falso la libertad de obrar públicamente y con seguridad habéis favorecido el error a costa de la verdad.
Actualmente les agrada decir que la verdad hace el camino por su sola fuerza intrínseca y que para triunfar, no tiene necesidad de la protección intempestiva y molesta del Estado y sus leyes. El favoritismo del Estado hacia la verdad es inmediatamente tachado de injusticia, como si la justicia consistiese en mantener equilibrada la balanza entre lo verdadero y lo falso, la virtud y el vicio...Es falso: la primera justicia hacia los espíritus es favorecerles el acceso a la verdad y precaverlos del error. Es también la primera caridad: “veritatem facietes in caritate”: En la caridad, hagamos la verdad. El equilibrismo entre todas las opiniones, la tolerancia de todos los comportamientos, el pluralismo moral o religioso, son la nota característica de una sociedad en plena descomposición, sociedad liberal querida por la masonería. Ahora bien, los Papas de los cuales hablamos han reaccionado contra el establecimiento de tal sociedad sin cesar, afirmando al contrario que el Estado –el Estado católico en primer lugar- no tiene derecho a dejar tales libertades, como la libertad religiosa, la libertad de prensa y la libertad de enseñanza”.
(Mons. Lefebvre. Le destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar).


“La libertad de Prensa, corrupción de una santa verdad que se podría llamar “primacía del pensamiento”, es en la práctica hodierna simplemente “la patente al sofista”, la libertad de aprovecharse el (intelectualmente) fuerte del débil, la licencia para el muchachón de trompear al pibe. Esclavitud del pensar.”
(P. Castellani. Las ideas de mi tío el Cura, págs. 137-138)


“19-X-68 – Terminaron los festejos de la SIP (Sabandija Invisible Prepotente). Es un cierto armatoste masónico para defender la “Libertad de Prensa” en Hispanoamérica solamente, como está dicho. Discursazos, banquetazos y lambidas mutuas.
En castellano viejo “libertad de prensa” significa libertad de prensar para periódicos judaicos capitalistas (P.D.J.C.) por lo cual el armatoste no funciona en España, lo han armado los yanquis para uso de la mísera Sudamérica, Agustín Edwards, Agustín Edwards...
Ellos saben que el Monstruo Moderno Mundial (MMM) de la Prensa Prepotente (PP) no tiene nada que temer fuera de la espada; o sea el poder político en manos de un hombre honrado; por lo cual acorazan al monstruo con cotas hechas de baba y “conceptos” hasta que parece un mastodonte (MMMM). Y aun así temen.
Es horroroso pensar que un ignorante o un canalla anónimo escondido detrás de una o diez linotipos puede hacer pensar lo mismo en un momento dado a 40.000, 400.000 o 4 millones de hombres. O lo que quizás es peor, puede castrarles el pensar. Esto es lo que se quiere proteger con “sociedades internacionales”.
Para eso basta tener el dinero para los linotipos y la aquiescencia del gobierno; y por supuesto, de la Sabandija.
Es una de las bellezas apocalípticas de nuestra época.
Si la prensa es argentina, al gobernante argentino le toca moderarla y protegerla; y mantenerla independiente y honrada. Si el gobernante argentino se vuelve tirano, eso no lo arregla ni la SIP ni la SAP.”
(P. Castellani, Revista Jauja)


“28–X–69 – Asamblea de la SIP: sobre la “libertad de prensa en América”. La libertad de prensa es uno de los dogmas de la herejía liberal (...) La libertad de prensa consiste actualmente, dicho breve y mal, en que la prensa dañina sea libre y la prensa honrada no sea libre: es la libertad de perderse, que dijo León XIII. O sea, antiguamente NO había libertad de prensa porque no se podía hablar mal de Dios; ahora hay libertad de prensa porque se puede hablar mal de Dios, pero no del gobierno. (...) Son misterios de la religión moderna. La gente anda boquiabierta papando noticias inútiles que les ingurgita la prensa paquidérmica para tenerlos abobados y que no reflexionen”.
(P. Castellani Jauja N 36)


“Gracias al periodismo y a lo que dél depende, hay muchísimas mentiras sueltas y verdades encadenadas en la Argentina. Dicen que la mentira tiene patas cortas. ¡Cuernos! Tiene las patas cortas cuando no le ponen auto; ahora tiene auto y atropella por todo. Nos dan mentira y encima nos cobran por ella; la verdad está en un pozo, y hay que sacarla, y así resulta más cara que la mentira; y la gente se va a lo más barato.”
(P. Castellani. Sermón Domingo sexto después de Epifanía, Domingueras prédicas II)


“¡La libertad de prensa en América! Un mister Harris acusa bravamente aunque no brevemente a 5 naciones. La libertad de prensa en América es un comodín del capitalismo. Es la libertad para prensarnos”.
(P. Castellani. 25-III-69, Revista Jauja)


“Los hebreos tienen hoy en la Argentina mucho más patria que muchos de nosotros. Un escritor judío mediocre tiene en la Argentina donde escribir; yo no tengo donde escribir, aunque tengo, eso sí, libertad de prensa. No me importa por mí; al contrario, para mí es más cómodo. Me importa por la Patria.
Los judíos son dueños actualmente entre nosotros de los más poderosos vehículos de expresión; y los yanquis tienen el control de todos ellos. Si la Argentina no consigue rehacer la posibilidad de su expresión independiente, está lista como nación independiente”.
(P. Castellani. “Seis ensayos y tres cartas”).


“El hombre necesita la verdad más que el pan. No es lícito vender panes mezclados unos de harina y otros de cal con levadura de sulfato de cobre o sea pan con mejorador (capaz de producir parálisis infantil) como estos bárbaros mejoradores que pilló con las manos en la masa cuando era intendente don José A. Güiraldes. El pan debe ser de harina y basta. Y el panadero debe comprometerse a hacerlo de harina y tiene derecho a pedir ser recompensado y protegido contra los falsificadores. Y el falsificador tiene derecho a ser fulminantemente castigado, para que al menos salve su alma, si la tiene.

Hay que perseguir la falsificación de la verdad...

(...) Dijimos que la excusa siguiente: “Nosotros no hacemos sino vehiculizar información” es una falsía y una patente mentira. La información no está solo vehiculizada, sino dirigida, amañada, y si es preciso, fraguada. Se eligen las agencias, se hinchan y decoran (o mutilan) los telegramas, se les adoba el tono, se dispone el lugar de ellos, se los resume en tendenciosos titulares, se los condensa en editoriales y por último se invita a teorizadores a escribir estudios filosóficos o literarios que respondan al sentido del diario y hagan de marco teórico a su información. “La guerra de los titulares” llama Hugo Wast al reñidero de la actual bélica propaganda argentina. En suma, se monta y arma un grande y completo aparato de hacer opinar a la gente en este sentido y no estotro y ¡a eso se llama libertad de opinión! Ese aparato responde a un pilotaje invisible y está fuera de todo control nacional, político o no político. Máquina de rellenar mates, la han llamado los franceses, y es máquina digna de consideración atenta. Esta guerra con su desaforada propaganda ha hecho a los que piensan el servicio de ponerles ante los ojos patente esta máquina odiosa. Pero los que piensan no son todos.
¿Podría existir una prensa de mera información y no de opinión? Se puede concebir una prensa así, diarios de pura documentación indiscriminada, pero en el estado actual del mundo no existe a no ser en forma de revista científica o de prensa local o especializada. Siendo pues esto así, que toda prensa grandota está dirigida aunque finja ser libre ¿no es mejor que se sepa por quién está dirigida?, ¿y no es preferible que lo esté en todo caso por el gobierno nacional o por grupos nacionales que no por oscuros y temibles grupos económicos internacionales? Esto es lo que han pregonado y han ejecutado los dictadores europeos, que en esto no son tan enemigos de la libertad; y si lo son, han tenido bastante buenos maestros en los defensores de ella.
Para un católico cristiano la pregunta muchas veces equivale a ésta. La impartición de la verdad ¿es preferible que esté en manos de cristianos conocidos, aunque sean gobernantes, o de judíos desconocidos? La respuesta esplende, para mí al menos. La falsía de la libertad de prensa conduce al deseo de la dura verdad de la prensa estatalmente dirigida, hasta que se llegue a la verdad humana de la prensa corporizada.
(...) Chesterton decía que la libertad moderna consiste en que le puedes decir perro a Dios, pero guárdate bien de llamarlo perro al Comisario. Nuestra prensa sucia, encabezada por “Crítica” (...) tiene las manos libres para atentar contra la honra de una familia, de una orden religiosa, de una institución sagrada, de un pobre acusado, antes que el juez se pronuncie (...) tiene autorización para minar la decencia, la religión, las costumbres recibidas, el respeto a la autoridad, la educación de los niños y el sentido común del pueblo...Por hacer todo eso, gana millones el dueño, es respetado por las autoridades y cuando un accidente de auto lo libera de la amenaza de la tabes o la parálisis general (aunque no del juicio del Eterno) y lo reintegra a la naturaleza, entonces van a honrar su féretro personajes que se han consagrado públicamente al Corazón de Jesús, ¡y gracias doy yo al cielo todavía que no haya ido ningún Obispo por suerte! Para dexecrar el país habría que desenterrar sus huesos y quemarlos en la Plaza Principal frente al Fuerte, como lo haría si viviera don Juan de Garay.
(...) Opinión es una afirmación no cierta, basada en argumentos válidos mas no evidentes, opuestos a otros argumentos también válidos. Yo opino que las neurosis son psicosomatogénicas, otros doctores opinan que son todas psicogénicas, otros que son todas somatogénicas. Opinión no es cualquiera afirmación lanzada al aire porque sí, por charlatanismo o temeridad de botarate: eso es macaneo. No confundamos, pues, el derecho de opinar y el derecho de macanear, que es lo que hizo el liberalismo.
¿Quién tiene derecho a opinar? No todo hombre sobre todo tema, sino los entendidos sobre aquello que entienden. Sólo ellos deben tener una libertad de opinar que merezca consideración política.
(...) Quede pues solemnemente fijo que la libertad de expresar sus opiniones en el sentido sacro que el liberal dio a esta fórmula no existe; lo que existe es la obligación, para todos los capaces de pensar, de coadyuvar al hallazgo de lo verdadero y lo conveniente (primero); la obligación de todo buen gobierno de servirse de ellos, so pena de errores dañosos y después la fatal anemia y neurosis de la cual el régimen liberal perece (segundo); la obligación de todo poder humano de respetar en el hombre la pensadora, que es lo mejor que tiene (tercero); y en fin la obligación de ser tolerante un tanto con las charlas del hombre, que es charlero por esencia, mientras no vayan a lo intolerable. Eso es todo. La fórmula libertad de opinar, cuando se pasa de esta raya, es un solemne engañabobos. ¡Y un obispo en la Argentina, sale opinando públicamente que “la libertad es el don más grande que Dios ha hecho al hombre”!
(...) Por lo demás sabemos que los gobiernos llamados democráticos lo que hicieron fue fingir que hacían opinar a la masa acerca de finanzas o política internacional o todo lo que no entendía, para no dejarla opinar acerca del precio de las papas y acerca del aumento del salario, que es lo que entendía; y en definitiva hacer su antojo del modo más desaconsejable.
(...) Es que la libertad de vocear opiniones, y no sólo opiniones sino mentiras y calumnias manifiestas, necesariamente reduce al silencio al sabio y hace el juego del sinvergüenza. Donde muchos gritan, el sabio calla. En un régimen liberal la virtud y la sabiduría se vuelven paulatinamente un eautóntimoroúmenos: un castigo de sí mismas.

“La llamada libertad de imprenta es notada por la Iglesia Católica como error in fide, error en la fe, la calificación más cercana que existe a la herejía. No es propiamente herejía, mas eso no por una mayor posibilidad de conciliarse con la revelación cristiana, sino simplemente porque tal como apareció en los programas de los turbulentos reformadores del año 1848 y en los escritos de Hugo, Lamennais, Mazzini no parecía tocar directamente materia dogmática sino más bien asumir una actitud práctica. Pero esa actitud práctica, si bien se examina, implica en sí la negación de tres verdades teológicas de primera importancia, que son:
Negación de la Encarnación de Cristo, negación de la Caída Original, y negación de la dependencia Esencial del hombre –la cual a su vez implica en sus raíces, si ha de ser consistente, el ateísmo. He aquí pues por qué hace ya un siglo el apologista español Sardá y Salvany escribía un libro con el título “El liberalismo es pecado”.
(...) El libertinaje de proferir, o sea la falsa libertad de prensa (o el privilegio del macaneo) de las malicias del liberalismo no es la peor; pero es la última y en nuestro país la más peligrosa y más impostergable a remediar.
(...) Los que crean que hay que rehuir por todos los medios posibles las sangrientas y problemáticas soluciones por-catástrofe, deben concluir que es imposible seguir permitiendo en nombre de cualquier libertad, la mentira, la calumnia, la venalidad y la propaganda sofística a todo ente que posea una rotativa y bobinas, vengan de donde vengan. Un gobierno se suicida si esto cree, porque se pone al margen de la moral y aun paulatinamente en contra de ella. Cualquier gobierno razonable que no haya renegado la nacionalidad por la ideología puede crear sin dictadura ni sacudidas una ley de imprenta sobre el cimiento de estos principios indispensables:
1º Castigo de toda mentira impresa. La mentira entra en el concepto del bien público, más jurídicamente que la basura de las calles, la supravelocidad vial o los ruidos molestos. Los teólogos declaran a la mentira intrínsecamente mala y le encuentran una especial dañinez social, desde que ella falsea ese instrumento específicamente primero de toda sociabilidad, que es el lenguaje, envenenando así la función de lo que es el primer bien común de un pueblo. Toda mentira comprobable en los papeles públicos debía tener su multa, conforme a los grados de malignidad o perjuicio de ella, que son tres: mentira sacrílega o perjurio, mentira dañina o calumnia, mentira interesada o grupo. Queda aún la mentira fútil, que es permitida a los poetas.
2º Firma de los artículos. La prensa dictamina, opina y enseña acerca de las cuestiones más trascendentales, candentes o difíciles en el más irresponsable anonimato. Así como la mentira es vil, así el anónimo es despreciable.
3º Premio de la veracidad difícil. La veracidad es la razón de ser de la prensa. Pero la veracidad es una virtud –o sea una fuerza de hacer obras difíciles- y toda virtud tiene grados, y se estimula por el honor o reconocimiento que se le rinde. Las pretensiones actuales de la prensa viciosa de ser respetada como un magisterio, y honrada como un poder, ridículas como son en el caso del patente mercantilismo que la caracteriza, tienen un fundamento en la naturaleza de la función, por más radicalmente invertida que esté hoy día. Decir y propalar la verdad con la indispensable autoridad, oportunidad y prudencia es en efecto un altísimo oficio de gobierno, el oficio que los antiguos conocieron y practicaron con el nombre de consejo. ¿Por qué razón el gobierno que controla la balanza del almacenero y la densidad de la leche no va a controlar la veracidad de los periódicos?
4º Regulación estatal de toda la función prensa. Estamos en los tiempos de la economía dirigida. Si aún en el campo del aumento y conservación de los bienes materiales, groseros y vegetativos, en una sociedad realmente humana, la ley de la oferta y la demanda se ha revelado insuficiente y absurda, ¿qué será en el dominio mucho menos mecánico de las realidades morales?
El Estado es una sociedad completa lo mismo que la Iglesia en su propia esfera, nos enseña la filosofía. Un Estado que profesara dejar a un lado y no integrar en el organismo de su constitución misma la función de la impartición de noticias y opiniones, atentará contra su misma esencia y se verá obligado a arbitrios violentos o caprichosos. Si esto es teoría solamente o bien lo estamos viendo en práctica, los lectores pueden responder por sí mismos.
Sólo el principio corporativo puede zanjar completamente la difícil antinomia de la necesaria libertad de la inteligencia docente con su no menos necesaria integración dentro del bien común social. El periodismo, que al fin y al cabo es docencia de adultos deberá ser un día corporizado y obtener su propio Estatuto...”
(P. Castellani. Doll y la libertad de imprenta, “Proceso a los Partidos Políticos”, Buenos Aires, 1982)


“Es para llorar el espectáculo que presenta el país, mirado espiritualmente. El liberalismo ha suministrado a la pobre gente –no a toda, sino a la que no ama bastante la verdad- una religión y una moral de repuesto, sustitutivas de las verdaderas; un simulacro vano de las cosas, envuelto a veces en palabras sacras. ¡Qué es ver tanto pobre diablo haciendo de un partido un Absoluto y poniendo su salvación en un nombre que no es el de Cristo –aun cuando a veces el nombre de Cristo está allí también, de adorno o de señuelo-¡ Se pagan de palabras vacías, vomitan fórmulas bombásticas, se enardecen por ideales utópicos, arreglan la nación o el mundo con cuatro arbitrios pueriles, engullen como dogmas o como hechos las mentiras de los diarios; y discuten, pelean, se denigran o se aborrecen de balde, por cosas más vanas que el humo...Una vida artificial, discorde con la realidad, les devora la vida.”
(P. Castellani. Una religión y una moral de repuesto. Cristo, ¿vuelve o no vuelve?, págs. 278-279, Biblioteca Dictio, 1976)


“La prensa (empleo la palabra “prensa” para designar todos los medios masivos de comunicación) goza, naturalmente, también ella, de la mayor libertad. Pero ¿cómo usa esta libertad? Ya lo sabemos: guardándose bien de transgredir los marcos jurídicos, pero sin ninguna verdadera responsabilidad moral, si desnaturaliza los hechos y deforma las proporciones. ¿Acaso el periodista y su periódico son verdaderamente responsables ante sus lectores o ante la Historia? Cuando, por ejemplo, al publicar una información falsa o al sacar conclusiones erróneas, han engañado a la opinión pública o incluso han hecho dar un paso en falso a todo el Estado ¿acaso los hemos visto reconocer públicamente su culpa? No, evidentemente, porque ello hubiera ido en detrimento de la venta. En un asunto semejante, el Estado podrá dejar las plumas; en cambio el periodista se escapa siempre. Puede usted apostar que ahora, con renovado aplomo, escribirá lo contrario de lo que afirmó antes.
La necesidad de dar con firmeza una información inmediata, obliga a llenar los espacios en blanco con conjeturas, a hacerse eco de rumores y suposiciones que luego no serán desmentidos y permanecerán por lo tanto en la memoria de los lectores. Todos los días, ¡cuántos juicios apresurados, temerarios, presuntuosos y falaces, que obnubilan el cerebro de los oyentes, y allí se fijan! La prensa tiene el poder de falsificar la opinión pública, y también de pervertirla. Vemos así cómo corona a los terroristas con los laureles de Eróstrato, cómo revela asuntos secretos aún cuando pertenezcan a la defensa nacional, cómo viola impúdicamente la vida privada de las celebridades al grito de: “Todo el mundo tiene derecho a saber todo”. Es este un slogan mentiroso para un siglo de mentira. Porque por encima de este derecho hay otro, hoy perdido: el derecho que tiene el hombre a no saber, el derecho a que no llenen su alma creada por Dios con chismes, habladurías y futilidades. La gente que verdaderamente trabaja y cuya vida está bien ocupada, no necesita para nada esta ola pletórica de informaciones embrutecedoras.
La prensa es el lugar privilegiado donde se manifiesta esta precipitación y esta superficialidad que son la enfermedad mental del siglo XX. Se le ha prohibido ir al corazón de los problemas; no está para eso, sino para ofrecer fórmulas sensacionalistas.
Y, con todo eso, la prensa se ha convertido en la fuerza más poderosa de los Estados occidentales, más poderosa que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Sin embargo veamos: ¿en virtud de qué ley ha sido elegida y a quién rinde cuenta de su actividad? En el Este comunista, un periodista es abiertamente nombrado por el Estado, como todo funcionario. Pero, ¿qué electores han decidido que los periodistas occidentales tengan una posición tan preponderante? ¿Por cuánto tiempo la ocupan y cuáles son sus poderes?
Agreguemos por fin un rasgo inesperado para un hombre que viene del Este totalitario, donde la prensa está estrictamente unificada: si se toma en conjunto la prensa occidental, observamos cómo también en ella las simpatías se dirigen en bloque hacia el mismo lado (donde sopla el viento del siglo), juicios afirmados dentro de ciertos límites aceptados por todos, quizás también intereses corporativos comunes. Todo esto tiene por resultado no la competencia sino una cierta unificación. La libertad sin frenos es para la prensa misma, no para los lectores: una opinión sólo será presentada con cierto relieve y resonancia si no está demasiado en contradicción con las ideas propias del diario y con esa tendencia general de la prensa.
(Alexandr Solyenitsyn. El suicidio de Occidente, Ediciones Mikael, 1983)


“La voluntad de poderío, disfrazada de un modo democrático, ha llegado a su obra maestra, ya que el sentimiento de libertad se ve halagado por la misma técnica que le impone la servidumbre más completa que ha existido jamás. El sentido liberal burgués se enorgullece de haber suprimido la última barrera –la censura- mientras el dictador periodístico mantiene a sus rebaños de esclavos lectores bajo el látigo de sus artículos, telegramas e ilustraciones.”
(Oswald Spengler. “La decadencia de Occidente”, cit. por Hipólito Uzal en “Nación, sionismo y masonería”, Ed. Corregidor, 1980)


“No hay más tremendo sarcasmo contra la libertad de pensamiento. Antaño no era lícito pensar libremente; ahora es lícito hacerlo, pero no puede hacerse. Otro aspecto de esa libertad es que la prensa puede condenar a muerte una “verdad” ajena absteniéndose de comunicarla al mundo. Esta formidable censura del silencio es tanto más poderosa cuanto que la masa servil de los lectores de periódicos no nota su existencia.”
(Ibid.)


“Hoy en día, desgraciadamente, el 90 % de la población de nuestros países “cristianos” “PIENSA” lo que consume supra y subliminalmente en el material prefabricado por revistas y periódicos de orientación naturalista, anticristiana, voceros de los grandes centros plutocráticos de poder, que preparan un Universo de Hombres Domesticados para el Gobierno Mundial de los “Oneworlders”.
Ante el bombardeo de letra impresa, suciamente cargada de ideología, la actitud del cristiano debe ser proclamar los DERECHOS DE LA VERDAD. La única pedagogía “liberadora del oprimido” es la verdad. Y esto lo dijo Cristo.
Por otra parte, contra los neotecnócratas y sus campañas de “acción psicológica” -¡como si el hombre fuera un cobayo más!- el Rumiante afirma que la única “acción psicológica” auténticamente cristiana es la DIFUSIÓN DE LA VERDAD, “opportune et importune”, como enseña el Apóstol.
(Thomas McIan. Introducción a “Mentiras del mundo moderno” 8 /12/ 1976)


“Para evocar la persistente tendencia a corromper de los periódicos, nada mejor que citar una reflexión de James Fenimore Cooper. Aunque este autor vivió antes de la aparición de la prensa amarillista, me parece que consiguió resumir lo esencial de la situación, con una veracidad y elocuencia imposibles de superar, cuando en “El demócrata americano” señalaba: “Tal y como actualmente existe en este país, pareciera que la prensa ha sido expresamente diseñada por el agente supremo del mal para abatir y aniquilar todo lo bueno, y para enaltecer y promover todo lo nefasto en esta nación. Cuando por milagro fomenta alguna verdad, suele ilustrarla a través de alguna personalidad zafia, mermándola y viciándola. Por contraste, quienes se nutren de falsedades, falacias, enemistades, parcialidades y toda clase de intrigas, en la prensa han descubierto un instrumento que ni el mismo diablo hubiera soñado con inventar para defender su causa”.
Un siglo después, Huey Long pronunció una verdad políticamente incorrecta cuando dijo de su impuesto sobre los periódicos que era el “impuesto sobre la mentira”.
A la vista de esta realidad, ¿cómo no sospechar que podríamos vivir más pacíficamente y gozar de mejor salud moral si la institución periodística fuera lisa y llanamente suprimida? Jefferson observó en una oportunidad que sería preferible tener periódicos y prescindir del gobierno que lo contrario. Pero a sus setenta años, él mismo le escribía a John Adams: “He dejado los periódicos por Tácito y Tucídides, Newton y Euclides, y soy mucho más feliz”.
Los rusos, con su acostumbrado realismo lógico, que parece una solemne reconvención a la mentalidad occidental, han llegado a la conclusión de que la libertad para entablar conflictos no es una de las libertades legítimas. Razón por la cual han instaurado el control estatal del periodismo. Si lo único que saben hacer los periódicos es mentir, al menos que lo hagan en beneficio del Estado, lo que, siendo lo que es la lógica de Estado, es todo salvo mentir. Queda por ver, por cierto, si las democracias occidentales, con sus fuertes corrientes divisorias, podrán seguir permitiéndose una auténtica libertad de prensa. La verdad es que ya hay indicios, en algunas áreas, de que este tipo de libertad tiene los días contados.
El cambio comenzó a producirse con la sigilosa aparición de los encargados de prensa y relaciones públicas. Cada día más instituciones de todo tipo se convencen de que no deben dar acceso ilimitado a informaciones sobre su propia realidad, así que crean oficinas de publicidad y contratan a escritores hábiles en el manejo de la propaganda, a quienes encargan la elaboración y propagación de ficciones útiles para la empresa. Inevitablemente, este tipo de actividad al mismo tiempo supone el desempeño de labores de censura, destinadas a quitar hierro a informaciones perniciosas para la reputación del organismo, cuando no suprimiéndolas directamente. No cuesta nada, claro está, disfrazarla de servicio encargado de mantener al público debidamente informado, pero esto no cambia el hecho de que si lo que importa es la interpretación, controlar las fuentes es lo fundamental.”
(Richard M. Weaver. “Las ideas tienen consecuencias”, Ciudadela libros, Madrid, 2008)


“No existe tal cosa como una prensa libre. Ustedes lo saben y yo lo sé. Ninguno de ustedes se atrevería a escribir sus opiniones honestamente. El negocio del periodista es destruir la verdad, mentir sin rodeos, pervertir, vilipendiar, adorar a Mammon, y venderse a sí mismo, a su país y a su raza, para conseguir su pan diario. Nosotros somos instrumentos y vasallos de hombres ricos que se encuentran entre bastidores. Somos gatos saltarines; ellos accionan las cuerdas y nosotros bailamos; nuestros talentos, nuestras posibilidades, y nuestras vidas son la propiedad de estos hombres. Somos prostitutas intelectuales”.
(John Swinton, 1880).



LIBERTAD DE PRENSA: LAS FLORES DEL MAL


El diario ultraoficialista K, como siempre atacando a la Iglesia y defendiendo el "adelanto" de la corrupción y degeneración sexual, el revanchismo y el odio. De la banca judeo-yanqui Goldman-Sachs.

Para esto quieren la libertad de prensa.

El diario Clarín se acuerda siempre de Dios, ya sea en sus "chistes"...


...en su revista de "cultura"...


...o en su periódico deportivo. Desde luego, su insolencia y perversidad no quedarán sin su castigo.

“Creo, lector, que si Satanás hubiese de encarnarse en algo digno de su perversidad y de su odio a Dios y al género humano, encarnaríase en un mal periódico. Recorriendo con la imaginación lo mucho malo que sobre la haz de la tierra ha vomitado el infierno desde el pecado de Adán hasta las blasfemias de hoy día, nada encuentro tan diabólicamente corruptor como un periódico impío. Así deben de haberlo conocido también los enemigos de nuestra fe y de la felicidad del pueblo, cuando tan buena maña se han dado en llenar el mundo de esta funesta mercancía”. (R. P. Félix Sardá y Salvany)


Revista de los años '80, en plena "primavera democrática", de Ediciones de la urraca.


Aviso de la misma editorial (censurado por nosotros), revista Humor.De la urraca empezó a vender bien durante el Proceso. Cuando llegó el "Padre de la democracia" Alfonsín, no tuvo límites para su degeneración y salvajadas (Otras revistas: Fierro,Superhumor,Sexhumor,Humi,Caín,etc.)


“Los pobres tenían antes la defensa de no saber leer, se la hemos quitado: eran solamente analfabetos, los hemos hecho ignorantes.”(Castellani. “¡Frutos de la libertad!” en “Proceso a los partidos políticos, Bs. As. 1982)



“Se me hace que la prensa grande por eso anda tan entusiasmada con traer inmigrantes después de la guerra, aunque sean judíos: quiere tener más lectores. Pero después ¿qué les da a leer? Basura. Es decir, mentira. Dice San Agustín que la mentira es un vicio antisocial, ya que el error es el mal más grande del hombre. Como el monedero falso, el mentiroso ataca un bien común social, que es la expresión inteligible, sin la cual no habría sociedad; y por eso debe ser reprimido por la autoridad en los casos graves. San Agustín se oponía a que las autoridades romanas persiguiesen a los herejes donatistas en su diócesis de Cartago; porque decía que no se bautiza a la fuerza y que la Fe se persuade pero no se impone. Pero cuando le probaron que los donatistas hacían su propaganda a base de mentiras, soltó las manos y dijo: “Entonces ya no tengo nada que ver. Aquí entra el César”.
(P. Castellani. Prensa archivenal, Las canciones de Militis, pág. 208)



Dice esta publicidad del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, saludando a Clarín en su 60 aniversario: “Hace 60 años, en la provincia, no había televisión y casi nadie tenía radio. Pero había un diario, y una escuela para aprender a leerlo”. Como escribió Anzoátegui:“Su aspiración era que todos los habitantes supieran leer, aunque eso no les sirviera después más que para leer Crítica; que todos fueran alfabetos aunque resultaran todos analfabetos mentales.”
(Sobre Domingo F. Sarmiento, en “Vidas de muertos”, Editorial Tor, 1934)


“Los periódicos comenzaron para decir la verdad, y hoy existen para impedir que la verdad se diga.”(G. K. Chesterton. Ortodoxia)





La revista de los domingos de Clarín se caracteriza por ser especialmente impía. Este es un claro ejemplo:la tapa está diagramada con el fin de ofender a la Santísima Virgen. Su interior enfrenta el final de la nota con la imagen de una mujer casi desnuda con un velo blanco caído,como el que usa la Virgen para cubrirse...


La página del índice es significativamente perversa.Nótese la serpiente sobre la cabeza de la Virgen.



“Los pueblos dominantes, las naciones imperialistas –cualesquiera sean sus propias debilidades o particularidades morales, ideológicas o religiosas- aspiran a debilitar sistemáticamente a sus víctimas actuales o potenciales, a fin de poder ejercer su dominio sin resistencias. Y el más eficaz recurso para el debilitamiento integral de la personalidad es la acción disociadora sobre la moral y la cultura de los pueblos sojuzgados por ellos. “
(Walter Beveraggi Allende. “El Dogma Nacionalista”, 1969).




En otra revista Viva, una historieta perversa,destinada a atacar a la Iglesia y a la familia.La mujer malvada lleva una cruz al cuello.


En la misma revista, una mujer casi desnuda con una gran cruz sobre el pecho.





Programación televisiva de Canal 13 (Clarín).




El pecado a la orden del día.



Pero hay que defender la libertad de prensa...




El Ministerio de Educación instruye a través de los diarios sobre la sagrada libertad de prensa, como se ve en este aviso que trae “Actividades para reflexionar en familia y en la escuela”, encabezado por esta frase de Heinrich Heine: “Dondequiera que se quemen libros, más tarde o más temprano también se quemarán hombres” . Sabemos que el inmortal Cervantes no era de la misma idea, pues no tuvo empacho en hacer quemar muchos libros tras un escrutinio en el “Quijote” (caps. VI y VII). Por otro lado, ¿no fueron los liberales y democráticos yanquis que nunca queman los libros, los que quemaron a miles de personas inocentes con las bombas de Hiroshima y Nagasaki, lo mismo que en el Vietnam?



El neoyorquino Adrián Schwarz Kirzner, alias Adrián Suar, director de programación del canal 13, pésimo actor y hábil negociante que nunca hace nada por evitar que su odio judaico hacia el catolicismo aparezca en cuanta telenovela, unitario o programa produce o vende. Siempre hay por ahí un sarcasmo hacia los sacerdotes o un simpático curita progre, una actorzuela o vedette disfrazada de monja o una escena burda e indecente dentro de una iglesia. ¿Esto no es discriminación? Luego el productor y actor se muestra solidario. ¡Qué buena gente!




Más de la basura televisiva de Kirzner alias Suar.




Sin palabras...


Podría haber dicho que “amotinó” al mundo, que lo rebeló, porque el mundo es enemigo de Cristo, por lo cual ese impacto que sacudió al mundo dio impulso a esa reacción.
Además de dar la película con un único y grosero –por lo inesperado-corte publicitario en medio de la crucifixión de Cristo, la publicidad usa la palabra “movilizó” porque movilizar implica dos cosas:1. Una máquina, 2. Una masa humana. El diccionario nos informa que movilizar es poner en actividad o movimiento tropas, partidos políticos, capitales, etc. El hombre-masa, criado en “Democracia”, ya ha incorporado el concepto de “movilización”, sin saber bien para dónde lo llevan. El mundo, entonces, se movilizó para intentar atenuar o desviar los efectos de esta película que no le pertenece.




El afiche publicitario da “señales” de lo que allí se pretende: una imagen de Mel Gibson donde parece confundido o temeroso, y en el centro esta leyenda: “No mires al cielo buscando a Dios”. Y debajo: “Encontrarás otra cosa”.



Telefé (de Telefónica), no se queda atrás con sus ofensas a Dios y a la Religión católica. Esta es sólo una muestra de tantas.




La Verdad




“La obstrucción a la difusión de la Verdad es uno de los crímenes más grandes que se pueden cometer: es uno de los pecados contra el Espíritu Santo”.
P. Castellani, “San Agustín y Nosotros”.

“Sin embargo, hay que tener ánimo: cerrar del todo el paso a la Verdad no es posible, parece que Dios se arregla de modo que, quien tiene algo que decir al fin lo diga, fácil o difícilmente, aunque sea haciéndose pedazos; como San Pablo cuando dijo: “A la palabra no la pueden atar”.
P. Castellani Idem.

“La comunidad o la nación que peca contra la Verdad, que pierde la reverencia a la verdad y el horror a la mentira, está perdida, dejada de la mano de Dios. ¿Y qué castigo más grande que éste, que el que se va de la Verdad, ella se queda y no lo sigue y él se va? ¿Adónde se va? “A las tinieblas de allá afuera”-dice Cristo. La Verdad no puede imponerse a sí misma por fuerza. Si no la aceptan, se retira. ¡Temed a la Verdad que se retira!”


P. Castellani, Ib.


“La tarea principal del hombre es salvarse, y el hombre se salva por la Verdad. Cuando todo el mundo se preguntaba:¿Qué será del Imperio Romano?, San Agustín disputaba con los Académicos de Carneades acerca de la existencia de la Verdad”.


P. Castellani, Ib.


“No estimar al inicuo, aunque sea poderoso, es una gran señal de rectitud y de ese difícil desprecio del mundo que Jesús nos enseña tanta veces, especialmente cuando nos dice que “lo altamente estimado entre los hombres es despreciable a los ojos de Dios”


Mons. Straubinger, Com. al Salmo 14,4.


“La Verdad estaba entonces en el desierto: Juan dijo de sí mismo: “Yo soy la voz que clama en el desierto”. De suyo a la Verdad no le gusta estar en el desierto, pero la obligan a veces, la corren de la ciudad. ¿Quién la corre? La mentira entronizada. A la Verdad le gusta estar en las plazas y comunicarse con todos: “A mí me gusta andar entre los hijos de los hombres”, dice la Sabiduría en el Libro de los Proverbios, y eso hizo o trató de hacer Cristo -después; entonces la verdad estaba acorralada. Cuando la Verdad está acorralada en el desierto, entonces se pone brava. No es su lugar, está desplazada; y los que la desplazan a la Verdad son criminales.
Un peronista me dijo el otro día que yo estoy descontento del régimen liberal, y cuando vino un régimen antiliberal, el de Perón, también estuve descontento; parecería que soy descontento por temperamento. Me consuela que Juan Bautista estaba descontento de Herodes, de Pilatos, de Anás y Caifás, de los fariseos y de los saduceos; y Jesucristo después, lo mismo. Los dos tenían que refugiarse en el desierto, y si salían del desierto sabían que los iban a matar. Son situaciones en el mundo en que la Verdad está combatida y arrollada y la quieren matar; pero cuando matan al que la dice, la Verdad explota como una tonelada de dinamita y la nación que arrojó de sí la verdad se mató a sí misma.
Ustedes vienen a buscar la Verdad a la Iglesia y hacen bien: en la plaza no está, a pesar del Congreso Eucarístico de 1934; no corre ahora las calles: no está en la Radio, la Vídeo, el cine, los diarios, las revistas, las cátedras de la Universidad, ni los discursos de Balbín y Perette; dejar todo eso es ir a buscar la Verdad al desierto; las Iglesias mismas pueden llamarse el desierto: un 5% de la población de Buenos Aires oye misa y un 3% oye sermones; por lo cual es posible que el hacha esté en la raíz del árbol: pues la Verdad es dinamita. Si la Argentina está atrasada, como lo está, no es por causa de la raza, la religión o el clima (como dicen) ni por falta de inteligencia en los argentinos, sino porque la Verdad está desplazada y acorralada; desde la Independencia, el país está tragando una enorme cantidad de mentiras; las cuales hoy parecen ocupar todas las posiciones”.


P. Castellani. Domingo segundo de Adviento, “Domingueras prédicas”.


“Tenemos pues que defender los bienes de la cultura, la nacionalidad y la tradición cristiana; pero como quien ve que son perecederos, y no ve si Dios los ha condenado acaso desde ya a perecer: sin apoyar demasiado en ellos, sabiendo que Dios nos pide que luchemos, pero no nos pide que venzamos sino que no seamos vencidos. El que tiene mujer como si no tuviera mujer, el que tiene bienes como si no tuviera bienes, el que tiene patria como si no tuviera patria.
Y el bien nacional primero por defender es la libertad de expresión, sin el cual somos presa de la mentira y la oscuridad. La supresión de toda la prensa nacionalista unida a la máxima libertad para el resto de la prensa embanderada y comprada, aun la más guaranga, es un augurio siniestro para el país. Siniestro incluso para la religión, porque los que empiezan por amordazar a los patriotas, amordazarán mañana con la técnica ya hecha a los creyentes, si se pueden separar esos dos epítetos; y entonces la Iglesia deberá prepararse al martirio, anoser que descienda definitivamente, lo que sería horrible, al acomodo total del perro mudo.
El que se deja maniatar puede no pasar de cobarde; pero el que se deja sacar los ojos y la lengua, ése es idiota.
En suma, que esa palabra de San Pablo:”Noli Vinci a malo sed vince in bono malum” (“no te ahogue el mal, pero en bien ahoga el mal”) no significa propiamente que hay que hacer bienes a quienes nos hacen mal, lo cual no siempre es posible; sino más bien que hay que desarrollar y radiar la propia actividad beneficiosa de tal modo que el mal que nos infieren en vez de sofocarnos quede como sofocado o al menos amortiguado en la correntada segura y pacífica de nuestro propio raudal de vida”.


P. Castellani. “Seis ensayos y tres cartas”.


“Retirarse ante el enemigo o callar cuando por todas partes se levanta un incesante clamoreo para oprimir la verdad, es actitud propia o de hombres cobardes o de hombres inseguros de la verdad que profesan. La cobardía y la duda son contrarias a la salvación del individuo y a la seguridad del Bien Común, y provechosas únicamente para los enemigos del cristianismo, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. El cristiano ha nacido para la lucha”.


León XIII