“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

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jueves, 9 de julio de 2009

DOSSIER: TEILHARD DE CHARDIN, ANGEL FARETTA Y EL CINE

TEILHARD, FARETTA Y EL CINE




Enferma leerlo” (Castellani)




“Los Padres de la Iglesia, que con su celo y saber mantuvieron intacta la verdad de la fe, hicieron de la humildad el fundamento de su actividad. Sabiendo que estaban sujetos a error, repetían con San Agustín: “Puedo errar, pero nunca seré hereje”. La prudencia y la humildad no son menos necesarias en los estudios profanos que en los religiosos. Algunos pierden el contacto con la realidad en sus elucubraciones y desperdician su talento dedicándose a estudios que están por encima de sus fuerzas. Cicerón tiene razón cuando dice que no hay doctrina, por absurda que sea, que no haya sido defendida por algún filósofo. Por ello, el Apóstol afirma que “la ciencia hincha”, no porque sea mala en sí misma, sino porque el corazón humano es muy propenso al orgullo. Generalmente los más ignorantes son los que caen más fácilmente en el defecto de exagerar sus conocimientos y cualidades”.

Vida de los Santos de Butler – San Eusebio.


“Es muy lamentable ver hasta dónde llegan los delirios de la razón humana cuando está hambrienta de novedades y cuando, en contra de la advertencia del apóstol, quiere saber más de lo que conviene saber, cuando, con un exceso de confianza en sí misma, pretende buscar la verdad fuera de la Iglesia católica, donde se encuentra sin la más leve sombra de error”.

Gregorio XVI, cit. por San Pío X.


“No, ninguno que espera en Ti es confundido.
Confundido queda el que locamente se aparta de Ti”.

Salmo 24, 3:



Fue René Guénon quien tal vez –a raíz de su indudable talento- llevó más lejos la influencia de una corriente sincrética que se ha llamado “verdadero conocimiento metafísico”, es decir gnóstico, disfrazando de “tradicional” un pensamiento que iba a acabar, en nuestros días, en el más deplorable modernismo o progresismo religioso. Esclarecedor, para quien quiera ampliar sobre este tema, es el estudio Un gran iniciado: René Guénon (primera parte). Segunda parte

Otro de los pseudo-profetas de amplio predicamento, aunque en este caso de nulo talento literario, más bien alucinado y perturbador, es Teilhard de Chardin (masón y apóstata), otro a quien puede imputársele aquella enseñanza de Santo Tomás que dice: “La infidelidad tiene origen en el orgullo”. Nos referiremos a él teniendo en cuenta el desconocimiento (“ignorancia” puede sonarle muy fuerte a algunos espíritus no acostumbrados a revisar sus ideas) que entre quienes escriben o les interesa el cine hay acerca de sus escritos, sus ideas, su influencia. Dijimos en nuestra crítica sobre “Vampiros” (Ver: SOBERBIA) que la referencia de Ángel Faretta (*) –muy positiva- sobre Teilhard de Chardin es reiterada. De hecho donde más ostensible se hace es al encabezar su libro (donde hay cosas valiosas y estimables, por cierto) “Espíritu de simetría” (Editorial Djaen, 2007), libro en el cual nos menciona, en un tiempo donde aún no habíamos llegado a la ruptura con quien se nos reveló claramente como un falso maestro, munido de esteticismo refinado pero que no dejaba de brindar a sus alumnos unas “bagatelas filosófico-teológicas” -como afirmara Don Luigi Villa de Teilhard de Chardin- que casi todos sus discípulos tragaron sin el menor discernimiento. En honor a la verdad debemos, por lo menos, abordar con sentido crítico este ítem. No nos mueve otro propósito que esclarecer allí donde la oscuridad se aposenta, y nos resulta penoso, por cuestiones personales, el tener que hacerlo. Pero ante todo está la verdad, sin la cual, como afirmó Nuestro Señor, no seremos libres, y sí, por lo tanto, esclavos del error.

Tenemos en cuenta, además, que en por lo menos seis reseñas sobre el mencionado libro de Faretta–ya se trate de periódicos o la Internet- ninguno de los comentaristas toma en consideración la mención de Teilhard de Chardin en cuanto a su gravedad y significación respecto de las ideas farettianas. La penuria de sentido crítico dejó pasar el infortunio. Si alguien pudo pensar que se trataba tan sólo de una cita aislada y desafortunada, creemos que su reiteración en diversos escritos –no de la cita sino del “pensamiento” teilhardiano- puede ser tomada, como lo hizo un periodista de Ñ de Clarín, como “una declaración de principios y una guía”, aunque por cierto extremadamente confusa y propensa a crear confusiones. Otros repetidores son más ingenuos y, por lo tanto, por no saber discriminar, no llegan a ver el peligro que corren. Pero está claro que los desvaríos a que Teilhard ha llevado a sus seguidores (para decirlo en analogía cinematográfica, y sin exageraciones, a la manera del Sutter Cane de “En la boca de la locura”, pero con una posible salida feliz, si se la busca, no como en el desesperado y horrible film de Carpenter) son tanto perjudiciales cuanto impermeables a todo esclarecimiento, cuando las evidencias de una posible ruina espiritual se manifiestan por obra de la caridad al embarullado.

Voces autorizadas –sólo unas pocas- nos hablan de este delirante pseudo-profeta que fue Teilhard. Estudiosos a los que debemos dar gracias por habernos ahorrado la enfermiza experiencia de sondear en los abismos de sus libros, donde el Error corre a sus anchas y, como león rugiente, busca a quién devorar. Voces que dan la Verdad de manera clara e inteligible, porque, al decir del Cardenal Newman: “Cuanto más profundo es el pensamiento, más simple es la palabra”.


Sobre Teilhard de Chardin


“… podemos decir que al margen de los muchos motivos de confusión que derivan del carácter de sus obras y de su extraña y complicada historia humana, lo cierto es que su obra no puede ser considerada como sostenible ni científicamente, ni filosóficamente ni teológicamente”
(Don Luigi Villa, “Teilhard de Chardin”)


“Un Pseudo misticismo, nebuloso y ambiguo, que se evade de los problemas reales con un aura poética, también ella, decadente”.
(Don Luigi Villa, “Teilhard de Chardin”)