TEILHARD, FARETTA Y EL CINE
“Enferma leerlo”
(Castellani)
“Los
Padres de la Iglesia, que con su celo y saber mantuvieron intacta la verdad de
la fe, hicieron de la humildad el fundamento de su actividad. Sabiendo que
estaban sujetos a error, repetían con San Agustín: “Puedo errar, pero nunca
seré hereje”. La prudencia y la humildad no son menos necesarias en los
estudios profanos que en los religiosos. Algunos pierden el contacto con la
realidad en sus elucubraciones y desperdician su talento dedicándose a estudios
que están por encima de sus fuerzas. Cicerón tiene razón cuando dice que no hay
doctrina, por absurda que sea, que no haya sido defendida por algún filósofo.
Por ello, el Apóstol afirma que “la ciencia hincha”, no porque sea mala en sí
misma, sino porque el corazón humano es muy propenso al orgullo. Generalmente
los más ignorantes son los que caen más fácilmente en el defecto de exagerar
sus conocimientos y cualidades”.
Vida de los Santos de Butler – San Eusebio.
“Es muy
lamentable ver hasta dónde llegan los delirios de la razón humana cuando está
hambrienta de novedades y cuando, en contra de la advertencia del apóstol,
quiere saber más de lo que conviene saber, cuando, con un exceso de confianza
en sí misma, pretende buscar la verdad fuera de la Iglesia católica, donde se
encuentra sin la más leve sombra de error”.
Gregorio XVI, cit. por San Pío X.
“No,
ninguno que espera en Ti es confundido.
Confundido
queda el que locamente se aparta de Ti”.
Salmo 24, 3:
Fue René Guénon quien
tal vez –a raíz de su indudable talento- llevó más lejos la influencia de una
corriente sincrética que se ha llamado “verdadero conocimiento metafísico”, es
decir gnóstico, disfrazando de “tradicional” un pensamiento que iba a acabar,
en nuestros días, en el más deplorable modernismo o progresismo religioso.
Esclarecedor, para quien quiera ampliar sobre este tema, es el estudio Un gran iniciado: René Guénon (primera parte). Segunda parte
Otro de los pseudo-profetas de amplio predicamento,
aunque en este caso de nulo talento literario, más bien alucinado y
perturbador, es Teilhard de Chardin
(masón y apóstata), otro a quien puede imputársele aquella enseñanza de Santo
Tomás que dice: “La infidelidad tiene
origen en el orgullo”. Nos referiremos a él teniendo en cuenta el
desconocimiento (“ignorancia” puede sonarle muy fuerte a algunos espíritus no
acostumbrados a revisar sus ideas) que entre quienes escriben o les interesa el
cine hay acerca de sus escritos, sus ideas, su influencia. Dijimos en nuestra
crítica sobre “Vampiros” (Ver: SOBERBIA) que la referencia de Ángel Faretta (*) –muy positiva- sobre Teilhard de Chardin es reiterada. De hecho
donde más ostensible se hace es al encabezar su libro (donde hay cosas valiosas
y estimables, por cierto) “Espíritu de
simetría” (Editorial Djaen, 2007), libro en el cual nos menciona, en un
tiempo donde aún no habíamos llegado a la ruptura con quien se nos reveló
claramente como un falso maestro, munido de esteticismo refinado pero que
no dejaba de brindar a sus alumnos unas “bagatelas
filosófico-teológicas” -como afirmara Don Luigi Villa de Teilhard de Chardin- que casi todos sus discípulos
tragaron sin el menor discernimiento. En honor a la verdad debemos, por
lo menos, abordar con sentido crítico este ítem. No nos mueve otro propósito
que esclarecer allí donde la oscuridad se aposenta, y nos resulta penoso, por
cuestiones personales, el tener que hacerlo. Pero ante todo está la verdad, sin
la cual, como afirmó Nuestro Señor, no seremos libres, y sí, por lo tanto,
esclavos del error.
Tenemos en cuenta, además, que en por lo menos seis
reseñas sobre el mencionado libro de Faretta–ya se trate de periódicos o la
Internet- ninguno de los comentaristas toma en consideración la mención de
Teilhard de Chardin en cuanto a su gravedad y significación respecto de las
ideas farettianas. La penuria de sentido crítico dejó pasar el infortunio. Si
alguien pudo pensar que se trataba tan sólo de una cita aislada y
desafortunada, creemos que su reiteración en diversos escritos –no de la cita
sino del “pensamiento” teilhardiano- puede ser tomada, como lo hizo un periodista
de Ñ de Clarín, como “una declaración de principios y una guía”, aunque por
cierto extremadamente confusa y propensa a crear confusiones. Otros repetidores
son más ingenuos y, por lo tanto, por no saber discriminar, no llegan a ver el
peligro que corren. Pero está claro que los desvaríos a que Teilhard ha llevado
a sus seguidores (para decirlo en analogía cinematográfica, y sin
exageraciones, a la manera del Sutter Cane de “En la boca de la locura”, pero
con una posible salida feliz, si se la busca, no como en el desesperado y
horrible film de Carpenter) son tanto perjudiciales cuanto impermeables a todo
esclarecimiento, cuando las evidencias de una posible ruina espiritual se
manifiestan por obra de la caridad al embarullado.
Voces autorizadas –sólo unas pocas- nos hablan de este
delirante pseudo-profeta que fue Teilhard. Estudiosos a los que debemos dar
gracias por habernos ahorrado la enfermiza experiencia de sondear en los
abismos de sus libros, donde el Error corre a sus anchas y, como león rugiente,
busca a quién devorar. Voces que dan la Verdad de manera clara e inteligible,
porque, al decir del Cardenal Newman: “Cuanto
más profundo es el pensamiento, más simple es la palabra”.
Sobre Teilhard de Chardin
“… podemos decir que al margen de los muchos motivos de
confusión que derivan del carácter de sus obras y de su extraña y complicada
historia humana, lo cierto es que su obra no puede ser considerada como
sostenible ni científicamente, ni filosóficamente ni teológicamente”
(Don Luigi Villa, “Teilhard de Chardin”)
“Un Pseudo misticismo, nebuloso y ambiguo, que se evade
de los problemas reales con un aura poética, también ella, decadente”.
(Don Luigi Villa, “Teilhard de Chardin”)

