“Es, por tanto, una de las necesidades de nuestro tiempo vigilar y trabajar con todo esfuerzo para que el cinematógrafo no siga siendo escuela de corrupción, sino que se transforme en un precioso instrumento de educación y de elevación de la humanidad”

S.S. Pío XI



“Que el cine sea ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, y sirva eficazmente para la extensión del Reino de Cristo sobre la Tierra”.

S. S. Pío XII

sábado, 21 de noviembre de 2009

CRITICA






EL HOMBRE QUE SABIA DEMASIADO
Director: Alfred Hitchcock (1956)


EL MEJOR INSTRUMENTO


Como siempre en Hitchcock, se da esta disputa: el hombre común –mas, el hombre y la mujer, juntos- que vive complaciente con una realidad que de repente se muestra en su lado oscuro y trastoca esa aparente tranquilidad en que vivía. Es el asalto del mal en su vida, el cual le infiere un saber sobre la realidad que no puede comunicar a los demás o que éstos son incapaces de aceptar (véase, p. ej. “La ventana indiscreta”).

Un mal que se presenta en principio bajo apariencia de bien, un mal multiplicado en entes falsos que el protagonista irá descubriendo (con estupor y dolorosamente) para seguir vivo. Hitchcock nos muestra el desengaño, él mismo busca desengañarnos (el cine, postula en “La ventana indiscreta”, puede servir para mero regodeo libidinoso o para descubrir una verdad –la verdad- de la que somos parte), desengañarnos, decimos, de las apariencias. La única desconfianza que debemos llevar es la que combate al mundo, la que nos hace “prudentes como serpientes”, no obstante mostrarnos “mansos como palomas”.

Tenemos acá, en esta obra magistral, al médico que deberá ir más allá de su oficio (en Marrakesh bromeaba acerca de las facilidades de su trabajo, que le permitían tales viajes), porque ahora sólo puede proporcionarle a su mujer una píldora que no calmará toda su angustia ante el secuestro de su hijo; el médico deberá dejar lugar al hombre. La esposa, cantante retirada, deberá ir más allá del ocasional recital a los seguidores de siempre –éstos en actitud idólatra, por tal, ajenos a la realidad-, para, trascendiendo el mero placer auditivo, hacer de ese canto un símbolo cuya otra mitad completará su hijo: una vez recuperada la unidad familiar por el solo canto, la unidad física será concretada.

Por otro lado están los falsificadores, los “truchos”, a saber:

-el falso turista francés amigable;
-la falsa pareja de turistas ingleses;
-el falso cura (es decir, el protestante es un impostor);
-los falsos amigos (ya que no sospechan ni participan de lo que le pasa a la pareja protagónica) a quienes no se puede confiar la verdad;
-el falso oyente del concierto, en realidad el asesino;
-el falso asistente del embajador, que planea el crimen;
-el falso peligro, en lo del taxidermista.

Nada es lo que parece, excepto la angustia que arrastra a la pareja (magnífica) James Stewart-Doris Day. Es notorio el contraste entre la situación extrema que viven ellos dos y el jolgorio frívolo de los mundanos que los reciben a su llegada a Inglaterra.

También es notorio el contraste entre el canto exánime y apagado de la “iglesia” y la cantata en el concierto con su gran coro: la vida y la muerte comentadas. La negación en el caso tenebroso del templo protestante, y la afirmación de la vida –que tal es la música- en el concierto que dirige el gran Bernard Herrmann.

Digamos una vez más que el peligro está en los que usurpan un lugar de prestigio o autoridad (diplomático, sacerdote, amigo). La policía, como siempre en Hitchcock, es inútil, no puede con sus métodos dilucidar un mal que debemos afrontar por nosotros mismos en la piel de los protagonistas.

Apuntemos además que están muy bien retratadas la mujeres, vale decir, la mujer, a partir de la relación con el hombre y con el niño. Hay una afirmación de lo femenino en el hecho de que finalmente la mujer sin hijos de la embajada ayude a liberar al chico. Por otra parte, la intuición de la esposa, el deseo de saber, la curiosidad femenina se dan desde un comienzo en el personaje de Doris Day, donde conocer significa decidir, tomar una posición. Si hay alguien a quien el menor engaño destruye, precisamente por esto, pero a la vez fácil de ser engañada en su confianza bien dispuesta, tal es la mujer.

Otro personaje hitchcoquiano (como el recordado Mr. Memory de “Los 39 escalones”): el hombre que toca los platillos en el concierto, que aparece inocente por completo a la cadena de acontecimientos que va a desencadenar. Excelente muestra de la forma en que todas las cosas están interconectadas en la gran trama de la vida, sólo posible de ver a la distancia y desde arriba.

El mejor instrumento d este concierto es la voz humana, que se impone a la multitud y salva una vida. Para Hitchcock, también, el mejor instrumento es el cine, capaz de llegar en cimas como ésta a un orden que finalmente se muestra y se impone por sobre todo intento de engañarnos.

EXTRA CINEMATOGRAFICAS

¿QUÉ ACTITUD TENER FRENTE A LA IMPIEDAD?

Por Monseñor MARCEL LEFEBVRE
Carta pastoral, Dakar, 24 de febrero de 1949.
En Revista Iesus Christus nº 39, Mayo/Junio de 1995.



Frente a los hechos horribles que acontecen en Hungría, Rumania, Siberia, China; ante la impiedad y el odio del Santo Nombre de Dios, que son las causas profundas, ¿cómo no serían profundamente consternadas nuestras almas cristianas? No pasa un día sin que conozcamos matanzas y deportaciones de gente de bien, de todos aquellos que, por la palabra o por los actos, se consagran a Dios y al prójimo.

Pero la reciente encarcelación del cardenal Mindszenty, Primado de Hungría, su juicio, los abominables tratamientos que le propinaron, su condenación, ilustran de manera terrífica lo que millares de seres humanos han sufrido y sufren todavía por haberse exhibido como los defensores de la civilización.

Frente a semejantes crímenes contra la humanidad, ¡es imposible a toda alma bien nacida permanecer indiferente!

Dios nos dice por la boca del profeta Isaías: “Encorvar la cabeza como el junco y tenderse sobre saco y ceniza, ¿a esto llamáis ayuno, día acepto a Yahvé? El ayuno que Yo amo consiste en esto: soltar las ataduras injustas, desatar las ligaduras de la opresión, dejar libre al oprimido y romper todo yugo, partir tu pan con el hambriento, acoger en tu casa a los pobres sin hogar, cubrir al que veas desnudo, y tratar misericordiosamente al que es de tu carne” (Is. 58, 5-7).

¿No sería, en efecto, faltar a la más elemental caridad hacia nuestro prójimo desviar los ojos de estos sufrimientos y no preocuparse por ellos? Porque estas desgracias parecen todavía lejos de nosotros, ¿podríamos fingir no conocerlas?

En cuanto a nosotros, queridísimos hermanos, en nombre de todo el clero y en nombre vuestro, hemos participado a nuestro Santo Padre el Papa nuestro dolor, nuestra respetuosa y filial afección en estas circunstancias, tan trágicas para la suerte de la iglesia húngara, y tan emotivas para la Iglesia entera y para su cabeza venerada.

Frente a este desborde de impiedad, de odio de Dios, de desprecio por todo lo que el ser humano puede tener de más sagrado, ¿cuál debe ser nuestra actitud?

1º.-Vengar el honor de Dios por medio de una vida cristiana más intensa.
2º.-Reparar los pecados de los impíos por medio de una vida de penitencia.
3º.-Trabajar con todas nuestras fuerzas para instaurar el reino de Nuestro Señor Jesucristo en la sociedad civil y familiar, para evitar que semejantes males no caigan sobre nosotros y sobre nuestros hogares.

1º.-Vengar el honor de Dios por medio de una vida cristiana más intensa. “Que no haya, pues, para vosotros –dice nuestro Santo Padre el Papa-, para vuestros sacerdotes y para los fieles confiados a vuestro cuidado, nada más urgente que suscitar una rivalidad de celo para defender este Nombre de Dios que las potencias angélicas veneran temblando. Levantando el estandarte del Arcángel San Miguel y repitiendo la aclamación: “¿Quién como Dios?”, oponed a aquellos que insultan la Majestad Suprema la más enérgica voluntad de afirmar, de amar, de predicar el Nombre de Dios”.

Por la adoración, rendid a Dios las alabanzas que los impíos tendrían que ofrecerle; la adoración es, en efecto, el acto de religión más perfecto que el hombre pueda presentar a su Soberano Señor. Pero es necesario, aún más, que ese acto no sea puramente exterior. Que todo hombre, toda familia, toda sociedad, honre de esa manera externa a su Divino Autor, es justicia; pero nosotros, que no dudamos un instante en rendirle ese culto, debemos especialmente agregar la adoración interna. “Viene la hora –dice Nuestro Señor a la Samaritana-, y ella ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; tales son los adoradores que desea el Padre” (Jn. 4,23).

Esta adoración interior, más exactamente llamada devoción, debe poner nuestras almas en una actitud de oración que, según Santo Tomás, “es una actitud de sujeción delante de Dios, para testimoniarle que no somos nada delante de Él, autor de todo bien”.

Que vuestra vida cristiana no sea una vida superficial, sino una vida profunda, que tome todo vuestro ser para entregarlo a Dios en toda su actividad, en todas sus preocupaciones.

“¡Oh, cuán benigno y suave es, oh Señor, tu espíritu que lo llena todo” (Sap.12,1).

En la práctica, queridos hermanos, os invitamos insistentemente a frecuentar vuestras iglesias, a deteneros en ellas algunos momentos cuando la ocasión se presente. El cardenal Mercier pensaba que un alma que se recoge cinco minutos en el curso del día para pedir con toda sinceridad y confianza al Espíritu Santo de guiarla, de fortalecerla, de llenarla con sus dones, puede estar casi segura de su salvación.

¡Cuánto se ve facilitada esta oración, salida del fondo del alma, por la presencia de la Eucaristía en esos oasis de recogimiento y de silencio que son nuestras iglesias!

2º.- A la oración y a la alabanza, agregaremos la vida de penitencia. Nuestro Santo Padre el Papa nos pide, a partir de este tiempo de Cuaresma, retomar la abstinencia de todos los viernes del año. Aceptemos esta ligera penitencia con espíritu de fe y agreguemos nuestras limosnas, nuestras privaciones de cosas superfluas.

Con la paz, por muy relativa que sea, vuelve una cierta prosperidad; esta prosperidad, más aparente que real, facilita los placeres, las distracciones, y permite, desgraciadamente, satisfacerse a las pasiones. De allí a olvidar a Dios y a descuidar nuestros deberes para con Él, no hay más que un paso, fácil de franquear.

La riqueza en las manos virtuosas y caritativas es una fuente de numerosos méritos; la riqueza al servicio de un alma dominada por los sentidos es fuente de libertinaje descarado, de enceguecimiento del espíritu. ¿No es, acaso, el espectáculo que nos presenta el mundo y los que siguen sus máximas perniciosas?

Mis queridísimos hermanos, en el curso de este tiempo de penitencia, sepamos mostrarnos reservados y discretos en las fiestas y reuniones. Así lo dice San Pedro: “Sed sobrios y estad en vela; vuestro adversario el diablo ronda, como un león rugiente, buscando a quien devorar” (I Pe. 5:8).

No olvidemos que la virtud de templanza es la condición necesaria de las otras virtudes y que descuidar el ejercicio de esta templanza equivale a apegarse a los bienes de este mundo y oscurecer el espíritu respecto del conocimiento de las cosas de Dios.

Cumpliendo estas penitencias, prepararemos nuestras almas para gustar las alegrías que Dios dispensa en gran número durante los días que preceden a las fiestas pascuales; estaremos mejor dispuestos para sacar provecho de las prédicas que nos sean dirigidas.

Finalmente, atraeremos la misericordia de Dios sobre los impíos y los blasfemos, que manifiestan odio tan grande a su Santo Nombre.

3º.- A la oración y la penitencia, agregaremos un celo infatigable, explotado en el amor de Nuestro Señor, por el establecimiento de su reino en la sociedad civil y familiar.

Todo hombre sensato y leal, frente a los males que nos abruman y que abundan particularmente en ciertos países, podrá rápidamente reconocer la fuente de estas calamidades en el olvido y la negación oficial de Dios por parte de las sociedades y, muchas veces, de los hogares.

“En efecto, una vez suprimido Dios –decía recientemente Nuestro Santo Padre el Papa-, el menosprecio de las cosas de Dios hace del hombre despojado de su dignidad espiritual el vil esclavo de las cosas materiales y suprime incluso radicalmente todo lo que representan de belleza la virtud, el amor, la esperanza, la vida interior.
“Suprimiendo la religión y desterrando a Dios, ninguna sociedad civil podrá jamás subsistir. Puesto que solamente los principios sagrados de la religión pueden equilibrar con justicia los derechos y los deberes de los ciudadanos, consolidar los fundamentos del Estado, regular por medio de leyes bienhechoras las costumbres de los hombres y dirigirlos con orden hacia la virtud. Lo que escribía el más grande orador romano (“Vosotros, pontífices, defendéis la ciudad más seguramente por la fuerza de la religión que sus murallas por la suya”-Cicerón, De. Nat. Deor.,III,40) es infinitamente más verdadero y más cierto cuando se trata de la doctrina y de la fe cristiana. Que todos aquellos que tienen las riendas del Estado reconozcan, pues, estas verdades y que en todo lugar la libertad que le es debida sea rendida a la Iglesia, de tal manera que, sin estar impedida por ninguna traba, pueda esclarecer con la luz de su doctrina los espíritus de los hombres, educar bien a la juventud y formarla en la virtud, reafirmar el carácter sagrado de la familia y penetrar con su influencia toda la vida humana. De esta acción bienhechora la sociedad civil no tendrá que temer ningún daño; antes bien, al contrario, ella obtendrá grandísimas ventajas. Pues entonces, estando reguladas las relaciones sociales con justicia y equidad, la condición de los indigentes realzada como es necesario y restablecida según la dignidad humana, las discordias por fin apaciguadas y los espíritus pacificados por la caridad fraterna, tiempos mejores podrían felizmente surgir para todos los pueblos y para todas las naciones, como Nos lo deseamos ardientemente y lo pedimos por fervientes oraciones”.

Lo que Nuestro Santo Padre el Papa desea debe ser el voto más ardiente de todos los cristianos, y todos deben buscar realizarlo con ardor, persuadidos de que, trabajando en la extensión del reino de Nuestro Señor trabajan por la grandeza de la sociedad y de la familia, y descartan otro tanto los males espantosos que se precipitan sobre los pueblos cuyos gobernantes han renegado de Jesucristo y aniquilaron toda religión.

Por lo tanto, mis queridísimos hermanos, os suplicamos rezar, hacer unir las manos de vuestros hijos en una oración familiar, ser asiduos a la oración pública en nuestras iglesias; os conjuramos a entregaros a una vida de penitencia, y contamos con vuestro celo para que el reino de Dios venga y que su voluntad “se haga así en la tierra como en el cielo”.

En fin, terminamos participándoos un deseo expresado por el Soberano Pontífice en estos términos: si el ateísmo y el odio de Dios constituyen una falta monstruosa que mancha nuestro siglo y le hace temer justamente espantosos castigos, la sangre de Cristo contenida en el cáliz de la Nueva Alianza es un baño purificador, gracias al cual podemos borrar este crimen execrable y, después de haber pedido perdón de los culpables, hacer desaparecer las consecuencias y preparar la Iglesia para un triunfo magnífico.

Mientras meditábamos estos pensamientos, nos pareció oportuno que, el domingo de Pasión de este año, ustedes y todos los sacerdotes fuesen autorizados e incluso exhortados a celebrar una segunda Misa, que será la Misa votiva para la remisión de los pecados.

Que los fieles, que, en razón de los vínculos que unen entre sí a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, deben siempre participar de las tristezas y de las alegrías de la Iglesia, acudan a vuestro llamado en el mayor número posible a los pies de los altares, y que, apreciando como conviene la importancia y la gravedad del motivo que los reúne, ofrezcan a Dios con más ardor sus súplicas y sus oraciones.

No dudamos que todos harán con el mayor fervor lo que les pedimos y que ofrecerán también a Dios súplicas y votos a fin de que, una vez alejados los males, el soplo de la caridad celestial venga a renovar todas las cosas en Cristo para colmar felizmente el deseo de la paz.

IMAGENES


DIA DE FIESTA Dirigida por Jacques Tati en 1947

Cómo no hay que hacer el reparto “a la americana” cuando se es europeo.


Tatischeff lo mira todo con alegría, es decir, vitalidad, aún lo que parece destinado a la nostalgia. Al contrario de Bresson, que construye un artificio de sonidos que se notan agregados, Tati se complace en no privarnos de la intimidad que nos deparan el canto de los pájaros, los cacareos de las gallinas, los lejanos ladridos de los perros, el zumbido de una abeja molesta, el cascabelito de una bicicleta, el murmullo que sale de la boca de los personajes, que nunca se encierran en sí mismos y eluden toda posibilidad de psicologismo. La mirada de Tati es un poco la del pintor que visita este pueblo, que parece estar en todas partes, sólo observando calmadamente, para alejarse finalmente con su pintura a otra parte. Pero su pintura no es naturalista ni impresionista, sino sencillamente humana, sin ismos discordantes con la amabilidad hacia las cosas que su mirada sugiere.
Todo tiene vida en este film, todo es parte de lo que pasa; una vida sencilla, pintoresca, que con elegancia, simpatía y cierta ironía, nos la muestra el director y protagonista. Pienso en Robert Walser al registrar esta mirada de lo pequeño e insignificante. Es un respeto por las cosas, una caridad residuo de una tradición –de una mirada trascendente- que supo tener Europa debido al Cristianismo. Es esa deliberada atención a lo insignificante que el cine argentino quiso y quiere imitar inútilmente, porque lo hace sin amor y sin dolor, sin talento y sin tradición, cayendo siempre en el nihilismo. Tati retrata también el final de una época y de una mirada.
Contra el apuro, Tati se complace en la demora gozosa, los gags limpios e inocentes, visualmente exactos, bien ejecutados, bellamente encuadrados.. Su personaje está al margen, como decisión, pero tal vez también como imposibilidad. Tal vez porque eso es lo que al europeo le ha dejado el imperialismo (que no Imperio) norteamericano.
El blanco y negro y la hermosa música contribuyen a hacer que el film parezca un sueño; está hecho con la observación de la realidad, pero nada se le parece en la realidad. Nada se le parece, es cine.

FESTEJOS


SOCIALES: FESTEJOS
Se realizó recientemente, en horas de la noche, una pequeña festichola con motivo de cumplirse seis meses de vida de este blog. La misma tuvo lugar en un hotel en las afueras de este país. Se cursaron invitaciones por correo convencional, por lo que estimamos que debido a esta negligencia de nuestra parte, la mitad de las invitaciones no llegaron o llegaron tarde. En fin, que bastó con la escasa presencia de prominentes invitados para que el agasajo fuera inolvidable. A continuación presentamos un informe fotográfico inédito, cedido por nuestro paparazzi y concurrente a la fiesta Mariano G. Pérez.


El Sr. Hitchcock en una de sus habituales apariciones por este blog.

Algunos de los invitados disfrutan de un buen champagne.

Otro buen muchacho que tuvo la gentileza de brindar con nosotros.
Hubo algún joven desubicado que pretendió conformarse con un vaso de leche...



Mientras damas deshinibidas daban rienda suelta a su compulsión por las buenas bebidas.

Pero hubo quienes pusieron las cosas en su lugar y corrigieron a los descarriados.

Además de los retratados, honraron con su presencia en la planta baja del lujoso hotel los Sres. (por orden de aparición) Willy Van Kooten, Imbronius, los Hermanos Acólitos, Dotor Q., el Profesor Pérez Arnedo (de incógnito), APUrado, entre otras luminarias de bajo consumo. Se interpretó al finalizar la “Marcha Radetzky”, entre efluvios de camaradería viril y brindis espontáneos que cauterizaron toda la rigidez germana del anfitrión Alexis Sebástian.
Tras salir el último festejante las puertas se cerraron pesadamente, y con un estentóreo comunicado se les solicitó a sus organizadores no reincidir en el festejo.
Desde el asiento trasero de un remis le fue contestado:”Lo concedo”.

NOTA - EL PREMIO DE LOS PAPANATAS

EL PREMIO DE LOS PAPANATAS
(O el arte en la Era Democrática)





Una nueva entrega del “prestigioso” (¡!) Premio Clarín de Novela ha engalanado la cultura democrática.

Con un jurado encabezado por el infeliz e infame de José Saramago (que deliberó con los otros jueces en videoconferencia, desde su propio y remoto infierno), esta vez la ceremonia de entrega del premio –premio que además de la publicación de la novela consiste en un cheque por la suma de cien mil pesos ($100.000.-) y no sabemos qué clase de pactos con el demonio-, tuvo como atractivo extra un sorteo entre los concurrentes a la cita.

“Un regalo especial”, como dijo el matutino, y vaya si lo es. ”Se trata –sigue informando el Clarín- de la fotografía “La bella papa”, que forma parte de la serie “Belleza no convencional” del fotógrafo RES” (sic).



“La obra –nos siguen diciendo- forma parte del especial aporte del autor a la celebración del sexto aniversario de la Revista Ñ”. ¡Ah! ¡Qué bien! Cultura para todos, hasta para los paperos o verduleros puestos a fotógrafos, ¿por qué no?

El fotógrafo RES (quien quiera que sea, su apodo de animal cuadrúpedo ganaderil declara su condición para el “arte”), hace un nuevo aporte a la cultura democrática no ya de “belleza no convencional”, sino de “curro no convencional”.

En fin, si tales cosas aun llegan a verse es porque pululan entre nosotros incontables papanatas y papafritas dispuestos a comprar cualquier paparruchada para seguir siendo políticamente correctos, no vaya a ser que sean discriminados y tildados de “inorantes”.

Como dijo el mayorista de golosinas Papanicolau: ¡Qué país generoso!

domingo, 15 de noviembre de 2009

ANIVERSARIO


1899 – 16 DE NOVIEMBRE – 2009

110 años del nacimiento del Padre Castellani



“Las mutaciones grandes de la historia humana vienen por causa de las herejías; porque son las ideas las que gobiernan los sucesos, y las ideas más hondas, o la raíz de todas nuestras ideas, son las afirmaciones religiosas, las “creencias”. Las herejías cambian las creencias”
(Los papeles de Benjamín Benavides)


“La consecuencia del olvido de este dogma (la Segunda Venida de Cristo) es funesta no sólo porque implica la amnesia parcial de uno de los fundamentos de la fe, sino porque sin él el hombre no puede explicar la historia, la sociedad, el desenvolvimiento de los acontecimientos: “En consecuencia, el mundo moderno no entiende lo que le pasa”. Si no se lo entiende, no se entiende nada de la Escritura ni de la historia de la Iglesia. El término de un proceso da sentido a todo el proceso. Este término está no sólo claramente revelado, mas también minuciosamente profetizado. Jesucristo vuelve pronto”.



“Le temo al vicio capital de la mente argentina, que es la “improvisación”. Le temo a los sabelotodo, a los avivados, a los explosivos, a los facilones, a los practicones, a los suficientes, a los presuntuosos, a los precipitados, a los copistas, a los plagiarios, a los agitados, a los aplebeyados, a los eufóricos y a los fanáticos”.



“Hablando del apostolado católico San Juan de la Cruz dijo: “Hay algunos que se arrojan impetuosamente a la acción careciendo de contemplación. Creen que van a salvar al mundo con sus predicaciones y sus obras. ¿Qué hacen ellos en el fondo? Muy poco bien. Algunos nada. Otros positivamente dañan”



“-¿Y qué hay de ese hombre? –preguntó una voz de abajo.
-Está en contra nuestra, eso es lo seguro. Poco sabemos de cierto acerca de él, excepto los hechos resonantes que son públicos. Una amenaza tremenda contra la religión había en su último “speech”, aunque oscura; ustedes han visto el entusiasmo frenético que despertó en las turbas la última vez, hace una semana, que habló al mundo entero por televisión. Yo he visto escenas increíbles. Literalmente, muchísima gente lo “adora”; y no solamente entre el populacho...
-Hace mucho que el hombre había comenzado a adorar al Hombre-comentó el jefe.
-Indudablemente tiene un poder estupendo e inconmensurable.
-Ese poder no es suyo.
-¿De quién es?-preguntó el de la orquesta, un Inspector de unos sesenta años llamado Mandrioni.
-Ese poder se lo dan nuestros pecados –aseveró el Jefe- la corrupción y el cretinismo del mundo. Cuando más penitencia hagamos, menor poder tiene ese hombre sobre nosotros.
-¡Penitencia! –exclamó Mandrioni-. Bonita Cuaresma estamos pasando. No se puede aguantar más, usted lo sabe.
-Esa es la mejor penitencia: es de Dios y no de los hombres.
-¡De todas partes! –dijeron varios del auditorio-. ¡De arriba, de abajo, del frente, de atrás, por todo, de Dios, del estado, de las turbas, de los falsos hermanos y del demonio, persecución por todos lados...Dios parece haber abandonado a su Iglesia...
-“Ecclesia de medio fiet” –pronunció el Cura Loco-. Eso lo dijo el mártir Justino, el primer comentador del Apocalipsis, en el siglo tercero...La Iglesia será quitada del medio...”
(Su Majestad Dulcinea).



“Yo no soy nacionalista porque no he querido meterme en política nunca. Ni la he entendido tampoco. De manera que no se puede decir que sea nacionalista porque nacionalista o es un partido o es un movimiento político. Ahora me dicen camarada...Los que forman agrupaciones me llaman camarada. Pero yo no fui camarada nunca”.
(Conversaciones con el Padre Castellani).


“El sistema liberal o neo-liberal o democacarático no nos sirve a nosotros. Éste es un hecho bruto, basado en una experiencia de 100 años, y no una abstracción o una teoría. Para anular o esquivar este hecho hay que convertir a la democracia en un dogma, en una religión, en una cosa obligatoria para todas las naciones (...) La tal religión es filosóficamente un disparate y teológicamente una herejía”.
(Notas a caballo de un país en crisis).


“El gobierno de un varón solo, que tenga poder incluso para frenar a los mercaderes y hacer justicia suprema, mucho más suprema que la misma Corte Suprema por un lado; y por otro lado, esté impedido de hacer tiranías, por la existencia de grandes instituciones naturales que representen al pueblo en sus esencias reales; y donde tenga acceso el pueblo, cada uno en la medida de sus méritos; eso es la verdadera democracia”.


“Pero el mundo entero es demasiado vasto para mis catalejos. Este país, de que tengo sesenta años de experiencia, es más fácil de valorizar.
Reina en él una perfecta falsificación de valores en todos los órdenes: político, eclesiástico, económico, literatura, educación, prensa...no es necesario saque yo ejemplos amargos y odiosos.
La descripción del desorden argentino pediría un libro. El es conocido de nuestros lectores. Y tanto, que uno dellos me dice: “el pueblo argentino está sometido a un proceso de cretinización”. Don Leopoldo Lugones me decía: se puede notar, verificable a cada decenio, el decrecimiento general de la inteligencia media argentina; a pesar de las abundantes “secretarías de cultura”.
De la inteligencia pende todo.
Por eso estampé en mi último artículo: No hay remedio. Con cambiar el Gobierno no levantamos el nivel del pueblo. Los cambios no ayudan. Con razón los llaman “golpes”; sólo son barquinazos.
No hay remedio hay que decir a los nacionalistas grandilocuentes y efusivos. No hay recetas, no hay soluciones rápidas, no hay política que valga.
-No hay remedio, no se aflija: usted fórmese, cíñase tranquilamente a su trabajo y sus estudios; gánese la vida, empezando por la vida eterna.
-¿Y la política?
-Déjela, los jóvenes no son aptos para la política, por carecer de experiencia.
-Pero yo trabajo además de periodista, tengo una audiencia radial y estudio revisionismo.
-Puede tomar eso como violín de Ingres, al margen de sus estudios de medicina o de lo que sean.
-Pero tenemos que tener ideas, tenemos que luchar por el porvenir, por el bien común, por la patria.
-Lo único que puede usted hacer por la patria ahora, es hacerse un hombre –para dentro de diez años. Déjese de fundar diaritos, de homenajear la Vuelta de Obligado y de asistir a conferencias esplendorosas...Todo eso está resabido.
-¿Pero no puedo leer libros de política?
-Como distracción. Tome, aquí tiene estos dos: Satán en la ciudad, de Bigne de Villeneuve, y Política de Santo Tomás, de Bouillon.
El consejo de Santo Tomás en nuestra situación actual es tener paciencia y hacerse mejor cristiano.
-“A Dios rogando y con el mazo dando”.
-Justo. Pero primero alcanzar a Dios que te dé el mazo. Ahora no tienes ningún mazo.
La política de santo Tomás es la política de Aristóteles, se suele decir. Sí, pero el Angélico añade una cosita que es el cristianismo. Así, por ejemplo, Aristóteles enseña que la esclavitud es natural. Porque hay hombres que son naturalmente esclavos y hasta en la pinta se los conoce. Solamente para el trabajo servil aptos, es mejor trabajen para un amo que los enderece referente a la conducta, pues por sí mismos son incapaces de vida racional. Dejarlos libres es hacerlos míseros.
Esto es verdad, dice Santo Tomás. Pero, hay que educar a los brutos para desembrutecerlos y que se hagan paulatinamente iguales a nosotros en acto. Pues, ya lo son en potencia. Todos somos hermanos en Cristo: no he dicho iguales, sino, hermanos. Todos tenemos que suprimir la esclavitud con la educación.
Y así, en otras cosas, Santo Tomás cristianizó a Aristóteles, sin deformarlo un punto. La sobrenatura supone la natura y no la cambia.
Mas, en cuanto a la política, el mejor régimen es el monárquico: entendiendo no los reyes constitucionales del liberalismo, sino, señores monarcas con todo el poder, que reinen y que gobiernen, llámense H. o Z.
Pero así como la monarquía es el régimen más perfecto, así es el más peligroso, si el rey deviene tirano.
En ese caso, el pueblo puede dar muerte al tirano (defensa propia), o bien un ciudadano que represente al pueblo. Hasta aquí Aristóteles. Harmodio y Aristón matan a Hiparco y son muertos después: son héroes. “Pusieron en contingencia su vida por el bien de la multitud”.
Verdad. Pero Santo Tomás en su libro De Regno añade el precioso lenitivo: derrocar al tirano es empresa riesgosa: usted hace una revolución libertadora y después sale un tirano peor. Usted gana la batalla de Caseros para substituir al “primer tirano” por el volatinero del ejército brasileño. De modo que “si la tiranía no es atroz” (reflexiona el Angélico), casi siempre es mejor consejo aguantarse –en cuanto a matar. Ahora, si la tiranía es enteramente desastrosa...
Pero en cualquier caso, siempre son mejores tres cosas: morir mártir, como los primeros cristianos; o bien, hallar un camino legal para apartar al tirano sin sangre; o...entregarse al ayuno, la oración y la limosna, para que Dios intervenga.
Que nos lleven macizamente la plata de la Argentina, es probablemente un castigo de Dios a la necedad argentina. (Esto no quiere decir que no haya que luchar contra).
Hay que hacer lo que hacían los antiguos romanos.
-Y, ¿qué hacían los antiguos romanos?
-Hacían lo que podían.
Yo me siento tentado de pensar que el argentino es ligerón. Claro que no conozco mayormente más que los porteños. Pero los porteños gobiernan el país. ¡Aquí es donde se hacen las revoluciones!
¡En este año he recibido tantas cartas casquivanas! Invaluable experiencia, aunque también varias espléndidas; pero la proporción o desproporción de las casquivanas es demasiada. Recuerdan la definición que de los franceses (galos) dijo Tito Livio, a saber: “Gente nacida para barullos alpedo” (“Nata ad vanos tumultus gens”), que, quisiéramos nosotros barullos como esa gente: las Cruzadas, Revolución Francesa y barullo napoleónico:

Napoleón, genio guerrero,
Tu augusta figura evoco,
Hoy que a los muertos convoco;
Con el genio justiciero
Fuiste rey del mundo entero.
La historia ante ti vacila,
Eres luz que la encandila;
Genio preclaro y distinto,
Más grande que Carlos Quinto
Y más bárbaro que Atila.

Dijo mi condiscípulo Ramón Araya cuando teníamos 18 años.
No tienen consistencia, constancia, “suite dans ses idées”, o sea seguimiento mental. Lo cual es la peor enfermedad del carácter que existe, los porteños quiero decir. Y eso, hablando muy en general.
En fin, son lo que la sapiencia antigua dijo de los puertos. Hablando breve, dijeron que todas las ciudades portuarias son tilingas. De acuerdo con lo que Aristóteles y Tomás dijeron del carácter portuario, ninguna de las capitales cristianas ha sido puerto; Londres, exceptuando que tampoco es puerto de mar. Y no olvidemos que Londres fue responsable del triunfo de protestantismo.
La revolución será moral o no será –suele citarse este apotegma de Péguy. Pero hoy, Santo Tomás lo completaría también, puesto que es apotegma aristotélico. “La restauración argentina será religiosa o no será”.
(...) En suma, el elemento terrible del problema argentino es la presión externa del mundo loco añadida a nuestra propia locura.
El nacionalismo argentino no puede ahora lo bastante para volcar la situación, aunque pueda alguito para preparar el vuelco.
El nacionalismo será católico o no será. Y entonces los nacionalistas salvarán al menos su alma –como Don Quijote.
¿Ha nacido el apó-kalíptico Anticristo?
Se han oído clamores y portentos se han visto,
Y parece inminente el retorno de Cristo.
(Jauja, nº 12, diciembre de 1967).



“¿Qué es la verdad? Es sol dulce y tirano
motor inmóvil, diosa musical
ayer sendero; y hoy camino llano...
para ir al hospital.

Qué es la verdad?-dijo el procónsul vano
y Cristo en su silencio magistral
Soy Yo, decía, atado pecho y mano,
el que te da el poder de que usas mal.

Verdad, diosa sin cara, o malacara
que ante la ciega necedad ambiente
se oculta esquiva o se retrae avara
sonriendo triste o socarronamente

más hermosa que el sol al que te siente
hay aún corazones en tu ara...
Que hasta sangrientos y arrancados para
morir, te aman. ¡Ven! –No, no. ¡Detente!

(Oda a la verdad, El libro de las oraciones).


“La cultura no es un lujo ni un divertimento; ella es necesaria, es el tajamar contra la barbarie, siempre latente en el hombre. La Religión necesita de la cultura verdadera; la Religión Católica es una “Religión Cultural”, no primitiva; por eso ella conservó la cultura antigua durante el bajo Imperio y los Siglos de Hierro amenazada. Hombres religiosos se hacían monjes para copiar manuscritos, no sólo de Cicerón y Virgilio, pero ¡de Petronio!
San Benito, padre de los monjes de Occidente, inventó una Orden y una Regla admirables: vio que era necesario algunos hombres se dedicasen al estudio, y otros trabajasen manualmente para mantenerlos; y otros a la tarea intermedia de copiar y conservar el depósito de la antigua cultura, amenazado por los bárbaros del Norte; cubriendo así los tres puntos vitales de la civilización europea; y al mismo tiempo cantasen todos juntos el oficio divino, y enseñasen la agricultura a los belicosos bárbaros –y toda cultura, junto con los Cuatro Evangelios (...)
Los profetas son, en última instancia, los que mantienen (o mantenían) sana la cultura; pues toda gran arte y gran filosofía tiene una raíz religiosa. Suprimen a los profetas, se pudre la cultura. Hay que ver la estofa de los profetas que ahora nos imparten cultura a mares desde los diarios, las revistas, la radio, la televisión, las novelas, las poesías –y las cátedras. Hay que verlos, pero un rato no más, para conocerlos. Nadie puede abrevarse allí asiduamente, y sobrevivir. Toda la “cultura” argentina está falsificada e intoxicada. Los veramente cultos están relegados; y aun hostigados, si tienen dones proféticos”.
(El Apocalipsis de San Juan, Cuaderno III, Visión Quintodécima – Las Sioete Redomas).

INVITACION



A NUESTROS COMPATRIOTAS…

…A aquellos que quieren al país, a aquellos compatriotas que me acompañaron con su emoción y sentimiento el rescate del rompehielos Irízar, somos solo dos amigos argentinos preocupados por la apatía generalizada ante nuestro descenso como nación.
Sabemos que se planea vender otro pedazo de nuestra historia y es un retazo glorioso, maravilloso de coraje y decisión nacional que se quiere sepultar; es la casa del virrey Santiago de Liniers, aquella vivienda de la calle Venezuela al 400 donde el general William Carr Beresford firmó la rendición el 12 de agosto de 1806.
Una vez vendida, taparán otro hecho heroico que nos recuerda que podemos ser nación, que nuestra patria es querida por todos sus hijos. Mi nombre es Guillermo Alejandro Nelson Tarapow, fui el comandante del rompehielos Irízar y responsable de su salvamento cuando se incendió en alta mar, custodiando nuestra pampa azul, nuestro Mar Argentino, me acompaña un amigo, Patricio Roberto Lons, tan apasionado por las cosas nuestras como yo.
Queremos ponerle un freno a la entrega de nuestro patrimonio, pues nuestra dirigencia está vendiendo lo que pertenece a nuestros hijos, a los suyos y a los hijos de todos los argentinos. Los convocamos a una cruzada para salvar esta histórica casa y si lo logramos, unirnos en un solo movimiento para salvar la casa más grande de todos nosotros que se llama Argentina.
Porque Argentina es nuestra Patria.
Porque salvar a la Argentina es una aventura que merece ser vivida.
Porque es el último acto heroico que tal vez, pueda ud. realizar en su vida.
Para que pueda mirar a sus hijos a la cara y con la vista en alto decirles, “…yo hice todo para que ahora disfrutes de tu patria en paz”.Para que la prosperidad y el pan compartido de cada día nos llegue a todos los argentinos.Para que la seguridad deje de ser algo raro y pase a ser lo más cotidiano de nuestra vida.Por una Argentina con memoria de nuestros hechos gloriosos y con un futuro venturoso.
Los invitamos al acto organizado por el Instituto Histórico Santiago de Liniers el día 20 de noviembre a las 17 hs frente al monumento al Virrey Liniers en Av. Corrientes 400 esquina Reconquista.
Capitán Guillermo TarapowPatricio Roberto Lons Sumen sus adhesiones a: patriayliniers@yahoo.com.ar

ANIVERSARIO - VUELTA DE OBLIGADO

20 DE NOVIEMBRE
DIA DE LA SOBERANIA NACIONAL

Batalla de la Vuelta de Obligado.



CORONEL JUAN BAUTISTA THORNE


Combatir, combatir, combatir,
sin entregarse jamás,
ese fue tu modo de vivir,
esa fue en ti la paz.

Resistir, resistir, resistir,
hasta que no se pueda más,
aguantar lo que haya que sufrir,
seguir aunque se rindan los demás.

Luchar, luchar, luchar,
por Dios y por la Patria hasta el final,
es la forma más grande de amar,
darse a Dios combatiendo el mal.

Gritar, gritar, gritar,
al enemigo la verdad,
bajo su fuego sin hesitar
dando el ejemplo a los demás.

Patria, Patria, Patria,
tu honor acá se dirime,
no en las urnas y la farsa
de unos políticos ruines.

Combatir, Combatir, Combatir,
hasta dar la propia sangre,
gloriosa forma de partir,
o, si Dios quiere, de quedarse.
F.M.

LIBROS

A PROPOSITO DE ALGUNOS LIBROS...

Será considerado y castigado como criminal, según la gravedad y circunstancias del delito, el que venda o haga circular libros que ataquen la sana moral, la religión del Estado y la Divinidad de Jesucristo”

Decreto dispuesto por Juan Manuel de Rosas.

CRITICA



FEMME FATALE
Director: Brian De Palma - 2004
DEL BUEN Y EL MAL LADRON
(O cuando un excelente director de cine puede ser, tristemente, ambas cosas a la vez)





En la ceguera, corrupción y vulgarización del sentido artístico –entre otros frutos de nuestro tiempo - en que los católicos que son del mundo y los medios religiosos faltos de ardor vigilante, de sentido de la tradición, y sumergidos en un liberalismo con sus “libertades” y relajamiento de costumbres a cuestas, han caído, en ese impedimento para discernir que se conjuga con la falta total de imaginación, donde la injusticia puede encaramarse no ya por el desprecio de lo bueno, sino por una indiferencia pusilánime, se malentiende o no se quiere sospechar que no necesariamente una película debe en su fábula presentar un tema o ambiente religioso o clerical, para ser una obra católica. No se quiere ver que mediante parábolas habló Nuestro Señor, y que en ofrenda a un respeto por la inteligencia recibida –y que se debe hacer crecer-, a veces el sentido católico de una obra debemos inteligirlo obrando por nuestra parte, sin esperar componendas ni figuritas de estampa melosamente edulcoradas. Escribió Ramón Doll: “¿Qué es en rigor una novela católica? No es la que contenga personajes que profesen el catolicismo; ni cuyos personajes encarnan conceptos de la moral católica (no necesariamente, digo yo). Siendo católico aquel que cree en la Redención de Jesucristo, novela católica es aquella cuyos personajes son considerados constantemente por su autor, dentro de las grandes perspectivas que la fe en Cristo abre a la conciencia y a la voluntad. No es necesario que el personaje las conozca; es indispensable que su creador los vea con los ojos de su fe.”

“Con los ojos de su fe.”  Entonces cabe preguntarse, tras ver esta película (y, todavía, y peor aún, después de sufrir su último opus “La dalia negra”) ¿cuál es la fe de De Palma? ¿Podemos decir a esta altura que De Palma es católico –incluso “furioso católico”, como alguna vez nos llevó a creer, en nuestro torpe y juvenil entusiasmo, el crítico Ángel Faretta, quien sigue preso de esa idea? Señalemos que a pesar de provenir de una familia de origen católico, De Palma fue educado –por decisión paterna- en el protestantismo presbiteriano. ¿Acaso su complicada mirada es una reacción contra el puritanismo recibido, mezclado con los alocados años ’60 que atravesó sin defensas –se ve en su cine de entonces-, más una influencia hitchcoquiana asimilada sólo en lo más superficial? ¿A qué se debe su exasperación barroca exhibicionista, tal vez a una reacción contra aquello que se le ha inculcado contradictoriamente en su formación? Dejemos a Dios esas respuestas. Veamos lo que tenemos ante nuestros ojos.  “El modo como se vive tiene su influjo en el modo como se piensa”, escribió Mons. Fulton Sheen, y eso se hace extensivo al modo en que se escribe, se pinta o se filma. De manera que la contradicción forma parte del cine de este director, por momentos con escenas bellas y muy logradas,  por momentos horrendo e inhabitable. Tras lo cual debemos aceptar que si alguien todavía desea comparar su cine con el de Alfred Hitchcock, es porque aún no ha visto bien la obra de este último, ni por cierto la del primero.

Cierta vez, ese genio católico que fue Hitchcock, generalmente reacio a explicitar lo que magníficamente desplegaba en sus obras, habló de “la excesiva complacencia en el mundo; la gente no es consciente de la tragedia que nos rodea a todos”. De ahí sus “thrillers” o sobresaltos, su valoración del suspenso y el querer, involucrando emocionalmente al espectador mediante la identificación con los personajes, sacudirlo de su modorra mental, incitarlo a mirar para que, relacionando lo visto, suspendiendo la credulidad, vea. La vida cotidiana no puede ser confortable, aunque la resolución final del maestro nos facilite ese pasajero estado.

Brian De Palma simuló o jugó a ser un nuevo Hitchcock, pero sabiendo que no lo era. Más bien es –o fue- el lado oscuro que Hitchcock por una cuestión de sensatez, buen gusto, educación y fe religiosa, nunca dejó aflorar. “Eran otros tiempos”, podría argumentar alguno, y es cierto. Pero esos otros tiempos estaban hechos por otros hombres. Los hombres decisivos son los que –en cuanto pueden- influyen sobre su tiempo, y no al revés. De Palma parece hitchcoquiano, pero no lo es (lo corroboró alguna vez el mismo De Palma: “Hitchcock es de otra generación. Él es para mí un misterio, mientras que tengo la impresión de comprender a Kubrick íntimamente. Hitchcock es otro universo”, entrevista por Michael Henry, Positif nº 193, Mayo 1977). En nuestro dossier sobre Hitchcock desarrollamos la identidad del cine del maestro, y es aquello en lo que de Palma no lo sigue –lo que, desde ya, no significa un error sino una diferencia, pero que es necesaria establecer-. Veamos:

En Hitchcock la identificación del espectador con el protagonista es fundamental, no sólo para el seguimiento de las peripecias de este último, sino para la transferencia de esa culpabilidad –el pecado original- que porta el héroe, hacia el espectador que está contemplándolo. Hitchcock todavía confía en el espectador. Una identificación que De Palma no busca o descuida, porque aborrece o desprecia al espectador, tal vez tanto como a sus protagonistas. Esta falta de empatía es la primera causa de la insatisfacción final de sus películas. En segundo lugar, y vinculado a esto, De Palma hace pasar todo conflicto por lo sexual (y esto de manera explícita), tratando a su espectador como a una especie de lascivo y degenerado mirón y facilitándole –si no lo es- el recurso para que lo sea, estampándole ante su mirada impávida escenas semi-pornográficas, incomodándolo mediante clips arteros y molestos planos: pensemos en la larguísima e innecesaria escena de film-porno de “Doble de cuerpo”, en el comienzo de “Vestida para matar”, en el fingido lesbianismo de “Femme fatale” o “La dalia negra” más un largo etcétera. De Palma colecciona escenas que resultan revulsivas para alguien que tiene un vero sentido religioso de la vida, de allí que parece a la vez despreciar lo mismo en que se complace, por lo que este “hijo de Onán” será muy apreciado por otros hijos del mismo padre, incluso de algunos que dicen y hacen creer que son católicos. Desde luego, no se trata de caer en la mojigatería, sino de evitar todo aquello que nos pueda escandalizar y que, además, puede ser sugerido y no mostrado brutalmente. Entonces: si primero el espectador –el sano espectador, decimos-  toma distancia respecto del protagonista del film, luego es inducido a “bajarse” de la historia con tales escenas que, además, no son indispensables para la comprensión del film. Además, está claro que –casi siempre- De Palma trabaja con una materia prima deplorable, en este film se hace más notorio al mostrar, al comienzo, una escena del clásico “Double indemnity”: después de ver eso las comparaciones son evidentemente favorables a Wilder y los actores de ese entonces.

Esta falta de identificación absoluta y exclusiva del espectador con el protagonista hace que el suspenso en De Palma no tenga el mismo efecto en nosotros que con Hitchcock, pues éste, por medios más sencillos, nos tiene atrapados e involucrados en lo que cuenta. Entre “La ventana indiscreta” y “Doble de cuerpo” hay un abismo, que De Palma se propone salvar mediante el virtuosismo espectacular o la provocación sexual. Otros dos ejemplos: La escena en que Grace Kelly se introduce en el departamento del asesino en “La ventana indiscreta” es mucho más efectiva que aquella de “Sisters” en que el que lo hace es un detective (Charles Durning). Con respecto a la sorpresa, comparemos la escena del asesinato de Janet Leigh en “Psicosis” y la –pretendidamente análoga- de Angie Dickinson en “Vestida para matar”: en la primera seguimos los pasos de la mujer escena tras escena, su punto de vista es casi el mismo que el nuestro, pero no hay nada perturbador hasta el momento del asesinato en la ducha. En la película de De Palma, en cambio, hay una larga escena de sexo –perturbadora para quien todavía tiene un sentido de lo que es el pudor y la castidad- en un taxi, prologado en un museo, donde los deseos de la protagonista no son nuestros deseos. Cero identificación y, además, cero conmiseración: todo es despreciable, bajo, degradado. Es, sí, lúcido, el hecho de que de Palma realice una escena “romántica” o “erótica” para luego hacerla trizas con el descubrimiento de la enfermedad sexual del hombre y el posterior asesinato. Entendemos lo que pretende De Palma, pero se pasa de listo. Acaso tenga razón en pensar que el espectador medio de hoy es un tarado, al que quiere “calentar” o excitar para tener atrapado, pero no debe hacer sus films sino precisamente para los que son más inteligentes que sus personajes, aunque sea hipotéticamente. Alguien podrá decir: eso es lo que De Palma hace, a través de materiales degradados. Permítasenos decir con Hitchcock: un film puede ser de horror, pero no debe ser horroroso. Por eso “Psicosis” es una obra bellísima, en cambio “Vestida para matar” es un muy feo pastiche.

 Finalmente: lo que hacía Hitchcock en “Vértigo” –desengañarnos-, es lo que parece buscar De Palma, con esta diferencia: que para Hitchcock las apariencias engañan, pero encierran también una verdad, aún belleza, por eso precisamente engañan, porque en el fondo llevan algo de verdad, pero no toda la verdad. Para De Palma, en cambio, todo es engañoso, feo, sucio, asqueroso y perverso. Hitchcock se esforzó en “Psicosis” por no mostrar ninguna parte íntima de la mujer en la ducha. De Palma –aggiornado- no tiene problemas en mostrar –regodeándose- lo que se le antoje, no hay nada que deba ser oculto, no hay misterio. De Palma es el exceso, por eso cae en el exhibicionismo formal mediante escenas muy logradas (el final de “Femme fatale”; la escena de las escaleras en “Los intocables”; la persecución en “Carlito’s way”; la fiesta en “Carrie”, etc). Lo que Hitchcock no necesitaba mostrar, De Palma lo muestra con fruición (¿tal vez porque a él le gusta, por ser un mirón?).

Para Hitchcock, como para De Palma, el espectador es un mirón, con la diferencia de que para el primero no era sólo eso. Por eso sus films estaban protagonizados por James Stewart –todo un emblema- o Cary Grant, es decir, personajes con cualidades positivas para el público, y, de hecho, capaces de corregir sus errores y reformar sus vidas. En cambio, los films de De Palma los protagonizan desconocidos actores de cuarta línea –o aún de primera pero que no son arquetipos de nada. De Palma nunca mostraría una familia como la de “El hombre equivocado” o “El hombre que sabía demasiado”, sencillamente porque no tiene tal sentido y no cree en ello (cuenta con tres divorcios en su haber). De allí su permanente y  enrevesado  punto de vista en sus films: se termina desconfiando de todo, excepto del hecho de poseer una mujer como objeto de deseo.

Tal vez alguien piense que lo que De Palma nos está diciendo es que ya no es posible ver las cosas como en aquel entonces, como lo hacía Hitchcock o en general mucho cine clásico; pero el de Hitchcock es un cine universal, más sutil y más profundo, porque nos desengaña mejor al involucrarnos emotivamente, no echándonos en la cara imágenes que nos repugnan. A lo mejor ya no quedan espectadores así, y por eso el cine ya no es lo que era. Pero eso no es motivo para bajar la puntería y apuntar casi siempre por debajo de la cintura. Un crítico escribió una vez que el cine de De Palma era una nueva forma de mirar el cine, y que no iba a contarnos una historia sino que se trataba de un dispositivo “que va a abrir la conciencia del espectador al enfrentamiento de su propio reflejo”, ya que para él De Palma quiere “desestabilizar la sensibilidad del espectador y mostrar la naturaleza del voyeurismo del propio espectador”. Esto que es cierto –y que ya en su tiempo enseñaba Faretta- nos lleva a pensar en qué medida De Palma –que, desde luego, no es Baudelaire- desestabiliza tanto porque finalmente él mismo es incapaz de oponerle a la falsedad de la imagen un orden inmutable o trascendente. Esto está claro en Hitchcock, donde tras las peripecias, se restablece finalmente un Orden (todo lo precario que se quiera por culpa de los personajes, pero orden al fin). En casi todos los films de De Palma esto no ocurre (sí en alguna medida en las que son sus mejores películas, Los intocables, Ojos de serpiente, Pecados de guerra y Obsesión, las cuales, por cierto, no están escritas por De Palma, sino por otros guionistas). Si De Palma lo que hace, es “denunciar el artificio permanentemente”, como decía ese crítico, lo que interesa saber es qué es lo verdadero que se le opone a ese artificio y si el cine –desde su propia condición- puede oponerse a ello. Es decir, el problema es que si la descripción “fenomenológica” que hace De Palma tiende siempre a salirse de cauce por su desproporción, tal operación es llevada a cabo a partir de la visión del mundo de De Palma, la cual es confusamente “religiosa”, permitiéndose un aggiornamento audaz muy a tono con estos tiempos que corren. El mejor ejemplo de esto que decimos está dado por su “Misión a Marte”, una mélange de “new-age” con evolucionismo más la tontera (propia de la cienciología) de que venimos de Marte. Espanta ver cómo un enorme talento –y no hay película en que De Palma no lo haya mostrado- puede echarse a perder a causa del error.

“Femme Fatale”, un brillante ejercicio de virtuosismo, segrega este exhibicionismo depalmiano y contrasta el horror –que, justificadamente, debe ser mostrado para su comprensión- con un final de un optimismo pueril, azucarado y bien vestido como para desfile de pasarelas. Este es, evidentemente, un film seductor, pero seducir no es lo mismo que persuadir. Católicos, si quieren conservar la paz del alma y librarse de fuertes tentaciones, abstenerse de ver este film.